
En la escuela, la premisa para ordenar a los alumnos siempre fue bastante sencilla: los más bajitos adelante y los más altos al fondo, manteniendo un brazo de distancia para no alterar los nervios de la Directora que todavía no cobró el aguinaldo. Pero, ¿cómo debe formar un equipo de fútbol?
No hay un reglamento que indique cómo deberían colocarse los jugadores a la hora de la foto, aunque tendría que existir. No es que sea muy complicado, para nada. Pero el sentido común, que determina que sean seis los futbolistas defensivos que aparezcan parados y cinco los atacantes que posen en cuclillas, no siempre llega con claridad a los planteles. Nunca falta ese conjunto kamikaze en el que nadie quiere sentirse defensor o, por el contrario, ese team carusiano que no pretende dar aspecto de ofensivo ni de casualidad y pone sólo 3 hombres en la línea inferior.
Un hueco en la pared
Revisando diarios y revistas para encontrar imágenes de las distintas maneras de formar, nos topamos con la punta del ovillo de un misterio que hasta el día de hoy nunca había sido develado y que, entendemos, podría rellenar tranquilamente media hora de un programa de Facundo Pastor: ¡El jugador fantasma!
Más de una decena de fotos, que siempre estuvieron ahí aunque nunca habían sido observadas con detenimiento, demuestran la existencia de un personaje extra, imperceptible para el ojo humano, que solía ubicarse entre los defensores. Y para nuestro asombro, también comprobamos que muchos futbolistas fueron cómplices, generando el hueco necesario para la inserción del compañero invisible y ocultando la verdad durante años.

Acá (no) lo vemos entre Zanetti y Biaín, en el Talleres de 1987/88.

En Español, Martelotto solía chequear que Ortega dejara el lugar vacío.
La revelación
Saber que en los años 80’s y 90’s el fútbol argentino había sido el oscuro escenario para un espectro al que nadie se atrevió a denunciar, nos golpeó pero no nos detuvo. Investigamos, tocamos timbres, consultamos a personas del ambiente que, por supuesto, no quisieron dar la cara, y finalmente hallamos la foto que certifica el paso del jugador fantasma por las inferiores de Atlanta, cuando apenas era un alcanzapelotas que soñaba con jugar en Vélez y todavía no le había agarrado la mano a la invisibilidad.

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