Patronato titular y alternativa (1998)

«Si la camiseta titular de Patronato es rojinegra y la suplente es blanca, juntemos ambas en un mismo diseño», habrá pensado un creativo del mundo de la indumentaria, dando lugar a una casaca que, de tan innovadora, terminó siendo un espanto.

Blanca lisa, del pecho hacia arriba. Roja y negra a bastones, del pecho hacia abajo. Aquella particular prenda, cuyo aparente beneficio era el de prescindir de una camiseta alternativa, fue vista en 1998, época de Gustavo Alfaro al mando del club de Paraná.

Constantino Daniel

Daniel Alberto Constantino

No puede negarse que dejó un profundo legado, marcando un antes y un después. Es indiscutible que todo cambió desde entonces, que sin su presencia la cultura occidental sería diferente. La civilización de hoy en día mantiene su impronta en aspectos cotidianos, habituales, frecuentes. En definitiva, el mundo podría ser un lugar muy distinto si él no hubiera nacido. No hay error, estamos hablando de Constantino. Del emperador romano, refundador de Constantinopla. El mismo que tomó una decisión de suma importancia, perdurable hasta nuestros días: declarar los domingos como “día de reposo”. El asado y las películas de Olmedo y Porcel, agradecidos.

Si bien Constantino El Grande y su homónimo argentino no revisten parentesco alguno (dato no chequeado, ya que los registros de la Dinastía Constantiniana llegan hasta el siglo IV d.C.), puede afirmarse que el futbolista se esforzó al máximo para cumplir con la ley que decretaba al séptimo día de la semana como el indicado para descansar.

Conoció el trabajo dominical en 1980, cuando le tocó poner la cara en un River juvenil, que cubría a los mayores mientras estos hacían cosas de grandes, como jugar la Copa Libertadores (?). Durante dos años compartió plantel con el Pato Fillol, Passarella, Mostaza Merlo, Tarantini y el Nene Commisso, entre otros. El problema era que al momento de salir a la cancha estaba al lado de Giúdice, Gordon, Alegre, Coccimano. Trabajo insalubre.

Con poco lugar en el equipo, fue prestado a Renato Cesarini para jugar el Nacional 1983. Después de 11 partidos y 1 tanto, regresó a Buenos Aires. Lo recibió un River en conflicto, donde los futbolistas profesionales se declararon desvinculados. Por supuesto, él estuvo en ese grupo y pasó varios domingos predicando las enseñanzas de su antepasado. Volvió a las canchas sobre el final del Torneo Metropolitano, para redondear 19 encuentros y 1 gol, en sus dos etapas en el Millonario.

El próximo banco de suplentes en el que dejó marca fue el de Atlanta. Durante 1984 totalizó 23 partidos, generalmente entrando en los segundos tiempos en lugar de Graciani o Erramuspe. La campaña en el Nacional fue mala (eliminación en primera ronda) y en el Metropolitano directamente fue pésima (el Bohemio terminó último y descendió). Al menos, Constantino cumplió con su cuota goleadora, marcando un solo tanto, pero muy especial: fue a River, en un empate 1 a 1.

Circulo Deportivo de Comandante Nicanor Otamendi. Todo eso (?) fue su destino en 1985. Cumplió con su rutina de un grito por equipo y, luego de disputar 13 partidos con el Papero, se sumó a las filas de Gimnasia y Esgrima (1985/86). En La Plata mantuvo el promedio: un gol en 10 juegos. Y se despidió de las tareas remunerativas de los domingos. Ya era hora de aplicar la ley de aquel sabio emperador romano, que tan bien supo reflejar Rodolfo Zapata en sus versos.

Rosario Central 3 – Lazio 0 (1979)

Eran otros tiempos, claro. En la Argentina, la tierra de los campeones del mundo, se realizaban partidos y torneos amistosos para todos los gustos. Fue así como, en mayo de 1979, la Lazio de Italia arribó a Rosario para disputar un cuadrangular internacional junto a Central, Newell’s y el Gremio de Brasil

En el primer encuentro, el conjunto europeo no ofreció demasiado resistencia ante El Canalla, que se impuso 3 a 0, con goles de Miguel Ángel Manzi (de penal), José Luis Gaitán y el Rubén Díaz.

Tras esa victoria, Rosario Central avanzó a la final de la Copa «Semana de Mayo», donde vencería a Gremio por 4 a 1.

Gracias Historia del Fútbol Rosarino

Em Uma Lajota: Javier Castrilli

Querían comprobarlo en carne propia. Si no otra explicación a esto no le cabría… Desde su aparición como árbitro de Primera División en 1991, Javier Castrilli dividió las aguas como nunca antes lo había hecho nadie en el referato y así cosechó alabanzas y desprecio en cantidades equitativas.

