Moreno Amílcar

Amílcar Ervet Moreno Cáceres

En sobradas ocasiones, la intención por homenajear a algún futbolista fallece apenas comenzada. Sólo está su nombre en algún diario o revista y San Google no ofrece datos relevantes, tampoco se consigue demasiado en las redes sociales ni en los foros o páginas partidarias. Nada. Sólo está la constante concatenación de algunos escuálidos datos que, por escasos y repetitivos, quedan almacenados, in eternum, en algún megabyte del subconsciente.

Ese nombre como así también la, llamémosle, necesidad por escribir sobre esa vida quedan archivados hasta algún nuevo aviso, que probablemente jamás llegue. Es una incógnita, es un desaparecido, no tiene entidad, no está, podría señalar algún cretino e intentar olvidarlo pero, por más extraño que parezca y de tanto pensar en aquel nombre, sucedió que el aludido se apareció sólito mientras quien esto escribe leía sobre bandas de rock del Conurbano; que de golpe se llegó hasta su matricula profesional y también a su presencia en uno de los hechos que mayor conmoción causó en el ser nacional durante el transcurso del corriente siglo. De repente, una historia de vida vio la luz cuando de momento no era buscada. Creer, reventar o reventar de tanto creer. Ese fue el caso de Amílcar Ervet Moreno Cáceres

Entonces, valiéndonos de la tecnología, nos comunicamos con él y encontramos a un tipo más que predispuesto a contar su particular historia y también, por sobretodo, a ayudar a dar por finalizada esa necesidad ajena por acabar con la aparente incógnita sobre su paradero:

“Nací en Itauguá, Paraguay, el 6 de marzo de 1984. Mis viejos se vinieron a la Argentina cuando yo tenía un año y medio. Mi mamá estaba embarazada de mi hermana y un tiempo después nació mi hermano. Primero estuvimos en Lugano, en la casa de mis abuelos, y en 1988 nos vinimos a González Catán, donde vivo desde entonces. Si bien canto el Himno Argentino y siempre viví acá, la sangre tira y me siento paraguayo”.

“Arranqué a atajar en un equipo de baby. A los 12 me fui a Almirante Brown y ahí estuve 3 años. Con edad de octava, mi vieja, que es fanática de Vélez, llamó por teléfono y me consiguió una prueba en El Fortín. Tuve suerte por que habían dejado libres a todos los arqueros de la categoría, así que lugar había. Era rápido, potente con las piernas y con intuición para los penales, además de medio payaso. Claro que no era el más seguro en los centros, era el más petiso de todos mis compañeros y cuando llegué no le podía pegar a la pelota, era muy malo… mi espejo siempre fue Chilavert aunque mi estilo era más una onda Germán Burgos”. Y de eso, con el tiempo, habría bastante…

“De mi División, los que llegaron fueron Hernán Pellerano, Carlos Soto y Pablo Batalla. Aunque los conozco y jugué con todos. En esa época pensaba en llegar y en ayudar a mi familia. La cosa estaba muy jodida tras la crisis de 2001 y encima mis viejos se habían separado. En Vélez encontré mucha gente que me ayudó y que me dio consejos -como Pascutini y Gayoso- cuando me mandaba cagadas. A veces me quedaba escuchando música en el Carrefour de enfrente y no iba a entrenar. Encima me veían todos. Y otra vez me había lesionado jugando en el barrio y dije que me había jodido bajando del colectivo. El médico me dijo: “Te vamos a hacer la resonancia y vas a quedar como un boludo, confesa ahora” y yo confesé. De ahí en más, los médicos me miraron de reojo”.

“Así fui pasando las lista de libres de fin de año. En Quinta fui titular, anduve bien  y salimos subcampeones en una categoría donde jugábamos contra Tévez, Mascherano, Montillo, Fede Higuaín, Ortigoza, Lucas Barrios, Leonel Núñez, Barcos y tantos otros. Por eso pasé a Cuarta, donde éramos 8 arqueros y nunca jugué. Después se lesionó Blázquez, me llevaron a atajar sorpresivamente en Reserva contra Talleres en Córdoba, anduve bien y a la semana siguiente concentré con la Primera División”.

“Fui al banco en tres victorias consecutivas: Rafaela (2-0) , Chicago (3-0) y Estudiantes (3-1), y después en un empate en Rosario contra Newell’s (2-2). Si bien parecía que siempre iba a entrar por que Peratta se tiraba para enfriar, en este último partido debía hacerlo por que Seba se había sacado el hombro izquierdo, pero se habían terminado los cambios. Cuando terminó el partido pensé: “menos mal que no entré”, no sabés lo que era esa cancha. Se movía. Pensá que apenas hacía un mes que había cumplido los 20 años. Como Seba estaba medio jodido las siguientes fechas fue al banco Blázquez, que tenía 5 años más que yo. Sin embargo, en la fecha 16, contra Olimpo (2-1) concentramos los tres e Ischia decidió que vaya al banco yo que, por supuesto, no dije nada y me cambié callado. Fui suplente también en las tres últimas jornadas del campeonato contra Colón(2 -1), San Lorenzo (2-0) y Gimnasia (0-1) ”.

“Durante ese tiempo le pedí un viático al Vicepresidente y me lo dio de toque. Por suerte, como ganamos la mayoría de los partidos cobré varios premios. A la vuelta del banco donde cambié el primer cheque pasé por una casa de música y le compre un bajo a mi hermano. Era uno trucho, pero era tan lindo. Llegué a casa y le dije: “Tomá, aprendé a tocarlo”. También ayudé en casa y el resto lo gasté en boludeces. Yo ya tenía el premio mayor: José Luis Chilavert, que estaba en la lista de la Copa. Enseguida supo que yo era coterráneo de él, aunque a mi me daba vergüenza hablarle a una leyenda. Chila es un genio y  un muy buen tipo. Además, me hacía zafar de las palizas de los profes por que me elegía para patearme tiros libres. Eso fue lo mejor que me pasó”.

