Meijide Gerardo

Gerardo Gabriel Meijide (El Pelado)
Símbolo del fútbol grotesco en la primera mitad de los 90’s. Marcador de punta por izquierda bastante limitado y completamente calvo. Tenía todas las condiciones para ser el antihéroe preferido de los simpatizantes de su club y el blanco predilecto para las gastadas de la hinchada rival.
Surgido en las inferiores de Independiente, sufrió a los 17 años una seria lesión que lo perjudicó notablemente (se lastimó cuando saltó a cabecear con Mannarino) . No sólo estuvo mucho tiempo parado, sino que además tuvo una crisis emocional que le hizo perder el pelo, que recien le volvió a crecer muchos años después.
En el Rojo disputó 54 partidos desde 1990 a 1995, período en el cual debió soportar agravios como «Meijide, hijo de la radiación solar«, frase recordada alguna vez por un hincha de Racing como Diego Capusotto.
Después, abandonó la institución junto a su gran amigo Luis Islas y ambos recalaron en Rosario para jugar en Newell’s (1995). Allí el Pelado tuvo problemas con el técnico José Yudica y se fue con el triste registro de 10 encuentros y no demasiado para contar.
En 1996 se incorporó a Nueva Chicago, en la B Nacional, con la esperanza de retornar rápidamente a la máxima categoría. Pero sin darse cuenta estaría firmando su alejamiento definitivo de los flashes de la Primera División. Intentaría una y otra vez pegar una linda transferencia o hacer una buena temporada que lo colocara de nuevo en un lugar de privilegio. Pero cosechó fiasco tras fiasco. No pudo ni en Técnico Universitario de Ecuador, ni en Unión Central de Bolivia (1999), ni mucho menos en Ferro (2000), donde colaboró para que la institución de Caballito descendiera a la Primera B al año siguiente. Es muy recordada en el Oeste aquella gran defensa con el Coco Reinoso, Tula, Cracco y el brasileño Wilson Junior en el arco.
En la temporada 2001/02 vistió los colores del Deportivo Armenio, donde fue el encargado de patear penales y tiros libres (y de vez en cuando los hacía). Al año siguiente se incorporó a San Miguel, pero duraría poco en el Trueno Verde ya que para ese entonces comenzó a ver con buenos ojos la posibilidad del retiro.
En julio de 2003 se lo vio entrenando de nuevo en Armenio, quizás con la esperanza de alejarse de la actividad dejando una buena imagen. Pero antes de comenzar el torneo de la Primera B se le salió la cadena en un partido amistoso entre el conjunto de la colectividad armenia y Tristán Suárez. Todo transcurría normalmente hasta el momento en el que el árbitro sancionó penal para el Lechero, que ganaba 2 a 1. El ex Independiente le recriminó la decisión y como el juez no la modificó, le aplicó un certero golpe en el rostro que lógicamente culminó con el cotejo suspendido. Ese papelón, sumado a su edad y a la propuesta de su amigo Fernando Zamacola, lo llevó a ser ayudante de campo y a empezar a mirar el fútbol desde el lado de afuera de la línea de cal.
Trabajó en Unión Huaral de Perú y en 2005, en una de sus últimas apariciones mediáticas, declaró al diario deportivo Olé que le da pereza raparse para mantener la prolija calva. Hoy forma parte del cuerpo técnico de su compañero de andanzas Luigi Islas, y está a la espera de una oportunidad que le devuelva el brillo que supo tener en la pelada y que tanto le costó conseguir en su carrera.

