Argentinos Juniors con números dorados 2008

Aunque la remera de Katarro Vandáliko mostrada por el Papu Gómez se robe la imagen (?), nosotros nos ocupamos de los números dorados que encandilan desde el margen izquierdo en la camiseta de Argentinos Juniors.

El Bicho estrenó esa fea numeración en el segundo semestre de 2008, cuando dejó de usar Signia y su indumentaria pasó a manos de Diadora.

Después de una derrota ante Racing en el estadio Diego Armando Maradona, los números dorados dejaron de ser simpáticos y para la fecha siguiente regresaron a los blancos, como marca su historia.

Tambussi Leonardo

Leonardo Gabriel Tambussi

Su canonización pagaba dos mangos: era considerado el defensor del futuro y la mayor promesa de Racing Club de Avellaneda de principios de milenio. Exhibía un representante/consejero sólo comparable al de Adrián Guillermo, jugaba con la camiseta número 31 y poseía un hermano menor baldosero. Un tipo verdaderamente completo (?).

Leo Tambussi, a él nos referimos, abandonó su Mar del Plata natal siendo apenas un adolescente y consiguió una cucheta en el predio Tita Matiuzzi, lugar donde residían los duendes académicos (?). No se sabe si fue Gustavo Costas o Humberto Maschio quien decidió mandarlo a la cancha promediando el Clausura 2000, cuando reemplazó a Sergio Zanetti en un empate con Rosario Central.

Se afianzó como zaguero central recién al siguiente torneo, donde dejó su huella en un empate ante Estudiantes: apenas comenzado el encuentro, Tito Pompei envió un pelotazo que dejó pasar Úbeda y le quedó a Leo, quien estando solo no rechazó, dudó y le terminó cometiendo un penal infantil a Farías. El reloj indicaba apenas 1 minuto de juego cuando el mismo Tecla convirtió el gol. A la postre y en un hecho casi inédito, Manuel Neira marcó la igualdad final.

Comenzó el Clausura 2001 como titular y referente del fondo, ya que contaba con toda la confianza del recién asumido Mostaza Merlo. Sin embargo, fue separado del plantel tras la octava fecha luego de que su representante, Isidoro Giménez, le aconsejara no firmar su primer contrato y quedarse con el pase en su poder. Este hecho fue el comienzo del fin de su promisoria carrera.

La situación finalmente se resolvió a favor del club por el convenio colectivo de trabajo, que dictaba que un juvenil debía aceptar automáticamente el 60 % del contrato mejor pago del plantel. A todo esto, Tambussi ya se había perdido lo mejor que le podía pasar a cualquier joven futbolista argentino por aquellos tiempos: integrar la lista de la Selección Sub 20 que ganó el Mundial de la categoría en nuestro país y, por sobre todo, aparecer en la histórica foto del Racing campeón después de 35 años. Todo unos visionarios, tanto él como su apoderado…

Regresó al plantel en enero de 2002, donde recibió, además de la indiferencia de sus compañeros, un intimidante “Bienvenido, traidor” de parte de Jaimito, el capo de la barra brava académica. Con poco crédito, en el Clausura sólo jugó en la última jornada y debido a los constantes abucheos fue reemplazado en el entretiempo. Eso si, en el Apertura siguiente disputó 2 partidos como titular pero, precavido, a millones de kilómetros de distancia del Cilindro (?).

Pasó seis meses a préstamo a Arsenal, donde por rotura de ligamentos ni siquiera debutó y luego regresó a Racing para desnutrir a la reserva. De la mano del Pato Fillol tuvo un breve regreso al primer equipo durante el Clausura 2004 y arrancó como titular el Apertura de ese mismo año, pero salió del equipo tras la 5° fecha cuando tuvo desplazamiento de clavícula tras chocar con Maxi López. La última vez que se lo vio en Primera División fue en el Clausura 2005, donde totalizó 31 minutos basura en 2 encuentros de relleno. Sus números finales son: 49 partidos y tres tarjetas rojas. Una trayectoria anoréxica para quien se vislumbraba como el nuevo Gustavo Costas.

