La Luz Ignacio

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Héctor Ignacio La Luz Santacruz (Chirola)

Iluminado (?) carrilero izquierdo uruguayo, nacido un 19 de abril de 1985 en la ciudad de Durazno. Como todo joven que tiene un sueño grande, se fue con sólo 12 años a la capital, Montevideo, para jugar en las inferiores de Nacional. Claro que no todos los sueños se cumplen, porque él jugaba de 10 en su pueblo natal, pero en la prueba lo pararon de lateral izquierdo, oficio que hoy en día no abunda. Desde ese día siguió desarrollándose en esa posición, y cada vez con más éxito, ya que con sólo 17 años fue promovido al primer equipo. Debutó oficialmente en el 2002, en un partido contra Central Español, partido en el cual las crónicas lo destacaron como la figura. En el Bolso jugó hasta la primera mitad del 2005, ganando dos títulos.

Cruzando el charco, un Banfield diezmado por lesiones para el Apertura 2005 fijó los ojos en él, contratándolo a préstamo por un año, en especial para reemplazar a Martín Andrizzi, que era el que ocupaba su sector. Con el número 32 en la espalda, debutó en la sexta fecha contra el Gimnasia jujeño. Muy bien no le fue, ya que salió reemplazado por Jesús Dátolo a los 9′ del segundo tiempo. Sumaría otros pocos minutos (3′ contra Vélez, 45′ contra Estudiantes -salió en el entretiempo-, y otros 5′ contra Independiente). En total, cosechó sólo 4 partidos, ningún gol y un promedio periodístico de 4,25. Estos números llevaron a la rescisión del contrato, ya que evidenciaba unos importantes problemas físicos.

Sin suerte aquí en Argentina, volvió a Nacional donde fue relegado al banco de suplentes. Algunos dicen que no era tenido en cuenta por razones extrafutbolísticas. En el interín, se fue a probar a Holanda, pero por lo visto no pasó la revisión médica.

Dos años estuvo alternando más malas que buenas, hasta que a principios de 2008 pasó a Central Español. En un año, sólo convirtió un gol, lo que condujo a que mediados de 2009 fuera dejado libre nuevamente.

Sin lugar tampoco en Uruguay, su representante Rubén Giménez le consiguió una prueba en el Olimpia paraguayo, y según algunas fuentes había firmado, pero no hay ninguna referencia de que haya jugado, y de que tampoco haya jugado en los últimos 12 meses.

Lentamente, la carrera de este defensor charrúa se fue apagando, pero no perdemos las esperanzas de que renazca porque siempre hay una luz al final del camino (?).

Fuera de stock: los fotógrafos dentro de la cancha

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«¿Qué sería del fútbol sin el hincha fotógrafo? El fotógrafo es todo en la vida«, diría Enrique Santos Discépolo si fuera posteador de En Una Baldosa (?). Las viejas imágenes de los partidos, para este sitio y para la mayoría de los medios que nos nutrieron como lectores años ha, fueron la esencia misma. ¿Cuántas veces creímos haber vivido una jugada sólo por haber visto una secuencia de la revista El Gráfico? Muchas. Eso ya no sucede, claro, porque en las publicaciones deportivas hoy prefieren ocupar el espacio con una publicidad o, en el mejor de los casos, con un texto mal redactado.

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En su afán por lograr tomas cercanas y con ángulos exclusivos, los reporteros gráficos de comienzos del siglo XX se plantaban dentro del terreno de juego, dejando de lado el protocolo, para gatillar y obtener de esa manera el testimonio de un gol o una atajada imposible.

Con el tiempo, los fotógrafos fueron ubicados detrás de los carteles publicitarios, medida que durante años no impidió que se metieran a la cancha para retratar el momento del festejo. El espíritu, siempre, fue el de acercar al lector a los protagonistas.

Luego, la evolución tecnológica, el reglamento, la formalidad de la FIFA y el sentido común, estancaron a los trabajadores bien alejados de la línea de cal e impedidos de pisar el césped.

Dicen los que saben que aquella costumbre empezó a desmoronarse cuando Lalo Maradona jugó para el Nápoli y el desmadre fue tal (?) que hasta camarógrafos y simpatizantes quisieron entrar a la cancha en plena disputa del partido. Ese día, los fotógrafos empezaron a pagar los platos rotos.

Papa Eduardo

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Eduardo Alejandro Papa

Bastante mal la pudo haber pasado nuestro homenajeado cuando se besó la camiseta del Globo frente a la tribuna de Casa Amarilla casi llena de hinchas de San Lorenzo. Pero no. Por suerte, más allá de algunos proyectiles que no hicieron blanco, la sacó barata esa tarde de noviembre de 1985 y se fue de la Bombonera sano y salvo tras el 0 a 0. Hecho no menor, ya que le permitió llevar adelante una trayectoria de 19 partidos oficiales en la máxima categoría del fútbol argentino.

Defensor central que empezó a asomar la cabeza en Huracán durante la temporada 1985/86 debido a la infinidad de cambios que el técnico Varacka probó fecha tras fecha. De esta manera, el Puchero peló a Papa en cancha y así fue como se terminó ganando un lugar en esa ensalada de nombres que iban y venían todas las fechas. Metió un gol, jugó un buen partido en cancha de River pero su futuro no tardó en cocinarse mal.

