Ojeda Lucas

Lucas Ramón Ojeda

Desde que Sergio Agüero dejó el fútbol argentino para triunfar en Europa, los hinchas de Independiente no han hecho otra cosa que desear su regreso, muchas veces alimentados por las sucesivas declaraciones del propio Kun, quien ha deslizado diferentes fechas retorno, siempre con algún horizonte no muy claro.

Las apuestas bonos sobre su vuelta han sido de lo más variadas desde entonces: que el Kun vuelve el año que viene, que en 2018, que después del Mundial, que antes de los 31, que ni bien se termine el contrato con el Manchester City. Y así hasta que quizás, el día que se termine la pandemia menos pensado, termine pegando la vuelta y ganemos un billete en apuestas deportivas Chile. La ilusión está (?).

Lo que muchos han olvidado, y lógicamente después de 14 años, es la última actuación del delantero con la camiseta roja. Y es ahí donde se mezcla su historia con la del baldosero homenajeado en el día de hoy.

En mayo de 2006, Agüero ya había dado muchas credenciales de sus condiciones, con apenas 17 años. Su venta al Atlético Madrid era un hecho y su representante no quería exponerlo en los últimos partidos del Clausura para no embarrar las cosas. Sin embargo, Agüero sí quería despedirse de su gente y por eso disputó los 8 minutos pendientes de un partido ante que había sido suspendido unos meses antes por agresión de los plateístas al Gatito Leeb. Independiente no puedo evitar la derrota 2 a 1 y quedó con pocas chances de entrar a las copas. Ese fue su adiós en la Doble Visera, pero aún faltaba su última función.

Unos días más tarde, el equipo de Falcioni visitó Rosario para enfrentar a Central, con esta formación: Ustari; Pautasso, Méndez, Abraham y Lorgio Álvarez; Machín, Herrón, Biglia y Armenteros; Agüero y Lucas Ojeda. Sí, el último compañero de ataque del Kun en el Rojo fue un pibe formoseño de 20 años, que había debutado un par de semanas antes.

Poco pudieron hacer juntos. El Rojo fue peloteado por Central, que ganó 2 a 0 y dejó a los de Avellaneda sin clasificación a la Sudamericana. ¿Sería acaso ese encuentro una especie de traspaso de mando entre las jóvenes promesas? Mmh, esperemos, pero apostaríamos que no (?).

Ya más o menos conocemos lo que fue la carrera del autor de la frase «cuando nos estemos más, nos van a extrañar», pero lo que nos interesa es saber qué fue de la vida de su dupla aquel día.

A sus únicos 3 partidos en ese torneo (había jugado algunos minutos ante Olimpo y Boca), le sumó otro frente a Colón en el Apertura de ese mismo año, que sería el último en su paso por Independiente, ya que después se lesionó y no fue tenido en cuenta. Así, le diría adiós a la máxima categoría.

A partir de ahí, su derrotero incluyó paradas en Tigre (solo jugó amistosos), San Martín de Tucumán (2007), Atlanta (2008), Gimnasia y Esgrima de Entre Ríos (2008/09 y 2013); algunos años en Chile con pasos por Rangers (2009 y 2012), O’Higgins (2010), Iquique (2011) y Magallanes (2015); Universitario de Sucre (2016) en Bolivia; y un retorno a su Formosa para actuar en Sol de América (2016), Defensores de Formosa (2019) e Independiente de Fontana (2017, 2018 y 2020), donde volvió a vertir la camiseta roja.

Y el Kun, ¿para cuándo?

DT Error: Capria en Atlanta (2014)

Elegante, vistoso y con una gran facilidad para llegar al gol. Si Rubén Capria hubiera aplicado algunas de sus buenas cualidades como futbolista en su etapa como entrenador, quizás lo hubiésemos visto mucho más tiempo con el buzo puesto. Pero no.

Retirado en 2007 luego de su experiencia en Peñarol, el Mago se tomó unos buenos años para largarse a la aventura de ser entrenador. Primero, retomó aquel viejo laburo de panelista (había estado en los comienzos de El Equipo de Primera) en la mesa de Hablemos de Fútbol, con Quique Sacco, el Ruso Verea y el Patrón Bermúdez, entre otros. Allí, se floreaba destacando lo lindo de este deporte, representando la corriente del lirismo. Pero claro, una cosa es opinar en un programa (o desde una computadora, como nosotros) y otra cosa es plasmar esa idea en la cancha.