A mediados de 2005, cuando ya nadie quería hacerle firmar ningún contrato, Tambussi por fin consiguió el tan postergado sueño del pase propio. Y ahí, siendo el dueño de su destino, primero logró un préstamo semestral en Dorados de Sinaloa y luego otro, también semestral, en Dorados de Tijuana, equipos que obviamente no le compraron el pase ni prolongaron la cesión. El defensor luego cruzó el océano para meter 4 partidos en 2 años con la camiseta del Boavista y luego 13 patidos en doce meses con la remera del Portimonense de Segunda División.

A mediados de 2009, Leo Tambussi regresó al país para darle un salto de calidad a la defensa de Desamparados de San Juan del Argentino A, pero este paso fue tan pobre que el equipo cuyano le rescindió el contrato al finalizar la primera rueda. En enero de 2010 volvió a su ciudad natal y se unió a Alvarado, donde además de a Junior Ischia, Gabriel Christovao, Celso Esquivel, Roberto Cornejo y Gastón Ervitti, conoció el sabor de la vuelta olímpica al derrotar a Deportivo Roca en la interminable final del Argentino B 2011/2012.

No sabemos si El Torito finalmente le adquirió el pase, ni tampoco qué hubiese sido de su carrera si no se hubiera puesto en rebeldía con Blanquiceleste S. A., tal como hizo el otro pichón en su misma situación… un tal Diego Alberto Milito. ¿El futuro ya llegó?

Especiales: contratados por error

La apertura de cada libro de pases genera muchas ilusiones en los hinchas, que inocentemente creen que los dirigentes harán un buen trabajo con los refuerzos. Nuestro fútbol está plagado de historias de jugadores truchos, dobles de cuerpo y mentirosos que engañaron a los clubes. Aquí una selección.

El Zinho trucho

Dicen que cuando puso el primer pie en Rosario, los dirigentes de Central creyeron equivocadamente que se trataba del carioca Crizam César de Oliveira Filho, más conocido como Zinho, aquel volante que brilló en el Palmeiras y que levantó la Copa del Mundo con Brasil en 1994.

Este otro Zinho, menos popular, se llamaba Aderbal Pericles Farías Filho. También había nacido en Río de Janeiro y jugaba como mediocampista ofensivo, pero nada tenía que ver con el original.

En Rosario Central (1996/97) disputó 14 partidos, marcó 2 goles y se cansó de tirar caños. Su jornada consagratoria fue en una goleada ante Racing. Luego pasó a Gimnasia y Esgrima de Jujuy, donde dejó la marca de 15 presencias. Después de un partido ante el Lobo platense, un diario local lo mató diciendo que era un brasileño trucho.

El tipo tenía algo de clase, pero nunca pudo sacarse el estigma de ser el falso Zinho.

El que mentía con el álbum

Tobie Mimboe fue un defensor camerunés que llegó a nuestro país en 1997 utilizando un vil recurso del currículum adulterado. «Jugué un Mundial», dijo, y muchos compraron, incluso el presidente de San Lorenzo, Fernando Miele, que no dudó en afirmar que había encontrado al «sucesor de Passarella».

El halago del dirigente no hizo más que quemarlo…literalmente. Al pobre de Mimboe se le incendió la casa y apenas pudo rescatar a su familia. Encima, le terminaron rescindiendo el contrato ante la llegada del brasileño Luis Fernando. Era musulmán, usaba túnica y hasta tenía un dedo por la mitad ese negro. ¿Qué te pasó? , le pregunté. Y me dijo que había sido un león”, recuerda todavía Sebastián Abreu.

Años más tarde continuó su carrera en Paraguay, Bolivia y China, donde siempre utilizaba el mismo tocuén: “Mi experiencia la marcan dos mundiales y cinco copas de África con la selección de Camerún».

