

Gracias Merolla


Gracias Merolla
Una costumbre para esta época del año. Nos ponemos sensibles, nos dejamos llevar por el clima festivo/pelotudísimo de la navidad y terminamos perdonando a aquellos que están injustamente homenajeados en el sitio. Con ustedes, los nuevos indultos, que tampoco son taaaantos:
Julio Marchant: Símbolo del tipo que pudo reinventarse. Parecía que su carrera estaba acabada, luego de sus pasos poco afortunados por Racing, Unión, Portugal y México. Pero explotó en Uruguay y regresó a la Primera División de la Argentina, donde fue campeón con Banfield. Hasta le perdonamos el gol que erró ante Newell’s. No, mentira, eso no. Pero el Sapo ya no es baldosero.
Mauricio Risso: Si bien no fue un crack, el Tuca tuvo una carrera aceptable que luego, a fuerza de betocarranceo feroz, terminó empañando un poco la imagen que supo dar en Colón. No es baldosa.
Puden sugerir otros indultos durante el día. Igual no prometemos nada. ¡Feliz navidad!

Heribert Weber. Defensor austríaco. Jugó entre 1973 y 1994.

Eugenio Tomás La Rosa
Podríamos discutir horas sobre si el peruano La Rosa era bueno o malo, sobre si tuvo el tiempo suficiente para adaptarse al fútbol argentino o incluso si 5 partidos son muchos o pocos para sacar conclusiones. Lo que hay que dejar en claro, antes que nada, es que el tipo no dejó plantado a nadie y para ser sinceros, hay un tema bastante espinoso de por medio, con aroma a milagro y que flor de susto le debe haber pegado. Sin exagerar, Argentinos Juniors, casualmente el Semillero del Mundo, le salvó la vida. Así de contundente.
Nacido el 20 de diciembre de 1962 en Lima, a mediados de 1987 y tras 8 temporadas en Alianza Lima y una participación con su selección nacional en la Copa América de Argentina, La Rosa fue tentado para probar suerte como delantero en el fútbol argentino. Más precisamente en Argentinos Juniors. Y se vino nomás.
Su arribo al Bicho para la temporada 1987/88 lo transformó en el primer peruano en ponerse la camiseta de los de La Paternal. Debutó por la segunda fecha en el empate 1-1 frente al River de Griguol en el Monumental. Siguió de titular las tres fechas siguientes en partidos frente a Deportivo Español, Ferro y Deportivo Armenio. Ya en la sexta fecha comió banco ante Rosario Central, hasta que el técnico Armando Mareque lo mandó a la cancha para que reemplace a Fernando Redondo. Sin que nadie lo sospechara, ese rato contra el Canalla fue el partido despedida de La Rosa en el fútbol argentino. Entre fines de octubre y el mes de noviembre pasó sin escalas de ser suplente a jugar en la Reserva y en diciembre rescindió contrato y se fue del país para siempre. ¿Qué pasó?
El 8 de diciembre, el avión Fokker de la Marina de Guerra de Perú con matrícula AE-560 que llevaba a todo el plantel de su ex equipo Alianza Lima (más cuerpo técnico, dirigentes y hasta algunos hinchas), se cayó al mar a pocos kilómetros del Aeropuerto Internacional Jorge Chávez. Más allá de si fue por una falla humana del piloto o por la escalofriante teoría de un fusilamiento en masa de todos los pasajeros vinculado a un tema de drogas la cruda realidad le arrebató a La Rosa compañeros y amigos de toda la vida e hizo que volviera inmediatamente a Perú. En 1988 jugó un año en Alianza Lima y luego lo hizo en Ecuador y nuevamente en Perú pero en otros equipos.
En definitiva, sus 5 partidos en el Bicho más tres meses y pico de vestuario compartido con Infantino, Irala Sarabia, Néstor Cataldo o Renato Corsi, lo salvaron de la tragedia. ¿Fue el destino? ¿Fue la suerte? No sabemos. Lo que sí sabemos es que de la que se salvó, no tiene nombre. Pero sí precio.
Visiten www.camisetasdefutbol.es
Gustavo Néstor Piñero
Prolijo desde el vamos, nació el 1º de enero de 1963 en La Plata. Y quizás convencido de que esos fuegos artificiales de la hora cero celebraban su arribo a este mundo año tras año, creyó ser un elegido y trató de demostrarlo en el ambiente del fútbol. Bah, seguro que no fue así pero garpaba escribirlo (?).
Surgido en las inferiores de Gimnasia y Esgrima, llegó a integrar el plantel de Primera División de la temporada 1988/89, detrás de Moriconi y peleando un lugar junto a Enzo Noce y Robert Siboldi. Incluso viajó a Corea Del Sur para participar (desde al banco, claro) de una especie de Mundialito que sirvió como prueba para la televisación de los Juegos Olímpicos de Seúl. En esa copa denominada «Presidente de Corea», el Lobo salió tercero en el grupo que también conformaban la selección local B, Hungría e Irak.
Su trayectoria como futbolista, muy lejos del reconocimiento popular y de los grandes acontecimientos, tuvo pasos por Arsenal de Sarandí, Paraguay y Perú, antes de decir adiós. Pero contrariamente a lo que le sucedió con el número 1 en la espalda (o con el 12, mejor dicho), encontró la aprobación general una vez retirado y trabajando como preparador de arqueros.
En ese rol, que tan bien explotó el Flaco Saccone, Piñero supo construir una repetable carrera que arrancó en Gimnasia y que tuvo pasos por Rosario Central y Racing, al lado de técnicos como Timoteo Griguol, el Pato Fillol, Diego Simeone y Juan Manuel Llop. Hace poco se lo mencionó como candidato al puesto de entrenador de arqueros en la Selección Nacional. Algo que, creemos, merece ampliamente. Sobre todo después de haber soportado un año a Hilario Navarro, Martínez Gullota y Bernardo Leyenda. Hay experiencias que marcan (?).