
Roque Saverio Marrapodi. Arquero argentino. Jugó en los 40’s, 50’s y 60’s.

Roque Saverio Marrapodi. Arquero argentino. Jugó en los 40’s, 50’s y 60’s.
A cambio de 200 mil dólares y sumergido en una crisis futbolística, en julio de 1996 el Racing de Miguel Brindisi viajó a Japón para enfrentar a dos equipos locales: el Jubilo Iwata y el Verdy Kawasaki. ¿Los beneficios de la gira? Sólo económicos, ya que en la cancha el equipo siguió siendo la misma murga que en Argentina.
En el primer partido, disputado en el Tokyo Dome, La Academia cayó por 2 a 1 (gol de Capria de derecha) ante el Jubilo Iwata, que sólo tenía al brasileño Dunga como figura, ya que el resto de los japoneses destacados estaban con su selección en los Juegos Olímpicos de Atlanta.
Mal estreno para la camiseta que decía «No a las drogas» en japonés.
La imagen es bastante pobre, es cierto, pero nos muestra un hecho curioso que hasta hoy había pasado desapercibido en el mundo de la indumentaria deportiva: San Lorenzo jugando con los pantalones de Vélez Sársfield.
La rareza tuvo lugar en 1993, cuando el Ciclón enfrentó a Argentinos Juniors en la primera instancia de la rueda de ganadores de la Copa Centenario. El partido, disputado en el Estadio José Amalfitani, lo terminaría ganando el Bicho 1 a 0 con un gol de Cristian Zermatten, pero es lo que menos nos importa.
El dato está en el pantaloncito adidas que usó el Cuervo, de un azul muy distinto al de su camiseta Topper. No era ni más ni menos que el short que había utilizado El Fortín un año antes, previo a la llegada de Umbro.
Lo que todavía no sabemos es si el hecho tendría que avergonzar a San Lorenzo o a Vélez. Tal vez a los dos (?). Por lo pronto, acá está la prueba del delito.
Mucho antes de que el Showbol le diera la oportunidad de seguir siendo idolatrado dentro de un rectángulo de juego, Diego Armando Maradona fue partícipe de otro espectáculo en espacios reducidos: el Fútbol Rápido. Su experiencia fue corta, pero no menos interesante. Repasemos el paso del Dié por esa especialidad.
Había terminado el Mundial de USA ’94 y el futuro de Maradona, como muchas otras veces, era bastante incierto. Además de las piernas, le habían cortado la posibilidad de jugar profesionalmente al fútbol durante 15 meses. Demasiado tiempo para un tipo que venía de demostrar que aún le quedaba algo más de cuerda.
A pocas semanas de haber sido sancionado, el Diego reapareció en el programa Ritmo de la Noche, actuando para Argentina en los típicos partidos de 4 contra 4. ¿El rival? Nada menos que el Brasil de Taffarel, Branco, Dunga y Bebeto, que venían de levantar la Copa del Mundo.
Ese partido le hizo ver a Diegote que podía seguir en actividad, aunque sólo fuese jugando partidos amistosos y en otro formato. Por supuesto que la exigencia era otra. ¿Pero qué mejor para un jugador que a esa altura buscaba más privilegios y menos obligaciones?
Durante el segundo semestre de ese año, Maradona hizo de todo. Además de disputar partiditos en varias partes del mapa, también se hizo tiempo para debutar como director técnico en Mandiyú de Corrientes. Y al mismo tiempo, casi, le surgió la posibilidad de participar de otro Mundial ’94.
La FIFRA (Federación Internacional de Futbol Rápido) se había fundado un par de años antes por la negativa de la FIFA a la hora de incorporar un fútbol sobre césped sintético y sin laterales ni córners. Fue así como se planeó, para 1994, el primer Mundial de la especialidad en Pachuca, México. ¿Había algo mejor que tener a Maradona para promocionarlo? Sí, dos Maradona.
Tanto Diego como su hermano Lalo formaron parte del elenco nacional, que utilizaba la misma camiseta adidas pero con el escudo de la Federación Argentina de Fútbol Rápido. Además, el plantel contaba con otras viejas glorias, como Carlos Randazzo y Juan Amador Sánchez. Equipazo (?).
Pese a las lucidas victorias ante Suiza (6 a 3) e Irán (6 a 4), el conjunto albiceleste cayó 4 a 3 ante Brasil en el último partido y el Diego vio cómo otro Mundial se le escapó de las manos. Para calmar tanto dolor (?), terminó poniéndose el buzo de director técnico de Racing.
