Chapitas: Sócrates

Dicen los que siguieron su trayectoria de cerca que el Doctor apenas fue profesional una sola vez en la vida: en 1982, en las vísperas del Mundial de España, el primero que disputaría con la casaca verdeamarelha.

Antes y después, Sócrates Brasileiro Sampaio de Souza Vieira de Oliveira, el hijo de Guiomar y Raimundo, el hermano de Sóstenes, Sófocles, Raimundo filho, Raimar y Raí (que brilló en São Paulo y PSG, y campeón del mundo en 1994), fue una especie de talento desperdiciado. Un jugador de una técnica e inteligencia pocas veces vista, no muy afecto a los entrenamientos, y obsesionado por dos tentaciones que lo persiguieron durante toda su carrera: las mujeres y la cerveza.

Nacido en Belém de Pará, al norte de Brasil, en febrero de 1954, debutó 20 años más tarde, alternando entre volante por derecha y atacante, en Botafogo de Ribeirão Preto (1974 a 1978), en el interior de São Paulo, donde su familia se había mudado durante su infancia debido al empleo de su padre.

Con la camiseta tricolor del Fogão rápidamente empezó a demostrar que la cosa iba en serio, incluso dando ventajas: muchas veces se perdía los entrenamientos porque Seu Raimundo lo había obligado a priorizar sus estudios de Medicina. Más de una vez llegó sobre la hora a un partido y tuvo que hacer un escándalo en la puerta para que lo dejaran pasar.

Ya recibido, en 1978, fue transferido al Corinthians (1978 a 1984), uno de los clubes más populares del país, donde no tardaría en convertirse en ídolo. En el Timão se reencontraría con un viejo conocido, Geraldão, aunque sus días de gloria los vivió al lado de Palhinha y Walter Casagrande, su gran compañero de noches, con el que conformó una dupla tóxica.

Enseguida, en 1979, llegarían sus primeras convocatorias para la selección nacional, dirigida por Cláudio Coutinho. Esa misma temporada, Sócrates conquistaría su primer título importante con la camiseta del Corinthians: el campeonato paulista, eliminando en semifinales al máximo candidato, el Palmeiras de Telê Santana.

En 1982 se preparó físicamente como nunca para el Mundial de España. En la primera fase, Brasil avanzó con puntaje ideal frente a la Unión Soviética, Escocia y Nueva Zelanda, pero en la segunda ronda no pudo hacer pie ante Italia, tras dejar en el camino a la Argentina de un tal Diego Armando Maradona. Cuentan los que lo conocieron que nunca lo vieron tan triste como después de aquella recordada derrota por 3 a 2 ante los tanos.

De regreso en Brasil, sumergido en una cruenta dictadura militar desde 1964, Sócrates se convirtió en uno de los emblemas de la lucha por la democracia, dentro y fuera de la cancha. En el verde césped, de la mano de la Democracia Corinthiana, un movimiento liderado por el sociólogo Adilson Monteiro Alves, Wladimir, Walter Casagrande, Zenon y el propio Sócrates, que generó una verdadera revolución.

Decisiones como la contratación de jugadores o entrenadores, la necesidad de concentrar o no antes de los partidos, o la posibilidad de zafar de una gira si un futbolista recién comenzaba un noviazgo eran discutidas entre todos, plantel y cuerpo técnico. Aquel Corinthians fue reconocido por su valentía, por ejemplo, para salir a la cancha y jugar con camisetas con leyendas como “Día 15 vote” (en referencia a las elecciones para gobernador, senadores y diputados del 15 de noviembre de 1982, las primeras por voto popular en 20 años) o banderas como “Ganar o perder, pero siempre con democracia”. Los resultados deportivos también acompañaron: el Timão fue bicampeón estatal en 1982 y 1983.

En abril de 1984, un acto en el Vale do Anhangabaú, en pleno centro de São Paulo, convocó a más de un millón y medio de personas. Pedían que el Congreso Nacional aprobara una enmienda constitucional que convocaba a elecciones directas para presidente por primera vez desde 1960.