De la mano de los Beltrán, Torino, Tutino y Jara fue devorado por el descenso, hecho que marcó a fuego al Globo y seguramente cortó en pedacitos su carrera. Dijo presente la noche decisiva del 24 de junio de 1986 frente a Deportivo Italiano en cancha de Vélez y su apellido terminó de hacerse puré en el fútbol de los domingos.

Sin embargo tras bocha de años en el freezer, se las rebuscó para no ser pisado por el olvido. En los últimos años apareció dirigiendo la categoría 98 de Lanús, despuntando el vicio con la Mutual de Veteranos de Huracán y hasta dejando su nombre grabado en un listado de árbitros del ascenso.

Selección Córdoba 2- Argentina 5

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Casi un año después del amistoso que dejó inaugurado el Chateau Carreras, el Seleccionado Cordobés recibió nuevamente a Argentina, que se preparaba para iniciar una gira por Europa. La noche del 9 de mayo de 1979 vi0 usar la camiseta tricolor a Perriot; Leal, Beccérica, Coletti, Bujedo (Tapiero); Vidal, Griguol (Carranza), Beltrán; Amuchastegui (Rodolfo Rodriguez), Astegiano y Alderete (Barrionuevo). Para el equipo de Menotti jugaron Fillol; Olguin, Simón, Passarella, J. Garcia (Ocaño); Barbas, Gallego, Maradona; Orte (Perotti), Reinaldi  (Luque) y Ortiz. El encuentro fue muy abierto, y finalizó con la victoria del conjunto nacional, con dos goles de Maradona, uno de Reinaldi, uno de Pasarella, y otro de Gallego. Para los locales, dirigidos por Alfio Basile, habían marcado Beltran y Astegiano.

Cobián Juan Manuel

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Juan Manuel Cobián

Antes que cualquier jugador de fútbol sea considerado polifuncional habría que recomendarle dos cosas: una, que asimile conceptos tácticos para desempeñarse y conocer los secretos de diferentes puestos dentro del campo de juego. Y dos, tal vez la más importante (?), que mire un poquito la carrera de Juan Manuel Cobián. Muchacho nacido en el conurbano bonarense en noviembre de 1975, y que tras un fugaz paso por las infantiles de Estudiantes de Buenos Aires, llegó a La Candela con edad de pre Novena para ponerse la azul y oro.

Hermano de los futbolistas Mariano y Fernando, su arribo a pura ilusión fue dejando bien en claro que llegaba un ocho de interesante ida y vuelta. Pero al comenzar su derrotero en las inferiores pasó a ser utilizado inmediatamente como volante central. Hasta que su camada llegó a las manos de Raffo como entrenador. Y el Coqui lo puso de cuatro. Y aunque es verdad que el Tano Novello más tarde lo usaría como tres, la zona derecha de la defensa quedó definida como su lugar en el mundo. Aunque su sueño, evidentemente, era otro: “…me gusta jugar de cinco. Porque de chico siempre lo hacía. Me gusta tener la pelota y creo que tengo la capacidad de hacer jugar bien al equipo. Quizás no me me luzco tanto en la cancha. Pero me gusta lograr que mis compañeros jueguen bien…”.

Allá por mayo de 1993, en la Quinta división, llegó a destacarse al ser nombrado capitán y hasta fue bautizado “capitán de la ilusión”, por encabezar una camada de pibes que prometía y mucho. ¿Quiénes eran? Luppino, Huici, Silvio Rivero, Dotta y Gustavo Aranda, entre otras joyas de la cantera. Pero en los ratos libres seguía tirando fichines a ver si se salía con la suya: «…le pego bastante bien a la pelota, me gusta estar en contacto con ella. Soy un jugador de marca, pero cuando me suelto en ataque sé bastante y tengo capacidad para definir así que puedo jugar arriba y hacer goles. También me encantan los tiros libres, queiro patear siempre…». Viendo como venía la mano, hasta Morfú y Cañete, los arqueros de ese equipo, deben haber vivido momentos de intranquilidad en la lucha por la titularidad.

Así despacito y en silencio, llegamos como por arte de Maggia al 14 de enero de 1997, primer partido de Bambino Veira al frente de Boca. Y esa jornada, llevada a cabo en el Morumbí para enfrentar al San Pablo en el marco de una copa amistosa llamada Clubes Hermanos, fue el escenario que vio a nuestro homenajeado correr sus únicos 5 minutos en la primera de Boca. Ingresó por Néstor Lorenzo a los 85 y al toque del segundo gol de San Pablo. Así que vio en vivo y en directo y desde adentro de la estancia, el descuento esperanzador de Pedro González y el mazazo definitorio de Serginho para la derrota 1 a 3 final.

Pese al estreno, no tendría la mínima chance de ganarse un lugar en ese plantel y siguió carrera inmediatamente en Huracán de Corrientes (1997/98). Lo que vendría despues es evidentemente obra de un muy buen representante, como mínimo, raro. Un paso por el fútbol inglés en el Sheffield Weds, Charlton Athletic y Swindown Town. Hubo en el medio un toco y me voy en el Aberdeen de Escocia (2000) y más tarde una chance en España con la camiseta del Linares en la segunda B (2003). Pero un buen día pegó la vuelta y se fue muy cerquita de sus orígenes en el Pincha de Caseros: a Almagro (2004 a 2006), el rival de toda la vida, para ser más exactos.

(Publicado casi (?) en simultáneo con Imborrable Boca)