Sartori Homero

Homero Sartori Mendes
Brasileño de nacimiento, argentino por adopción. Habiendo hecho buena parte de las divisiones inferiores en el São Paulo, un día decidió cambiar la samba, el pagode y la bossa nova de los vestuarios paulistas por la cumbia villera y se vino a nuestro país.
Polirrubro de toda la cancha (la empresa que lo representa dice que puede jugar tanto de defensor central, marcador central, carrilero derecho, volante central o por los costados aunque siempre en función defensiva) recaló en Almagro e hizo su estreno en la B Nacional en el 2001.
Desde un principio se hizo popular debido a su alto índice de puteabilidad, producto de goles en contra, penales e infracciones de peligro innecesarias.
De todas maneras se las rebuscó para permanecer en el plantel y en la temporada 2003/2004 aportó su pequeño granito de arena y contribuyó al ascenso del equipo de José Ingenieros. Este hecho le permitió jugar en la Primera División al lado de un container interesante de baldoseros como Joaquín Irigoytía, Joel Barbosa, César González, Emanuel Culio, Osvaldo Noé Miranda y Fernando Pierucci, entre otros.
Le tocó un debut jodido, ante River en el Clausura 2005 en un partido que terminó 5 a 2 a favor del Millonario, siendo lo mejorcito de una defensa muy floja. En la categoría grande disputó otros 5 encuentros y poco pudo hacer para evitar el descenso.
Continuó su carrera en Unión de Santa Fe (2005/2006) alternando más malas que buenas, y regalando más de lo suyo, falencias defensivas. Claro que los compañeros tampoco aportaban demasiado. Al menos se sacó el gusto de jugar con el gran Mauro do Bahía Laspada y Daniel Bazán Vera.
Luego de salvarse con lo justo del descenso apareció en la Comisión de Actividades Infantiles (2006). Un sólo semestre alcanzó para demostrar que su nivel es de otra categoría.
Por eso, desde comienzos de 2007, defiende los colores de Comunicaciones en la B Metropolitana, donde se reencontró con Martín Gianfelice, y cumplió el sueño de conocer al Turbina Navas y Matías Larretchart.

KeyserSoze

Islas Recopa ’95

enelplacardislasrecopa.jpg

No se conocen las razones, pero intuímos que la remera utilizada por Luis Islas en la final de la Recopa Sudamericana de 1995 tuvo que ver con las cuestiones comerciales, que a veces llegan a confundirse con las reglamentarias. En esa época, los equipos que disputaban torneos continentales e intercontinentales en Tokio no podían lucir auspiciantes en su camiseta (exceptuando al sponsor deportivo) por una exigencia del patrocinador. Curioso fue verlo al Luigi, referente de los buzos multicolores, jugando y ganando ese partido ante Vélez con una remera de entrenamiento de Independiente, con el logo de adidas bien visible, desplazando lógicamente a la firma Ades.

Juan Pordiosero

Ucero Fabián

Fabián Marcelo Ucero
Cuevero surgido en Defensa y Justicia a finales de los 80’s, con un singular andar por el ascenso de nuestro país y un poco recordado paso por la Primera División. Arrastrado por la marea de refuerzos que incorporó Atlanta en 1990, recaló en Villa Crespo junto a otros jugadores del Halcón de Varela como Perico Barbazán, Pla, Silva y Checchia.
Titular en un plantel que también tenía a Alberto Montes (el que entraba transpirado desde el vestuario), Dientito Ragg, Peña Pérez, Chumba, Spotorno, el Lute Oste y el Pepe Castro, entre otros, vivió la agridulce sensación de subir al Nacional B sin estar en el once inicial que conoció la gloria en la final ante Nueva Chicago.
Para la temporada 1990/91, la empresa que había acercado a Jorge Castelli al club se las tomó y en esa misma dirección siguieron su camino algunos de los héroes de la Primera B.
Ucero volvió a Defensa y luego salió a conquistar tierras colombianas, con las camisetas de Deportes Tolima (1993) e Independiente Santa Fe en dos períodos. Su última experiencia cafetera, en 1997, provocó tal rechazo que en la actualidad se lo menciona como sinónimo de mal jugador, fiasco o argentino ladri.
Su ocaso había dado señales alarmantes en Newell’s (1994), donde sólo disputó 7 encuentros, otra vez bajo la tutela del Profe Castelli, y teniendo de compañero a Marcelo Maydana. También había estado en Chacarita Juniors (1996/97), en el marco de un profesionalismo extremo (también conocido como traición) que incluso le permitió vivir desde el banco un histórico y vibrante 4 a 4 frente a Atlanta, al lado de otro suplente como Albano Anconetani.
A pesar de ese cambio de vereda, los dirigentes del Bohemio lo metieron en la lista de invitados a la fiesta del Centenario de la institución, en 2004, junto a Damián Manusovich, el Alfil Graciani, Héctor Candau y el sincero José Luis «fui a robar a un fútbol fantasma» Campi, entre otros.