Juan Pordiosero

Castillo Luciano

Luciano Ariel Castillo
Lateral derechó que jugó interrumpidamente durante varios años en la Primera de Racing. Siempre aprovechando los huecos ocasionados por lesiones o suspensiones de sus compañeros, pero casi nunca por la confianza de los técnicos, algo que sin dudas influyó para que se carrera no se haya extendido en los primeros planos.
Nacido en 1978 en la ciudad de Merlo, debutó con la camiseta de La Academia en 1999, cuando la situación económica provocaba malas noticias a diario y la aparición de algunos juveniles era la salida más rápida, aunque no la correcta. De la camada de chicos quemados en esa época sólo Adrián Bastía y en menor medida Maximiliano Estévez (ambos habián debutado en un año antes) pudieron sobrevivir con algo de brillo. El resto se las arregló como pudo. Y Castillo bastante hizo. No sólo integró el plantel del equipo que se consagró campeón en 2001, sino que además disputó 30 encuentros desde su aparición hasta su despedida del club de Avellaneda, a fines de 2003. En una oportunidad, incluso, se dio el lujo de desplazar de su puesto tradicional al Coco Reinoso, que pasó a jugar de 3 en un partido ante Belgrano, donde también actuaron los pibes Principiano, Pessacq, Gonzalo Rodríguez y Julio Suárez.
En marzo de 2004 recaló en Sport Boys de Perú junto al ex Vélez Aníbal Roy González y allí estuvo ganándose el mango. Justo cuando ya se lo empezaba a olvidar por estos pagos, regresó a la Argentina y en 2005 se unió a los jugadores libres del CEFAR. A mediados de este año arregló de palabra para incorporarse a San Martín de Tucumán, pero a último momento se arrepintió y manifestó sus deseos de jugar en cualquier equipo de Buenos Aires. Las razones eran claras: había nacido su hija y quería estar cerca de su familia.
Finalmente, optó por jugar en Cañuelas en la temporada 2006/07 de la Primera C, una categoría que podría quedarle chica teniendo en cuenta sus antecedentes. Pero, como se suele decir, los pingos se ven en la cancha. Y Castillo tendrá que demostrar que sus escaladas por la banda derecha, están pidiendo un regreso a las grandes ligas.

Juan Pordiosero (Gracias cfc.com.ar)

Báez Guillermo

Guillermo Marcelo Báez (Yacaré)
Sin parentesco con el Cartonero, este defensor nacido en 1980 realizó las inferiores en Boca Juniors y a los 19 años pasó a formar parte del plantel profesional, en donde ocupó el lugar de Samuel en algunos entrenamientos.
Allí esperó su oportunidad junto a un amplio grupo de jóvenes como Adrián Guillermo, Rey, Carevic, Rosada, Ortiz, Gatti, Marchant, Orcellet, Mendoza, Arce, Aróstegui, Quiñonez, Herrera y Coloccini.
No obstante, en el año 2000 y por un convenio, pasó a El Porvenir, en donde permaneció hasta el 2002. Presenció la inauguración de las torres de iluminación y dirigido por Ricardo Caruso Lombardi, conoció a Nico Cambiasso, Krikorián, Alsina, Colliard, Campodónico, Fernando Castro y Pablo Goberville.
No logró mantenerse en el Nacional B y terminó en Tristán Suárez durante una temporada.
Al año siguiente desembarcó en Platense pero un año después estaba jugando para All Boys. Parecía no encontrar el rumbo, sin embargo, retornó al Calamar en busca de una revancha que efectivamente consiguió, ya que salió campeón y logró el ascenso.
En el club de Vicente López se codeó con futbolistas con horas en primera como Gambandé, Acosta, Banegas, Cinto, Bergessio y Groothuis.
Allí aún se recuerda cuando su equipo enfrentó a Italiano, cuyos jugadores venían con un virus y habían pedido no jugar, solicitud que fue denegada. Eso motivó el enojo del entrenador Celoria quien replicó que Platense no se había solidarizado con ellos. Tras el pitazo final, Báez lo fue a buscar y luego declaró ante la prensa que «ese técnico es un fantasma. No sé que mierda dijo que éramos unos maleducados, unos soretes, debe estar mal de la cabeza porque en ningún momento demostraron debilidad. Que la gente se quede tranquila porque vamos a salir campeones». Dicho y hecho.
Actualmente su equipo es protagonista de la segunda división del fútbol argentino y él va por más. ¿Podrá?

UPDATE

Sigue en Platense en el Nacional B, ahora bajo la conducción técnica de Rodolfo Motta y con compañeros de la talla de Pablo Campodonico, Puertas, Barsottini, Charles Perez, Uriel Perez, Santiago Bianchi. Titular indiscutido y autor de varios goles.