Su particular estilo –que incluía infracciones al mínimo contacto, incontinencia al revoleo de tarjetas y un rostro imperturbable con una expresión rayana a lo siniestro, sumado a unos cabellos peinados a la gomina como los guapos de los años treinta- lo convirtió en un real e ineludible protagonista de nuestro fútbol. Y ese hecho hizo que su razón de ser sea una paradójica contradicción…

Para algunos, al Sheriff se lo había manyado el personaje. Para otros, era la necesaria encarnación de la igualdad que no diferenciaba entre ricos y pobres al momento de decidir justicia. “Quiero un país con más Javier Castrilli”, decía Sanguchito Neustadt desde Tiempo Nuevo. Para completar, tenía en Francisco Lamolina a su Joker y en Fabián Madorrán a su Robin. Y cuando se llega a eso, es por que ya dejaste de ser simplemente famoso para transformarte en toda una referencia…

Entonces, en abril de 1998, los dirigentes de la Federación Paulista solicitaron de sus supuestos intachables servicios para el decisivo partido de vuelta por la Semifinal del Campeonato de aquel Estado entre Portuguesa y Corinthians, quienes habían igualado 1 a 1 en el primer cotejo, siendo local El Timao.

Desde la AFA no pusieron ningún reparo al pedido y enviaron al Sheriff con moño incluido, valiéndose del supuesto roce internacional para el árbitro nacional designado para el Mundial de Francia. Pero la realidad era otra. A esa altura Castrilli molestaba, tenía cada vez más impugnaciones, su personaje ya no causaba simpatía y era un secreto a voces que tras el Mundial se retiraba. O lo retiraban. “¿Los brasileños quieren Castrilli? Los brasileños tendrán Castrilli” se cruzó por la mente de Julio Humberto mientras con una mano intentaba taparse la risa…

 

Y así, el 26 de abril de 1998, Portuguesa y Corinthians salieron a la cancha en medio de un verdadero clima bélico. Aunque todos los ojos apuntaban a Javier Alberto Castrilli, el único y real protagonista de la velada. Es que aunque todos aplaudan a los macacos la verdadera estrella siempre será el domador (?).

Portuguesa, necesitado sí o sí de la victoria, arrancó con todo y promediando el primer tiempo Ailton decretó el 1 a 0. Claro que en el inicio de la jugada hubo un off side de más de dos metros, pero eso no es sino un detalle (?). Así terminó el primer tiempo…

Ya en la reanudación y en ocasión de un corner, el capitán de Portuguesa, Evair (aquel ídolo de Palmeiras) le hizo una caricia mínima a un jugador del Corinthians y Castrilli ni lo dudó: penal. El estupor ya recorría tanto a beneficiados como a damnificados. Era un contacto común y corriente y la pelota iba hacía otro lado… a Marcelinho Carioca esto le importó bastante poco, ejecutó la pena y marcó el empate transitorio.

Pero eso no es todo. Cerca del final, Da Silva encontró un rebote luego de un tiro libre y marcó el 2 a 1 para Portuguesa, que se acercaba nuevamente a la gran final… Ah, Da Silva estaba claramente adelantado cuando convirtió su gol.

Los jugadores, a todo esto, se peleaban para ver quien era el más choreado. Además, El Sheriff hizo su mejor gracia y expulsó a Marcelinho Carioca del Timao y a Alex y Carlinhos del Lusa. Todos ellos por faltas menores. Un Castrilli auténtico…

La frutilla del postre ocurrió cerca del final. Inexplicablemente, Condorito El Sheriff adicionó ¡12 minutos! Y en la última jugada, un centro de Corinthians dio en la rodilla y luego en el pecho de César de Portuguesa y Castrilli no se pudo aguantar: penal para El Timao y roja para el defensor. Tras las protestas de rigor y ante un Brasil petrificado por lo que había acontecido, Freddy Rincón convirtió la pena y, con ello, Corinthians se metió en la final y Castrilli dejó su marca imborable en el corazón del Fútbol Brasilero.
http://youtu.be/9V1sbO857qY

Tras el partido, todas las voces se hicieron eco y fue tan claro lo que había sucedido que hasta Vanderlei Luxemburgo, técnico del equipo ganador, manifestó: “El referí no tuvo una buena actuación. Creo que perjudicó a Portuguesa”. El jugador que marcó aquella última falta, César, sólo declaró tres palabras: “Matar o argentino”. El Presidente de la Federación Paulista, Eduardo Farah, señaló: “La actuación del árbitro fue trágica y estamos analizando jugar de nuevo el partido”.

