Acosta Miguel Ángel

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Miguel Ángel Acosta
Central paraguayo que pasó de marcar a Robbie Keane a rasparse el alma en el torneo Argentino A, con cinco temporadas de diferencia.
Se inició en el Sportivo Luqueño de su país y poco a poco fue armando un frondoso currículum. En 1995 recaló en Colo Colo de Chile, donde prácticamente no jugó y tiempo más tarde volvería a intentar en su tierra con los colores de Olimpia. Un paso por el Cruz Azul de México y una vuelta a Luqueño en 1999 lo hicieron más conocido y por eso Talleres de Córdoba lo inscribió cablegráficamente. Como era de suponer, la negociación fue puro humo, (una costumbre en la Docta).
Esa misma temporada se quedó en la puerta de la Copa América que vio errar tres penales a Martín Palermo, por una lesión en el tobillo. También conoció Guatemala tras un breve paso por el Deportivo Municipal.
En 2000 firmó su baldoseridad cuando estuvo a prueba en el Racing de Gustavo Costas, junto a Gabriel Lobos y Eduardo Fuentes, pero ninguno fue tenido en cuenta.
Debido a la lesión de Gustavo Falaschi en la Academia, casi disputa un amistoso veraniego ante Boca en Mar del Plata.
Después desapareció. Pasaron tres largos años hasta que se lo volvió a ver del otro lado de la Cordillera defendiendo los colores de Puerto Montt (2003) durante 19 encuentros, al lado de José Luis Campi.
Al año siguiente recaló en Coquimbo Unido (2004) y para el segundo semestre retornó a tierras guatemaltecas para conocer a Diego Latorre y Dwight «el Portaviones» Pezzarosi en Comunicaciones (2004/2005).
En 2005 pegó la vuelta a Argentina, ya no para probarse en un club de Primera, sino en uno acorde a su nivel. Fue así que en el Torneo Argentino transpiró la camiseta de Sportivo Patria de Formosa.
Ya en el epílogo de su carrera regresó a Paraguay para jugar en Guaraníy General Caballero.
Ni lerdo ni perezoso, no desperdició su único momento de fama y entre 1997 y 1999 disputó 8 partidos con la selección mayor paraguaya.

Marcelo (especial de Selajugaron.com)

Wise Evans

Evans Wise
Típico producto de la CONCACAF, estuvo en la Argentina durante algunas semanas pero nadie lo notó. Eso sucedió en enero de 1998, cuando hizo una pretemporada en Tandil con el plantel de Gimnasia y Esgrima La Plata.
Nacido en Trinidad y Tobago, se inició en el club local Culture United y luego de una experiencia en el SG Egelsbach de Alemania (1995/96) pasó al fútbol de los Estados Unidos, donde vistió los colores del Tampa Bay Mutiny (1996/97 y 1998/99) y el New England Revolution (1997/98).
En el interín, probó mejor suerte en nuestro país. Entrenó en el Lobo de Griguol a la par de Sava, Dueña, Cantarutti, Bahl, Sagorak y Tarabini, entre otros. Sólo se recuerda que jugaba de delantero y que terminaba agotado al terminar las prácticas. Su tarea no engrupió a nadie y antes de que se hiciera conocido emprendió el viaje de regreso.
Su trayectoria voló bajito otra vez en tierras germanas con las camisetas del SSV Ulm 1846 (1999 a 2001), SV Elversberg (2001/01), Wacker Burghausen (2002 a 2004) y Waldhof Mannheim (desde 2005). A pesar de haber integrado siempre equipos de menor jerarquía, eso no fue un obstáculo para que lo hayan convocado más de 15 veces a su Selección. Incluso pudo hacer algo que muchos de sus compañeros en Gimnasia jamás hubiesen soñado: jugar un Mundial. Evans entró algunos minutos en Alemania 2006, enfrentando nada más y nada menos que a Inglaterra.
No deja de ser curioso que si uno googlea «Evans Wise», una de las primeras fotos que aparece es la de una lápida que lleva su nombre. Podriamos hacer cualquier comentario maligno. Pero en este caso la realidad nos supera.