“Después de eso llegó Fanesi y si bien hice la pretemporada con la Primera, un par de meses después me bajó a Cuarta. No me dio lugar pero lo entiendo. Cada cual tiene sus preferencias y la competencia era mucha. Sólo era cuestión de seguir remándola, pero…”.

Casi todos los aspectos de su vida iban a cambiar, radicalmente, luego de una de las mayores tragedias que sufrió nuestro país en los últimos años: el incendio en el boliche República Cromañón que marcó un antes y un después en el Rock Nacional y que dejó un saldo de 194 muertos y 1432 heridos comprobados.

“Aquel 30 de diciembre de 2004 llegué a las 18 horas de unas mini vacaciones en Mar del Plata, dejé los bolsos en lo de mi tía que vive en Capital y a las 20 ya estaba en Cromañon con mi hermano. En la entrada me encontré a Fernando Escobar que era compañero mío en Vélez y también estaba Abel Orona de Atlas. Habíamos empezado a seguir a Callejeros ese año. Si bien era un mar de gente nunca me imaginé que podría pasar algo”.

“Me dí cuenta enseguida cuando comenzó el incendio y no me olvido más la rapidez con la que se hizo inmenso. Estábamos en el medio y le dije a mi hermano que salga, que yo iba a buscar nuestra bandera que estaba del mismo lado del fuego pero a la altura de las gradas. A mitad de camino me arrepentí por las chispas y fogonazos que me caían en los brazos y me hacían arder hasta los huesos”.

“Me refugié debajo de las escaleras pero era un infierno. Los gritos, la gente en el piso, la puerta que era un embudo. Enseguida se puso todo oscuro, pero no sé si fue por que se cortó la luz o por la cantidad de humo. Ahí pensé que me moría. No sé bien como, de tanto hacer fuerza terminé afuera. Al rato lo encontré a mi hermano que estaba conmocionado por que se había caído y lo habían pisoteado todo. De la desesperación, ahí se me cayeron las lágrimas”.

“Nos quedamos afuera de Cromañón hasta la una de la mañana ayudando a los heridos. Fue todo surrealista, parecía mentira, una pesadilla. En ese momento no tomé real consciencia de lo que pasaba. Tuve enfrente a la fila con gente muerta en el piso pero pensaba que estaban desmayados. No registrábamos que estaban muertos. Un shock como esos te deja muy confundido. Después fuimos a lo de mi tía y ella nos insistió para ir a hacernos ver las quemaduras al hospital. Recién cuando vi la tele caí en cuenta que había muertos y que la lista se incrementaba con el correr de los minutos”.

“Estuve un día internado en el Fernández por monóxido en sangre, pero no pude entrenar por dos meses hasta que me bajó la carboxihemoglobina. Estuve con el psicólogo designado pero después de un tiempo dejé por que eran seis horas de viaje. Cuando volví a Vélez me dejaron libre. Por ahí, como Escobar no paró de entrenar pensaron que me estaba haciendo el boludo. Te dije que los médicos me miraban de reojo por zonzeras. Pero esto era serio. No sé por que no me tuvieron paciencia y la verdad que ya no me importa”.

“El día que quedé libre, el profe me dijo que me quede entrenando ahí hasta que consiga algo. Al rato viene el ayudante de Russo y le pide a Larraquy un arquero y Pedro me mandó a mí. Cubero, Zárate, Jonás y todos me saludaban contentos por que pensaron que volvía al plantel. Yo me quedé callado. Ese día la rompí y nunca más aparecí por Vélez”.

“Después de todo aquello, mi felicidad fue alejarme del mundo del fútbol. No quería saber nada con el ambiente. Fui a Chicago pero no me dieron bola. Tuve la chance de ir a Atlético Tucumán por un allegado a un dirigente de Vélez, pero antes de viajar arregló otro arquero. Estuve entrenando un tiempo en Olimpia de Paraguay pero no los noté interesados y me sentía sólo. Y yo odio sentirme así. Después mi vieja se mandó sola  a San Lorenzo para hablar con Ruggeri y El Cabezón le dijo: “Señora, tráigalo, Fanesi también se puede equivocar”. Pero yo no quise ir. Necesitaba irme. Además tenía mil quilombos por Cromañon”.

“Después de eso hice el Profesorado de Educación Física y hoy doy clases en secundarios del Estado, en una escuela privada y  en el PAMI. También, en algunos colegios, estoy a cargo de la materia Construcción de la Ciudadanía. Además, después de un par de idas y vueltas, estoy laburando en las inferiores de Centro Español con las categorías Cuarta, Quinta y Sexta”.

“Formé unas cuantas bandas de rock. Yo, desde chico, cantaba folclore con mi papá en peñas, pero cuando me fui del fútbol y después de Cromagnon necesitaba esto como un desahogo. La primera banda fue La Pérdida Suburbabana, que duró un par de años. Después fui guitarrista en Agualoca, pero un día el cantante se levantó cruzado y nos echó a todos a la mierda. Ahí formé Serbia Rock con la que tocamos en Capital y La Matanza y vamos a grabar en noviembre de 2013. En esta soy cantante y la peleámos como toda banda del under. Ahí les mando los demos de tres canciones”.

“Hoy te puedo decir que soy feliz por que terminé mi carrera y puedo laburar de eso. Además el rock y mis alumnos me llenan el alma y estoy en pareja con la mujer que amé toda la vida. No me arrepiento de haberme ido del fútbol por que, sinceramente, no sé que debería haber hecho para haber permanecido. Por otro lado, tengo varios juicios por Cromañon que algún día saldrán. Yo no le hice juicio a Callejeros pero, con el tiempo, comprendí que algunas responsabilidades les cabían. Me da mucha lástima como está terminando sus días Chabán. Yo no le deseo la muerte a nadie y mucho menos esa enfermedad. Yo perdí mucho esa noche y muchas imágenes me atormentaron durante mucho tiempo. Sin embargo, eso no me da derecho a convertirme en lo que critico. Aunque intento respetar las emociones del resto de los familiares y sobrevivientes”.

