Rubén Alejandro Bernuncio
Previo a escribir este post hubo que pensar y analizar bien si era publicable y oportuno hacerlo. Luego de dejar atrás esa etapa, llegó el momento estudiar como encararlo, pues como todos saben, se trata de una «novela» con un final trágico. Sin embargo el sitio trata de contar historias de ciertos futbolistas que pasaron con o sin pena ni gloria por el fútbol argentino y el homenajeado no podía quedar ausente, sobre todo, por varias aristas que casi nadie conoce y que lo hubiesen catalogado como un baldosero de ley, que dicho sea de paso, lo es.
Se trata del hermano menor de Ramón Angel, quien no llegó a jugar más de cinco años en primera, pero que dejó ciertos recuerdos que valen la pena rescatar.
Debutó prematuramente como delantero a los 16 años en San Lorenzo (1992-1994) y sorprendió con su control de pelota y gambetas. Ya para ese entonces integraba la Selección Argentina Sub 17, con la cual jugó el Mundial en Italia en 1991 donde obtuvo el 3° puesto al vencer a Qatar por penales. Fueron de esa partida jugadores como Akselman, Sanzotti, Castellani, Arruabarrena, Lombardi, Rivero, Gallardo, Chaile, Claudio Husaín, Oliveri, J.S Verón, Garófalo, A. Zapata, A. Morales, Comelles, Azconzábal y Alonso (h).
A su entrenador del Cuervo, el Bambino Veira se lo escuchaba decir «lo que sabe este pibe». No obstante, no encontró mucha continuidad, según el Diario Clarín, «porque le costaba tomarse tan en serio jugar».
Viajó imprevistamente a Corea del Sur y se unió a las filas del Daewoo (1994) pero a los tres meses se volvió. Pasó a Mandiyú de Corrientes (1994-1995) para foguearse junto a su hermano y conocer de cerca a Sergio Goycoechea. A pesar de ello, él hizo buenas amistades con «los del gremio». Pozzuto, Umpiérrez y Cristaldo entre otros, lo ayudaron en su estadía por el norte, en donde marcó 5 goles en 23 partidos.
Ya para la segunda mitad de 1995, Rubén estaba de nuevo por la Capital, quizás por extrañar o creer en Argentinos Juniors como una apuesta mayor. En La Paternal prácticamente no jugó, y su saldo fue de 2 conquistas en 8 encuentros. El Bichito descendería seis meses después, pero el delantero ya había retornado a San Lorenzo (1996).
Arrancaba un nuevo año y con el, la esperanza de despegar definitivamente. El Ciclón debió afrontar torneo local y Copa Libertadores, por lo que sus chances de jugar se acrecentaron, aunque sólo se le recuerda un gol frente al Caracas en Venezuela y otro ante Newell’s. En sus dos etapas marcó 2 goles en 29 partidos. Ese mismo 1996 volvió a acercarse a la albiceleste y aún chapeando con «ser promesa» fue convocado a la Sub 20.
Todo parecía color de rosas, pero poco a poco, se fue convirtiendo en el peor semestre de su vida. A mitad de año Bernuncio fue detenido junto a su novia Marcela Judith Barreto, cuando la policía encontró en el automóvil en que viajaban un envoltorio con tres gramos de cocaína. Su situación judicial quedó esclarecida unos pocos meses después y el jugador y su pareja fueron sobreseídos por el juez federal de Morón, Alberto Daniel Criscuolo.
Sin embargo la vida le volvió a dar otro terrible cachetazo. En noviembre sufrió un durísimo accidente automovilístico. Con la misma velocidad que tenía en el campo de juego, iba en su moto por San Justo cuando se cayó y fue atropellado por un colectivo. Quedó cuadripléjico y no sentía las piernas.
Las 16 operaciones que atravesó y el posible viaje a Cuba lo mantenían esperanzado con al menos trasladarse con muletas. «Sé que voy a caminar, y sino no me importa porque estoy bien de la cabeza» aseguró Rubén.
El mayor impedimento era el costo del tratamiento, pero Fernando Miele prometió que se haría cargo. Entre intervenciones y demás, se gastaron más de 200.000 dólares y hasta Agremiados y Palito Ortega dieron una mano.
«Sería necesario que la AFA o quien sea hiciera algo, no sólo en casos como el mío, sino también con los jugadores que se retiran. Siento que cuando se termina el fútbol quedamos desprotegidos y sería bueno que nos apoyaran para poder encontrar un lugar en la sociedad».
El viaje a Cuba nunca llegó y el domingo 18 de julio de 1999 con 23 años, murió a causa de una insuficiencia renal.
Rubén Alejandro Bernuncio tuvo un muy triste final, pero en su corto e intenso paso por el fútbol nuestro de cada día, dejó un lindo recuerdo, baldoseando de inicio a fin. Y este, es nuestro sentido y respetuoso homenaje.
Cucu