El 20 de julio de 2014, sorpresivamente arregló con Atlanta para debutar finalmente como director técnico en la Primera B, reemplazando a Carlos Mayor, que había abandonado el barco para irse a Godoy Cruz.

Y el ex 10 de Racing y Estudiantes se ilusionaba. “Creo que el fútbol se basa en convicciones y el desafío es llevarlas adelante. Es un linda chance, y todo lo que yo pienso del fútbol, lo que digo públicamente en la tele, son convicciones”, decía Capria en una entrevista a Sentimiento Bohemio, al lado de sus ayudantes, José Luis Calderón y Adrián González.

Con un novedoso sistema 3-4-1-2 e intérpretes como Pablo Santillo, Federico Sardella y el Cebolla Sciorilli, el Bohemio del Mago se estrenó en el torneo con una derrota 1 a 0 ante Fénix. Pero bueno, los nervios de la primera vez (?), además fue de visitante, podía pasar. Avancemos.

En la segunda fecha, los de Villa Crespo cayeron 2 a 1 de local, nada menos que contra Chacarita. Pero bueno, era el clásico, partido chivo, se entiende (?). Pasemos al siguiente.

En la tercera jornada, perdió 3 a 1 con Almirante Brown. Pero bueno, quiénes somos para juzgarlo, nadie sale invicto de Casanova (?). Next.

En su cuarto compromiso, los de Ruben cayeron 1 a 0, como local, ante Estudiantes de Caseros. Pero bueno, el Pincha venía de ganar 3 seguidos en una racha estupenda (?). Además, el Mago había pasado a jugar con línea de 4 en el fondo. Seamos comprensivos, aguantemos una fecha más.

En la quinta jornada, llegó la caída 2 a 0 ante Brown de Adrogué e inexplicablemente lo echaron. Por apenas 5 derrotas consecutivas, 2 goles a favor y 9 en contra. No le dieron tiempo, después quieren resultados (?).

No está de más aclarar que fue la única experiencia de Capria como DT.

Lalinde, Gambetta, Olivera y Soto a Colón (2014)

Debacle deportiva, conflicto entre dirigentes y jugadores, aprietes de la barra, Osella en modo Caruso (?) y la amenaza de papá un inminente descenso. Podría ser la crónica del decadente presente de Colón de Santa Fe, pero no, nos referimos esta vez a su versión post L*rche de 2014.

Por aquellos años, el Sabalero atravesaba la peor crisis institucional de su historia. La gestión que gobernó desde 2007 hasta 2013 había arrasado con el club, dejando deudas de todos los colores, cuentas embargadas, descuento de puntos y una virgen pensión destruida. Tamaña hecatombe hizo eco en un equipo sumergido en la zona de descenso a tan solo 6 meses de terminar la temporada.

La nueva CD inició un intento de rescate deportivo e institucional. Apostó por un DT de perfil bajo y laburador como Diego Osella, cuya idea fue la de armar un equipo competitivo haciendo un mix entre pibes del club (a los que ya conocía de su anterior paso como ayudante de Sensini) y algunas incorporaciones en modo precios cuidados (?) y con un poco de mayor experiencia en puestos claves. “Si acertamos en los refuerzos, tenemos chances… No nos sirve las cosas a medias. Sabemos que vamos a una guerra”, arremetió el entrenador.

El primer soldado reclutado (?) fue Julián Lalinde, un delantero uruguayo del montón proveniente de Deportivo Pasto (Colombia). “Hablé con Alcoba, me dijo que es un club espectacular, y eso terminó ayudando muchísimo a la hora de tomar la decisión. Por lo que tengo entendido tiene un nuevo presidente, con cambio de la directiva. Quieren hacer las cosas bien para salir de la zona de descenso. Es una linda responsabilidad y estoy deseoso de afrontarla”.