“Hoy por hoy, lo único que me inquieta es algo que sucedió aquella noche en Cromañon. En el medio de la confusión encontré a una chica tirada en el piso. Los amigos estaban desesperados, gritaban “¡Cecilia, Cecilia!” pero nadie la ayudaba. La agarré y le empecé a hacer RCP. Así estuve un buen rato, hasta que abrió los ojos y vi que eran celestes. Enseguida apareció una ambulancia, se la llevó y de vuelta los gritos “¡Cecilia, Cecilia!”. La busqué, durante años, en la lista de victimas, de sobrevivientes, en el Alvear cuando iba al psicólogo, en las marchas, en el santuario, en la época de Fotolog, en Facebook, pero nunca la pude encontrar. Su imagen se me apareció durante muchos años. Necesito saber si está bien. Eso es lo único que me interesa”.

El novato Ramón Díaz y la semana del arquero

El traje parecía quedarle enorme… y aunque ahora nos parezca una profanación rayana a la falta de respeto, a mediados de 1995 todo futbolero en sus cabales afirmaba que a Ramón Ángel Díaz el traje de director técnico de River Plate le quedaba inmenso. Si hasta parecía disfrazado. Y los hinchas Millonarios sufrieron algunas de sus decisiones largo y tendido. Y de esa manera, claro, también lo hostigaron.

Es que tras el error histórico de contratar y después echar a Carlos Babington, el codiciado puesto le fue ofrecido al Riojano quien, con 35 años, se encontraba dando sus últimos pasos como futbolista en el Yokohama Marinos de Japón. Y El Pelado, claro está, agarró viaje con las dos manos…

La decisión del entonces presidente, Alfredo Dávicce, tenía varios fundamentos a favor: Ramón Díaz era un hijo dilecto del club que conocía a todo jugador, empleado, dirigente y -dato no menor- empresario que trabajaba con la institución y, se suponía, continuaba con el linaje de Daniel Passarella y Américo Gallego, quienes dirigían a la Selección y aún tenían sobrada influencia en Núñez. Además, al Pelado lo subestimaban como una figurita fácil de manipular desde el ámbito dirigencial.

Como contra, se señalaba la falta de experiencia de un tipo que ni siquiera se había anotado para hacer el curso de entrenador, la inconveniencia de tener a un técnico que había sido compañero de la mayoría de sus dirigidos y hasta una posible lucha de poder y egos contra otra leyenda riverplatense: Enzo Francescoli.

Todo esto, amén de las crueldades que bajaban desde las tribunas: el raro e inentendible dialecto italo- franco-argentino con el que se dirigía a la prensa, su dudoso aspecto y una lengua que llegaba a todos los hogares argentinos en primerísimo primer plano cada vez que una cámara lo enfocaba. Cuestiones que el tiempo y las victorias transformaron en folclore, después de todo y aunque nos engañemos, “fútbol” y “buena presencia” difícilmente vayan de la mano…

Y así arrancó El Pelado Díaz como entrenador. Con escaso fútbol del bueno y formaciones que mutaban partido tras partido. Para ser claros, todo muy confuso: un jugador que era titular indiscutido a la siguiente fecha ni siquiera iba al banco; cambiaba una defensa completa; variaba toda la línea de volantes; adelante jugaban todos y a la vez ninguno; Hernán Díaz se disfrazaba de “4”, de “3”, de “8”, de “11” de “10” y así hasta el infinito…

El caso más emblemático de aquellos tiempos inestables fue el del puesto de arquero. De entrada, los dirigentes le negaron al único jugador que Ramón había pedido: Ángel David Comizzo. Entonces, El Riojano optó por Javier Sodero sobre Germán Burgos con el único afán de diferenciarse de Daniel Passarella, quien tenía al Mono como uno de sus arqueros favoritos para el seleccionado.

Aunque claro, luego que El Cordobés se coma un gol de tiro libre de Flavio Zandoná en el estreno y por expreso pedido del resto del plantel, El Mono volvió a hacerse con la titularidad. Y eso no le causó ninguna gracia al Pelado, encima Burgos tampoco colaboró demasiado…

El primer incidente grave ocurrió en el partido de vuelta por los Octavos de Final de la Supercopa ´95 contra Peñarol, a quien River había vencido por 3 a 2 en Montevideo, la noche que El Enzo y Cedrés no gritaron sus tantos. Y allí, de local, con el marcador 2 a 1 a favor del Millonario, Burgos cometió la burrada magistral de salir a buscar un pelotazo cerca de los límites del área grande y con dos defensores marcando al atacante rival ¿el resultado? gol de Romero y empate.

Pero eso no es todo: dos minutos después Bengoechea pateó un tiro libre que pegó en el palo, dio en la jeta de Burgos, luego en el travesaño y terminó adentro. Uno de los goles más ridículos y chaplinescos de toda la década del noventa. Increíblemente, y por mérito exclusivo del arquero, el marcador estaba 3 a 2 para los uruguayos.

Finalmente, River se impuso en la definición por penales gracias al tiro de Baltierra que rebotó en el poste, ya que Burgos bastante lejos estuvo de parar algo. Por supuesto, El Mono debió abandonar el primer equipo. No era para menos, casi le arruina el debut a García Aspe (?).

Cuatro días después y por la octava fecha del Apertura, River recibió en su estadio al Estudiantes de la dupla Russo – Manera que se encontraba último cómodo y, por supuesto, aún no había ganado. Un partido fácil en apariencias en el que, como principal novedad, se destacaba el esperado regreso de Javier Sodero al arco Millonario.

