El no gol de Bustos contra Racing (2008)

Tuvo en sus pies la posibilidad de mandar a un grande al descenso o, por lo menos, hacerlo sufrir más de la cuenta. Sin embargo, desperdició de forma increíble una inmejorable chance que quizás le hubiera permitido subir a Primera y cotizarse individualmente. Con ustedes, Claudio Bustos y su gol errado contra Racing.

Una de las promociones más recordadas, entre equipos de Primera y de la B Nacional, es la que disputaron Racing Club de Avellaneda y Belgrano de Córdoba en el final de la temporada 2007/2008. No es que hayan brindado un nivel de juego excepcional, pero el morbo por ver a La Academia nuevamente a un paso del abismo nos anticipó lo que experimentaríamos, años más tarde, con River, San Lorenzo e Independiente.

Aquel conjunto dirigido por Juan Manuel Llop llegó bastante golpeado a la reválida con los cordobeses. La mala suerte lo había acompañado durante toda la vida todo el semestre y quedaba saber si el bajón anímico le permitiría hacerle frente a un equipo que llegaba desde una categoría inferior y sin nada que perder.

Los Piratas comandados por el siempre conservador Mario Gómez no eran una maravilla ni mucho menos. Habían entrado a la Promoción casi pidiendo permiso, ganando el último partido ante Defensa y Justicia y accediendo al 4º lugar de la tabla de posiciones por diferencia de gol. Muy lejos, además, de San Martín de Tucumán y Godoy Cruz, los clubes que habían ascendido de forma directa.

Ya en el primer choque de la repesca (?), en Córdoba, La Acadé demostró que, a pesar de sus limitaciones, tenía un nivel superior al de Belgrano. Por esas cosas del futbol y porque Racing es Racing, un mal rechazo del paraguayo Cáceres terminó sirviéndole el empate en bandeja a Matías Gigli. El encuentro terminó 1 a 1, dejando algunas perlitas, como el gol que erró el paraguayo Erwin Ávalos debajo del arco, acción opacada unos días más tarde por la jugada que hoy nos toca analizar.

El domingo 28 de junio de 2008 Racing y Belgrano volvieron a verse las caras en el Cilindro de Avellaneda. Al conjunto de Llop le alcanzaba sólo con empatar para mantener la categoría, pero también tenía toda la presión por ser el equipo más grande. Eso pareció sentirse entre los jugadores locales, que desde el arranque se vieron sorprendidos por los ataques cordobeses. A los 10 minutos Gigli no supo aprovechar la primera situación clara para el celeste y Racing respondió al toque con una buena combinación que terminó con el gol de Maxi Moralez. Uno a cero y a sufrir.

Todo lo que vino después fue un monólogo del team de Mario Gómez, que ese día fue al frente como no lo hizo el resto de su carrera (?). El travesaño, una pelota que picaba casi en la línea, otra que se iba por poquito afuera. Cualquier cosa salvaba ese día a La Academia. Y cuando decimos cualquier cosa, es cualquier cosa.

Volcado al ataque, pero sin desordenarse, Belgrano acorralaba cada vez más al local, que lo único que hacía era defenderse…y muy mal. Daba la sensación de que el empate iba a caer en cualquier momento. Y sí caía el empate, se venían 1 ó 2 goles más, eso se respiraba en el ambiente.

Corrían 24 minutos del segundo tiempo cuando el Pirata salió de contragolpe. Matías Suárez recibió la pelota en la mitad de cancha y puso un pase largo para la carrera de Claudio Bustos, que en cuestión de milésimas se encontró con la jugada de su vida.

El delantero escapó a espaldas de Cáceres y vio como el balón le quedó picando a la altura de la medialuna. Como la pelota tardaba en bajar y Martínez Gullota salía atolondrado a tapar el remate, Bustos ensayó una pirueta rara en el aire, que sin querer engañó al juvenil arquero. Wally pasó de largo como colectivo lleno y se chocó con su defensor. Entonces, ahí sí, a Bustos le quedó el gol servido.

Con el arco a su merced y sin marca (hasta Cáceres se había dado vuelta para no ver la tragedia), el jugador de Belgrano quedó de frente a miles de corazones en pausa y definió de zurda…pero le erró a la pelota. No sólo eso, sino que el pifie hizo rodar el balón hasta la línea de fondo. En un último intento, Bustos corrió para tratar de rectificarse, pero ya era en vano.

Un instante después, el ritmo cardíaco de varios hinchas académicos volvió a la normalidad y recién ahí se dieron cuenta de que el viento de la fortuna corría para otro lado. Todo lo que el equipo no había ligado en el torneo, lo ligó ese dia. Y si esa pelota no había entrado, entonces era la señal de que Racing se iba a quedar en Primera.