Esa noche, al lado del periodista Osmar Santos y su amigo Casagrande, Sócrates, que tenía una jugosa oferta de la Fiorentina italiana, agarró el micrófono y juró que se quedaría en el país si Brasil volvía a las urnas. Unos días más tarde, aquel traspié lo deprimió y terminó yéndose.

La carrera del Doctor tras su salida del Timão estuvo plagada de controversias y polémicas. Además, su estilo de vida agitado ya empezaba a pasarle factura. Apenas resistió un año en la Fiorentina (1984/85), donde conoció a Daniel Alberto Passarella (con el que, obviamente, no se llevaba muy bien), antes de volver a casa.

Tenía todo arreglado para jugar en Ponte Preta, bancado por el mediático Luciano do Valle (una especie de Marcelo Tinelli de la época), e incluso llegó a posar con la casaca de la Macaca para la tapa de la revista Placar. Sin embargo, la plata no apareció y terminó en Flamengo (1985 a 1987), otra vez al lado de uno de sus ídolos, Zico.

“No quiero ningún partido homenaje. Sólo puedo asegurar que voy a retirarme interrumpiendo un entrenamiento en la Gávea. Voy a poner un barril de cerveza en la mitad de la cancha para que todo el mundo brinde en mi despedida”, decía en aquella época. Las lesiones se hicieron una constante y la idea del retiro empezaba a sobrevolar la cabeza del Doctor, que aun así defendió una vez más la verdeamarelha en la Copa del Mundo de México 1986, donde Brasil se quedó afuera por penales ante Francia en cuartos de final. Sócrates, al igual que Julio César, erró su ejecución desde los doce pasos.

Recuperado de una lesión que lo tuvo alejado durante buena parte de 1987 y con algo de magia todavía para regalar, Magrão cumplió el sueño del pibe cuando se sumó al club de sus amores, Santos (1988/89), aunque disputó mayoritariamente partidos amistosos en giras por el exterior que traían billetes frescos a las necesitadas arcas del club de la Vila Belmiro.

Los últimos trotes del crack fueron en el mismo lugar donde empezó todo, en Ribeirão Preto, con la camiseta del Botafogo (1989), que enseguida lo anunció como DT, en 1990.

Tras un impasse en el que aprovechó para dedicarse a la medicina, instalar un moderno complejo médico en Ribeirão Preto e incluso coquetear con la política, en 1994 regresó al fútbol, aunque en un nuevo rol. La rebautizada cadena deportiva de cable SporTV, del grupo Globo, lo contrató como comentarista para los partidos del campeonato local. Pero Sócrates nunca se destacó por su profesionalismo y tampoco encajaba con el establishment. Llegaba a la cancha sobre la hora, generalmente en un estado etílico indisimulable y sus acotaciones estaban exentas de cualquier tipo de imparcialidad, especialmente cuando le tocaba cubrir al Corinthians. Duró poco.

En 1996, la Liga Deportiva Universitaria de Quito le dio una nueva oportunidad como técnico. Sócrates intentó instaurar un sistema similar al de la Democracia Corinthiana, pero resistió apenas un puñado de encuentros. Su última experiencia como entrenador fue de la mano de un viejo conocido de la selección, Leandro, mítico defensor del Flamengo, que a fines de los noventa gerenciaba al Cabofriense de Río de Janeiro. Y otra vez la misma historia.

Durante su última década, el Doctor bancó públicamente a Luis Inácio Lula da Silva y otros políticos del Partido dos Trabalhadores (PT), volvió al fútbol por un rato con la camiseta del Garfoth Town (2004) de la octava división inglesa, tuvo cierta actividad en diversos medios de comunicación alternativos y, principalmente, acentuó su problema con el alcohol.