Y allí, en el Monumental, se ratificó lo que la mayoría suponía: Javier Sodero era baldosero. Y de los buenos, eh. En primer lugar y con el marcador en cero, paralizó los corazones de todos al perder una pelota por hacerse un nudo, demorarse e intentar gambetear a un rival: no fue gol de milagro. Luego se comió un amague y se lo notó falto de reacción en el único gol del baldosero paraguayo Javier Ferreira en Primera División. Pero lo peor de todo aún no había llegado…

Cuatro minutos después, en el siguiente ataque Pincha, Silvano Maciel tiró un verdadero pedito de vieja que Sodero intentó embolsar e insólitamente le pasó por debajo del cuerpo. Calderón recibió solo y convirtió el 2 a 1 transitorio. Ramón Díaz, al igual que todo el planeta, no podía creer lo que veía: un arquero peor que el otro. El partido finalmente terminó igualado en dos tantos y, por supuesto, Javier Sodero jamás volvió a jugar en la Primera de River Plate.

Como última medida de necesidad y urgencia, Ramón optó por Joaquín Irigoytía, quién recién había cumplido 20 años y venía de ganar el Mundial Sub -20 de Qatar, donde lo habían distinguido con el Balón de Bronce.

Y así, pese de ser rehén de la desconfianza, El Vasquito fue la figura descollante en las victorias sobre Español, Gimnasia de Jujuy (penal atajado a Piaggio) y, más que nada, en la serie ante el Gremio por los Cuartos de Final de aquella Supercopa, donde detuvo los tiros de Emerson y Goiano en la definición desde los doce pasos. Para todos, había surgido el nuevo Goycochea. Y algo de eso había…

Tres semanas después, el sueño de Irigoytía llegó repentinamente a su final cuando, en la ida por la semifinal de la Supercopa ante Independiente, se comió dos goles de Javier Mazzoni, donde ambos tiros rebotaron en su cuerpo y terminaron dentro del arco. Encima River ganaba 2 a 0 cómodo y debió conformarse con el empate. Ramón Díaz estaba tan caliente que hasta se entendieron sus balbuceos: “los goles de ellos vinieron por errores del pibe que no se pueden repetir”. Un copado (?).

Y así, con toda esa confianza, El Vasquito se calzó los guantes ante Newell’s en Rosario y se comió tres goles en donde se lo notó falto de seguridad, de distancia, de timming, de olla, de todo. Su ciclo como titular en River Plate había finalizado y con él se había inaugurado la escuela riverplatense de “arquero de Selección para 10 años” que a futuro tan bien defenderían Franco Costanzo, Germán Lux y Juan Pablo Carrizo.

Con el regreso provisorio de Burgos al arco también llegó la eliminación por penales de la Supercopa ante Independiente. Por supuesto, aquellas idas y vueltas no fue definitivas ni definitorias y el fútbol le dio revancha… a Germán Burgos. No a Sodero ni a Irigoytía. Ellos demostraron condiciones. Condiciones de baldoseros, claro. Tuvieron la chance de ser parte de un ciclo histórico y no lo aprovecharon. O seguramente ni siquiera se lo imaginaron.

Ramón Díaz sobrevivió en el cargo haciendo uso de su cintura política aunque siguió siendo bastante abofeteado. Seis meses después llegarían los títulos para El Pelado y, de ahí en más,  casi nadie en River se animaría a cuestionarlo. Eso, claro, después de ganar un par de campeonatos ¿o alguno me va a decir que lo bancó desde el primer año? Ta´ siempre, muchacho´…

Salvatierra Fabián

Fabián René Salvatierra

Poseedor de un apellido ligado azarosamente a Banfield, Fabián Salvatierra decoró, por así decirlo, las formaciones de un Taladro que transitaba en caída libre hacía el descenso. Lateral izquierdo de nacimiento pero también derecho por necesidad, su paso por Primera División se materializó con un puñado de encuentros cuando apenas había superado los 18 años de vida.

Su bautismo de fuego ocurrió el 13 de julio de 1997 por la decimoquinta jornada del Clausura mientras, en otros escenarios, Diego Maradona volvía al fútbol por vez milésima y al Beto Márcico lo operaban de los ligamentos por millonésima ocasión (?), Salvatierra ingresaba a los 57 minutos por Marcelo Berza y era testigo privilegiado del Hat Trick de Mariano Campodónico para la victoria de Banfield por 3 a 2 sobre Gimnasia de Jujuy. Cuando finalizó el partido, tanto él como sus compañeros oyeron la frase que no querían escuchar: “igual descendimos, muchachos”.

La historia -esa que está escrita en Gráficos destartalados, Ol*s amarillentos y memorias cada vez más frágiles- indica que luego, en una pieza maestra de la organización, el campeonato local se suspendió durante 25 días tanto por las Eliminatorias a Francia ´98 como así también por la por la huelga de los jugadores de Español. Y eso llevó aparejado el desmembramiento de las luminarias de aquel Banfield y la piromaniaca necesidad de Patricio Hernández por recurrir a sus jóvenes talentos.

Fue así como Salvatierra brilló (?) con 2 minutos en el empate 1-1 con Estudiantes; fue titular en la sorpresiva victoria 3 a 1 sobre Colón que acabó con las ilusiones de aquel Sabalero revelación de Cristian Castillo y Marcelo Saralegui y se despidió de la máxima categoría con 15 minutos en la dolorosa derrota 0-1 con Lanús en el clásico. Números finales en Primera División: 4 olvidables partidos para un exponente de las primeras generaciones beneficiadas por la Ley Carrasco.

Con el descenso impuesto, se mantuvo un par de años más en el plantel del Taladro pero jamás volvió a ver acción. Necesitado de sumar minutos, encontró consuelo en la Primera B Metropolitana, donde rellenó los planteles de Deportivo Morón (2000/01), Brown de Adrogué (2001/02) y Atlanta (2002/03). En la búsqueda insistente de la nunca encontrada titularidad bajó hasta Primera C y se puso las camisetas de Justo José de Urquiza (2003/04), Sacachispas (2004/07) y Barracas Central (2007/08), pero ya era demasiado. A instancias de las pocas oportunidades, las lesiones y un físico cada vez más parecido al de un patovica de alguna bailanta, con 29 años, la carrera futbolística de Fabián Salvatierra tocó su final.

