Coccimano Rubén

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Rubén Oscar Coccimano (Rulo)

Las rimas fáciles de ninguna manera son propiedad de la autora del libro “Pequeña Belén (no) ilustrada”. Vienen de mucho antes. Y concretamente en el fútbol, se da un terreno propicio para tomar el tema como un arma de ataque. Y por qué no, como puntapié inicial para enterarnos un poco acerca del transitar de Rubén Oscar Coccimano.

Sería muy fácil arrancar con que no la podía agarrar ni con la mano, pero aquí está la cuestión: condiciones tenía. No es que lo apodaran mariscal ni mucho menos, pero este defensor central nacido el 5 de febrero de 1962 en el Hospital de Quilmes, se las rebuscó para progresar ininterrumpidamente en las inferiores de River. Y para formar parte en 1981, nada menos que de un seleccionado juvenil que disputó un sudamericano en Ecuador y logró la clasificación al Mundial de Australia.

En ese 1981, de golpe y porrazo se vio con la oportunidad de debutar en la primera del millonario. Y encima, a comienzos de 1982, se ganó un lugar en el equipo dirigido por Don Alfredo Di Stéfano. Es que la partida en masa de varios titulares a la puesta a punto de la selección argentina para el Mundial de España, empujó a varios juveniles al centro de la escena. Así fue como le llegó la fama junto a esa camada de promesas formada por Messina, Alegre y Savarese, entre otros.

Pero su paso en River (1981-83) no duró ni fue como lo hubiera deseado. Es más, hubo algunas experiencias bastante traumáticas. Como la noche que visitó al Flamengo en el Maracaná por la Libertadores: “…en el Flamengo jugaba un wing derecho que se llamaba Tita, que me volvió loco. Yo jugué de 3 y nos dieron un baile tremendo. Nos golearon, los tres goles los hizo Zico y la verdad que nos hicieron precio. Ese Tita, era ligerísimo y a mí me dio un paseo terrible. Passarella me pedía que le pegara patadas, pero yo no lo alcanzaba ni para eso…”.

Tras escasos 18 partidos se vio obligado a cambiar de aire si lo que quería era jugar. Y para cambiar de aire, nada mejor que las sierras cordobesas. Allí recaló en Estudiantes de Río IV (1983). Llegó como refuerzo para el campeonato Nacional y, según afirman, su labor estuvo a la altura de lo que se esperaba de él. Jugó sólo 6 partidos pero parece que fueron suficientes para dejar una buena imagen.

La vida lo trajo nuevamente para la Capital Federal. A Atlanta (1984) para ser rmás precisos. En Villa Crespo compartió entrenamientos con un ex River, Daniel Constantino, y un futuro jugador de Boca, Alfredo Graciani. Jugó 26 partidos, se dio el lujo de hacer un gol y fue testigo de cuerpo presente en el último partido, hasta la fecha, del Bohemio en Primera A. Fue descenso, derrota 0-1 con Racing de Córdoba y dura lesión que lo sacó de la cancha al comienzo del segundo tiempo.

Sin muchas ofertas que digamos, agarró lo que le pasó cerca. Y se fue a Ecuador. Allí se puso la camiseta de Deportivo Cuenca hasta que, sin que nadie lo extrañara mucho, pegó la vuelta. Siguió su carrera en el ascenso defendiendo a Nueva Chicago (1987). Allí trabó relación con Prono, Escalada y Grecco hasta que fue por la revancha y volvió a Ecuador. Jugó para el Emelec un tiempo hasta que el destino hizo de las suyas y lo trajo al club de sus amores, Argentino de Quilmes: “…estaba en el Emelec y hubo un problema con unas apuestas, entonces se terminó suspendiendo el campeonato. Para no quedar seis meses parado, les propuse a los dirigentes venirme a la Argentina para ver si podía conseguir algún equipo y ellos accedieron. Resulta que un día estoy entrenando solo en el río de Quilmes y me cruzo con el plantel de Argentino de Quilmes. Yo ya tenía algo hablado con Deportivo Español, que estaba en Primera División pero me convencieron. Uno al hincha siempre lo lleva adentro. Al final jugué seis meses porque no podía quedarme más…’’.

Tras la aventura de sentirse jugador e hincha en el Mate, armó una vez más los bolsos y regresó a Ecuador para estampar su firma en la Liga Deportiva Universitaria. Hasta que ya sin mucho hilo en el carretel, volvió al país para definitivamente colgar los botines en Defensa y Justicia.

Sin embargo, siguió pegado al mundo del fútbol durante un tiempo. Fue técnico en el Halcón de Varela y en la Liga Deportiva Universitaria. También fue ayudante de campo de Zerrillo en Los Andes. Y en el año 2000 fue a Venezuela a dirigir a Nacional Táchira.