Recién a mediados de 2011, tras varias internaciones, reconoció su enfermedad. Destrozado por el vicio, en los últimos tiempos había reemplazado la cerveza, su eterna compañera, por el vino. Aunque, claro, se bajaba una botella.

“Quiero morir un domingo y con Corinthians campeón”. Puta casualidad del destino, Sócrates murió en la madrugada del domingo 4 de diciembre de 2011, víctima de una cirrosis hepática tan anunciada que no sorprendió a nadie. Esa tarde, por la última fecha del Brasileirão, Corinthians enfrentaba a su clásico rival, Palmeiras, y apenas necesitaba un punto para consagrarse.

Antes del inicio del partido, los jugadores del Timão y sus miles de hinchas lo homenajearon con el brazo derecho en alto y el puño cerrado, aquel festejo que repitió tantas veces en el Parque São Jorge, en el Pacaembu y otro montón de estadios a lo largo y a lo ancho de Brasil. Con el 0 a 0 definitivo, Corinthians conquistó su quinto título a nivel nacional.

Mal Pase: Cascini a River y Betis (2001)

A mediados de 2001, Raúl Alfredo Cascini venía de un paso con más pena que gloria por el Toulouse francés, con el que descendió a la Ligue 2. Lleno de deudas, el club galo fue condenado a disputar la temporada 2001/02 en el Championnat National, la tercera categoría, y todos sus jugadores quedaron libres.

Con el pase en su poder, estaba todo dado para que el Mosquito cumpliera un viejo sueño: vestir la camiseta de River Plate. «Puede ser que se cumpla un anhelo de Ramón Díaz, pero ahora el que eligió fui yo. En ese momento (estaba en Independiente y el riojano lo había pedido) me prohibieron venir a River. Hasta el día de hoy tengo una oferta de España, pero River me seduce mucho y tengo la posibilidad de sacarme las ganas de venir. Resigné plata por venir a jugar a River», decía ante los medios.

Si bien el Millonario ya tenía varias alternativas para su posición en la mitad de la cancha (Leonardo Astrada, el Lobo Ledesma, Guillermo Pereyra y el Cuchu Cambiasso), Cascini se veía con chances y hasta se animaba a chicanear al eterno rival: «Contra Boca me fue bien. Con Estudiantes le gané las dos veces que jugamos y con Independiente le ganamos bastante. No sé si lo tengo de hijo, pero hay algo especial; me gusta mucho jugar contra Boca».

Sin embargo, cuando estaba casi todo abrochado surgieron los problemas. Primero, Independiente pidió su inhabilitación por una deuda de 500 mil dólares que tenía el Toulouse. Después, algunos directivos de River le bajaron el pulgar. Y así empezó a tomar fuerza la oferta del Betis español, que había vuelto a Primera tras una temporada en el ascenso. «Lo de Cascini se cayó porque el Betis actuó rápido. A nosotros nos faltaba la aprobación de la Comisión Directiva. Y la situación de Cascini, como la del Turu Flores, Matías Lequi y Sebastián Cobelli, recién se iba a tomar el lunes a las 18, cuando se reúna el bloque oficialista», decía Rodolfo Fito Cuiña, integrante del Consejo de Fútbol del cuadro de Núñez.

«Quedan horas para definir todo. No me interesa presionar, quiero quedarme en River pero en España me esperan. Tengo pasaje para mañana, ojalá no deba usarlo… Claro, no quiero quedarme sin club, hay posibilidades que no hay que dejar pasar», comentaba el Mosquito, que se moría por ponerse la banda: «Pasé la revisión médica perfecto. Me operaron hace tres años y desde entonces jugué 150 partidos. Lo que pasa que en el ambiente del fútbol siempre hay gente que dice mentiras porque quiere voltear a un jugador para colocar a otro suyo… Me quedé con ganas de ir a River hace dos años. Si a un jugador le mostrás esa camiseta y otra, elige la de River”.

