Especiales: Leonel Delménico

El alcanzapelotas de Chilavert

Si para muchos futbolistas y cierto sector del periodismo deportivo, Fabián Cubero es gracioso y pícaro, para una modelo, el jugador de Vélez podría ser candidato a un Premio Nobel.

Su presunto encanto y chispa, pero por sobre todo su pseudo fama, le sirvieron a Poroto para conquistar a Nicole Neumann, una de las más codiciadas de las pasarelas, que vale destacar, no necesitaba la billetera del jugador para vivir como lo hace.

¿Tanto mérito tiene Cubero? ¿O todo fue decisión de la rubia? Su apego por las cámaras debe haber sido un factor decisivo para cumplir el sueño de muchos.

Pero si tanto se destaca a alguien con posibilidades y recursos, qué decir del ignoto Leonel Delménico, que tuvo unos días de fama hace más de diez años y ahora tiene en su cama a una bomba como Claudia Fernández.

delmenico1

«Mi novio es muy reo, de barrio. Es licenciado en administración de empresas, tiene un sueldo y es propietario del departamento en donde vivimos, ahí, donde nos robaron todo la vez pasada«, contó ella.

Incluso, fue más allá y recordó: «me conquistó cuando se me acercó mientras yo leía un libro en la playa de Mar del Plata. Me dijo que me había visto una vez y que no me iba a escapar. Desde ese momento no nos separamos nunca más, con él tengo mucha piel para el sexo y estoy muy feliz«.

¿Y quién es el gorreado de turno?, se preguntarán algunos. Y la respuesta es simple y precisa: Un hijo de empresario argentino, nacido en Lomas de Zamora, con negocios en Uruguay y un pasado célebre: fue el alcanzapelotas agredido por José Luis Chilavert en un Lanús-Vélez de 1993.

delmenico2

Muchos se preguntaron qué sería de la vida de Delménico. Y acá lo encontramos. Vivito y culeando (?).

Fermani Mariano

Mariano Darío Fermani

Volante rosarino que prometió durante sus épocas de juvenil y acabó mostrando su fútbol en ligas de escasa repercusión. Con escasos 14 años dejó su casa para vivir en la pensión de Renato Cesarini y, aún sin saberlo, también iniciaría una trayectoria bien baldosera.

Un buen día, un dirigente de River se impresionó con sus actuaciones y se lo llevó, junto a Javier Mascherano, para que integraran las inferiores millonarias. Fermani llegó a compartir equipos con Lucas Mareque, Fernando Cavenaghi y La Gata Fernández, pero terminó aceptando una propuesta de Carlos «de acá no salís vivo» Ramacciotti y se fue a Gimnasia y Esgrima La Plata, donde formó parte del plantel de Primera División hasta que una lesión en un tobillo le achicó las chances de debutar.

Tras un regreso a Renato Cesarini (2003/04), juntó fuerzas y pegó la vuelta a River Plate (2004/05) para jugar con los profesionales. El objetivo le fue imposible de alcanzar ya que la gran cantidad de enganches le tapó el hueco para hacer su estreno y se tuvo que conformar con integrar la Vitroleta (la Reserva) de Marcelo Guaymas, Federico Higuaín y Morales Neumann, entre otros.

La gran oportunidad recién le llegaría con la camiseta de Tiro Federal en la temporada 2005/06. Los dirigentes rosarinos llegaron ajustados al cierre del libro de pases y terminaron anotando 10 jugadores libres, entre los que se encontraba Marianito.

Si bien le costó ponerse a punto, comenzó a jugar en la jornada 8 del Apertura ’05 y no dejó de hacerlo hasta la última fecha. En el Clausura ’06, en cambio, sólo salió a la cancha en 5 oportunidades, completando 17 partidos y 1 gol (ante San Lorenzo en una derrota por 5 a 3) en el Tigre del barrio Ludueña.

La experiencia en ese rejunte no le permitió, por supuesto, flotar en la máxima categoría. Probó colgándose de un salvavidas que le tiró Lanús pero a último momento Cabrero le soltó la soga y Fermani se hundió de la forma más abrupta, salteando categorías sin pestañear y tocando fondo en el Argentino B con Gimnasia y Tiro de Salta (2006).

Intentando retomar el camino que alguna vez lo llevó a estar en una pre-Selección juvenil, se fue al exterior. Tras 6 meses en La Equidad de Colombia (2007), volvió a la Argentina para entrenar en Nueva Chicago pero terminó firmando otra vez con Tiro Federal (2007/08). Parecía que se iba a quedar a vivir en esa institución, pero cuando se enteró que faltaba bastante para que construyeran el estadio con Rasti (?), cruzó el Río de La Plata para reforzar las filas de Cerro de Uruguay (2008).

Por lo que pudimos ver, el ex River es un jugador inquieto. Lejos de quedarse a triunfar en ese club con hinchas tan copados (?), este año se sumó a Miramar Misiones, donde comparte mates con Martín del Campo, mientras discuten cuál de los dos hizo menos con la casaca de la banda roja.

Guerrero Celso

Celso Gerardo Guerrero

Su imponente físico y sus cachetes XXL mitificaron su figura. Hay gente que dice que lo vio en medio de un partido con el ombligo al aire o haciendo fuerza por ponerse el buzo dentro del pantalón. Arqueros excedidos de peso, vale decir, hay muchos. Pero no todos han sufrido la crueldad de ser apodado «Cerdo».