Lo interesante del asunto es que, cuando se hacía imposible hallar data sobre su paradero o al menos una mísera foto, el universo lo escupió hacía nosotros en forma del segunda guitarra del cuerpo técnico más festejado de los últimos tiempos. Y allí anda Fabián Salvatierra. Como ayudante de campo en Brown de Adrogué. Custodiando al querible y genial Pablo Vicó a quien, recordando sus viejas épocas de jugador y como vemos en la foto, siempre se le planta sobre el lateral izquierdo…

Especiales: El Bicho que no es de La Paternal (?)

Por desconocimiento, miedo, tabú, ignorancia o discriminación, durante mucho tiempo, tanto en la Argentina como en el resto del mundo, se evitó hablar abiertamente del SIDA. Ni para evitar su contagio ni para mejorar la calidad de vida de los infectados. Era preferible el silencio. Por supuesto, tampoco estaba bien visto hacer humor, lo cual se relacionaba inexorablemente con la crueldad y los golpes bajos. Más aún, en el arcaico y elemental universo de la pelota número cinco.

Hoy, cuando el Síndrome de Inmuno Deficiencia Adquirida está viviendo placidamente entre nosotros y hasta vota al oficialismo las nuevas generaciones tienen otra recepción hacía lo otrora desconocido y siniestro, En Una Baldosa intenta hacer justicia poética (?) y lleva hacia todos los hogares argentinos al otro Bicho. Si, aquel que no es de Juan Agustín García y Boyacá, pero casi (?).

En principio y a lápiz levantado, se denomina SIDA al desencadenante de una serie de síntomas producidos por el virus HIV que provocan, entre otras cosas, la constante e irreversible destrucción del sistema inmunológico.

Los primeros casos de esta enfermedad se revelaron, allá por el año 1981, entre homosexuales residentes en la ciudad estadounidense de Los Ángeles y luego, en gran proporción, entre inmigrantes haitianos que habían llegado durante aquel último lustro a La Tierra del Tío Sam para jugar en Columbus como el marica de Guillermo.

Peyorativamente y desde los mismos ámbitos facultativos, se habló tempranamente de “Peste Rosa”, “Cáncer Homosexual” o “Síndrome Gay” y hasta voces más radicalizadas se animaron a hablar de “Auto Segregación Negra” y “La Venganza de Dios Sobre La Humanidad”.

Aquellas vertidas “malas palabras”: gay, homosexual, negro, peste, Dios fueron condimentos suficientes como para que el ingenio tribunero nacional se ponga a laburar y de ahí se desprende que muchos futbolistas desaparecieron rápidamente y se transformaron en baldoseros sufrieron en carne viva el tormento de ser señalados como portadores de la enfermedad más temida. He aquí algunos casos…

Desde el vamos, los hinchas no se anduvieron con chiquitas y tildaron como “homosexuales” y “sidosos” a dos cracks históricos de nuestro querido futbol: Norberto Osvaldo Alonso y Ricardo Enrique Bochini.

¿El fundamento para tal acusación? Ninguno. O en realidad si. El Beto y El Bocha eran jugadores legendarios de sus respectivos equipos. Las hinchadas jamás hubieran intentado agredir u ofender a algún baldosero con ninguna enfermedad, eso está claro.

Más allá de eso y por dichos del propio Alonso, los rumores sobre su homosexualidad y su supuesta enfermedad con SIDA fueron lanzados por un propio ex compañero, al cual El Beto no perdonó, por más que ya pasaron casi tres décadas de aquello. Tras aquel hecho, el cancionero popular se nutrió con un hit muy añorado por estos tiempos que rezaba: “Centurión, Centurión, Centurión // Centurión necesita la falopa// Y Alonso una pija o un consolador// Che, gallina la puta que te parió”.

En el caso de Bochini se hizo una simple ecuación cavernaria: casi cuarentón + soltero + sin hijos + pelado (?): homosexual ~ SIDA y, por supuesto, la canción surgió espontánea, por más que hoy pocos la recuerden: «Mirá que cosa // Mirá que cosa // Al puto de Bochini le agarró la peste rosa».

Bochini, quien por aquella época se ausentaba bastante seguido de las canchas debido a sus constantes lesiones, se deprimió y hasta le manifestó su descontento a los máximos dirigentes de la AFA.

Viendo las reacciones tanto de agredido como de agresores, no fue más que un triste reflejo de la época. Vamos Bocha, no te pongás loca

Otro que también la pasó mal con este tema fue Sergio Javier Goycochea. En 1988, el club de donde había surgido, River Plate, intentó canjearlo junto a Néstor Gorosito a San Lorenzo a cambio de la dupla conformada por José Luis Chilavert y El Ruso Siviski. Hasta ahí, todo cero positivo (?).

El tema es que tras frustrarse la operación por una lesión del Vasco, el rumor sobre su supuesta enfermedad se disparó a lo largo y a lo ancho del país. Más aun, cuando se supo de su relación con una mujer de la farándula: La Negra Susana Romero. Que tendrá que ver el culo con la cooperativa…

Finalmente y para completar la leyenda urbana, se sostuvo que por esa razón Goycochea se había ido a jugar a Colombia, un fútbol donde aún no existía el control antidoping ni la más remota posibilidad que el arquero deje su orina, sangre u ADN en ningún lado. La inverosimilitud al palo…

Tras ratificarse que sólo se trataba de una versión lanzada para lastimar o burlarse, El Vasco fue el héroe máximo de la Selección Argentina durante Italia ´90 y, es más, si hubiera atajado el penal de Andreas Brehme en la final, tanto mujeres como hombres no hubiéramos tenido inconvenientes en intercambiar toda clase de fluidos (?) con el querido y legendario Goyco