Finalmente, Carola Cascini no se subió al avión. «Es una decisión que tiene que tomar él. No viajó a Sevilla y está pensando esperar hasta el lunes para ver lo que definen los dirigentes de River. Aunque tampoco hay que descartar que en el fin de semana decida irse», esgrimía su representante, Daniel Comba.

Cuatro días después de esa declaración, el mediocampista firmó su incorporación a préstamo por un año… a Estudiantes de La Plata, donde había actuado en la temporada 1995/96. «La culpa es mía. River está viviendo un clima político difícil, y eso me perjudicó. Yo tenía todo arreglado con el Betis, pero un dirigente me aseguró que el pase se haría. Ahora tengo el contrato en mi casa. A mí me usaron, y nadie me dio una explicación. Igualmente, le estoy agradecido al cuerpo técnico, porque no tuvo nada que ver y siempre me trató muy bien», aseguraba.

Un año más tarde, terminó jugando en Boca Juniors (2002 a 2005), donde ganó cuatro títulos, uno local y tres internacionales, incluida la Intercontinental 2003.

Schiavi con nombre y número dorado (2012)

Estaban hechos el uno para el otro. Rolando Carlos Schiavi tenía 28 años cuando Boca Juniors se lo compró a Argentinos Juniors en 900 mil dólares para reemplazar al colombiano Jorge Bermúdez. El Flaco llegó y en su debut extraoficial ante la Roma la rompió y los tanos quisieron llevárselo.

Actuó con la camiseta azul y oro hasta fines de 2005. En el medio, escribió el manual de cómo debe defender el 2 de Boca. Se marchó siete títulos después, dos locales y cinco internacionales. Pasó por Hércules de España, Grêmio de Brasil, Newell’s Old Boys y Estudiantes LP, y regresó a su casa a mediados de 2011 para consagrarse campeón invicto.

Rolo le puso punto final a su carrera en el Xeneize ante Godoy Cruz, en La Bombonera, por la última fecha del torneo Inicial 2012. Esa tarde, el equipo de Julio César Falcioni derrotó al Tomba por 2 a 1 (goles de Pol Fernández y Nicolás Blandi; Armando Cooper había puesto en ventaja a los mendocinos) y Schiavi vistió una casaca con un detalle: el número 2 y su apellido en dorado, tal como lo había hecho Martín Palermo con el 9 un año y medio antes.

Pese a que en un principio había anunciado su retiro del fútbol, semanas más tarde, el oriundo de Lincoln se incorporó al Shanghái Shenhua de China, donde jugó algunos meses dirigido por el Checho Batista, hasta que en octubre de 2013 se despidió de las canchas para sumarse al cuerpo técnico del Titán.

Especiales: Marco Francescoli

El 1 de agosto de 1999, más de un año y medio después de su último partido oficial, Enzo Francescoli se despidió del fútbol con un amistoso a Monumental repleto entre River Plate y Peñarol, el club de sus amores en Uruguay.

A los 38 del complemento, con el encuentro 3 a 0 para el Millonario (uno de Marcelo Salas y dos del Enzo -ambos de penal-), llegaría la frutilla del postre: sus hijos Bruno y Marco, 12 y 10 años, respectivamente, irrumpieron en el campo de juego. La excusa fue un saludo, pero Bruno, fanático de La Banda, le dijo: «Papá, nos quedamos a jugar un ratito». Enseguida, Marco casi le hace un gol al ex Lanús Claudio Flores y finalmente Bruno, en un mano a mano con el arquero uruguayo, definió a un palo, acariciando la pelota con el pie derecho. 4 a 0. «Quería que mi hermano me devolviera el pase, pero la metió él», reconocería el hijo menor del Príncipe mucho tiempo más tarde. El gen baldosero ya empezaba a hacer estragos.