Resuelto el tema del 9, fueron en búsqueda de un defensor. De la noche a la mañana (?) sorprendió el nombre de Gianmarco Gambetta, joven promesa peruana que jugaba en San Martín de Porres y que poco tiempo atrás había debutado en su selección. “Me voy a mi nuevo equipo para aportar lo mejor que pueda, quiero colaborar para sacar a Colón del mal momento que viene pasando”, declaró el jugador.

Sin embargo, en menos de 24 horas el traspaso se frenó. Por un lado, Álvaro Barco, gerente del club peruano, no veía al Sabalero como una buena vidriera para el jugador. La situación de Colón es lamentable y es candidato al descenso… Un año más en San Martín lo hubiese consolidado”. Por otro lado, el propio Osella, avalado por algunos dirigentes, descartaron la llegada de Gambetta, ya que preferían sumar alguien con mayor oficio. Algo lógico, según sus planes de ir a la guerra con gente madura (?).

Caída la llegada del joven peruano, la CD fue a contratar al defensor elegido por el entrenador: Wilfredo Olivera, confeso hincha del sabalero que por entonces estaba marginado en Quilmes. “Osella me quiere ciegamente y voy a un club donde me eligieron a pesar de que hace 8 meses y medio que no juego… Voy a estar cerca de mi familia, pero más allá de todo priorizo jugar… Tengo en claro que vamos a pelear la permanencia con Quilmes, pero le deseo lo mejor. Ojalá los dos equipos podamos mantener la categoría y que se vaya otro. Habrá que sacar muchos puntos”.

Durante esos días, comenzaron los rumores de que el equipo santafesino iba a ser inhibido para incorporar jugadores hasta que no saldara las deudas con aquellos que habían quedado libres por falta de pago. Ante esta incertidumbre, Olivera (quien ya se había despedido de sus compañeros de Quilmes) continuó practicando en la reserva del Cervecero a la espera de que se resolviera la situación.

Días más tardes, y pese a que tenía todo acordado con Colón y sólo restaba que se levante la inhibición, la CD sabalera le bajó el pulgar luego de enterarse que llegaba con una molestia en la rodilla izquierda que no le permitía entrenarse con normalidad. Al hablar de las complicaciones del pase, Willy confesó: Sabía el esfuerzo que estaba haciendo Osella por llevarme… le dije que lo charle con los dirigentes porque no quería ir a poner en juego la cabeza de él… No quería sacar ventaja de eso porque no correspondía, quise ser sincero y si se daba, se daba. Si no, me quedaba acá en Quilmes, como terminó ocurriendo”, remarcó.

Frustrado el pase del soldado (?) Olivera, Colón fue una vez más en búsqueda de un defensor y cerró la contratación de Carlos Soto, histórico referente de All Boys.

Sin embargo, el mismo día que Soto se unía a las prácticas con el plantel, el Comité Ejecutivo de la AFA resolvía que Colón y (casualmente) All Boys estaban impedidos de incorporar refuerzos, como castigo por haber dejado jugadores libres por falta de pago.

Julián Lalinde, el delantero charrúa que llevaba semanas practicando con el plantel, declaró: “ayer me enteré de esta resolución y la verdad que me puso muy triste. Fue una noticia dolorosa porque tenía muchas expectativas por poder jugar e intentar salir de esta situación tan incómoda, pero lamentablemente pasó los que todos saben. Hoy solo vine para tener un día más de entrenamiento y para despedirme de los muchachos”. Más tarde y sin cassette agregó La verdad estoy como loco, no puedo jugar por ahora, me vine con mucha ilusión. Parece que si presento un recurso de amparo me permitirían jugar, pero todavía no sé”. Finalmente ni el yorugua ni Soto emplearon el recurso de amparo y se fueron de Santa Fe.

Pasado un mes de pretemporada, Osella terminó conformándose con la resaca del torneo anterior, los pibes del club, y Ezequiel Videla, la única «cara nueva» que llegó para cubrir la vacante disponible por la lesión de Maxi Caire. La historia que le sigue es ya de manual: El Negro hizo un gran arranque de torneo (llegando a ser puntero durante varias fechas) y la coloneó hacia el final, incluyendo el desempate contra Rafaela en el Gigante de Arroyito.

