Correa Agustín


Agustín José Correa (Pato)

Ganarse un lugar en el mediocampo de Vélez Sarsfield no era una tarea sencilla a mediados de 2005. Leandro Somoza, Fabián Cubero, Maximiliano Bustos, Leandro Gracián, Sergio Sena, Emanuel Centurión y Lucas Castromán, algunos titulares, otros suplentes, fueron figuritas habituales durante aquel torneo Apertura. Para los más pibes, las oportunidades de mostrarse eran pocas. Entonces, claro está, había que lucirse en el momento justo. El margen de error era mínimo.

Al volante chascomunense Agustín Correa la chance le llegó contra Rosario Central, por la fecha 17. El Fortín, que también peleaba la Copa Sudamericana, todavía podía acercarse a Gimnasia LP y Boca, que se disputaban el campeonato en un intenso cabeza a cabeza que recién terminaría en la última fecha, cuando los de Basile pudieron festejar en Bahía Blanca.

Para el duelo ante el Canalla, el enfermo del $exo Miguel Ángel Russo, DT de Vélez, decidió apostar todas las fichas al certamen internacional (quedaría eliminado en semis ante Pumas de México, que luego perdió contra Boca) y dejar de lado el torneo local. Como venía de tres derrotas -Estudiantes, Independiente y Boca- en los últimos cuatro partidos (apenas le había ganado a Olimpo), el Fortín preservó a sus figuras para la Copa y jugó su última carta con un mix entre titulares, suplentes y algunos juveniles.

Así, Russo mandó al muere a la cancha a Gastón Sessa; Alejandro Verón, Mariano Uglessich, Walter Alcaraz, Ariel Broggi; Maximiliano Bustos (luego ingresó Sergio Sena), Leandro Somoza, Agustín Correa; Darío Ocampo; Claudio Enría y Rolando Zárate. De los once iniciales, apenas Sessa, Somoza, Enría y Zárate eran titulares habitualmente.

El 2 a 0 de Central, con goles de Marco Ruben en el primer tiempo, terminó de enterrar las chances de campeonar de Vélez y las oportunidades para Correa, que jugó apenas 45 minutos, se fue reemplazado por Leandro Gracián y jamás volvería a vestir la camiseta de la banda del labial V azulada.

Marginado en Liniers, el pibe, que contaba con un paso por las inferiores de Boca Juniors, debió salir a buscar oportunidades en el under. Pasó a Talleres de Córdoba (2006/07), que se estaba armando para pelear por el ascenso a Primera, pero terminó dando lástima en el fondo de la tabla (último en la general, tras un Apertura flojito y un Clausura espantoso). Un año después apareció en Almirante Brown (2007/08), también en la B Nacional, pero tampoco dio pie con bola.

Fue entonces que decidió regresar a su tierra natal para vestir los colores de Atlético Chascomús (2009) en la liga regional. A mediados de año surgió la posibilidad de probar suerte en el fútbol colombiano. Primero pasó sin éxito por el Deportes Quindío y luego por el América de Cali, donde el técnico Diego Umaña quedó conforme con su rendimiento, aunque no lo pudieron fichar porque ya tenían completo el cupo de extranjeros. Finalmente, terminó en la filial del América, Centauros Villavicencio de la segunda división cafetera.

En 2010, de nuevo en Argentina, regresó a Atlético Chascomús y más tarde pasó al Complejo Deportivo de Justiniano Posse (2010/11) en el Argentino B. Otra vez en Atlético Chascomús (2011/12), donde ya es toda una celebridad, alternó partidos por la liga local con presentaciones alrededor del mundo representando al Centro de Alto Rendimiento CN Sports de La Plata, encargado de ubicar futbolistas en destinos exóticos y otros no tanto (?)

En el último semestre de 2012 se sumó a Textil Mandiyú de Corrientes, del Argentino B, con el objetivo de lograr el ascenso. Sin embargo, hace algunos días, en plena competición, le rescindieron el contrato.

Y sí, le dirán Pato, pero es un perro.

Altamirano Manuel


Manuel Altamirano

El contexto no era el más alentador. Aquel Apertura 2005 fue un torneo malo para Rosario Central y si bien faltaba bastante para el descenso, el promedio comenzaba a apretar cada vez más. Quizás la única alegría de esas 19 fechas para el olvido haya sido haber terminado en el 15° puesto, apenas dos puntos por encima del rival de toda la vida, Newell’s Old Boys. Consuelo de tontos, pero consuelo al final.