Tuvieron que pasar varios años para que Marco se interesara por el fútbol profesional. Fue en 2006, a los 17, cuando se sumó a prueba al Cagliari italiano, donde su viejo había brillado entre 1990 y 1993. «Le dije a mi papá que quería hacer esta experiencia y él me aconsejó que probara, pero sólo bajo la condición de entregarme en plenitud, pues sólo así llegan los resultados», decía en su presentación el chico nacido en París en febrero de 1989, cuando Enzo jugaba en el Racing de esa ciudad.

“Anda bien, pero juega con esa mochila de la comparación. Le expliqué que llegar no sólo depende de la técnica sino de que esté bien físicamente, bien de la cabeza y de muchas otras cosas, como no tener al fenómeno de turno adelante. Quiere probar y me parece bárbaro. Ahora vive solo en Italia. Está en la tercera, el año que viene debería definirse la situación”, comentaba el Príncipe en 2008.

Luego de actuar durante algunas temporadas en el equipo Primavera, en 2009 Marco volvió a la Argentina para incorporarse a la cuarta división de Estudiantes de La Plata. “Era complicado llegar a la Primera en Italia y extrañaba un poco a mi familia”, admitía.

Mediapunta, más técnico que veloz, fanático de Zinedine Zidane, Juan Sebastián Verón y Alessandro Del Piero, Francescoli Junior tenía bien claro que las cosas no iban a ser nada fáciles: “Empecé grande y llego a una categoría que el año pasado fue campeona. Encima no trabajaba tanto en lo físico, pero la pretemporada me está haciendo muy bien”.

Consultado sobre el porqué de su decisión de no probar suerte en el Millonario fue tajante: “Yo no soy hincha de River. Me fui muy chico de Argentina (a Estados Unidos, donde su familia se mudó en 2002). Sigo un poco la campaña porque mi hermano Bruno sí es hincha y va a la cancha, pero no me enojo si pierde. Tampoco soy de Peñarol. No viví mucho en Uruguay. Un amigo me hizo seguirlo por un tiempo, pero ya no. Me interesa el Cagliari, porque jugué allí”.

¿Y por qué el Pincha? “Tengo tres amigos que estuvieron un mes en Estudiantes y me lo recomendaron. Me habían dicho que era un club ideal, y, además, por las referencias sobre el trabajo en inferiores que le dieron a mi padre Leonardo Astrada y Hernán Díaz (entrenador y ayudante de campo de Estudiantes en aquella época), remarcaba. Enseguida, tuvo sus quince minutos de fama cuando le convirtió un gol ¡a River! jugando en cuarta.

Tras apenas un puñado de partidos con la Reserva (en 2010 viajó a una gira por Inglaterra), a mediados de 2011 rescindió su contrato. Todo parecía indicar que se sumaría a Argentinos Juniors a pedido de Pedro Troglio. Sin embargo, el botija sorprendió a todos con su decisión: “Tomé la determinación de abandonar el fútbol para dedicarme de lleno al estudio. Me voy a estudiar Economía a la Universidad de La Florida, en Estados Unidos”, aludió antes de subirse al avión.

Desde entonces, no tan lejos de la número cinco y siempre con el termo bajo el brazo, vive en el país del norte, donde se dedica la venta de bienes raíces.

Etiquetas: Everton (2004 a 2017)

Antes que los Beatles, sí. Y antes que su vecino rojo, también. El Everton Football Club fue el primer gigante de la ciudad de Liverpool y tuvo a la cerveza como protagonista en tramos importantes de su historia.

Nacidos en 1878, The Toffees no solo ganaron varias copas en el siglo XIX. También adquirieron popularidad. Y crecieron de tal manera que tuvieron que alquilar un estadio acorde a la gente que movían. Fue así que en 1884, el Presidente del Everton, Johm Houldin (empresario cervecero que llegó a ser Alcalde de la ciudad), contactó a su amigo John Orrel, otro empresario de la cerveza que tenía un escenario ideal para la práctica del fútbol: un tal Anfield. La birra comenzaba a fermentar.