Juan Pordiosero

Ríos Guillermo

Guillermo Ríos
No fue el primer futbolista en estar tras las rejas. Tampoco será el último, pero cada historia en particular merece ser contada.
Guillermo Ríos (cuyo segundo nombre es un misterio, para algunos es David, para otros Julián) es un defensor que conoció las mieles de la Primera División en el Clausura 2003 enfundado en los colores de Chacarita. En silencio, disputó unos pocos partidos y llamó la atención por un hecho extrafutbolístico.
Debutó en el empate en cero ante Lanús por la decimoquinta fecha del mencionado torneo. Aquel día compartió una bizarra línea de 4 con Furios, Precone y Tomatito Pena. Ese partido fue el último dirigido por Carlos Babington que terminó presentando la renuncia.
Ya con Oscar Manis como DT disputó los últimos 4 encuentros del campeonato como titular jugando ocasionalmente al lado de Pablo Aguilar, Oscar Giménez, Patricio Arce y el Coio Almandoz, bajo el ala protectora de Carlos Fernando Navarro Montoya. De los últimos 12 puntos en juego el Funebrero logró sólo 1, producto del empate ante Racing y las derrotas ante Gimnasia LP, Olimpo y Newell’s.
En el Apertura 2003, con la dirección técnica de Néstor Craviotto, Ríos fue titular ante Banfield pero en el entretiempo fue reemplazado por Carlos Moreno. Debido a la presencia de los impasables Arzeno, Cogliandro, Azconzábal, Unyicio y el juvenil Rodríguez Pagano, en los 18 partidos restantes ni siquiera integró el banco de suplentes.
En la despedida del equipo de San Martín de la Primera División quemó sus últimos cartuchos disputando 3 partidos.
El 25 de julio de 2004, Ríos debía viajar con el plantel de Chacarita hacia Mar del Plata para participar de la pretemporada con vistas al torneo de la B Nacional, del cual iba a formar parte.
Sin embargo, el sábado 24, cuando se predisponía a visitar a un familiar en el Hospital Nacional Baldomero Sommer de General Rodríguez fue detenido. Efectivos de la Delegación Departamental de Investigaciones de Mercedes le encontraron marihuana (suficiente como para armar 30 porros) oculta en su ropa interior y terminó preso.
Los uniformados advirtieron cierto nerviosismo en la cara del jugador que intentó huír pero fue apresado en el intento. Dos días después fue liberado por tratarse de un delito excarcelable.
Allí comenzaría su calvario, en Chacarita le cerraron las puertas y permaneció colgado (nunca mejor dicho) durante toda la temporada 2004/2005.
Reapareció en Patronato de Paraná al año siguiente. Arrancó como titular pero con el pasar de las fechas perdió el puesto. Para colmo en el clásico ante Parana formó parte de una trifulca, le partieron el labio y se fue expulsado. A comienzos de 2006 tendría una nueva oportunidad de jugar, pero no rindió y desapareció del mapa.
A partir de este momento podríamos intuír en qué invertía su tiempo, leyendo la revista Un caño, soñando con que lo llamen de algún equipo falopa del ascenso español para jugar con el ex San Lorenzo Iván Fassione, con pegar un pase a Bolivia o Colombia, etcétera.
En fin, todas nuestras teorías se desvanecieron cuando lo encontramos en marzo de este año, intentando hacer un buen papel con los colores de Estudiantes de Concordia, en la provincia de Entre Ríos.
¿Qué paradoja, no? Justo un Ríos que le gustaba andar con los ojos chinos.