La mala campaña precipitó la salida de Ariel Cuffaro Russo tras la fecha 15 y, sin demasiada ideas, la dirigencia del equipo rosarino optó por el camino más fácil: llamar al Viejo Ángel Tulio Zof. Conciente de que no lo iban a putear por un par de derrotas más, Don Ángel, una deidad por esos pagos, y a pesar de los achaques lógicos de la edad (ya tenía 77 años), aceptó el desafío y encaró su ¡noveno paso! como DT de Central.

El rererererererere (?) debut fue el 20 de noviembre, ante Arsenal de Sarandí, en el Gigante de Arroyito. Esa tarde calurosa, el pueblo Canalla, desmotivado por el magro presente, se acercó a su casa para recibir al ídolo. Zof, por su parte, retribuyó el cariño (?) y paró en la cancha a Juan Ojeda; Paulo Ferrari, Juan Grabowski, Ronald Raldes y Ricardo Moreira; Leonardo «pasa que» Borzani, Damián Ledesma, Emiliano Papa, Emiliano Vecchio; Pablo Vitti y Emanuel Villa. Luego ingresaron Lucas Moya (por Papa), Marco Ruben (por Villa) y el homenajeado del día, el mediocampista Manuel Altamirano, por Vitti.

El pibe, categoría ’84, venía de salir campeón en 2004 de la cuarta división, al lado de otros baluartes del club rosarino que, mal que mal, luego hilvanaron una carrera casi sin baches como Eduardo Marcelo Aguirre, Germán Alemanno, Diego Calgaro, Gonzalo De Porras, Andrés Díaz, Alejandro Faurlín, Martín García, Federico Pallaro, Cristian Villagra, Diego Villagra y José Vizcarra, entre otros.

El partido en sí fue un dolor de huevos ojos. Arsenal se puso en ventaja a través de Juan Pablo Caffa a los 25 del segundo tiempo y se dedicó aguantar el resultado. Lógicamente, le salió mal. Sobre la hora, Emiliano Vecchio metió un tiro libre desde la derecha, Marco Ruben se anticipó a todos, puso la cabeza, la pelota rebotó en el cuerpo de Ibrahim Sekagya y dejó sin chances a Esteban Dreer, el 1 de Arsenal. Fue 1 a 1.

Lo que siguió para Altamirano, que todavía estaba un poco verde para debutar entre los grandes, fue un camino de ida, sin retorno a las ligas mayores. Sin lugar en los planes de Zof, que renunciaría a su cargo pocos meses después, ni Leonardo Astrada -el sucesor-, volvió a la Reserva del Canalla, donde jugó cada vez menos.

Hasta acá sería otra historia de una carrera que pintaba para más de lo que finalmente fue, si no fuera por un pequeñísimo detalle: Altamirano debutó con la camiseta número 14. Sí, la maldita. La misma que usaba Mariano Herrón cuando le explotó un termo en la pierna, la que tenía Renzo Ruggiero cuando se rompió todo, la del Sapito Encina cuando se partió al medio, la que le dieron al Chino Garcé cuando después le anularon al contrato y la que vistió Andrés Imperiale cuando en la víspera del clásico Carlos Ischia lo colgó simplemente por el número de su casaca. Y justo ahí saltó la ficha.

Con 45 minutos oficiales en el lomo, Manu podría haber agarrado el pasaporte y partir hacia una experiencia cheguevarista (?) por Sudamérica. Pero no. Se quedó a pelearla acá. Eso sí, bajó varias categorías de un saque. Boca Unidos de Corrientes, que por aquel entonces jugaba en el Torneo Argentino B, le dio asilo durante la temporada 2006/07. En lo colectivo sería algo positivo, Bokita (?) ascendió al Argentino A, pero en lo personal a Altamirano le quedó un sabor agridulce porque lo dejaron libre al final del torneo.

En 2008 apareció en uno de los clubes más turbios de la historia del fútbol argentino, Real Arroyo Seco, comandado por el excéntrico Patricio Gorosito (que en 2012 estuvo preso en España, acusado de contrabando de cocaína, y que tiempo atrás se había cargado al Plaza Colonia uruguayo), que estaba en el Argentino A y que no paraba de crecer desde su creación, peeeero…

La pésima campaña y la decisión de Gorosito de no presentarse a disputar varios partidos terminaron con el descenso al Argentino B. Esa temporada pasaron por el banco de Real Arroyo Seco, entre otros, Teresa Cancelarich, Rubén Olle, Daniel Killer y Arsenio Ribeca (que había ascendido con ese cuadro en la 2005/06 y que conocía a Altamirano de su paso por Boca Unidos), pero ninguno pudo torcer el rumbo.