Ese mismo año, los azules debutaron en su flamante casa con un triunfo 5 a 0 ante el Earlestown, marcando el inicio de una era que se rompería en 1891, cuando el ambicioso Houldin le compró el estadio a Orrel y decidió aumentar el alquiler en un 150%. ¿Razones? El tipo era fundamentalmente un emprendor que fabricaba cerveza artesanal en Palermo hombre de negocios y miembro del Partido Convervador, que veía en el club la posibilidad para crecer políticamente.

El resto de los directivos del Everton, mayormente liberales e impulsadores del movimiento abstemio, no soportaron semejante atropello del cervecero y decidieron pegar el volantazo para mudarse en 1892 a Goodison Park, su actual hogar. ¿Y Houldin? Se quedó absolutamente solo, pero con Anfield en su poder, así que no dudó en fundar su propio club para ocuparlo. ¿El nombre? Everton Athletic, que por cuestiones legales no tardaría en cambiar su denominación a…Liverpool FC. Ese mismo día nació el derbi de Merseyside. La birra se pudrió.

Sin los éxitos internacionales de su vecino, el Everton es de todos modos uno de los 4 clubes más ganadores de la Primera División, teniendo además el récord de temporadas disputadas, nada menos que 114. ¿Cuántas ligas ganó? Nueve, teniendo su pico de esplendor en la temporada 1984/85, cuando además obtuvo la Recopa de la UEFA.

Tras varios años en los que no cosechó demasiadas alegrías, el Everton comenzó a reposicionarse en el plano local a partir de la temporada 2002/03, coincidiendo con la aparición de un pibe blanquito de cachetes colorados, casi como cualquier borrachín británico que uno puede encontrarse en los pubs de Liverpool. ¿Su nombre? Wayne Rooney. Solo tardaría dos temporadas en ser transferido al Manchester United.

En 2004, The Toffees retomaron aquella primera relación con la cerveza, cuando firmaron un contrato con la tailandesa Chang. Sí, esos elefantitos que se vieron en la camiseta azul durante 13 años (una de las relaciones comerciales más extensas), decoraron la última etapa del club, en la que pasó de todo. Desde la llegada de Fellaini hasta Stallone transformándose en el hincha más famoso después de Paul McCartney. Todo, menos campeonatos (?).

Pero si de momentos baldoseros hablamos, tenemos que centrarnos en lo que pasó en agosto de 2012, cuando el Everton recibió al AEK de Grecia. El partido estaba 3 a 1 para los locales, cuando el histórico Tonny Hibbert (más de 300 partidos en el club) tomó la responsabilidad de ejecutar un tiro libre. Hasta ahí nada raro, salvo por el detalle de que el defensor jamás había hecho un gol y nadie sabía por qué había agarrado la pelota. O sí.

Unos años antes, los hinchas del Everton habían prometido que si por algún milagro Hibbert algún día la metía, invadirían la cancha. ¿Y qué pasó? Basta con darle play al video.

Obviemos el detalle que el partido era un amistoso para homenajear al propio Hibbert. Siempre es buen motivo para festejar.

Voy al Arco: Damián Macaluso (2014)

voyalarcomacaluso

En un estadio Centenario semivacío, Peñarol y Rampla Juniors se enfrentaban por la fecha 11 del Torneo Apertura 2014 del siempre pintoresco fútbol uruguayo. En la antesala del clásico, el Manya buscaba los tres puntos para no perderle pisada al líder, Nacional, mientras que el Picapiedras necesitaba ganar para tomar un poco de aire en la pelea por mantener la categoría.

En el primer tiempo, el Tony Pacheco había puesto en ventaja al aurinegro, pero en la segunda etapa Gonzalo Malán se encargó primero de empatarlo y luego de darlo vuelta para el rojiverde, con un bombazo inatajable para el juvenil Washington Aguerre, que había tomado la posta del lesionado Pablo Migliore. Las cosas se complicaron todavía más para el Carbonero cuando el experimentado Joe Emerson Bizera anotó el 3 a 1 para Rampla en contra de su propia valla. De nada serviría el descuento de Discoteca Núñez.