En abril de 1995, el novedoso deporte volvió a aparecer en la vida del Diez, cuando la selección argentina participó de la Copa de las Américas en Coconor, con transmisión de Canal 9. Tras haber apabullado a Uruguay (9 a 2) y haber derrotado a Estados Unidos (9 a 3), el equipo nacional cayó ante México por 4 a 3 y sumó otro fiasco, el último de Maradona en la especialidad.
Al fútbol rápido, ni hay que aclararlo, se le escapó la tortuga.

Víctor Manuel Ormazábal
En el primer semestre de 2003, Carlos Bianchi, DT de Boca Juniors, apostó –como de costumbre- todos las fichas a la Copa Libertadores, dejando de lado el torneo Clausura. Y mal no le fue. El Xeneize fue campeón del certamen internacional vapuleando al Santos en la definición y peleó hasta el final en el ámbito local, aunque el vencedor fue su eterno rival, River Plate, que le sacó cuatro puntos de ventaja.
Como para la última fecha del campeonato ya estaba todo definido, y principalmente para celebrar en La Bombonera la obtención de una nueva Libertadores, el Virrey decidió darles un descanso a los titulares y suplentes y mandar a Rosario a un combinado de juveniles (y algún que otro experimentado relegado) para enfrentar a Central. Es más, ni siquiera viajó el propio Bianchi y su lugar lo ocupó Oscar Regenhardt.
Esa tarde, mientras los grandes daban la vuelta olímpica en La Boca, el equipo de la Ribera en el Gigante de Arroyito formó con Gustavo Eberto, Raúl Osella, Joel Barbosa, Federico Carballo, Víctor Magnago, Leonardo Verón, Matías Silvestre, Juan Pablo Caffa, Jonathan Fabbro, Mauro Boselli y Héctor Bracamonte. Salvo honrosas excepciones, una fábrica de baldosas. Luego ingresaron Víctor Ormazábal y el brasileño Edilio Cardoso, mientras que desde el banco lo vieron el arquero suplente Adelquis Ruffini, Pablo Álvarez y Mauro Zanotti.
Pero la fiesta, al menos en Rosario, fue toda de Central. El 7 a 2 (5 goles de Figueroa, uno de Messera y otro del Chelito Delgado. Fabbro y Bracamonte para el Xeneize) fue contundente. Para muchos de los pibes que vistieron la camiseta azul y oro fue el estreno y despedida. Otros se la rebuscaron para jugar algunos partidos más, aunque sin demasiada suerte.
Es el caso de nuestro homenajeado del día, Víctor Manuel Ormazábal. Nacido en La Matanza en abril de 1985, este volante por derecha (posteriormente devenido en doble cinco) se las rebuscó para aparecer como rueda de auxilio cuando alguno de los titulares no podía actuar, pero nunca se pudo afianzar en el puesto.
Si bien debutó bajo el mando de Carlos Bianchi, fueron el padre de Cristian Castro Miguel Ángel Brindisi y el Chino Benítez quienes más lo utilizaron. La llegada de Alfio Basile, poco adepto a darles espacio a los juveniles, lo marginó y no le quedó otra que marcharse.
Desde su debut, y hasta su despedida a mediados de 2005, redondeó 25 partidos con la camiseta de Boca (19 por torneo local y 6 por certámenes internacionales, casi todos como suplente), no convirtió goles y se fue expulsado una vez (ante Instituto, por el Clausura 2005, en la derrota 1-3). Al menos, se dio el gusto de salir campeón de la Copa Sudamericana 2004 (además convirtió su penal en la definición ante Cerro Porteño de Paraguay por los cuartos de final).
En julio de 2005 pasó a préstamo al Maccabi Haifa de Israel, pero una lesión en la espalda lo obligó a rescindir su contrato y regresar a la Argentina para recuperarse. Después de haber entrenado durante el primer semestre de 2006 con la Reserva, en julio se fue cedido al Pontevedra, de la segunda división B, la tercera categoría del fútbol español.
En el ascenso del país de las corridas de toros y la pelotudísima tomatina, logró jugar con cierta continuidad y en buen nivel. En 2008 pasó al Cádiz, donde estuvo hasta 2010, cuando fue transferido al Ceuta, donde fue dirigido, entre otros, por Andoni Goikoetxea, aquel vasco mala leche que sacudió con violencia al Diegote en 1982.
Tras una temporada inactivo, y varias semanas a prueba en San Telmo, a mediados de 2012 regresó definitivamente a la Argentina para sumarse a Temperley, en la Primera B Metropolitana. Luego de un semestre en el que participó poco y nada (era suplente de Emiliano Gianunzio, con lo que eso significa), y con apenas 27 años, decidió colgar los botines por cuestiones personales.
Un bajón.
Breaking news (?): en julio de 2013 (unos días después de la publicación original de este post) firma contrato con Almirante Brown. Confirmado: En Una Baldosa trae suerte (?)