A principios de los noventa, cuando el mundo ya se había estremecido tras las muertes por SIDA de Arthur Ashe, Rock Hudson y Freddie Mercury, el inescrupuloso dedo acusador apuntó a la figura de un técnico argentino que trabajaba en España: Héctor Rodolfo Veira…

Es que tras abandonar sorpresivamente la dirección técnica del Cádiz y regresar rápidamente a la Argentina aquejado por una hepatitis, un rumor recorrió con fuerza toda la península ibérica: el reconocido playboy porteño tenía SIDA y todos lo intentaban ocultar…

Finalmente, la dirigencia del Cádiz le encargó a dos laboratorios analizar la sangre de Veira y publicó los resultados en los periódicos AS, Marca y Mundo Deportivo: El Bambino no tenía SIDA. Tenía, eso sí, una causa abierta en la Argentina por abusar sexualmente de un menor, pero tampoco la pavada (?).

En febrero de 2002 y a raíz de las constantes versiones que circulaban en Córdoba, el entonces defensor de Talleres, Julián Maidana, apareció en una tapa compartida de la revista El Gráfic*, manifestado: “No tengo SIDA”.

El rumor de la supuesta enfermedad había crecido en el ambiente del fútbol debido a la gran cantidad de pases frustrados que el jugador tenía sobre sus espaldas, a saber: San Lorenzo, Numancia, Independiente, Rosario Central, Blackburn Rovers, Manchester City, Everton, Lille, América de México y Boca. Estas transferencias siempre se frustraban por HIV H ó por B…

Al ser consultado, Maidana declaró conocer el rumor hacía rato, encontrase completamente sano y señaló a los dirigentes de Instituto como los responsables de intentar manchar su buen nombre y reputación. El tiempo le dio la razón, al menos en cuanto a la negativa de su enfermedad ya que siguió jugando durante varios años más y en la cancha nadie le cantó nada (?).

Quien si contrajó la enfermedad, el primero declarado en el mundo del fútbol en toda la historia, fue el delantero brasileño José Eduardo Esidio, quien se enteró de su condición tras un análisis de rutina cuando firmó para Universitario de Perú, en enero de 1998.

Un argentino, claro, estaba en el medio de todo aquello como siempre que hay SIDA alguna controversia. En este caso, el director técnico Osvaldo Piazza quien, precisamente, fue junto a los directivos cremas quien le comunicó la noticia a Esidio y, además, le recomendó que se vuelva a su pueblo a esconderse mientras ellos camuflaban su ida inventándole a la prensa una enfermedad del padre del jugador.

Tras filtrarse la verdad por los medios y a raíz del clamor popular y también de la presión de la FIFA, Esidio finalmente volvió al plantel de Universitario, donde se transformó en ídolo, fue tricampeón y segundo goleador mundial del año 2000, detrás del ex – Newell´s, Mario Jardel. En 2004 el jugador se retiró del fútbol.

En 2011, el diario peruano Líbero afirmó en exclusiva que Esidio se encontraba en la fase terminal de su enfermedad y hasta se animó a más: “Mi misión en la tierra está por terminar”. Finalmente y tras algunas acciones legales se supo la verdad, el jugador estaba en Brasil y mantenía su calidad de vida habitual gracias a la medicina . El SIDA mata claro, pero no tanto como la estupidez…

Bonus Track

A continuación, los dejamos con una interesante mesa de debate que se armó en 1995 en el programa de Daniel Hadad y Marcelo Longobardi, luego que el entonces técnico de la Selección, Daniel Alberto Passarella, declarara que él no convocaría a jugadores homosexuales, para posteriormente ampliar sus razones: “convivencia”, “drogas”, “pelo largo”, “aritos”, “SIDA”.

Exponen -además de los conductores- el ex jugador Claudio Marangoni, el docente Rafael Freda, Eduardo Vázquez y el desaparecido activista Carlos Jáuregui, quien se despachó afirmando que El Kaiser ya tenía un homosexual en la Selección mayor y había otro en la Sub – 20.

Una última, por si no quedó claro y aunque parezca anticuado, el SIDA y el HIV no son exclusivos de los homosexuales, ya que todos y cada uno de los que está leyendo está en el rango de posibles infectados, más allá de cualquier elección en todo ámbito. La eterna solución no es tener miedo, sino informarse un poco o realizarse un análisis. Total, lleva menos tiempo que jugar al Candy Crush o boludear en Twitter…

Se agradece la ayuda fundamental de Harry y Matías para la finalización de este post.

Seattle Sounders 3 – Boca Juniors 0 (2010)

La patética gira estadounidense que el Boca Juniors del interino Roberto Pompei realizó en mayo de 2010, no dejó de sorprender por la gran cantidad de papelones suscitados, uno detrás del otro. Tras perder contra Los Angeles Galaxy en el primer encuentro, El Xeneize viajó hasta Seattle para enfrentar al Sounders, equipo franquicia de La Ciudad Esmeralda en la Major League Soccer.

Y ahí, en la tierra de Nirvana, Boca se encontró con un panorama que poco tenía que ver con la típica desesperanza y depresión que siempre nos muestra el Grunge. Para empezar, el Sounders jugaba en el majestoso Qwest Field que, ante la sorpresa de toda esta parte del planeta, se encontraba abarrotado por 67.000 ruidosos y pasionales seguidores que llevaron hasta bombos.

A los bifes, los pollos del Tito se comieron un baile de novela y un terrible peloteo, para finalmente caer derrotados por 3 a 0 con tantos del legendario ídolo local Roger Levesque, Pat Noonan y Michael Simons. Aquella noche, los espectros disfrazados de Azul y Oro fueron: Javi García; Ibarra, Ezequiel Muñoz, Sauro y Leandro Aguirre; Gastón Rossi (Araujo), Erbes, Luciano Monzón (Matías Giménez) y Jesús Méndez (Marín), Mouche y Viatri (Blandi). Aquella turba de descartes, pibes y suplentes no estuvo ni cerca de asustar al veterano arquero Kasey Keller.