Restaban pocos minutos para el final del encuentro cuando, con Peñarol buscando desesperado el empate y regalado en el fondo, Malán picó habilitado y se fue derechito hacia el arco de Aguerre, que no tuvo otra que bajarlo. Roja directa por último hombre. Como el DT Jorge Fossati ya había realizado las tres modificaciones permitidas por el reglamento, el defensor Damián Macaluso tuvo que pararse bajo los tres palos.

voyalarcomacaluso1

El ex Gimnasia y Esgrima La Plata, que un rato antes, todavía como jugador de campo, se había lucido sacándole un gol casi sobre la línea al ex Racing Nicolás Vigneri, demostró buenos reflejos para despejar el violento remate de Malán, pero ni aun así pudo evitar la derrota del Mirasol, que esa misma tarde se despidió del campeonato.

Etiquetas: América de Cali (1995 a 2000 y 2013)

Mucho antes de convertirse en el hazmerreír del fútbol colombiano, el América de Cali supo ser uno de los cucos del continente. Y no hablamos de Julio César Falcioni, su arquero durante casi toda la década del ochenta, cuando el cuadro caleño disputó (y perdió) tres finales de Copa Libertadores consecutivas.

En 1995, después de nueve temporadas con el sponsoreo de gaseosas Colombiana en el pecho, Cervecería Bavaria, la más importante del país, se hizo cargo del espacio principal en la casaca del América y estampó la marca de uno de sus productos estrella: la Cerveza Poker, que en apenas 18 meses desfiló por uniformes de proveedores tan disímiles como Umbro (que no se olvidaba de poner el escudo como pareciera en la imagen de arriba, sino que el diablo era considerado mufa por buena parte del plantel y lo sacaban a propósito), Torino, adidas y Nanque.

Sin embargo, fue Cerveza Águila, también del grupo Bavaria, la que se llevó todos los flashes cuando en 1996 los Rojos llegaron a su cuarto subcampeonato continental, el segundo frente a River Plate en 10 años. Ese logo lo vistieron, entre otros, viejos conocidos como Óscar Córdoba, Jorge Bermúdez, Arley Dinas, Wilmer Cabrera, Alfredo Berti, Giovanni Hernández y… el Pitufo Antony de Ávila. Eso explica todo.

En 1997, ya con Topper como proveedor de indumentaria, la Mechita utilizó una pilcha idéntica a la de Independiente, con un diablo de tamaño considerable sublimado en el centro de la camiseta, que generó cierto disgusto entre los hinchas. ¿El sponsor? Otra vez Cerveza Poker, que se mantuvo hasta fines de 1999, cuando los colombianos conquistaron la Copa Merconorte, vestidos por Fila.

Ya entrado el nuevo milenio, la desconocida Lusti Sports sorprendió a todos cuando confeccionó los uniformes de los dos equipos más grandes de la ciudad, América y el Deportivo. Sin embargo, fueron apenas unos pocos meses. Ese mismo año, el Rojo volvió a gritar campeón con el logo de Cerveza Águila, en un diseño de la italiana Kappa.

En 2013, después de que el conjunto caleño saliera de la Lista Clinton, Cervecería Bavaria, de la mano de Águila, regresó a la camiseta puntualmente para los cuadrangulares semifinales del Torneo Finalización de segunda división. Allí, América debió enfrentar en encuentros de ida y vuelta a Fortaleza, Universidad Autónoma y Real Cartagena. El acuerdo, además, estipulaba que se extendería automáticamente por todo 2014 si los escarlatas lograban el ascenso. Con 8 puntos (producto de dos victorias, dos empates y dos derrotas), quedaron en segundo lugar, sin chances de clasificar a la final del año. ¿Quién había vuelto algunos meses antes? Sí, sí, el diablo. Para el deleite de su gente…