KeyserSoze

Bihurriet Rubén

Rubén Emilio Alfredo Bihurriet (Pampita)
No es el tipo de historias que nos gusta contar, pero el caso de Rubén Bihurriet necesitaba un recuerdo que necesariamente implica el relato de su trágico final.
Nacido en la localidad bonaerense de Trenque Lauquen, llegó a las competitivas divisiones inferiores de Newell’s Old Boys de Rosario y con esmero logró mostrarse como un puntero derecho con llegada al gol.
Al margen de contar en el plantel con delanteros de peso como Julio Zamora y prometedores como Gabriel Batistuta, el Piojo José Yudica lo hizo debutar en Primera en el Clausura 1990.
Si bien alcanzó a disputar algunos encuentros (por ejemplo el famoso clásico con los pibes con gol de Domizzi), vio complicada su situación y después de 5 partidos y una conquista, pasó a préstamo a otro equipo de la ciudad, Central Córdoba. En el Charrúa (23 cotejos y un tanto) formó parte de un buen equipo que perdió la chance de ascender a Primera en un partido ante Gimnasia y Tiro de Salta, en 1993.
Su carrera continuó luego por Ferro de Concordia y la liga rosarina, cuando le salió la oportunidad que marcaría fatalmente su destino: viajar a Colombia para probarse en el Deportes Quindío.
La posibilidad de tener una experiencia internacional, con la lógica diferencia económica que eso suponía, terminó inclinando la balanza en la cabeza del ex Newell’s, que llegó a la ciudad de Armenia junto al atacante canalla Diego Montenegro y al empresario Darío Campagna, que un año antes se había retirado del fútbol después de haber estado internado en terapia intensiva después de recibir un duro rodillazo que le perforó un pulmón.
El domingo 24 de enero de 1999 los dos muchachos argentinos jugaron para los titulares en un partido amistoso ante el Once Caldas. A pesar de la derrota frente al subcampeón colombiano, el técnico se quedó conforme y aprobó la contratación de ambos. Al día siguiente, los jugadores entrenaron por la mañana, almorzaron junto a Campagna en el Hotel Armenia Plaza y se fueron a sus habitaciones para esperar a César Pinzón, el presidente del Quindío. A las 2 y media de la tarde de ese fatídico lunes debían firmar sus contratos.
Sin embargo, casi una hora antes del momento en el que empezarían a cambiar sus vidas encontrarían el final, y de la manera menos imaginada.
De repente, un fuerte y prolongado temblor se apoderó de todo. De las casas, de los automóviles, de la gente. El edificio de siete pisos donde se hallaban se derrumbó a raíz de un sismo que dejó miles de muertos y toda la región destruída. Los tres argentinos fallecieron. “Yo estaba entrevistando a Bihurriet cuando empezó el temblor y la comunicación se cortó”, dijo Ciro Díaz, periodista de Radio Caracol. Todo lo que vino después fue silencio. Eterno, profundo y doloroso.

Juan Pordiosero

Prado Miguel

Miguel Eduardo Prado (Paco)
A pesar de haber acumulado varias horas en distintos equipos de todo el Mundo, el nombre de Paco Prado siempre estará emparentado al ascenso de Chacarita a Primera División. En el Funebrero fue, desde su debut en 1996, una rápida alternativa para el ataque. A veces titular y otras suplente, tuvo su momento más rolling stone allá por 1999, cuando Chaca realizó esa histórica campaña que lo depositó en la máxima división, con jugadores de la talla de Vivaldo, Pagés, Mignini, Carrario y Ábalos. Y cómo habrá sido de fuerte ese rato de exposición que ese año se inmortalizó con el Presidente de la Nación Carlos Saúl Menem, sospechado (entre otras cosas) de ser el dueño del pase del mismísimo Prado en sociedad con el dirigente Luis Barrionuevo, según una investigación del periodista Gustavo Veiga. Al margen de la mufa que debe haber ligado y del corte de pelo cabeza que usó para tribunear, su nivel futbolístico (7 partidos y 0 gol) ayudó para que se alejara de San Martín, donde retornó en 2003 para un breve y olvidado capítulo de su trayectoria (5 cotejos y ninguna flor).
En Ecuador pasó por el Deportivo Quito (2000) y Olmedo (2002), mientras que en Albania (sí, Albania) actuó para el Dínamo de Tirana (2002) y en Bolivia para el Jorge Wilstermann (2004). Inmerso en el under de nuestro país tampoco hizo un culto al sedentarismo. Anduvo de acá para allá con las camisetas de Almirante Brown de Arrecifes (2001), Independiente Rivadavia de Mendoza (2003), San Martín de Mendoza (2004/05) y El Porvenir (2005 a 2007), donde volvió a tener contacto con la mala suerte. Estando en la B Nacional sufrió una rotura de ligamentos que lo tuvo parado un año y vivió la caída a Primera B sin poder hacer nada. Ya de regreso, hizo algunos goles pero el hecho de estar al lado del Dany Tilger se ve que lo perjudicó un poquito y descendió a Primera C.
Hace un par de meses retornó al fútbol ecuatoriano para unirse al Deportivo Azogues, que no posee relación alguna con el ex Colón pero de todas formas guarda algo de afinidad con nuestra mediocridad. Increíblemente allí sigue robando Martín Mandra. Y ante ese acontecimiento, que nos desborda en vergüenza ajena, todo lo que pueda llegar a aportar Paco en esa institución es, como mínimo, digno y respetable.

