El 1 de agosto de 1999, más de un año y medio después de su último partido oficial, Enzo Francescoli se despidió del fútbol con un amistoso a Monumental repleto entre River Plate y Peñarol, el club de sus amores en Uruguay.

A los 38 del complemento, con el encuentro 3 a 0 para el Millonario (uno de Marcelo Salas y dos del Enzo -ambos de penal-), llegaría la frutilla del postre: sus hijos Bruno y Marco, 12 y 10 años, respectivamente, irrumpieron en el campo de juego. La excusa fue un saludo, pero Bruno, fanático de La Banda, le dijo: «Papá, nos quedamos a jugar un ratito». Enseguida, Marco casi le hace un gol al ex Lanús Claudio Flores y finalmente Bruno, en un mano a mano con el arquero uruguayo, definió a un palo, acariciando la pelota con el pie derecho. 4 a 0. «Quería que mi hermano me devolviera el pase, pero la metió él», reconocería el hijo menor del Príncipe mucho tiempo más tarde. El gen baldosero ya empezaba a hacer estragos.
Tuvieron que pasar varios años para que Marco se interesara por el fútbol profesional. Fue en 2006, a los 17, cuando se sumó a prueba al Cagliari italiano, donde su viejo había brillado entre 1990 y 1993. «Le dije a mi papá que quería hacer esta experiencia y él me aconsejó que probara, pero sólo bajo la condición de entregarme en plenitud, pues sólo así llegan los resultados», decía en su presentación el chico nacido en París en febrero de 1989, cuando Enzo jugaba en el Racing de esa ciudad.
“Anda bien, pero juega con esa mochila de la comparación. Le expliqué que llegar no sólo depende de la técnica sino de que esté bien físicamente, bien de la cabeza y de muchas otras cosas, como no tener al fenómeno de turno adelante. Quiere probar y me parece bárbaro. Ahora vive solo en Italia. Está en la tercera, el año que viene debería definirse la situación”, comentaba el Príncipe en 2008.
Luego de actuar durante algunas temporadas en el equipo Primavera, en 2009 Marco volvió a la Argentina para incorporarse a la cuarta división de Estudiantes de La Plata. “Era complicado llegar a la Primera en Italia y extrañaba un poco a mi familia”, admitía.

Mediapunta, más técnico que veloz, fanático de Zinedine Zidane, Juan Sebastián Verón y Alessandro Del Piero, Francescoli Junior tenía bien claro que las cosas no iban a ser nada fáciles: “Empecé grande y llego a una categoría que el año pasado fue campeona. Encima no trabajaba tanto en lo físico, pero la pretemporada me está haciendo muy bien”.
Consultado sobre el porqué de su decisión de no probar suerte en el Millonario fue tajante: “Yo no soy hincha de River. Me fui muy chico de Argentina (a Estados Unidos, donde su familia se mudó en 2002). Sigo un poco la campaña porque mi hermano Bruno sí es hincha y va a la cancha, pero no me enojo si pierde. Tampoco soy de Peñarol. No viví mucho en Uruguay. Un amigo me hizo seguirlo por un tiempo, pero ya no. Me interesa el Cagliari, porque jugué allí”.

¿Y por qué el Pincha? “Tengo tres amigos que estuvieron un mes en Estudiantes y me lo recomendaron. Me habían dicho que era un club ideal, y, además, por las referencias sobre el trabajo en inferiores que le dieron a mi padre Leonardo Astrada y Hernán Díaz (entrenador y ayudante de campo de Estudiantes en aquella época)”, remarcaba. Enseguida, tuvo sus quince minutos de fama cuando le convirtió un gol ¡a River! jugando en cuarta.
Tras apenas un puñado de partidos con la Reserva (en 2010 viajó a una gira por Inglaterra), a mediados de 2011 rescindió su contrato. Todo parecía indicar que se sumaría a Argentinos Juniors a pedido de Pedro Troglio. Sin embargo, el botija sorprendió a todos con su decisión: “Tomé la determinación de abandonar el fútbol para dedicarme de lleno al estudio. Me voy a estudiar Economía a la Universidad de La Florida, en Estados Unidos”, aludió antes de subirse al avión.
@Adridam No, me vuelvo a Estados Unidos donde vivia antes… Rescindi el contrato con Estudiantes, y no fui a Argentinos…saludos
— Marco Francescoli (@marcofrancescol) 25 de julio de 2011
Desde entonces, no tan lejos de la número cinco y siempre con el termo bajo el brazo, vive en el país del norte, donde se dedica la venta de bienes raíces.














