
Querían comprobarlo en carne propia. Si no otra explicación a esto no le cabría… Desde su aparición como árbitro de Primera División en 1991, Javier Castrilli dividió las aguas como nunca antes lo había hecho nadie en el referato y así cosechó alabanzas y desprecio en cantidades equitativas.
Su particular estilo –que incluía infracciones al mínimo contacto, incontinencia al revoleo de tarjetas y un rostro imperturbable con una expresión rayana a lo siniestro, sumado a unos cabellos peinados a la gomina como los guapos de los años treinta- lo convirtió en un real e ineludible protagonista de nuestro fútbol. Y ese hecho hizo que su razón de ser sea una paradójica contradicción…
Para algunos, al Sheriff se lo había manyado el personaje. Para otros, era la necesaria encarnación de la igualdad que no diferenciaba entre ricos y pobres al momento de decidir justicia. “Quiero un país con más Javier Castrilli”, decía Sanguchito Neustadt desde Tiempo Nuevo. Para completar, tenía en Francisco Lamolina a su Joker y en Fabián Madorrán a su Robin. Y cuando se llega a eso, es por que ya dejaste de ser simplemente famoso para transformarte en toda una referencia…
Entonces, en abril de 1998, los dirigentes de la Federación Paulista solicitaron de sus supuestos intachables servicios para el decisivo partido de vuelta por la Semifinal del Campeonato de aquel Estado entre Portuguesa y Corinthians, quienes habían igualado 1 a 1 en el primer cotejo, siendo local El Timao.
Desde la AFA no pusieron ningún reparo al pedido y enviaron al Sheriff con moño incluido, valiéndose del supuesto roce internacional para el árbitro nacional designado para el Mundial de Francia. Pero la realidad era otra. A esa altura Castrilli molestaba, tenía cada vez más impugnaciones, su personaje ya no causaba simpatía y era un secreto a voces que tras el Mundial se retiraba. O lo retiraban. “¿Los brasileños quieren Castrilli? Los brasileños tendrán Castrilli” se cruzó por la mente de Julio Humberto mientras con una mano intentaba taparse la risa…

Y así, el 26 de abril de 1998, Portuguesa y Corinthians salieron a la cancha en medio de un verdadero clima bélico. Aunque todos los ojos apuntaban a Javier Alberto Castrilli, el único y real protagonista de la velada. Es que aunque todos aplaudan a los macacos la verdadera estrella siempre será el domador (?).
Portuguesa, necesitado sí o sí de la victoria, arrancó con todo y promediando el primer tiempo Ailton decretó el 1 a 0. Claro que en el inicio de la jugada hubo un off side de más de dos metros, pero eso no es sino un detalle (?). Así terminó el primer tiempo…
Ya en la reanudación y en ocasión de un corner, el capitán de Portuguesa, Evair (aquel ídolo de Palmeiras) le hizo una caricia mínima a un jugador del Corinthians y Castrilli ni lo dudó: penal. El estupor ya recorría tanto a beneficiados como a damnificados. Era un contacto común y corriente y la pelota iba hacía otro lado… a Marcelinho Carioca esto le importó bastante poco, ejecutó la pena y marcó el empate transitorio.
Pero eso no es todo. Cerca del final, Da Silva encontró un rebote luego de un tiro libre y marcó el 2 a 1 para Portuguesa, que se acercaba nuevamente a la gran final… Ah, Da Silva estaba claramente adelantado cuando convirtió su gol.
Los jugadores, a todo esto, se peleaban para ver quien era el más choreado. Además, El Sheriff hizo su mejor gracia y expulsó a Marcelinho Carioca del Timao y a Alex y Carlinhos del Lusa. Todos ellos por faltas menores. Un Castrilli auténtico…
La frutilla del postre ocurrió cerca del final. Inexplicablemente, Condorito El Sheriff adicionó ¡12 minutos! Y en la última jugada, un centro de Corinthians dio en la rodilla y luego en el pecho de César de Portuguesa y Castrilli no se pudo aguantar: penal para El Timao y roja para el defensor. Tras las protestas de rigor y ante un Brasil petrificado por lo que había acontecido, Freddy Rincón convirtió la pena y, con ello, Corinthians se metió en la final y Castrilli dejó su marca imborable en el corazón del Fútbol Brasilero.
http://youtu.be/9V1sbO857qY
Tras el partido, todas las voces se hicieron eco y fue tan claro lo que había sucedido que hasta Vanderlei Luxemburgo, técnico del equipo ganador, manifestó: “El referí no tuvo una buena actuación. Creo que perjudicó a Portuguesa”. El jugador que marcó aquella última falta, César, sólo declaró tres palabras: “Matar o argentino”. El Presidente de la Federación Paulista, Eduardo Farah, señaló: “La actuación del árbitro fue trágica y estamos analizando jugar de nuevo el partido”.
Además, la Federación Paulista pidió su impugnación como árbitro mundialista, cosa que finalmente no se aceptó. Aquel acontecimiento quedó grabado a fuego en el fútbol Paulista como “La Mano de Castrilli” y está catalogado en el Top Five de los máximos robos de toda la historia del fútbol brasilero.
¿Si fue un robo lo de aquella noche? Nunca lo sabremos (?). Aunque podemos señalar que un choreo futbolístico va aparejado de un bolso con dinero y eso sería poco premio para el instinto de un cultor del caos por el caos mismo. Javier Alberto Castrilli, un reflejo de una época. Un tipo que deberá tener su propio capítulo cuando se haga la enciclopedia definitiva de la década del noventa…