Luego de que Ribeca se fuera hinchado las pelotas “porque no se daban los resultados; no le hacíamos un gol a nadie y estaba cansado de pelear todos los días con Gorosito”, de la mano de Rogelio Nardoni, Altamirano siguió jugando salteado hasta que se marchó del club, que para esa altura ya era un quilombo institucional, en 2010.

Reapareció a comienzos de 2011 en Mitre de Santiago del Estero, en el Torneo del Interior, porque siempre se puede caer más bajo. Oh casualidad, el gerenciador del equipo santiagueño era el mismo de Real Arroyo Seco, Patricio Gorosito. Y esa fue la última vez que tuvimos noticias suyas.

Arrieta Luis


Luis César Arrieta

Por estos días, el espectro del jugador de fútbol post retiro es bastante amplio. Hay quienes deciden ser directores técnicos, entrenadores de arqueros, ayudantes de campo, relatores del Fútbol Para Todos, conductores de televisión, mediáticos, comentaristas en TV, radio o gráfica, entre otras tantas opciones. Si el personaje en cuestión es un poco más entrador chanta, puede ser manager de algún club, representante o intermediario. Mal que mal, todo dentro de la ley.

El caso de Luis Arrieta, nacido en agosto de 1973, es atípico por donde se lo mire, poco frecuente en el mundo de la pelota. Como futbolista en la máxima categoría, apenas disputó 11 partidos (10 por torneo local y 1 por la Copa Conmebol) como defensor con la camiseta de Huracán entre 1994 y 1995.

Lejos de las grandes actuaciones, tampoco es rememorado por haberse mandado cagadas importantes. Es más, muy pocos hinchas quemeros lo recuerdan. Simplemente estuvo ahí en el momento indicado, jugó y se fue sin que nadie se diera cuenta.

En la temporada 1996/97 sumó otros nueve encuentros a su currículum con la casaca de Estudiantes de Buenos Aires en el ascenso y se retiró joven, a los 24 años.

Lo curioso es que Arrieta cambió la número 5 por una 38. Pasó del verde césped al paravalanchas para formar parte de la barrabrava del conjunto de Caseros. Desde entonces, cada tanto, se dedicó a aparecer en los diarios, ya no en deportes, sino en policiales, gracias a su accionar.

Como en 2008, cuando irrumpió en el vestuario para pedirle plata al plantel y se encontró con la resistencia del técnico de aquel entonces, Julio César Gaona, que se llevó una paliza. Dentro del club, y como muestra de su impunidad, también manejaba un puesto de choripanes. Parece que en el inframundo de los forajidos el Loco Luis (así le dicen en la barra) pudo hacer la carrera que se le negó como jugador: hoy es uno de los principales laderos de Mauro Martín y Maximiliano Mazzaro, líderes de los violentos de Boca, y maneja el grupo de Caseros, uno de los más numerosos de La 12.

Arrieta fue noticia hace algunos meses, cuando en la víspera del partido entre el Xeneize y Unión por el Inicial 2012 ligó un balazo en la mano. Su nombre volvió a aparecer en los medios en los últimos días, cuando la dirigencia de Boca le solicitó al Ministerio del Interior que sacara sus huellas digitales del sistema Sabed, aquel que controla el derecho de admisión en las canchas del fútbol argentino, para permitir su ingreso a los estadios donde juegue el equipo de camiseta violeta azul y amarilla.

Porque hay una cosa que los dirigentes tienen bien clara: a los violentos se los combate desde adentro. Insólito.

Cornejo Roberto

Roberto Oscar Cornejo (El Totó)

Tenía todo para ser leyenda. Abandonó La Pampa con 14 años para vivir en la pensión de San Lorenzo, fue la gran figura de La Cicloneta de Gabriel Rodríguez, su espejo en el fútbol era Ervitti y mostraba una gran similitud con Leandro Romagnoli. Además, el día que Pellegrini lo hizo debutar, por la fecha 16 del Apertura 01, El Cuervo le ganó 1 a 0 a Rosario Central con un gol suyo.