¿Qué pasó con los malpasados? Lalinde tuvo un paso incomprobable por  China para luego regresar al país y vestir la de Ferro. Gambetta creyó encontrar mejor vidriera en el Argentinos del Bichi Borghi, pero su paso fue intrascendente y -vaya paradoja del destino- terminó descendiendo junto a Colón. Olivera se quedó en Quilmes hasta julio cuando recaló finalmente en el sabalero para jugar en la B. Y Soto quedó libre de All Boys y se lo llevó el Ruso Zielinski a Belgrano. Como verán, datos para nada relevantes. Es que no fueron precisamente unas grandes luminarias ni mucho menos las que no llegaron al sabalero, pero el hecho de tratarse de un poker de malpases valía la pena su espacio en nuestra memoria (?).

Como positivo para rescatar de esa época, fue que esos malpases les dieron lugar a pibes como Alario, Meli, Poblete, Luque, Graciani y Conti, quienes poco tiempo después le darían buenos réditos económicos a la institución, y sobre todo, el rápido retorno a Primera en el famoso torneo express de los 8 ascensos.

Hoy, en 2020, Colón parece querer repetir el mismo cuentito, aunque no a modo de Mal Pase porque ya jugó media hora, sino algo más cercano a Deformaciones. El tiempo que dure la mufa de Los Palmeras lo dirá…

 

Temperley (2010/11)

Lo que fue Maradona para la Selección Argentina en 1986. Lo que significó Kempes en el Mundial 1978. Lo que representó Messi en cada título ganado por Argentina el Barcelona. Algún punto de comparación con estos sucesos puede adjudicarse Sebastián Cobelli en lo que fue su corto pero fructífero paso por Temperley. Desde su llegada a mediados de 2010, el delantero se transformó en un jugador tan conflictivo como necesario. Y sino, que lo digan los números.

El primer partido del campeonato 2010/11 marcó lo duro que sería esa temporada para el Gasolero, cuando cayó ante Sarmiento con un insólito gol provocado por un error del arquero Alejandro Medina. Además, en el inicio del torneo el equipo no tenía sponsor, por lo que en el pecho de la camiseta lucía la leyenda “Yo me hice socio del Cele”.

La cosa parecía enderezarse a partir de la 5ª fecha, cuando había que visitar a Los Andes. Fue victoria por 3 a 0 en Lomas de Zamora, con doblete de Cobelli y dedicatoria incluida para un plateista que lo había insultado toda la tarde: “había uno en la platea indignado conmigo… se ve que me habré acostado con su mujer. Le pido que me disculpe porque eso ocurrió en un momento donde estaba soltero y la señora de él golpeó a mi puerta, y le tuve que meter fichas“.

Aquel histórico triunfo terminó siendo un espejismo. El equipo siguió alternando buenos y malos resultados, con el blondo delantero como protagonista. A la hora de jugar, era figura y goleador. Afuera de la cancha, también era noticia. Por ejemplo, en octubre de 2010 infringió una norma del plantel: no hablar con la prensa partidaria, por lo que debió pagar una multa. ¿Efectivo? No, algo peor (?): comida. Se tuvo que poner con 150 empanadas y así poder entrenar a la par de sus compañeros.

Los conflictos de verdad llegaron en el verano. Primero, el marido de Fernanda Vives recibió una jugosa propuesta de Estudiantes de Buenos Aires, pero los dirigentes se negaron a negociar y lo obligaron a cumplir su contrato. A esto se le sumaron los reclamos por el atraso en el pago del aguinaldo y las malas condiciones en las que el equipo llevaba a cabo la pretemporada en Chapadmalal. “Habitaciones sin enchufe, sin baño, donde vive gente subvencionada por el Estado. Por ahorrarse unos pesos ya la estamos pasando muy mal. Obviamente, los dirigentes, después nada podrán exigir. Por ahorrarse unos pesos ya la estamos pasando muy mal. Encima, hasta nos quitan los celulares», denunció a través de su Facebook. “Esto es Fort Boyard abandonado, parece donde filmaron Tumberos“completó.

