Arturo Norambuena
Otro de los tantos jugadores chilenos que hicieron sapo en la Argentina después de Marcelo Salas allanara el camino con su brillante labor en River. Este delantero llegó Quilmes en el 2004, precedido de buenas campañas en Audax Italiano y Universidad Católica. Pero acarreaba, además, una historia digna de película.
En su juventud, el fútbol no estuvo entre sus prioridades. Jugó al vóley y al tenis con bastante suceso. De hecho, con la raqueta en la mano llegó a estar entre los 3 mejores de su país. Ya un poco más grande, entró a la Universidad para recibirse de ingeniero forestal, como su padre. Sin un trabajo que le diera de comer, se entretenía jugando en el equipo universitario, hasta que un día se le abrieron las puertas de un nuevo mundo. “En uno de esos Torneos Nacionales que se jugó en Temuco, vino una gente del club de esa ciudad y me preguntó ¿Por qué no probás suerte en el fútbol? Y yo dije Bueno, está bien. Voy a probar un año«, le contó años más tarde a Clarín.
Fue así como arrancó en la Tercera División, luego pasó a Segunda y finalmente arribó a la Primera, donde fue contratado por un grande como la Universidad Católica. No sólo hizo varios goles, sino que además fue convocado a la Selección. Con 32 años y una historia de vida atípica para un jugador, llegó a la Argentina.
En el Cervecero fue pura espuma, jugó apenas 3 partidos en los que no convirtió goles y al terminar el Clausura se volvió a su país. Allí vistió la camiseta de Cobreloa (2004/05) y cerró su carrera en Islanders de Puerto Rico (2006). Además de la pelota, tocaba la guitarra e integró dos bandas, Off Side y Los Miserables. En eso, dicen que Norambuena no era tan bueno.