¿Qué fue de la vida de Claudio Bustos? Siguió jugando en Belgrano e incluso disputó otra Promoción ante Rosario Central. Hoy actúa en Atlético Sampacho de Río Cuarto, pero antes anduvo por Boca Unidos de Corrientes y Juventud Unidad Universitario de San Luis. Y ahí, en la tierra del WI-FI libre, también se preguntan cómo es que Bustos no la pudo conectar.

Roma 1 – Rosario Central 1 (1987)

En caracter de campeón del fútbol argentino, en junio de 1987 Rosario Central desembarcó en Los Ángeles para disputar la Copa de Oro, una competición amistosa de la que también formaron parte el Guadalajara y América de México; Dundee United de Escocia, Vasco da Gama de Brasil y la Roma de Italia.

Tras vencer a las Chivas y a los escoceses, el conjunto dirigido por Ángel Tulio Zof debió enfrentarse en semifinales a los tanos, que contaban con algunos jugadores de renombre como el polaco Boniek y el brasileño Dirceu.

El Patón Bauza abrió la cuenta para el Canalla en el primer tiempo, pero en el complemento igualó Bruno Conti para la Roma. ¿Cómo se definió el asunto? Con tiros desde el punto del penal. Y ahí, en esa instancia, la figura inesperada fue el arquero Sergio Protti, que había ingresado para reemplazar al Doctor Lanari. Con dos remates atajados, el pibe le terminó dando la victoria 5 a 4 a los argentinos, que accedieron a la final, donde se encontrarían al Vasco Da Gama.

Gavazzi Claudio

Claudio Fabián Gavazzi

Volante ofensivo que seguramente nunca imaginó que se iba a poner la “10” de River Plate a los 18 años. Todo gracias al conflicto de los dirigentes con los futbolistas profesionales del club. Lo cierto es que el pibe nacido el 25 de enero de 1965 jugó un puñado de partidos en ese equipo del Metropolitano 1983 y hasta convirtió un gol, en el triunfo 2-1 ante Platense por la 4º fecha. Con la vuelta de los titulares, perdió mucho terreno y quedó libre en 1985. Curiosamente, recaló en Platense, donde no tuvo continuidad y se marchó como había llegado: en absoluto silencio. Fueron, en total, 7 partidos en la máxima categoría del fútbol argentino

Tuvo su paso por el ascenso jugando en el Sportivo Italiano (formó parte del plantel que subió a Primera en 1986 aunque no jugó ni un minuto) y Deportivo Morón, antes de partir hacia Chile, donde vistió las camisetas de Cobresal (1988, fue compañero de Iván Zamorano y Franklin Lobos, unos de «Los 33 de Atacama»), Magallanes (1989, en la Segunda División) y Palestino (1990).

No hay muchas más precisiones sobre su insípida carrera como futbolista. Aunque en su profesión actual no parece irle mucho mejor: se dedica a la venta de automóviles y ha sido denunciado por maltrato a los clientes. Parece que la soberbia en los “10” de River es algo habitual.

(Gracias Diego)

A armar el bolso (?)

Se acabó lo que se daba. El de ayer fue el último programa de En Una Baldosa por Rock & Pop, al menos en su formato diario y en vivo. Quisiéramos explicar los motivos, pero no los tenemos. El programa andaba bien y se escuchaba, eso es lo que nos da más bronca. La pasamos muy bien, noche tras noche, relatando historias, definiendo términos, poniendo la música que se nos antojaba. Si fuese por nosotros, hubiésemos seguido.

Gracias a todos por el aguante, quizás nos volvamos a encontrar pronto, en otro día, en otro horario o en otro lugar. Ahora sigan leyendo el blog, que es lo que más nos gusta hacer, después de contar billetes (?).

Parma 3 – Boca Juniors 1 (1995)

En agosto de 1995, mientras los demás equipos iniciaban obedientemente el Torneo Apertura, Boca Juniors se tomaba una de sus típicas licencias menemistas de la época y se iba a New Jersey para disputar una copa internacional. ¿La Intercontinental? ¿La Interamericana? ¿La Davis? No, El Xeneize se fue a los Estados Unidos a disputar la tan ansiada (?) Copa Parmalat ante el Benfica, el Parma y la Selección local.

Como ocurre siempre en estos casos, el motivo de la presencia fue meramente económico. Aunque, en esta ocasión, a Boca no le quedó ni un solo dólar. Sucede que con la participación del equipo de La Ribera en dicho torneo se destrabó el pase de Claudio Paul Caniggia, quién venía de jugar en el Benfica de Portugal, el rival de Boca en el partido inicial.