De vuelta al pago, esta vez para siempre, lo último que supimos acerca del oriundo de Quilmes, es que estaba dedicado al rubro automotor como ejecutivo de ventas de una empresa BMW. Y que a pocos metros de la estación de trenes de Bernal, puede vérselo en vivo y en directo atendiendo su bar “La Roca”.

Cuántas veces le deben haber dicho al Rulo “…agarrámela con la mano” no lo sabemos. Lo que sí podemos asegurar es que para una rima tan básica no hace falta inspirarse leyendo a Belén Francese. Con mirarla es suficiente.

Ludueñas en taparrabos

Para Alvin Lee, como para toda una generación, el festival de Woodstock fue un hecho que marcó su vida para siempre. El músico inglés pasó, de un momento a otro, de tocar en bares a actuar en estadios. Y no sólo sufrió los cambios artísticos. En aquel lejano 1969 también se dejó llevar por la explosión de las drogas, la paz y el amor libre, que incluía las relaciones interraciales.

Aquella etapa de experimentación condujo a Lee a tierras africanas, más específicamente a Zimbabwe. Allí conoció a gente de color, a la que le dijo (quizás para sonar extravagente) que venía desde un país de Sudamérica llamado Argentina, donde se practicaba un deporte con una pelota de cuero y dos arcos.

«Somos negros, no boludos«, le contestaron. «Además, acá leemos la SuperFútbol. Y vos sos el Flaco Lamadrid, no nos jodas«.

Turrismo Aventura: Deportivo Pasto de Colombia

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Dentro de la amplia gama de opciones para baldosear, la Asociación Deportiva Pasto aparece como una alternativa de alto vuelo, aunque con ciertas posibilidades de bajón.
Se fundó oficialmente el 12 de Octubre de 1949 gracias a los empresarios de la Cervecería Bavaria, que le pusieron el nombre que hoy posee cuando les fue negado el de «Oro Rojo». Sin embargo, la historia colombiana advierte (?) que el club existió de 1932 a 1936, año en que todos sus jugadores formaron parte de la Selección del Departamento de Nariño, del cual Pasto es capital.

La cuestión es que desde que nació hasta 1995, no pasó nada cautivante por su vida institucional, a excepción de su condición de club semiprofesional, que usaba una camiseta rosa y negra gracias a una donación del club peruano Sport Boys; y que en 1957 inauguró el estadio que aún hoy usa, el Libertad.

En 1995, el club consiguió entrar a la Primera C y en la temporada siguiente fue invitado a la Primera B. Algunos dicen que fue por sobornos de los dirigentes (cualquier similitud con Real Arroyo Seco es pura coincidencia). Lo cierto es que dos años más tarde ya había conseguido el ascenso a la máxima división del fútbol cafetero.

Luego de estar a un paso del descenso, en el 2002 logró un sorprendente subcampeonato, perdiendo contra Independiente Medellín, pero clasificando a la Sudamericana del año entrante, donde quedó afuera en su primer cruce con Atlético Nacional. Pero la máxima hazaña del Súper Depor, caería en el Apertura 2006, cuando se coronó campeón de la mano del técnico argentino Oscar Quintabani. Como consecuencia, clasificó a la Libertadores, y a pesar de compartir grupo con Gimnasia de La Plata, Santos y Defensor Sporting, no pasó: creemos saber por qué.

Pero nunca podría haber conseguido todo ésto sin jugadores interesantes. Nos llama la atención que nunca hayan buscado al Cañito Ibagaza, el Tuca Risso, Lillo, Scamporrino, Garcé, Canuto o a Cafasso. Tal vez se interesaron cuando saltaron a la luz los casos del Lobo Cordone Cáceres Silva, Claudio Rodríguez, Vanega, Mosset y tantos otros que le hicieron honor a este humilde club.

Si usted, señor baldosero, está leyendo este artículo y tiene en mente pasar a este equipo a la brevedad, es fundamental recordarle que el Deportivo Pasto acobijó (?) a colegas colombianos como Juan Diego González, Diego Cortés, Leonardo Fabio Moreno, Luis «soy hermano del Tino» Asprilla y Jimmy (R)Obando. O sea, el club hizo todo por mantener viva la especie.

Argentinos que actualmente hacen turrismo: Hugo Centurión pertenece al club, pero está a préstamo en el Macará desde hace pocas semanas.

Argentinos que han hecho turrismo: Martín Perezlindo, el argentino-boliviano Horacio Chiorazzo, Ariel Aragón, Esteban González, entre otros.

Probabilidades de baldosear en ese club: 25%.

Irace Matías

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Matías Emiliano Irace

«¿Cómo pasar de jugar Copa Libertadores a la cuarta división española en 5 años y no morir en el intento?» así debería llamarse la cátedra que podría dictar en sus ratos libres Matías Irace, un mediocampista de la categoria ’83 surgido de la inagotable cantera de Rosario Central.