Su carrera fue un misterio. No hay datos certeros sobre el comienzo y el final de sus días en el fútbol, pero tuvo un momento de mayor exposición, allá por mediados de los 90’s, cuando atajó en arcos importantes y, por supuesto, vino a la Argentina para ganarse el homenaje en este sitio.

En 1993 defendía la valla de Libertad de Paraguay cuando fue citado a la Selección albirroja. Y pese a que en ese entonces ya estaba el gran José Luis Chilavert, a Guerrero le dieron la oportunidad de lucirse en dos partidos. Una victoria 1 a 0 ante Bolivia y una derrota 2 a 0 frente a Brasil.

Con esa chapa de portero internacional (integró la lista de la Copa América de Ecuador), recaló en Estudiantes de la Plata para disputar la temporada 1993/94. De ser titular, ni hablar. En aquel momento tuvo que pelear un puesto con Arturo Marcelo Yorno y mirar de reojo a dos juveniles que prometían, Gastón Sessa y Carlos Andersen.

La experiencia en nuestro país fue agridulce, porque a pesar de haber descendido con el Pincha, tuvo la dicha de compartir entrenamientos con Carlos Cenci, Gonzalo Gaitán, Mauro Amato, Alejandro Larrea, Martín Mazzuco, Néstor Soria, Adrián Paz y Freddy Vera, entre otros.

Sin embargo, lo verdaderamente malo llegaría después. En 1995 arribó a Perú para ser arquero de Universitario de Lima. En sus primeros partidos, rindió a la altura de lo esperado, pero sucedería algo que marcaría su trayectoria. En el clásico ante Alianza Lima, en la primera ronda, Guerrero se comió 6 goles y fue crucificado por la prensa local (ver Los chanchos no vuelan) , que no dudó en hablar más de su panza que de sus condiciones técnicas.

Por ese partido y sus naturales esquirlas, el paraguayo perdió el puesto. Fue suplente en varios encuentros hasta que recobró la titularidad para jugar el duelo ante Alianza, por la segunda ronda. Y ahí sí, firmaría su despedida. Sólo no pudo impedir un gol de tiro libre del brasileño Marquinho. Pero la situación era irrevesible. La caída 1 a 0 casi lo hizo desaparecer del mapa.

Tiempo después estuvo en el Atlético Tembetary de su país y, en algún momento que no podemos precisar, se debe haber retirado para estar tranquilo y no tener que atarse a las dietas que exige el profesionalismo.

En los últimos años se lo vio dirigiendo en el ascenso, en el banco de Presidente Hayes y hace unos meses asumió en el Atlético 3 de Febrero como ayudante de Hugo Ovelar, otro baldosero, obvio.

La era de los virus (?)

Durante todo el día de hoy estuvimos offline por razones de fuerza mayor. O mejor dicho, por un troyano hincha bolas que intentó hacernos bolsa (?). Después de 24 horas de actualizar el sistema y poner la casa en orden, estamos de vuelta. Disculpen las molestias.

Horas después, el virus se reprodujo y se hizo más difícil de eliminar de lo que pensábamos. Por esa razón sacamos el sitio de la red y nos tomamos algunos días para limpiar el servidor. Gracias por la paciencia.

Tigre adidas/Le Coq Sportif 1997

tigreadidaslecoq.jpg

Evidentemente, Tigre tenía una realidad muy distinta a la de ahora. Allá por 1997 se dio el lujo (?) de salir a la cancha, en un partido ante Defensa y Justicia, con una camiseta adidas acompañada con pantalones y medias Le Coq Sportif. La casaca pertenecía al proveedor que había abandonado unas semanas antes, mientras que el resto de la equipación llevaba la firma de la marca francesa que lo vestiría hasta comienzos del nuevo siglo.

(Gracias Diego)

Real Murcia 2 – River 2

realmurcia2river2.jpg

Aprovechando el receso por una gira de la Selección Argentina, River hizo los contactos necesarios para viajar a España y participar en el triangular Trofeo Fútbol Región de Murcia. Allí, luego de empatar sin goles frente a Peñarol, llegó a la última fecha con la obligación de ganarle al local, el Real Murcia, para coronarse campeón.

Entonces el 23 de agosto de 1984 y ante 12.000 personas, el estadio del Murcia se vistió de fiesta para el partido decisivo. Pero la flojita actuación de la terna arbitral casi convierte la fiesta en un quiilombo de aquéllos.

De entrada, el árbitro Andújar Oliver le anuló mal un gol a Roque Alfaro por un offside que vio él solo. Más tarde, tal vez para compensar, le echó un mediocampista a Murcia. Pero la cosa se empezó a desmadrar cuando en el segundo tiempo, le dio un polémico penal a River ya que la jugada tendría que haber sido anulada por posición adelantada que el línea le marcó con su bandera levantada durante varios minutos.

El partido estuvo parado un rato largo por las protestas y principalmente por la cantidad de proyectiles que volaron desde la tribuna. Tras el gol de Francescoli que puso las cosas 2-2 (también había anotado el primero), Alonso le fue a pedir que adicionara minutos por el parate y Andújar le mostró la roja. Luego, para completarla, expulsó también a Alfaro. El empate final coronó al equipo local y trajo algo de calma a esa nochecita caliente.

Los once que puso en cancha el técnico Federico Vairo (Cubilla había renunciado unos días atrás) fueron: Gay, Gordillo, Borelli, Nicosia, Olarticoechea, Enrique, Gallego, Alonso, Alfaro, Francescoli y Tapia.