Tras vencer por penales a los lusitanos, El Xeneize se enfrentó al Parma de Italia en la gran final. Y ahí, claro, se exhibieron las notorias diferencias entre un equipo consolidado y otro de paso siempre errante y dubitativo. ¿El resultado? Contundente victoria del Parma por 3 a 1, con baile incluido.

Más allá del tanto de camerunés Alphonse Tchami para Boca, el encuentro es recordado por los goles del sueco Thomas Brolin y del búlgaro Hristo Stoichkov (2) quienes, tras marcar sus conquistas, saludaron de manera cordial a CFNM ¡con el riesgo que eso implica!

De más está decir que, a partir de ese momento, las carreras de las dos figuras internacionales se fueron a pique y nunca más volvieron a brillar. Hay gente a la que es preferible nunca saludar…

Re Partidos: Cosmos 5 – Perú 1 (1982)

Eran otros tiempos para el fútbol peruano. La selección blanquirroja aún disfrutaba de la estela que se desprendía de su época dorada, esa que le permitió tener buena reputación en el mundo durante la década del 70. Ya para comienzos de 1982 el nivel individual y colectivo no era el mismo, pero estaba por delante el Mundial de España. En ese contexto se dio un amistoso de ribetes únicos. Aquí el recuerdo:

Para tratar de llegar en ritmo a la máxima cita, el seleccionado de Perú dirigido por el brasileño Tim (el mismo que condujo a Los Matadores de San Lorenzo en 1968) diagramó una gira internacional que dio su puntapié inicial en los Estados Unidos, el 4 de abril de 1982. Los sudamericanos arrastraban algunas bajas importantes, pero descansaban en la figura de Julio César Uribe, considerado en ese momento como el mejor jugador del continente, por detrás de Maradona y Zico.

¿El rival? El famoso Cosmos De Nueva York, equipo que por aquel entonces contaba con Giorgio Chinaglia, Carlos Alberto y el paraguayo Romerito como figuras. Sin embargo, no fueron las estrellas consagradas las que terminaron achicando a los peruanos, sino el crudo frío que envolvió aquel día al Giants Stadium: 2 grados.

Totalmente improvisada, ya que no había tenido en cuenta las bajas temperaturas, la delegación peruana se dio cuenta el mismo día de que no había viajado con la ropa adecuada. Las casacas rojas, para diferenciarse de las blancas del Cosmos, eran de mangas cortas. De camisetas térmicas ni hablar, todavía no se habían popularizado. ¿Solución? Medias y a la mierda (?). ¿Medias? ¿En los brazos? Sí, medias en los brazos, porque guantes no había. En realidad sí había dos pares de guantes, pero uno era para el arquero Quiroga y el otro para Uribe, que usaba la 10 en la espalda.

En el banco de suplentes, mientras tanto, también padecían la helada los suplentes y el cuerpo técnico, cuyos abrigos eran prácticamente inexistentes. Apenas conjuntos de gimnasia, toallones (?) y frazadas para combatir el frío. De terror.

Sobre el verde césped sintético, no obstante, los jugadores supieron sacarse el frío. Abrió la cuenta Romero para los locales y empató Uribe para Perú. Hasta ahí todo joya, pero enseguida la cosa se desniveló con un tanto del italiano Chinaglia. Con el 2 a 1 a favor, las figuras del elenco yanqui comenzaron a darle show a los espectadores.

Cuando se terminaba el primer tiempo, Romerito tiró un precioso caño, ingresó al área y fue cruzado de manera vehemente por el peruano Jaime Duarte. Parecía que todo seguía normalmente, mucho más cuando el defensor intentó ayudar al delantero a reincorporarse, pero en ese momento entró el ecuatoriano Chico Borja en escena y se pudrió todo. Agarrones, patadas, corridas y todo tipo de agresiones (muchas de ellas dirigidas al holandés Neeskens), que extrañamente se apagaron en unos pocos segundos.

Después de la gresca, el partido ya no fue el mismo. Los peruanos se olvidaron de jugar al fútbol y se terminaron comiendo un inolvidable 5 a 1. ¿Y qué querés? Si usaban las medias en los brazos.

Publicado en simultáneo con www.unmundialparaenunabaldosa.com

Ver también:

ArkivPeru: Bronca Perú – Cosmos (1982)

Atlanta con juegos distintos (1988/89)

Más allá de los pantalones amarillos, de un tono diferente al resto de la indumentaria, a simple vista no pareciera existir ninguna rareza en esta foto de Atlanta. Sin embargo, al hacer foco en la figura de Fernando Di Carlo nos damos cuenta de que El Tero tiene una camiseta distinta a la de sus compañeros, ya que el bastón central es azul y el logo de adidas está en blanco. Un pequeño detalle digno de Placard.