Y si hablamos de veteranos y de ídolos, no podemos pasar por alto que aquella gira marcó los últimos pasos como futbolista de Hugo Benjamín Ibarra, a quien ya le había comunicado que no le iban a renovar el contrato pero que viajó a Seattle por una cortesía de Jorge Amor Ameal, El Hombre Que Vendió Al Mundo

Giunta a Zaragoza (1988)

Aunque parezca algo totalmente básico y elemental, siempre es bueno aclarar que hasta que no estés transpirando en bolas arriba de la mina que te gusta, nunca, pero nunca, debés obsequiarle algo. Ni ropa para un encuentro íntimo, ni un perfume sensual, ni exquisitos chocolates. Mucho menos un aguerrido volante central. Nada.

Por que, claro, siempre se corre el riesgo que la deseada ninfa en cuestión tome otros rumbos con los objetos regalados y uno se quede con una onerosa deuda en la tarjeta de crédito, amén de la lactosa acumulada. ¿Y entonces? Y entonces andá a cantarle a Gardel, papá… Eso, o algo parecido, fue lo que tuvo que hacer el empresario español Luis Oliver.

Este buen señor, allá por el año 1988, se presentó como candidato a la presidencia del Zaragoza y, para demostrar que sus intenciones eran serias, en una necia muestra de confianza ciega le compró la totalidad de la ficha de Blas Armando Giunta a San Lorenzo de Almagro.

Por supuesto, los comicios le dieron un duro revés al reciente propietario del volante, ya que José Ángel Zalba resulto electo nuevo mandamás de Los Maños. Y claro, además de tener que reconocer la derrota, Oliver debió suplicarle al nuevo presidente que integre al argentino al primer equipo para no perder nada del billete apostado…

Y así fue como Giunta estuvo en algunos entrenamientos del Zaragoza y, como vemos en la foto, hasta le llegó a preguntar; “Fiera ¿vomevatenéncuenta?” al técnico serbio Radomir Antic quien, a los pocos días y a instancias de la nueva directiva, lo mandó a entrenar a otro lado.

Un par de semanas después, el bueno de Oliver consiguió cederle su ficha al Real Murcia, donde Blas debutó el 1 de enero de 1989 y, para no perder la costumbre, se fue justamente expulsado. Así que, ya lo saben, el Zaragoza jamás compró a Blas Giunta. Lo hizo un ansioso y acaudalado señor que se quedó con las ganas de transpirar desnudo arriba de la tan deseada señorita…

Parma 3 – Boca Juniors 1 (1995)

En agosto de 1995, mientras los demás equipos iniciaban obedientemente el Torneo Apertura, Boca Juniors se tomaba una de sus típicas licencias menemistas de la época y se iba a New Jersey para disputar una copa internacional. ¿La Intercontinental? ¿La Interamericana? ¿La Davis? No, El Xeneize se fue a los Estados Unidos a disputar la tan ansiada (?) Copa Parmalat ante el Benfica, el Parma y la Selección local.

Como ocurre siempre en estos casos, el motivo de la presencia fue meramente económico. Aunque, en esta ocasión, a Boca no le quedó ni un solo dólar. Sucede que con la participación del equipo de La Ribera en dicho torneo se destrabó el pase de Claudio Paul Caniggia, quién venía de jugar en el Benfica de Portugal, el rival de Boca en el partido inicial.

Tras vencer por penales a los lusitanos, El Xeneize se enfrentó al Parma de Italia en la gran final. Y ahí, claro, se exhibieron las notorias diferencias entre un equipo consolidado y otro de paso siempre errante y dubitativo. ¿El resultado? Contundente victoria del Parma por 3 a 1, con baile incluido.

Más allá del tanto de camerunés Alphonse Tchami para Boca, el encuentro es recordado por los goles del sueco Thomas Brolin y del búlgaro Hristo Stoichkov (2) quienes, tras marcar sus conquistas, saludaron de manera cordial a CFNM ¡con el riesgo que eso implica!

De más está decir que, a partir de ese momento, las carreras de las dos figuras internacionales se fueron a pique y nunca más volvieron a brillar. Hay gente a la que es preferible nunca saludar…

Figueredo Diego

Diego Antonio Figueredo Matiauda

Nacido el 28 de Abril de 1982 en Asunción, desde pequeño se destacó como un enganche talentoso, pisador y con panorama, mismas cualidades que equilibró con lentitud, apatía, nulo carácter y escaso sacrificio. Por algunas de estas condiciones, que no vamos a subrayar para no herir susceptibilidades, se ganó tempranamente el mote de El Riquelme Paraguayo.

Siendo considerado la figura estelar de las inferiores de Olimpia, su lógico debut en la Primera guaraní se produjo en 1999. Previamente había sido el valor más destacado de la Selección Sub – 17 de Paraguay que salió tercera en el Sudamericano de Uruguay y que luego llegó hasta los Cuartos de Final en el Mundial de Nueva Zelanda, ambos torneos disputados ese mismo año.

Tras haber jugado un puñado de encuentros, su progresión se detuvo abruptamente durante los siguientes años y es por eso, sumado a algunas lesiones, que su nombre desapareció momentáneamente de los primeros planos; tal es así que se quedó afuera de la Selección Sub 20 que salió cuarta en el Mundial de Argentina 2001 y se mantuvo totalmente al margen de aquel Olimpia que ganó la Libertadores y que jugó la Intercontinental contra el Real Madrid en Tokio.