Juan Pordiosero

Varisco Héctor

Héctor Iván Varisco
A pesar de que laburó de arquero suplente durante gran parte de los 90’s, Iván Varisco hizo de esa circunstancia un oficio. Lo suyo era ir al banco y esperar hasta cansarse. Y lo hizo muy bien.
Fue golero de Unión de Santa Fe en la temporada 1991/92 y teniendo arriba a un consagrado como Nery Pumpido le tocó masticar resignación. Sólo disputó 2 encuentros en el Tatengue y después pasó a Lanús (1994/95), donde volvió a repetir las estadísticas, con la salvedad de que participó de un partido trístemente célebre. En la 7º fecha del Clausura ’95 fue titular en el polémico match en el que el árbitro Ángel Sánchez le anuló 3 goles a Chiquito Benítez, delantero de Platense. Dos de esos tantos fueron invalidados por supuestas infracciones a Varisco, que ese día se retiró victorioso y firmó una tregua con el anonimato.
El armisticio con la falta de reconocimiento duró poco, es cierto. En el Nacional B pasó desapercibido con Quilmes (1995/96) y luego alcanzó a dejar su huella con el buzo de Chaco For Ever (1996 a 1998), donde dio la nota al ejecutar los penales de su equipo.
Su pase a Aldosivi de Mar del Plata (1998/99) se lo ganó después de una tarde de 1997 en la que se sacó la vida ante el Tiburón y los dirigentes portuenses, estafados futbolísticamente, lo contrataron para que sea sustituto de Néstor Merlo. Se ve que haber conocido a Fabio Radaelli, Ariel Celebroni y Marcelo Amaya significó demasiado en su carrera porque de un día para el otro dejó de dar señales de vida.
Recién en julio de este año su nombre volvió a aparecer al lado de otros colegas (Carlos Goyén, César Labarre, Ricardo Ferrero, Héctor Baley), en lo que se denominó la «1º Clínica de Entrenamiento de Arqueros«, en la ciudad cordobesa de Las Varillas. ¿El gestor de tamaño emprendimiento? El as de los porteros suplentes: el Flaco Saccone. ¿Quién otro?
De esa manera quedamos más aliviados, al saber que no sólo en este sitio se lo recuerda con algo de nostalgia. En Mar del Plata, por caso, se lo cita muy a menudo, sobre todo en invierno. Es frecuente que la gente resfriada se acerque al centro comercial del Puerto y una vez adentro de Chichilo pida un buen plato de arroz con Variscos.