Después de romperse el lomo en las inferiores canallas y de consagrarse campeón del Torneo Gobernador Luciano Molinas en 2003 jugando con Emiliano Impallari, Damián Ledesma y Matías Escobar (sí, el pibe que se muere por jugar en Newell’s, pero que va por su segunda etapa en Central luego de su paso por Gimnasia LP y el fútbol turco), Irace debutó oficialmente el 29 de febrero de 2004, cuando por la tercera fecha del Clausura Central visitó a Chacarita en San Martín. Esa tarde, reemplazó a otro baldosero, como Renzo Ruggiero. A la semana siguiente, contra Racing anduvo bien y largó un poco de humo ante la prensa: «Vengo a la popular desde los 10 años y ahora me tocó estar adentro. Lo que sentí es raro, algo loco. Todavía no caigo«. En aquel torneo, bajo la dirección técnica de Miguel Ángel Russo, redondeó 12 presencias, ingresando en 8 ocasiones como titular.

Esa misma temporada, una lesión de Vitamina Sánchez le dio la posibilidad de jugar el partido revancha por las octavos de final de la Copa Libertadores ante el São Paulo brasileño. En la ida, el conjunto rosarino había ganado por 1 a 0 con gol de Gonzalo Belloso. En el Morumbí, el equipo local ganó por 2 a 1 con tantos de Grafite -2-, mientras que Germán Herrera descontó para el Canalla. En la definición por penales, los paulistas ganaron 5 a 4 gracias a la actuación de Rogério Ceni que tapó los remates de Julio César Gaona… y del propio Irace.

En el Apertura 2004, bajo el comando del uruguayo Víctor Púa (2 partidos) arrancó como titular. Luego con Don Ángel Tulio Zof pasó al banco de suplentes aunque ingresó en otras 5 ocasiones, mientras que con Ariel Cuffaro Russo jugó en la última fecha ante Estudiantes de La Plata.

Para la despedida en el Clausura 2005 quedaron 2 encuentros, en la tercera fecha ante Quilmes cuando salió a los 56 minutos para la entrada del Puflo Alemanno, y en la décimo cuarta cuando ingresó los últimos 20 por Emiliano Papa, con el fin de aguantar el cero ante Colón de Santa Fe. En total, Irace dejó en Primera División la marca de 22 partidos, sin goles.

Sin ganas de rasparse los tobillos en la B Nacional, cuando quedó desvinculado del Canalla a mediados de 2005 armó las valijas y se fue a España para defender los colores del Unió Esportiva Sant Andreu. En el conjunto catalán militó hasta 2007 y fue partícipe del plantel que descendió a la Tercera División (cuarta categoría) en la temporada 2006/2007 y que recuperó la plaza en Segunda B en la 2007/2008.

El 2008 lo encontró jugando algunos meses en el Sporting Genzano, de la Serie D italia. Pero no tardó mucho en pegar la vuelta y sumarse al Mataró español. En este último equipo apenas logró disputar 12 partidos en la temporada 2008/2009 antes de desvincularse por problemas económicos. Con el pase en su poder, en enero de este año apareció en la plantilla del Andorra CF, siempre en el under ibérico.

Especiales: árbitros «hijos de»

Aquellos boxeadores consagrados suelen afirmar que no desearían que sus hijos continúen con esa actividad. Justifican esa posición asegurando que se trata de un deporte muy duro, peligroso y de vida corta. Los futbolistas, en tanto, siempre insisten con que sus chicos tendrán la libertad de elegir.

Sin embargo, y como sucede a menudo, muchos niños y no tan niños buscan emular a sus padres, aún sin tomar consciencia de lo desgraciado que puede resultar cierto tipo de oficio.

En esta ocasión, el homenaje es para “los hijos de…”, pero no de futbolistas como Sebastián Fillol, Leonardo Más, el Chavito Anzarda y tanto otros. El capítulo que nos compete tiene que ver con personas a las que sí les importa un pito. No es secreto que los chicos pueden desplazar una parte de sus deseos tiernos y libidinosos del pecho de la madre al pito del padre.

Si ser árbitro puede ser desdichado, mucho peor ser árbitro hijo de árbitro, que aún teniendo buenas actuaciones, recibirá insultos y agravios por lo hecho por su progenitor.