Luego de un 2003 para el olvido, donde sólo se limitó a jugar en Reserva y meter un Mal Pase a Sportivo Luqueño, su vida cambió completamente con la llegada del primer día del año 2004. Contra todo pronóstico, el técnico Carlos Jara Saguier lo incluyó en la lista de la Selección Sub 23 que jugó el Preolímpico de Chile. Además lo confirmó como titular y hasta le dio la camiseta número 10. Todo un arriesgado…

Claro que, para ratificar esa confianza, durante ese torneo Figueredo mostró un nivel acorde a un superdotado: fue la figura descollante del partido donde Paraguay eliminó al Brasil de Robinho, Diego y Maicon de la posibilidad de ir a Atenas y los periodistas lo eligieron como El Mejor Jugador del Campeonato, por encima de mostros como Tévez, Figueroa ó Mascherano. Se vislumbraba un nuevo astro…

Apenas terminado ese torneo, el 31 de enero, el Valladolid se lo llevó para España prácticamente sin poner un mango. Es que el jugador llevaba 10 meses sin cobrar sus viáticos y además tenia ficha de “aficionado” por lo que, pese al pataleo de Olimpia, la justicia le dio una gran mano. Figueredo firmó un contrato por cinco años y El Decano se perdió la chance de un traspaso millonario. De esta manera, nuestro homenajeado pasó de ir a entrenar en bicicleta a vivir en El Viejo Continente, tener un piso y manejar un auto. ¡Y todo en la misma estación del año!

Durante los últimos seis meses de esa temporada, la 2003/04, y so pretexto de la tan mentada “adaptación”, Figueredo apenas disputó escasos minutos de 8 partidos de La Liga de las Estrellas y su equipo se fue derechito a la Segunda División. Al menos, comenzó a tomarle el gustito a todo lo que tuviese olor a argentino al compartir plantel con El Chapulín Cardetti, Pablo Paz, Víctor Zapata, Catriel Orcellet, Albano Bizarri y Pablo Richetti.

Pese a la inactividad y al descenso consumado, su siempre enamorado Carlos Jara Saguier se la jugó otra vez por él y lo incluyó, junto a otros purretes, en la lista para la Copa América de Perú 2004 ¡Y otra vez le dio la camiseta número 10! Claro, el objetivo principal era ganar experiencia con vista a los Juegos Olímpicos de Atenas. En La Tierra de los Incas, el volante fue titular en la victoria sobre Costa Rica (3 – 1) y en el empate con Chile (1 – 1). Luego ingresó en los segundos tiempos tanto de la histórica victoria sobre Brasil (2 – 1) como de la contundente derrota ante Uruguay (1 – 3) que marcó la eliminación de los guaraníes de la competición.

Ya en los Juegos Olímpicos de Atenas, el volante jugó los seis partidos de su Selección incluida, claro, la derrota 0 – 1 ante Argentina en la batalla por la presea dorada, donde Figueredo tuvo la única chance clara para Paraguay y luego se fue expulsado por doble amonestación. Y ahí, triste, cansado, con la Medalla de Plata en su pecho, al ver festejar a Saviola, al Kily González y a Andrés D´Alessandro, entre otros, se dio cuenta de algo: a aquel plantel argentino Sub – 23 le faltaban baldoseros. Y fue en ese preciso momento que junto a Julio González, Ernesto Cristaldo, Diego Barreto, Julio Manzur y Saturnino Cardozo se juramentaron venir a esta tierra en algún momento de sus carreras para hacer justicia poética. O sea, para baldosear. Claro que Figueredo fue todavía más allá y, a partir de ese momento, su carrera se fue directamente al cementerio…

Para empezar, tuvo una temporada floja e irregular con el Valladolid en Segunda División (2004/05), tras lo cual su ficha fue dada de baja para poder sumar a otros extracomunitarios, en este caso, los uruguayos Curbelo y O.J. Morales. O sea, se lo querían sacar de encima a toda costa. Por esta razón fue cedido al Boavista de Portugal (2005/06), donde apenas metió 7 partidos en un año. Luego de otros seis meses colgado en Valladolid, Godoy Cruz se hizo de sus servicios, a préstamo y con opción, para el Clausura 2007.

El paraguayo llegó al Tomba, por expreso pedido del Chocho Llop, junto a Martín Arzuaga, Miguel Caneo y Salustiano Candia, para intentar lograr la titánica misión de salvar a los mendocinos del descenso directo. Y eso lo consiguieron, eh. Pero igual no se salvaron de bajar de categoría, claro. A todo esto Figueredo apenas jugó 8 partidos, sólo 2 como titular y el último recuerdo de él es sentado en el banco de suplentes en la Promoción contra Huracán que los condenó al Nacional B. Baldosa…

Luego de su experincia mendocina, Figueredo volvió otros seis meses al Valladolid y, para ratificar que se trataba de la peor inversión de los Blanquivioletas en toda la historia, pasó otros seis meses colgado y sin ficha. A principios de 2008 consiguió ser transferido a Cerro Porteño pero, para no perder la costumbre, en junio de ese año Osvaldo Ardiles le comunicó que no lo iba a tener en cuenta y lo colgó otros seis meses. En enero de 2009 se sumó al Everton de Chile, donde llegó a disputar un par de minutos en la victoria sobre Lanús por la Libertadores. Finalmente, su equipo, al igual que El Granate, se quedó afuera en la primera ronda y en julio Nelson Acosta… ¡si! lo colgó otros seis meses más…

A principios de 2010 regreso al club de donde había surgido, Olimpia, para durante un año conformarse con ocupar un lugar en el banco de suplentes muy de vez en cuando. Se ve que ese hecho fue demasiado stress ya que se pasó los primeros seis meses de 2011 descansando. Luego se unió un semestre al modesto Independiente de Campo Grande, otro semestre a Guaraní y otro semestre a Sportivo Luqueño. En todos estos equipos desparramó intrascendencia. Desde principios de 2013 y con poco más de 30 años, el mejor jugador del Preolímpico de 2004 está de vacaciones y busca laburo con un seductor video en You Tube. Si lo quieren contratar pueden hacerlo. Eso si, sepan que cada tanto le gusta hacer La Gran Nicolás Repetto. ¿Y a quién no? Triste pero real (Sad But True).