Además, la Federación Paulista pidió su impugnación como árbitro mundialista, cosa que finalmente no se aceptó. Aquel acontecimiento quedó grabado a fuego en el fútbol Paulista como “La Mano de Castrilli” y está catalogado en el Top Five de los máximos robos de toda la historia del fútbol brasilero.

¿Si fue un robo lo de aquella noche? Nunca lo sabremos (?). Aunque podemos señalar que un choreo futbolístico va aparejado de un bolso con dinero y eso sería poco premio para el instinto de un cultor del caos por el caos mismo. Javier Alberto Castrilli, un reflejo de una época. Un tipo que deberá tener su propio capítulo cuando se haga la enciclopedia definitiva de la década del noventa…

Cohene Mereles Javier


Javier Antonio Cohene Mereles

River Plate selló su descenso la inolvidable tarde del 26 de junio de 2011. Pero la debacle deportiva, y principalmente institucional, comenzó a gestarse varios años antes. Al último puesto en el Apertura 2008, de la mano del Cholo Simeone, le siguieron campañas mediocres con entrenadores incapaces y planteles llenos de jugadores falopa.

En este último ítem, una de las estrellas es Javier Cohene Mereles, defensor central paraguayo que arribó a Núñez a prueba (junto a su compatriota Miguel Paniagua) a mediados de 2009, luego de que su representante, Mario Chinea, le acercara un DVD a Pipo Gorosito. «Es un jugador fuerte que cabecea muy bien y es joven. Normalmente, en los videos que nos dan todos juegan muy bien porque nunca los gambetean, por eso lo vamos a evaluar durante esta semana», sentenció el DT con cierta razón.

Sin plata para incorporaciones de renombre, y con Ortega, el ortiva y golpista Muñeco Gallardo y un hincha de Boca Matías Almeyda como columna vertebral, Gorosito no le cerraba las puertas del Monumental a nadie y tuvo que apelar a una especie de casting para encontrar refuerzos, algo que provocó la bronca del Burrito, que salió al cruce y se llevó por delante un surtidor de una estación de servicio. Así, también desfilaron por un puesto en la defensa el chileno Nicolás Larrondo (ex Universidad de Chile) y el uruguayo Rodrigo Brasesco (Racing de Montevideo).

El único que superó el test fue Cohene Mereles, que a sus 22 años (nació en mayo de 1987) ya acreditaba pasos por clubes como Sudamérica, Sol de Mayo y Pirayú Sport en inferiores, General Díaz de Luque, Passo Fundo de Brasil y Olhanense de Portugal, todos acostumbrados a pelear abajo… como para que le fuera fácil amoldarse a la necesitada última línea de aquel River.

«Tengo las características del zaguero paraguayo. Soy fuerte, me hago respetar en el juego aéreo, no tengo problemas en salir jugando, pateo con las dos piernas y soy rápido. Me identifico con el comienzo de Celso Ayala», tiró Pachu cuando le preguntaron por su estilo.

Algo de eso mostró en los entrenamientos y por eso la semana de prueba se terminó convirtiendo en un semestre en el que Cohene Mereles pasaba todos los días por el Monumental, se ponía la ropa de jugador durante unas horas y luego volvía a ser un mortal (mortal, no muerto) más.

Lejos de tener oportunidades (nunca le pudo sacar el puesto a Gustavo Cabral y Nicolás Sánchez), lo más jugoso de su estadía en Argentina le pasó lejos de una cancha. Mientras el equipo de Maradona y Paraguay se enfrentaban por las eliminatorias, el futbolista fue tomado de rehén junto a su esposa embarazada y su hija pequeña en un robo a un supermercado ubicado en Balbín y Manzanares, en el barrio de Saavedra. Días después, los diarios informaron la noticia destacando que ¡ni los chorros lo reconocieron!

A comienzos de 2010, consciente de que la cosa iba cada vez peor, el guaraní se tomó el palo y regresó a su país. Seis meses en Sportivo Luqueño le alcanzaron para volver a Portugal donde, parece, se siente a gusto.

Allí, entre 2010 y mediados de este año, vistió los colores del siempre candidato a los últimos puestos Paços de Ferreira. Justamente en la temporada 2012/13, cuando el defensor ya había perdido la titularidad, ese equipo realizó la mejor campaña de su historia. Finalizó tercero y clasificó a la ronda previa a la fase de grupos de la Champions League, donde cayó por goleada -8 a 3 el global- ante el Zenit San Petersburgo ruso, y terminó en la Europa League, que se disputa actualmente.