Juan Pordiosero

Lagoria César

César Emanuel Lagoria
A pesar de haberse embarrado hasta las nalgas para asegurarse un puesto en la Primera de Lanús, el chico Lagoria no pudo deslumbrar lo suficiente en pos de su cometido.
Nacido el 23 de julio de 1980 en Avellaneda, este volante ofensivo tocó el cielo con las manos 20 años más tarde, cuando debutó desde el arranque con la casaca del Grana, en un partido ante Central que terminó 1 a 1. En ese Apertura 2000 volvió a aparecer como titular frente a Independiente (victoria 2 a 1) y se despidió de la máxima categoría ingresando en los últimos 25 minutos de una goleada por 3 a 0 que le propinó Talleres de Córdoba.
Si bien continuó en el club hasta mediados de 2002, ya nunca más volvería a tener una chance de mostrarse y no le quedó otra que irse silbando bajito a Brasil, tierra no muy explorada por los argentinos. Allí jugó en el Olaria (2002/03), un cuadrito humilde de Río de Janeiro que entre sus logros ostenta el orgullo de haber tenido a Romario en sus divisiones menores. Y como en algún momento de su carrera lo hiciera el Chapulín, el ex Lanús también quiso ver de que se trataba el fútbol de Qatar. Por eso desembarcó en el Al Shoala, enigmático conjunto en el que suponemos que Lagoria debe haber recolectado algunos billetes pero, emulando al Baixinho, tampoco debe haber sumado demasiado para llegar a su gol número 1000.
Prevaleciendo lo humano a lo económico , regresó al under brasileño y en 2004 firmó para el Goytacaz, una institución carioca de raíces indígenas que vio nacer a Amarildo, aquel que brillara en Chile ’62 después de la lesión de Pelé.
Con todo ese bagaje, rico culturalmente por sobre todas las cosas, decidió volver a la Argentina para una segunda oportunidad. Un año en Independiente Rivadavia de Mendoza (2004/05), otro en Atlético Candelaria (2005/06) y un tiempito en Real Arroyo Seco (2007) le han devuelto esa argentinidad A y B que toda ex gloria en su ocaso necesita a modo de bálsamo.
Las lesiones en estos últimos años han interrumpido su andar y por esa razón intuímos que no aparece en la lista de jugadores que aparentemente viajaron a los Emiratos Árabes, en septiembre de este año, representando al equipo del poder.
Es ilógico pensar que, teniendo un futbolista con experiencia en eso de tratar con petroleros de punta en blanco, lo hayan desaprovechado de esa manera. A no ser que hayan depositado todas sus esperanzas en Marcelo Long, un misionero que en algún momento de su carrera fue acusado, por sus compañeros de equipo, de tener gonorrea y de lavarse la cabeza con Jabón Federal. ¡Una delicadeza de tipo!

Juan Pordiosero

Fayart Fernando

fayartfernando.jpg

Fernando Omar Fayart
A lo largo de la historia muchos se han ocupado de resaltar como hechos curiosos los prematuros debuts de Diego Maradona o Sergio Agüero en la primera división del fútbol argentino con apenas 15 años.
Pero en un descuido más del periodismo nacional, que en muchos casos se destaca por su pereza y falta de chequeo de datos, nadie se dio cuenta de que en el año 2001 un defensor del club Los Andes fue el jugador más joven en participar de un partido de la A.
Este es el caso de Fernando Fayart, que a los 5 años de edad se calzó la camiseta milrrayitas en una situación que debió haber estremecido al Mundo pero que pasó desapercibida.
Es que el futbolista en cuestión nació el 29 de febrero del bisiesto año 1980, por lo que debió acostumbrarse a no festejar demasiados cumpleaños, ser rechazado en el ingreso a discotecas, a no poder tomar alcohol y a la imposibilidad de obtener la licencia de conducir, entre otras cosas.
Pero esa no fue su única desgracia, ya que en su estreno en Primera ante Lanús debió reemplazar nada menos que al infortunado Felipe Desagastizábal, y eso le jugó una mala pasada. El defensor ingresó a los 47 minutos del segundo tiempo y para colmo fue debut y despedida, dejando un saldo de 1 minuto en la elite del fútbol criollo.
A pesar del descenso, continuó por Lomas de Zamora hasta el año 2003, cuando pasó a Sarmiento de Junín (2003-2005) para disputar la Primera B y obtener el ascenso al Nacional.
Sin embargo la alegría fue corta como muleta de cocodrilo, ya que el verde perdió la categoría en forma inobjetable y Fayart debió buscar nuevos horizontes.
Fue así que desembarcó en Defensa y Justicia (2005-2006) donde salvaron la categoría en la última fecha en forma heroica de la mano del arquero Guillermo Hernando y el atacante Ezequiel Miralles. En ese equipo también se encontraban Leo Ramos, Gonzalo Gaitán, Rubén Ferrer y Mario Saccone.
Tras la epopeya y sin ganas de participar en Fort Boyard a pesar de su apellido, bajó de categoría para jugar en All Boys, donde al día de hoy son protagonistas y cuentan con chances de subir a la segunda división. Pero no fue fácil, ya que inicialmente fue resistido por la gente, pero con un par de goles agónicos y el apoyo de su novia con un cartel que decía «Ferchu, te sigo a todas partes», logró revertir la situación.
Sí, todo eso, con apenas 6 años de edad.

Cucu

Dock Sud tricolor 1998

enelplacarddocksudtricolor.jpg

Remitiéndose a sus colores primitivos, adoptados en 1916 por la desidia de un dirigente al que le habían encargado la compra de unas camisetas a rayas celestes y azules, Dock Sud mostró en 1998 un conjunto tricolor que llamó la atención.
Siguiendo los parámetros de diseño de adidas, se le sumaron delgadas líneas blancas entre el rojo y el verde de la casaca, y se completó con pantalones y medias al tono.
El modelo se usó poco, ya que lo habitual, desde hace mucho tiempo, es ver al Docke de azul y amarillo.

Juan Pordiosero