Cucu

Mattis Ricardo

Ricardo Omar Mattis
Marcador central derecho nacido en Villa Ballester, que inició su carrera en un grande del fútbol argentino y no pudo consolidarse para hacerse de un nombre importante. Asomó en la Primera de River en 1987. Pero recién tuvo más continuidad en la temporada 1989/90, cuando disputó 3 partidos y formó parte de aquel plantel que se consagró campeón de la mano de Merlo (las primeras 19 fechas) y Passarella (las restantes). Se fue del Millonario con 5 presencias y ninguna flor.
Después recaló en Atlanta y tuvo más minutos de juego (peleaba el puesto con Zappia y Bonadies), aunque no pudo evitar la pérdida de la categoría en la temporada 1990/91, con un equipo que tenía a varios talentosos como el Pepe Castro y a otros no tan reconocidos como Spotorno y Juan Bautista Chumba.
Con el regreso del Bohemio a la Primera B se tuvo que despedir de sus compañeros (entre ellos Ragg y Manusovich) y nunca más se supo de él, en una injusticia histórica y sin precedentes.
Años más tarde, su nombre apareció en un caso policial en Villa Maipú. Aunque, claro, él no tuvo nada que ver y sólo fue testigo. En diciembre de 1997, una nena de 7 años murió al ser embestida por un patrullero mientras circulaba en bicicleta con su abuelo. Ricardo Omar Mattis declaró luego, en la causa, que presenció el accidente porque en su condición de remisero circulaba detrás de un colectivo por la calle Estrada y que observó que ese vehículo de transporte se tiró hacia la derecha, acercándose al cordón. Entonces, al no poder sobrepasarlo porque había autos estacionados a ambos lados de esa arteria, que es muy transitada, observó que venía un patrullero hacia él, a contramano. Agrega que el móvil policial, al ver que no podía pasar por sobre el colectivo, hizo una maniobra para esquivarlo queriendo tomar la calle Villegas y volvió a hacer otra maniobra. Aclara que también la calle Villegas la iba a tomar a contramano y que entonces embistió a la bicicleta, cuyo conductor estaba «como queriendo cruzar la calle Estrada» y parado, supone, «esperando que pase el colectivo«. Agregó que «no vio luces ni escuchó ninguna sirena» y que por la calle Estrada circulan dos o tres líneas de colectivos, entre ellas, la 111 y la 176.
Bajón al margen, si alguno se toma un remis y el chofer tiene cara de Mattis, que le llegue un saludo de parte de En Una Baldosa.

Juan Pordiosero

Juan Carlos Benavídez y Miguel Alarcón

Juan Carlos Benavídez y Miguel Alarcón
Se trata de dos juveniles surgidos de las inferiores de Boca Juniors que en la fotografía posan en Casa Amarilla junto a Naveda y «Zapatilla» Sánchez, promocionados todos juntos al plantel superior.

Juan Carlos Benavídez
Portador de un apellido de barrio como Palermo y Córdoba, fue en 1994 que el entrenador César Luis Menotti lo eligió para formar parte del primer equipo.
Pero ese fue su único antecedente en el xeneize, ya que por aquel entonces lograr un lugar viniendo de inferiores era poco más que complicado, y eso generó su salida.
Posteriormente apostó por el ascenso y fue así que se desempeñó continuadamente en Almagro, Chaco For Ever, Banfield (1999), San Miguel e Independiente Rivadavia de Mendoza.

Miguel Alejandro Alarcón
Sin admiración ni relación con el cantante Miguel «Conejito» Alejandro, pasó por las menores de Boca y entre 1993 con Jorge Habbeger y 1994 con César Luis Menotti como entrenadores, formó parte de los planteles profesionales. Sin embargo, participó en apenas dos encuentros y en uno de ellos lo dirigió Osvaldo Potente, que lo mandó al campo en reemplazo de Sergio Martínez frente a Independiente.
En ese mismo torneo también participaron poco y nada, Rubén Pereira, Claudio Benetti y Gustavo Neffa.
Si saber absolutamente nada de sus cualidades como jugador, vale en cambio, rescatar las que tuvo para vestirse, combinando una particular musculosa acompañada por una inocente bermuda a rayas que bien podría encajar en la sección malvestitti.