Juan Pordiosero

Basso Ezequiel

Ezequiel Eduardo Basso
Curiosa la historia de este platense parecido a Ciro de Attaque 77 que tras pasar por una innumerable cantidad de equipos durante su infancia, no logró entender que jamás triunfaría en el fútbol, al menos en el puesto de arquero que él tanto adoraba.
Nacido futbolísticamente en Victoria y con pasos por las inferiores de Estudiantes y Gimnasia, llegó a ser suplente en la primera de Defensores de Cambaceres, siendo ese su máximo logro. Previo a ello, se probó sin éxito en las categorías formativas de Racing Club, Deportivo Italiano, Boca Juniors, River Plate, Independiente y Platense. Su justificación por no quedar fue insólita, ya que supuso que no fue elegido porque los entrenadores optaban por gente del interior y no evaluaban su buen o mal rendimiento.
Es por eso que decidió salir a probar suerte al exterior y su primer destino fue Estados Unidos , donde adujo no haber tenido demasiada suerte. Según contó, el representante lo llevó junto a otros once futbolistas a tomar pruebas en diferentes clubes, «pero allá es todo muy desorganizado», comentó.
Sin embargo, no haber convencido resultó muy positivo ya que por medio de una familia amiga consiguió contactarse para entrenar en la filial de Tenerife que se encontraba en la tercera división del fútbol español.
Viajó a las Islas Canarias y hasta entrenó con Marcelo Ojeda y Carlos Fernando Navarro Montoya, pero con el puesto cubierto en el equipo sucursal, se quedó sin lugar. Allí fue cuando Basso volvió a excusarse en forma impensada: «la tierra es muy dura y con piedras volcánicas que te lastiman las piernas, pero a pesar de todo se mostraron conformes con mis actuaciones y me ofrecieron volver».
Ante esa propuesta y avalado por la empresa Torme Sport, el arquerito se lo tomó a pecho y en 1999 con 21 años, 1,80 metros de altura y 75 kilos volvió a viajar a la isla donde además tenía previsto continuar con su otra vocación, que es ser piloto de avión, cargo que desempeñó en el Aeroclub de La Plata.
Se desconoce como le fue, pero se supo que en el 2002 apareció su nombre en el Boletín Oficial de la Provincia de Santa Cruz de Tenerife solicitando la tarjeta de residencia comunitaria italiana, por lo que se estima que al menos en Europa se quedó. De todas maneras, que no extrañe que allí tampoco lo hayan tenido en cuenta…y atájese que se viene otra de sus inesperadas excusas.

Cucu

López Gustavo

Gustavo Fabián López
No se trata de una versión subdesarrollada del mundialista en Corea/Japón 2002, y tampoco del periodista deportivo. Ni siquiera sabemos si tiene algún tipo de parentesco con ellos, aunque eso es lo que menos importa.
Lo cierto es que este volante (aunque alguna vez también utilizado como delantero) surgido en las divisiones inferiores de Lanús debutó en Primera en el arranque del Clausura 2003. Aquel día ante Independiente, Osvaldo Sosa lo mandó a la cancha los últimos 10 minutos del partido en reemplazo de Hugo Morales para aguantar el resultado (y cumplió, mantuvieron el 1-0).
A lo largo de ese campeonato disputó otros 4 encuentros (incluído el clásico ante Banfield) a la par del Chupa López, Matías Larretchart, Luis Zubeldía, Emiliano Gianunzio y Matías Pérez García.
En el Apertura de ese mismo año, bajo la dirección técnica de Miguel Ángel Brindisi, apenas sumó 39 minutos diseminados en 3 partidos en los que ingresó como suplente.
Terminada su pasantía en la categoría grande del fútbol argentino, fue a hacerse unos pesos al exterior. En Venezuela pasó por Estudiantes de Mérida (2004) y luego por Trujillanos (2005) sin demasiado suceso y con muy poco gol. A mediados de 2005 volvió al país para romperla en Huracán de Comodoro Rivadavia (2005/2006) en el Torneo Argentino A.
Sin dudas, la diferencia económica la está haciendo ahora mientras afana sigilosamente en el Persela Lamongan de Indonesia (desde 2006), al lado de un baldosero con (casi) todas las letras como el ex Independiente, Maximiliano Vallejo.

KeyserSoze