A mediados de 2013 pasó al Vitória Setúbal que, para no perder la costumbre, naufraga en los últimos lugares de la tabla del fútbol lusitano.

Clark Ricardo

Ricardo Alexander Clark

Si bien el término baldosero se acuñó luego de la creación de este sitio, el concepto que encierra esa palabra existe desde tiempos inmemoriales. Baldoseros, por suerte o desgracia, hubo siempre. Basta con repasar un poco la historia para encontrarnos, por ejemplo, con Ricardo Alexander Clark, un guatemalteco que en los años 60 hizo sapo en Huracán.

Todo se originó en enero de 1966, cuando El Globo visitó Guatemala para jugar algunos amistosos ante equipos locales. Uno de ellos, frente a Municipal, sirvió para que los caminos de Clark y Huracán se cruzaran. El moreno delantero inquietó a la defensa quemera y, pese a que no hizo ningún gol, los dirigentes argentinos enseguida anotaron su nombre para llevarlo a Parque Patricios. Sin dudas, una mala decisión.

Unos días más tarde, el atacante guatemalteco llegó a la Argentina, junto a su compatriota Rodolfo Nixon García, arquero de Municipal. El 1 no pasó la evaluación y debió volverse a su país, pero lo de Clark era distinto. Jugaba de centrodelantero, se movía bastante bien y tenía buenos antecedentes de goleador, al menos era lo que decían. A Huracán eso le cerraba por todos lados.

Lo cierto es que, en su debut contra Quilmes, el héroe de Guatemala no la pudo meter, pero generó los primeros comentarios de la prensa:

Se considera aceptable el debut del futbolista Guatemalteco Richard Alexander Clark Henry en el equipo de Huracán, ayer frente a Quilmes por el torneo Argentino. El citado futbolista fue contratado con el proposito de hallar un hombre gol, del que carece la delantera de Hurracan. Si bién no logró ningún tanto, Clark demostró en su primera presentacion buen físico, es pujante, salta bien y luce cierta habilidad para desmarcarse, recibir y pasar el esferico, aunque muestra alguna dureza para maniobrar solo con la pelota.

El deportista guatemalteco en declaraciones formuladas despues del partido que su clúb gano por uno a ceró, comentó: «Entré temblando a la gramilla, recién en el segundo tiempo se me fué el susto. A mí aca nadie me conoce, me encuentro en un ambiente distinto. Debido a eso es que pienso que no se puede responder de acuerdo a todo lo que estoy acostumbrado».

Señaló luego que en el futbol Argentino le llamó la atención la marcación. «Acá se encima mucho, no te dejan armar. Además, la facilidad con que lo dejan pagando a uno en el off side. En mi pais no ocurre».

Ya en sus declaraciones, Clark se mostraba algo arrepentido de haber cambiado de país. Y esas ganas de desaparecer las llevó a la cancha, donde apenas pudo marcar 1 gol en 10 presentaciones. ¿Su víctima? El arquero Poletti, de Estudiantes de La Plata, con un remate desde la mitad de cancha. Al menos eso es lo que dice Clark.

A los pocos meses el guatemalteco recibió un llamado de Municipal y optó por regresar al equipo que le había dado fama. En 1968 volvió a probar sus condiciones en el extranjero, cuando firmó con el Toronto Falcons, un equipo canadiense que participaba de la NASL, la liga de los Estados Unidos.

Allí, en el Norte, el ex Huracán pasó a llamarse «Richard Clark», aunque su suerte no cambió. Apenas convirtió 1 tanto en 7 partidos, para un team que también contaba con el argentino Bernard Vargas (?), el uruguayo Peter Cubilla (?) y el húngaro Branco Kubala (?). La franquicia, como no podía ser de otra manera, desapareció ese mismo año.

¿Y qué fue de Richard? Se quedó viviendo en los Estados Unidos.

Deformaciones: La Bolivia del Bambino Veira

Después de haber finalizado en el penúltimo lugar de las Eliminatorias para Francia 1998, los dirigentes de la Federación Boliviana de Fútbol tomaron la decisión de encarar un proyecto a largo plazo que depositara a la Selección en el Mundial de 2002. Para tal fin, necesitaban un director técnico responsable, serio, respetable, formal, sobrio…y eligieron al Bambino Veira (?). Aquí la historia.

La llegada de Héctor Veira a Bolivia se dio a fines de 1998. Ese mismo año se había ido de Boca Juniors, dejando los cimientos de lo que luego sería el exitoso equipo de Carlos Bianchi. Sin embargo, por aquel entonces no se lo valoraba al Bambino. Todavía no era un chiste de sí mismo, pero en los programas humorísticos y hasta en la calle se lo parodiaba hasta el hartazgo, con algunas de sus frases típicas, como «la base está» o «Esto no es un cabaret».