Cucu

Ercoli Ariel

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Ariel Pablo Ércoli
Su apellido remite instantáneamente a parte de la gloriosa década donde Vélez ganó varios títulos. Generalmente estando en el banco o jugando un par de minutos (disputó 2 partidos en el equipo campeón del Clausura 1998), de a poco Ércoli se fue metiendo en la familia futbolera. Desde su posición, la de volante central, trató en vano de adueñarse del mediocampo del conjunto de Liniers. Allí disputó 17 partidos desde mediados de 1996 a junio de 2000, cuando pasó al Caykur Rizespor de Turquía, coincidiendo con la partida de otros valores velezanos como Christian Bassedas (al Newcastle), Fernando Pandolfi (a Boca) y Pablo Armesto (a Talleres de Remedios de Escalada).
A su regreso se sumó a El Porvenir (2001-03), donde pasó dos años maravillosos al lado de Cristian Naranjo, Omar Zarif y Pablo Añaños, Nicolás Cambiasso, Luciano Krikorián, Julio Laffatigue, Fernando Castro, Mariano Campodónico y tantos otros futbolistas que surcaron las canchas del ascenso.
En la temporada 2003/04 se puso los colores de All Boys, pero jugar en un grande de la categoría no le significó demasiado, ya que no pudo dar el salto de calidad que le hubiese permitido estar más cerca de la Primera División. Eso si, la experiencia de haber compartido el equipo con Ariel Goothuis no se la quita nadie.
Flandria lo recibió con los brazos abiertos en la 2005/06. Y él respondió con buenas actuaciones pese a algunas cuestiones físicas que le negaron la posibilidad de jugar algun que otro partido. A mediados de este año se fue del Canario y se despidió de grandes compañeros como Gustavo Artaza, Alejandro Insaurralde, Martín Gorozo, Guillermo Leiva y Fabián Castellón. Antes de irse a Tristán Suárez, le recomendó a los dirigentes de Flandria la contratación de un ex compañero de Vélez, el marcador central Gustavo Franco. El tiempo dirá si la herencia fue buena o si dejó un muerto para levantar.

Juan Pordiosero

Pacheco Gustavo

Gustavo Adrián Pacheco
Cuanto se podría escribir acerca de este jugador si hubiese llegado a ser al menos la mitad de lo que insinuó. Sin embargo, el salto al fútbol profesional no fue el esperado y se zambulló de lleno en el anonimato, privándonos de ampliar su trayectoria o bucear en algunos aspectos de su vida social.
Por ello, de este jóven con apellido que jamás triunfa, sólo podremos afirmar que fue parte de la selección Argentina Sub 17 de «Mostaza» Merlo que participó del Sudamericano de Colombia en 1993 y que posiblemente su desafectación para el posterior Mundial de Japón haya marcado su destino.
En ese equipo, además de él, tuvieron sus comienzos valores como Orrego, Dossetti, Bernacchia, Delfino, Vilariño, Grande, Cantero, Biagini, Milton Acosta, Nico Diez, Lutman y Romay entre otros.

Cucu

Graff Carlos

Carlos Alberto Graff
Hizo demasiado en el corto período en el que le tocó actuar. Delantero por vocación, debutó en la Primera División con la camiseta de Platense en la jornada inicial del torneo Apertura 1992. Aquella tarde, ante Talleres de Córdoba, llamó la atención de entrada por lucir unos botines marca Converse. Y como si fuera poco, marcó los goles de la victoria 2 a 0 del Calamar. El primero, de cabeza, y el segundo con un derechazo (foto) que batió la marca de Teófilo Barrios y el vuelo de Domínguez. A la semana siguiente, encima, volvió a anotar ante Lanús. Platense estaba presenciando el nacimiento de un goleador.
En aquel equipo dirigido por Marchetta, que tenía jugadores de la talla de Marcelino Galoppo, Sergio Pérez y Martín Míguez, Graff llegó a jugar 18 partidos y convirtió 5 goles. Luego de la temporada 1992-93, no se supo más nada durante un largo rato.
Recién en 2004 se lo encontró jugando un torneo de Fútbol 8 de EDEBA, con los colores de Abac. Y si, ahí también se anotó en el marcador.
En las canchas de 11, mientras tanto, la simple la invocación del nombre de Patricio Graff, de Claudio Graf, del ya homenajeado Juan Carlos Graf y hasta de Steffi Graff, remueve los recuerdos de aquel atacante que, enfundado en una camiseta marrón, ilusionó al pueblo de Saavedra convirtiendo goles con fecha de vencimiento.

Juan Pordiosero