El campeonato se reanudó, aunque los directivos ya tenían en la mira a “la manzana podrida.” Por la 25ª fecha, Temperley recibía a Acassuso. El director técnico Ricardo Dabrowski puso a Cobelli de enganche… y en el primer tiempo se fueron 3 a 0 abajo. El Gordo fue remplazado junto al baldosero Ezequiel Andreoli en el entretiempo. Obviamente, el entrenador no se la iba a llevar de arriba: “me llevo una sensación de poco hombre al sacarnos del equipo cuando el culpable es él. Cambió el 60% del equipo, pero no sabe llevar el grupo ni dar una charla técnica. El ex ayudante de campo era el que armaba el equipo”. ¿Qué respondió Dabrowski? “No quiero opinar del tema como hacen otros a través de Facebook porque prefiero hablar cara a cara.”

En resumen: el delantero no volvió a jugar en el conjunto del sur del GBA. Y el equipo se fue a pique. Temperley pasó de pelear por un lugar en el reducido a quedar comprometido con los promedios para el siguiente año. Luego de la salida de Cobelli, quedaban 17 partidos para terminar el torneo. Sin su goleador, el Gasolero convirtió solo en 6 encuentros. Las caídas se hicieron habituales. Tanto, que ese equipo quedó en la historia como el que sufrió la mayor cantidad de derrotas en la historia del club: fueron 22 en todo el torneo.

Claro que hubo otros nombres que colaboraron para que esto sucediera. Entre los más célebres, se pueden destacar a Damián Cebolla Giménez, Lucas Alessandria, Leonardo De Bórtoli, Luis López y Lucas Hure. Este último también terminó en conflicto con los dirigentes, que lo marginaron antes del final del torneo. “Estuve viviendo en un garage, ellos me prometieron que me conseguían un departamento para estar mejor. Que no se me valore, me da por las pelotas“, expresó. ¿Qué respondió el presidente? “Más allá de los años que tiene en el fútbol, Hure no ha avanzado en su vida”. Que lindo que la gente se quiera tanto.

Los años han pasado y pese a que Temperley logró volver a tener su momento en Primera División, otras cosas no han cambiado: Cobelli terminó entangado.

Montenegro a Nueva Chicago (2015)

Fue goleador. Campeón. Descendió. Ascendió. Lo único que le quedaba por hacer era jugar un torneo de 30 equipos (?). Y eso estuvo a punto de no ocurrir, ya que a comienzos de 2015, cuando ese mamarracho dio inicio, Daniel Gastón Montenegro fue apartado del plantel profesional de Independiente. Jorge Almirón, con el visto bueno de Hugo Moyano, lo mandó a entrenarse con la Reserva, poniéndole fin a su cuarta y última etapa en el Rojo.

Sin embargo, la posibilidad de enfrentar a entrañables equipos como Crucero del Norte, Sarmiento o Temperley aún era factible: Nueva Chicago buscaba un reemplazo para Gomito Gómez (había sufrido una distención ligamentaria) y el Rolfi era el apuntado. Se iniciaron las conversaciones y todo parecía encaminado: hubo un rápido acuerdo de palabra, se preparó el contrato y sólo faltaba la firma. Hasta el presidente Sergio Ramos lo confirmaba vía Twitter.

Mientras tanto, el DT Omar Labruna se ilusionaba. «En lo futbolístico sabemos que va a ser un jugador muy importante para nuestro plantel. Veremos cómo está físicamente», manifestaba, agregando que él también había tenido mucho que ver en esa transferencia: «yo molesté bastante para poder traer a Montenegro. En Chicago teníamos que incorporar a un jugador en esa zona.»

A pesar de tanta aclamación, el Rolfi nunca apareció por Mataderos. Es que en el medio se metió Huracán, el primer amor del hábil mediocampista. En un abrir y cerrar de ojos, arregló con el Globo. Y Labruna cambió elogios por críticas: «Se llegó a un acuerdo de palabra con él. Hoy iba a firmar los papeles. Veo que las personas cambian, las palabras no alcanzan», señaló el técnico.

Finalmente, hubo tercer ciclo de Montenegro con los de Parque Patricios, en el que llegó a una final de Copa Sudamericana y se retiró a los 39 años, dejando al equipo clasificado a la Copa Libertadores. Mientras tanto, Chicago cumplía mediocres campañas en el Nacional B. Con Gomito Gómez como símbolo y figura, obvio.