
Leonel Rinaldi (La Chanchita)
¿Qué sería de este blog sin los hijos de? No hablamos de los hijos de puta de los comentaristas (?), sino de los hijos de futbolistas, esos que crecen y duermen la siesta a la sombra de la gloria familiar, confiando en que el destino los despertará tan grandes como sus padres. He aquí un caso emblemático, quizás el espécimen más importante entre los que están en actividad. Con ustedes, el hombre que pisando los 25 años todavía no debutó en Primera: Leonel Rinaldi.
A los pocos días de haber nacido, allá por 1987, apareció por primera vez en las páginas de la Revista El Gráfico. En brazos de su papá Jorge, que por entonces defendía los colores de Boca, se daba a conocer ante el mundo futbolero. Tierno y sonriente. Una delicia de bebé (?).
Ya un poco más crecidito entró a las inferiores de San Lorenzo de Almagro. Y no por casualidad, claro. Su padre, La Chancha, fue ídolo del Ciclón. Le tocó vivir el drama del descenso en 1981, pero retornó a la máxima división al año siguiente, consagrándose como un atacante fino y goleador, hasta el momento de su partida, en 1985. Después de haber pasado por Boca, River y el fútbol europeo, regresó en 1992 para retirarse con la camiseta azulgrana. Una carrera no muy extensa pero con brillo propio. ¿Leonel? Bien, ahí anda (?). Ahora arrancamos a detallar su trayectoria.
Comenzamos a leer su nombre en los diarios allá por el 2007, cuando, teniendo a su padre como coordinador de las inferiores, jugaba de enganche en la Reserva de San Lorenzo junto a Michael Díaz, el hijo del entrenador de la Primera. Ese mismo año le hizo un gol a Huracán, jugando para la Cuarta, y al toque pegó nota en Olé bajo la declaración «La paternidad es hereditaria». Recién arrancaba y la baldoseridad amenazaba con rebalsar las napas.
Ya para entonces, el periodismo estaba preocupado por su postergado debut:
– Y el salto, ¿para cuándo?
– La ilusión de subir está, más cuando a uno le están saliendo las cosas bien. Además de como enganche, puedo jugar como volante por izquierda o doble cinco. Me adapto. Hay que esperar la oportunidad.
A ver, repasemos: enganche, volante por izquierda y doble cinco. El pibe quería jugar de cualquier cosa. Pero con 20 años aún no le daban la chance.
En 2008 llegó Miguel Ángel Russo y le tiró la pechera de los titulares en un equipo de suplentes. O sea, la nada misma. Siguió actuando en Reserva, pero en 2009 Miguelito se apiadó de él y por fin lo mandó a la cancha…en un partido de verano ante Racing. Algo es algo. Obvio que se ilusionó, pero con mucha calma: «Yo salgo a jugar, a divertirme, como lo hice siempre. Sueño con andar bien, meter un gol, pero falta todavía para eso».
Tras la salida de Russo, llegó el Cholo Simeone y las oportunidades se minimizaron. Con 22 años, el sueño de estrenarse en la máxima categoría parecía inalcanzable. Pero faltaba más. Después de un 2010 a pura incertidumbre, a mediados de 2011 sorprendió a propios y extraños cuando reapareció en el plantel del Cuervo, de la mano de Omar Asad. Y de paso aclaró, por las dudas que alguien pensara mal (?): «No estoy acá por los amigos de mi viejo».
-¿Para quién tenés más reproches, para vos o para los técnicos que no te hicieron debutar?
-Uno siempre hace autocrítica, pero no estoy arrepentido de nada, como también sé que no hice todo bien. A veces necesitás que te den la oportunidad, que te dejen pelear igual que tus compañeros, pero nunca se dió. Jamás pedí ayuda, pero muchas veces me negaron la oportunidad de pelear. Pero el fútbol es así, no hay nada que reprocharle.
Con el Turco como DT se dio el gusto de vestir la casaca de San Lorenzo en los festejos por el 120º aniversario de Peñarol. Partido amistoso, claro. Nada oficial.
En este 2012 continúa en el club, esperando tal vez que le hagan la fiestita de estreno, o al menos la de despedida (?), antes de llegar a los 25 años. ¿Una paradoja? Los cumple el 1º de mayo, el día del trabajador. ¿Una certeza? Ese mismo día los cumple En Una Baldosa. Nació para estar en el sitio.