
Adrián Eduardo Dezotti (El Galguito)
Un claro ejemplo de jugador desaparecido del primer plano nacional, que cada tanto es encontrado de casualidad en los campeonatos de ascenso o ligas del extranjero. Adrián Dezotti asomó en la Primera de Vélez Sarsfield en 1991. Como portaba el mismo apellido que «El Galgo» y también jugaba de delantero, muchos creyeron que podría repetir la carrera del ex futbolista de Newell’s. Pero nada de eso ocurrió. Apenas dio chispazos de su calidad por la punta derecha en 3 partidos del torneo local.
Siendo muy joven abandonó Liniers y comenzó una disparatada carrera que tuvo puntos altos, bajos e inimaginables. Bajó al ascenso y jugó en Talleres de Remedios de Escalada. Luego probó las mieles de un equipo importante y se fue a Colón de Santa Fe, donde según él, recogió «los mejores recuerdos«. En la temporada 1993/94 anotó 14 goles para el Sabalero y terminó cuarto en la tabla general del Nacional B. En el club santafesino fue compañero del Flaco Vivaldo y Chupete Marini, entre otros.
Luego le llegaría la gran oportunidad de su vida: Los Andes, la institución que lo hizo minimamente conocido en el país. Se le recuerdan buenas actuaciones, sobre todo en la temporada 97-98, cuando convirtió varios goles, haciendo un gran dupla con Marcelo Blanco. Estuvo en Lomas de Zamora hasta 1999, cuando Olimpia de Paraguay pagó su préstamo. Allí no se destacó, pero si dejó un regalito. En la Copa Libertadores de ese año le anotó un gol al Palmeiras, en Brasil, que decretó un 1 a 1 que le dio algo de esperanzas al club paraguayo, aunque luego no se clasificaría a la segunda ronda (terminó cuarto en su grupo).
Regresó al Milrayitas y participó del ascenso a Primera, a mediados de 2000. Ni se le cruzó por la cabeza la idea de volver a la máxima división y se incorporó a All Boys, que estaba en el Nacional B. Un par de goles lo catapultaron (o lo hicieron rajar) nuevamente hacia el fútbol extranjero.
Sin dejar muchos rastros, anduvo por el Deportivo Quito de Ecuador. Pero sin lugar a dudas, su verdadero lugar en el mundo lo halló en España, donde pudo convertirse en empresario. En 2002 jugó para el Melilla, pero no le fue tan bien. Estuvo lesionado varias fechas gracias a una fuerte infracción de un jugador del Algeciras llamado ¡Espejo!. De esa manera, no hacía falta que se peinara mal para que le preguntaran «¿Que pasó, te peleaste con el espejo?».
Tuvo mejor suerte en el Granada, donde no alcanzó el rótulo de ídolo gracias a su forma de ser. Pero si anduvo bastante bien. En la 2004-05 se destapó. Anotó 13 goles en 37 partidos y terminó como máximo artillero del equipo en la temporada. Agrandado y con ganas de cobrar más, se hizo el vivo con la dirigencia. El equipo español tenía la intención de renegociar su contrato y se lo hizo saber a Dezotti, pero éste prefirió jugar a las escondidas. Primero dijo que sólo se sentaría a hablar con el Presidente del club y luego, una vez acordada la reunión, no concurrió a la cita. Allí vivió grandes momentos, junto a sus compañeros argentinos, Fernando Figini y Pedro Rómoli, figuras de la segunda B.
Luego se fue a Italia (no hay demasiados datos) y en 2005 regresó a España y se puso la camiseta del Vandalia (2005), otro equipo del ascenso. Incluso tuvo su tarde de gloria cuando le hizo un gol a su ex equipo, el Granada, en un partido de la Primera División Andaluza.
Y como si fuera poco el abuso hacia la honestidad de la gente, un edicto del Área de Medio Ambiente, Salud y Consumo publicado a fines de 2004, notificaba que Adrian Eduardo Dezotti había comprado un bar (llamado «La Tahona» , sito en Plaza Albert Einstein núm. 3 bajo Edif. Elvira II) que estaba fuera del Reglamento de Protección contra la Contaminación Acústica en Andalucía. Asimismo, se le informaba que tenía hasta el 19 de marzo de 2005 para poner en condiciones el local y adaptarse a las reglas.
No hay ninguna información que indique que haya ido preso, así que se presume que puso el bar en la más absoluta legalidad. Eso queremos creer.Juan Pordiosero