Pese a la figurita que ilustra esta historia, las estadísticas afirman que Mimboe jamás integró el plantel camerunés en una Copa del Mundo y apenas apareció en las copas de África de 1996 y 1998. Un crack de la mentira.

Usted me confunde

Tras haber hecho los primeros pasos en 12 de Octubre y Guaraní de Paraguay, Báez viajó a la Argentina a mediados de 1994 para sumarse al plantel de Huracán. El delantero sólo disputó 4 encuentros en el Globo, no marcó goles y tuvo que marcharse, cerrando tristemente su trayectoria en Argentina.

Al año siguiente volvió a Guaraní de su país, donde logró posicionarse nuevamente, aunque tampoco fue una maravilla. Por eso a todo el mundo le llamó la atención cuando el Santos de Brasil pidió desesperadamente sus servicios.

Báez llegó un tanto extrañado a Sao Paulo y mucho más cuando vio que lo recibieron como a un salvador. La gente le pedía muchos goles, los dirigentes también y el entrenador Vanderlei Luxemburgo lo esperaba con los brazos abiertos. Todo tuvo una explicación cuando, después de la firma del contrato, el DT le dio la bienvenida: «Me pasaron tus videos y por eso te pedí. La vas a romper, Ríchart». ¡¿Qué?!

El técnico le había dado el visto bueno pensando que se trataba de Richart Báez, otro atacante paraguayo, mucho más conocido y goleador. Erróneamente el que llegó a Brasil fue Edgar, su hermano.

Báez vivió en Brasil gracias a una equivocación y vistió la casaca paulista en 15 partidos locales. Demasiado para alguien que estuvo jugando de casualidad.

El jugador que nunca existió

En julio de 2010 los medios españoles dieron cuenta de la contratación del juvenil uruguayo Néstor Coratella por parte del Villarreal, en una operación de 3 millones de euros.

Poco se sabía del chico de 18 años: que era una joven promesa de Danubio, que jugaba de 10, que lo apodaban Colibrí y que tenía un facebook oficial con más de 700 seguidores donde había anunciado su arribo a España: «Tras largos dias de negociación he decidido aceptar una oferta que no se puede rechazar y que complace a todas las partes implicadas, tanto al club como a mi persona. Voy a marchar a Villarreal, un club que me ha enamorado a nivel deportivo. No puedo dar más detalles de momento, por lo menos hasta pasar el reconocimiento médico la proxima semana».

Intrigado por conocer la historia de crack rioplatense que comenzaba a ocupar cada vez más espacio en los medios europeos, un periodista español llamó a sus colegas del diario Observa de Uruguay, que asombrados por la noticia de un compatriota que nunca habían oído nombrar, se comunicaron con Arturo Del Campo, el mismísimo presidente de Danubio. Del otro lado del teléfono, el dirigente fue tajante: «Danubio nunca tuvo a un tal Coratella, ni vendimos a nadie al Villarreal. Ese jugador no existe».

La bomba explotó en Montevideo y las carcajadas salpicaron a todo el mundo. Néstor Coratella, el Colibrí, había sido un invento, como se encargó de aclarar en su momento el blog Tic Espor:

Detrás del engaño están varios integrantes del foro español Forocoches, que inventaron desde cero un jugador de las inferiores del club uruguayo Danubio. Lo bautizaron Néstor Coratella, lo apodaron «Colibrí» y crearon varios sitios con sus estadísticas, subieron videos a Youtube y hasta le sacaron una cuenta de Facebook apócrifa.

Los bromistas se preocuparon también por crear una supuesta página de las inferiores de Danubio (danubiojuv.webs.com/plantel.htm) donde aparecen varios jugadores, entre ellos Coratella. Nacido el 4 de mayo de 1992, en Melo, Uruguay, el falso futbolista tiene hasta mail y un grupo en Facebook denominado «Néstor Coratella Fan Club».

Unos días más tarde se supo la verdad. Los medios españoles habían caído. Un verdadero cuento de gallegos.