Una selección como la boliviana, sin la presión ni la exigencia diaria de un club, parecía ser un lugar ideal para el entrenador argentino, que enseguida despertó la curiosidad de los medios locales, porque después de cada entrenamiento se quedaba tomando sol en la pileta del hotel. No lo dejaban vivir (?).

El debut del Bamba se produjo en un amistoso con Estados Unidos, ante unas 35 mil personas que colmaron el estadio Ramón Tahuichi Aguilera de Santa Cruz de la Sierra, el lugar escogido por el técnico para hacer de local. Con muchos jugadores jóvenes, el team sudamericano estuvo cerca de caer y apenas si pudo rescatar un 0 a 0 ante los yanquis. Un comienzo pobre.

Todo lo que vino después no fue mucho mejor. Bolivia llegó a la Copa América en Paraguay 1999 con intenciones de ser protagonista. Contaba con jugadores como el arquero José Fernández; los defensores Marco Sandy, Gustavo Quinteros y Óscar Sánchez; los volantes Luis Cristaldo, Fernando Ochoaizpur, Erwin Sánchez y Marco Antonio Etcheverry; más los delanteros Limberg Gutiérrez, Milton Coímbra, Jaime Moreno y Víctor Hugo Antelo. Plantel tenía, pero los resultados no aparecieron.

El equipo verde igualó 0 a 0 con el dueño de casa en el primer partido, pero luego sufrió una derrota con Perú y un empate ¡ante Japón!, que lo terminaría eliminando.

La prensa no tardó en culpar al DT por la escasa preparación y rápidamente se instaló el tema de su sueldo exagerado: 30 mil dólares. Eso terminó de escandalizar a la gente, que a partir de ese momento comenzó a mirar de costado a Veira. El final se acercaba.

La falta de gol de aquel conjunto boliviano también quedó en evidencia en la Copa de las Confederaciones de 1999, a la cual había llegado por haber sido finalista de la Copa América de 1997.

En aquella competencia, llevada a cabo en México, los dirigidos por Veira arrancaron bastante bien, igualando 2 a 2 ante Egipto, pero después empataron 0 a 0 con Arabia Saudita y perdieron 1 a 0 con El Tri. Otra vuelta a casa antes de tiempo, otra frustración. La historia de Bolivia, bah (?).

En enero de 2000, Veira llevaba 14 meses en el cargo y su situación ya era bastante incómoda. Un día le aplicaron una multa de 85 mil dólares por trabajar sin el carnet laboral para los extranjeros, entonces entendió que ya era momento de enderezar la nave y partir.

Entre la selección mayor y la Sub 23, Héctor Rodolfo Veira dejó el saldo de 23 partidos dirigidos y apenas 2 victorias. ¡Una beshheeeeza, nene!

Publicado en simultáneo con www.unmundialparaenunabaldosa.com

Combinado de Salta 2 – Argentina 3 (1981)

Con vistas al Mundial de España que se jugaría al año siguiente, la Selección Argentina realizaba amistosos contra quien sea, en donde fuera. Equipos argentinos o del exterior, otros combinados nacionales o simplemente un rejunte de jugadores de alguna ciudad o provincia. Este último caso se dio el miércoles 22 de julio de 1981, cuando el campeón del mundo enfrentó en la cancha de Gimnasia y Tiro al Combinado de Salta, que en realidad era Atlético Libertad con algunos refuerzos (incluso, la camiseta utilizada fue la de ese equipo).

El conjunto de Menotti alineó a Fillol; Olguín, Luis Galván, Passarella, Olarticoechea; Barbas (Heredia), Gallego, Maradona, Patricio Hernandez (Valencia); Ramón Díaz y Ferrero (Brailovsky). En el banco de suplentes se quedaron Pumpido y Van Tuyne. Mientras que los salteños formaron con Arroyo (Vijande); Bustos, Carlos Sosa, Tejeda, Castillo; Rioja, Arsenio Ramón Benitez, Farías (Fernández); Leiva (Gómez), Hairala (Alarcón) y Fonseca Gómez.

Los goles de la Selección fueron marcados por Ferrero (7′ y 29′) y Ramón Díaz (31′), mientras que Fonseca Gómez (22′) y Rioja (52′) anotaron para los locales. La nota saliente de la jornada la dio el pésimo estado del campo de juego, que llevó a El Gráfico a titular el partido como “El Combate de los Pozos”.