Yoshika Matsubara

Yoshika Matsubara
Nadie en la faz de la tierra podrá discutir la grossez de Yoshika Matsubara, un delantero japonés nacido el 19 de agosto de 1974, con nombre de jugador de Los Supercampeones, vieja serie de dibujos animados.
En 1992 llegó a Sudamérica y , lejos de poner una tintorería, desembarcó en Uruguay para hacer goles en la reserva de Peñarol. Luego retornó a Japón para jugar en Jubilo Iwata (1994/1995 y 1998), Shimizu S-Pulse (1996), JEF United Ichihara (1997), NK Rijeka de Croacia (1999), Delemont de Suiza (1999), Shonan Bellmare (2000). También representó a las Selecciones Sub 17 y Sub 20 de su país e integró el plantel de los Juegos Olímpicos en Atlanta 1996.
El hecho que lo hace figurar en este sitio ocurrió a comienzos de 2001. Aterrizó en Argentina y con la excusa de comerse unos alfajores, comprarse la camiseta de Aldosivi o Alvarado, ver un Quilmes-Peñarol en básquetbol o simplemente conocer el lugar donde nacería En Una Baldosa, fue hasta Mar del Plata para presentarse en la pretemporada de Argentinos Juniors.
«El preparador físico de mi equipo me dijo que tenía que descansar. Pero soy un profesional y quiero aprender cosas del fútbol argentino, que es muy interesante. Por eso estoy acá», dijo Matsu (así lo apodaron en el Bicho) cuando llegó. «El representante le pidió permiso al Checho para que Matsubara se entrenara con el plantel. Sólo se sumará a nosotros para entrenarse», aclaró Norberto Batista, hermano del campeón del mundo.
«Hasta marzo no empieza el campeonato japonés. Por eso, quise venir a la Argentina. Aquí se juega al fútbol de verdad. Son muy buenos técnicamente y tengo mucho que aprender»,
dijo el «ponja» en perfecto español. Y hasta se animó a opinar de la comida: «Aunque la carne me cae pesada, el asado es muy rico. Y los chorizos son bárbaros, en Japón no hay».
Sin embargo, la suerte no lo acompañó y en la segunda práctica sufrió un pellizco en los meniscos de la rodilla derecha al intentar patear una pelota durante el entrenamiento en Parque Camet.
Terminada su estadía en el equipo de La Paternal, permaneció en el continente y retornó a Uruguay. Esta vez no para jugar en un grande sino en un equipo modesto como Progreso (2001).
Pegó la vuelta al Lejano Oriente para sumarse al Avispa Fukuoka (2001) y luego regresó a tierras charrúas para defender los colores de Defensor Sporting (2002). Después volvió a Japón para cerrar su carrera en Okinawa Kariyushi FC (2003/2004) y Shizuoka FC (2004/2005).
Actualmente es director técnico en su país.

KeyserSoze

Pezoa José

José Abraham Pezoa
Volante por derecha y renegado como él solo, no quiso integrar la logia de Los Locutores, aquel grupo de Estudiantes de La Plata conformado por Larrea, Mareco y Fontana, por cuestiones de tradición.
Fue fiel a sus principios familiares y mantuvo la «Z» de su apellido, burlándose de aquellos que, en su afán por emparentarlo con el barbudo Quique, intentaron convencerlo de que la reemplace por una «S».
Pezoa debutó en la Primera del Pincha allá por 1992, cuando era común entrar al vestuario y cruzarse con Nestor Merlo, Squadrone, De Santis, el Pepo Soto y el Chivo Peinado. Generalmente ingresando en los complementos, alcanzó a disputar 8 partidos sin demasiado ruido.
Nacido en la localidad neuquina de Centenario, retomó con el tiempo sus lazos sureños jugando en Alianza de Cutral Có (2001/05), pero a ciencia cierta no sabemos si en el interín siguió entrenando, se tomó unos mates, puso una escuelita de fútbol o ,arrepentido, se anotó en el ISER para recuperar tiempo perdido.

Juan Pordiosero

Violento

Desde hace algunos días pueden encontrar en los kioscos de todo el país, la edición de marzo de la revista Maxim con el especial baldosero dedicado al gran Karateca Vallejos, autor material de las jugadas más sádicas y espectaculares de la década del 90. Si la quieren conseguir, es bastante fácil. La gracia innata de Cinthia Fernández hace las veces de GPS para divisarla al toque. ¡Que la disfruten!

En Una Baldosa

Las giras de Talleres y Temperley en Zaire (1976)

No es común que un equipo argentino haga una gira por Zaire. Y menos frecuente lo era en los años 70’s, cuando el fútbol en aquellos pagos aún no estaba en pleno desarrollo. Sin embargo, el buen conjunto de Talleres de Córdoba y Temperley iniciaron, en 1976, una travesía por el continente negro que dejó varias cosas para contar, entre ellas, la muerte de un futbolista del Gasolero a causa del paludismo, una enfermedad que atacó a integrantes de ambos planteles.

El viaje se había planeado meses antes con la intención de hacerse conocer en el Mundo (de hecho, La T después jugó amistosos en España, Grecia y Turquía) a sabiendas de los grandes riesgos económicos y de salud que implicaba pisar suelo africano.

De entrada, los argentinos fueron bien recibidos, como si fueran integrantes de los equipos más poderosos. Los hospedaron en una quinta residencial y les dieron todas las comodidades posibles. Incluso, el Presidente Mobutu se entusiasmó tanto que mandó a llamar al seleccionado local con un avión para que mida fuerzas con Temperley.

En la cancha, fueron los cordobeses los que arrasaron. He aquí el detalle de los partidos disputados en el verano de 1976. 

Amistosos

Vita 2 – Temperley 1

Talleres 1 – Imana 0

Talleres 1 – Vita 0

Selección de Zaire 4 – Temperley 1

Copa República de Zaire

Talleres 3 – Temperley 2

Imana 2 – Vita 1

Temperley 2 – Vita 2

Talleres 3 – Imana 2 (Final)

El periódico La Voix du Zaire publicó en su edición del 2 de febrero de ese año : «Dotados de una técnica remarcable, los argentinos brindaron una exhibición de alto vuelo futbolístico. Después de la visita del Santos de Pelé, nunca habíamos visto tan buen fútbol como con Talleres». Antes de que el plantel de La T se embarcarse en el aeropuerto Ndjili de Kinshasa (capital de Zaire) con destino a Buenos Aires, Ntukani Nzuzi Musenda, jefe de deportes del diario Elima, pidió hablar con Luis Ludueña. Traductor de por medio, el periodista africano imploró: «Dígale al hombre de los cabellos negros y largos que él es el Dios del Fútbol, que nos ha deslumbrado tanto como Pelé. Dígale, le repito, que él es el Dios del Fútbol«. La reacción del volante albiazul fue de asombro y devolvió la pregunta con otra interrogación: «¿Qué yo soy Dios?…, por favor, ni de Diablo me he recibido»

 

El Caso Suárez

Más allá del buen rendimiento del equipo que tenía a Luis Galván, Daniel Valencia, el Hacha Ludueña y Daniel Willington, la nota triste de la aventura la dio el paludismo, la dura enfermedad que contrajeron algunos jugadores como Miguel Oviedo (Talleres) y el Negro Oscar Suárez, un futbolista de Temperley que murió una vez concluída la gira.

Gracias: La Voz de Interior, Temperley Histórico, Talleres de América y Albiazul.