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Nicolás Lamolina

Hijo de Francisco, o el hijo de un Pancho, se desempeña sin mucho éxito en Primera C y también lo ha hecho en partidos de Reserva de Primera División. Previamente, realizó el recorrido habitual con pasos por divisiones juveniles, infantiles, futsal. Con 27 años, es la tercera generación de árbitros de la familia. La actividad la arrancó su abuelo, la continuó su padre y la proyectó él. Los Lamolina esperan que la cadena no se corte y Siga Siga

A la hora de explicar el porqué de su pasión por el arbitraje, Nicolás le contó al Diario Olé que «existe una tendencia familiar, en mi caso doble, por mi abuelo y mi viejo. Me influyó. Yo jugaba al fútbol y llegó un momento en el que tuve que decidir qué hacía con mi vida»

Justamente a la hora de evaluar las ventajas de desventajas de ser hijo de, señaló que «un amigo me dice que yo tengo la suerte y a la vez la desgracia de ser el hijo de Lamolina. Suerte, porque mi viejo me sigue, me da consejos hasta de cómo plantear un partido, se anticipa para que no tenga errores. Y la desventaja de que muchos piensen que soy como él en una cancha. Yo recién estoy aprendiendo y dirijo en las categorías más bajas. La gente pretende que sea un fenómeno, pero la mayoría se acuerda del mejor momento de mi viejo, no de sus primeros pasos«.

Por otra parte, a la hora de los insultos, reconoce que por ser el pibe de Lamolina «quizás la puteada sea más fácil porque el cantito ya lo saben. A mi viejo lo iba a ver siempre en su última etapa. A veces la pasaba bien y otras mal. Yo era muy chiquito y sufría porque no entendía cómo cien mil personas lo puteaban. Lo entendí tiempo después«.

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Hernán Mastrángelo

Hijo de Carlos, ahora actor, consideró que si su padre fue árbitro durante tantos años fue por la felicidad que le producía, y por ese motivo tomó la posta. «Si la carrera de mi viejo fue tan larga, es porque el arbitraje lo hizo feliz. Me inclinó hacia esta carrera y no me quedó otra que aceptar. Además me di cuenta que con los pies me iba a costar un poquito y terminé con el silbato«, dijo en la entrevista al diario Olé.

Consultado sobre las alegrías en el arbitraje, Hernán sostiene que «sólo nosotros entendemos por qué somos felices dentro de una cancha, aunque nos insulte mucha gente. Nos genera adrenalina, una sensación muy fuerte. A veces, no te das cuenta del sentido vocacional sino hasta que dirigís el primer partido. Hay veces que no dirijo algunas semanas y no sé que hacer«.
Por otra parte, asegura que no tiene condicionamientos por el lugar que ocupó su padre, de lo contrario, «no podría salir a la cancha«, asevera.

Y a la hora de las comparaciones, señala que «es difícil marcar la diferencia porque cada uno que te observa en una cancha, piensa inmediatamente en ellos y supone que somos iguales o mejores. Pero nosotros somos nosotros. El era más de la palabra que de la tarjeta, le gustaba ponerse a los jugadores de su lado. Tenía claro quienes eran los verdaderos protagonistas. Se les acercaba al oído y les decía: ‘la concha de tu hermana, quedate tranquilo porque te rajo a la mierda’. Hoy sería muy complicado, hay muchas cámaras«.

Por último, sobre su paso por la escuela, reconoció que «fue terrible, en pleno auge de mi viejo, comencé la secundaria. Y si él se confundía en contra de un equipo, algunos compañeros me venían a apurar a mí con críticas y cargadas. Me agarré a trompadas un millón de veces. No quería que me hicieran cargo de algo que había hecho mi viejo. Me sirvió para formar temple«.

Los Vigliano

Hijos de Jorge, se mataron en la originalidad. Eligieron la misma profesión y compiten entre ellos, al menos para lograr el reconocimiento de su padre, hoy columnista radial.

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Mauro Vigliano

Previo a volcarse por el arbitraje, Mauro (5/08/75, ahora en Primera B) pasó por el fútbol, el rugby y la natación, pero aclara que el ser juez «no vino a reemplazar otra vocación frustrada«.

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Paulo Vigliano

Jugó de volante en la Reserva de un club del Ascenso y al mismo tiempo estudiaba arquitectura pero «llegó un momento en que no hacía una cosa ni la otra. Entonces me metí de lleno en la facu y comencé a dirigir, como un hobbie«.

Ante la pregunta reiterada, sobre beneficios y contras de haber tenido un padre árbitro, para Paulo “es un plus respecto de otros colegas porque desde chicos mamamos cosas propias del ambiente. Y para Mauro, «está claro que nos gustaría llegar a ese lugar, pero si sólo nos fijáramos ese objetivo, perderíamos de vista el partido del próximo sábado. Y si luego no llegáramos a Primera, sentiríamos un vacío enorme«.

Al ser tantos los Vigliano dentro de la actividad, concluye Mauro que las cosas pasan «por triplicado porque me putean por mi hermano, por mi viejo y por mí«.

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Patricio Lousteau

Hijo de Juan Carlos, la tiene más difícil porque fue un groso en serio, aunque viene por el buen camino con reconocimientos en sus pasos por las categorías de ascenso y hoy dirigiendo la B Nacional.