Zurdo, encarador, volante, enganche o mediapunta, su carrera parecía destinada a las grandes marquesinas de Broadway aunque, en los hechos, se asimiló mucho más a un show berreta al costado del Casino Central de Mar del Plata. Hoy, con mucho desagrado (?), En Una Baldosa repasa la historia de Roberto El Totó Cornejo.

Tras el debut, salió desde el arranque en las 3 fechas siguientes ya que los titulares estaban abocados a la Copa Mercosur 2001. Cuando se esperaba su explosión, El Ingeniero lo mandó al limbo y Rubén Insúa lo escondió en el inframundo ¿Qué le pasó? “Engordé mucho. Llegué a pesar siete kilos arriba de mi peso. Estaba re gordo, mal, mal. Se me veía el salvavidas, ja. Además me mareé un poco, tenía a todo el mundo alrededor. Se me acercaron muchos por interés. Me sirvió para entender que de un plumazo puedo estar arriba o abajo». Y si, Los amigos del campeón (?).

A fines de 2003, Gorosito lo rescató del olvido y El Totó fue la figura del Pentagonal de Verano 2004. En busca del enganche prometido, el técnico se animó a más y Cornejo fue titular en la victoria 2 a 0 sobre Chacarita por la 1° fecha del Clausura 04. Pero claro, las risas falsas se acabaron en la segunda jornada cuando cayeron derrotados 4 a 0 ante Racing en el Nuevo Gasómetro. El Totó jugó otros 50 minutos divididos en 2 partidos y así se terminó la aventura del valor azulgrana más prometedor de la categoría 83. Números finales en Boedo Almagro Bajo Flores: 11 partidos y 1 gol.

Luego de un año fantasmal en Dorados de Sinaloa, en junio de 2005 llegó a Universitario de Perú, donde aún hoy lo recuerdan: a un pésimo nivel le sumó un festejo controversial con Luis Tonelotto que fue tema nacional en Perú y llevó a un debate en el que se prendieron sociólogos, psicólogos y periodistas. Recordemos que la sociedad incaica no es tan liberal como la nuestra, donde los hombres solemos usar tacos y nos gusta casarnos entre nosotros (?).

El siguiente episodio de este pulp a lo Tarantino, mostró al presidente de Universitario rescindiendo el contrato y al Totó despotricando ante la prensa: «Me quisieron echar a los tres días. Pisé Lima, jugué bien un partido y era el chato de oro (?). A los tres días entré 15 minutos con el Cristal y el martes me querían rescindir. Les dije que me paguen todo y no había problema, pero se iban a quedar con las ganas de verme. ¡Mirá si no voy a rendir en Perú!». Y siguió: «Te pagan de a puchitos, como a un albañil. Perdí plata. No vuelvo más» para el final remató: «Jugando al fútbol parecen los pibes del barrio» (leer carta de lector de esta nota).

Por capricho de la maquiavélica psiquis de Juan José Múnoz, en enero de 2006 se sumó a Gimnasia de La Plata para reemplazar a Lucas Lobos y hasta le ofrendaron la camiseta número 10 ¿Qué se recuerda de este paso? Sólo festejos ridículos en los goles de Santiago Silva, una visita a la fiscalía después del partido suspendido ante Boca y piñas con un hincha tras el 0 a 7 que les obsequió El Pincha. En base a minutos basura, en 18 meses disputó 35 partidos y convirtió 4 goles.

En julio de 2007 se le abrió la posibilidad de jugar en Deportivo Cali, donde con el correr de los días se dio cuenta que su rol era el de relevo de Paolo Frangipane. Perdido por perdido, cuando vio el primer micrófono, El Totó explotó: “Estoy incómodo, porque soy extranjero y no juego. Que me den 6 o 7 partidos seguidos y listo. Soy un argentino con hambre que necesita confianza. Si estoy mal, bajo la cabeza y me voy”. Y si, agachó la capocha y se las tomó con rumbo a Chile para pastorear un año en Cobreloa y seis meses en Everton, donde lo echaron tras entrar abruptamente al despacho del presidente para exigirle las razones de su suplencia.

A los 25 años regresó al país para jugar en la Primera B para Nueva Chicago (2009/2010) y demostrar que seguía siendo el mismo. Y de hecho, lo era. De entrada se peleó con el técnico, Leo Ramos, quién lo borró automáticamente. Con la llegada de la dupla Traverso-Vega, Cornejo volvió a ser tenido en cuenta, pero lo separaron del plantel tras pegarle una piña al juvenil Darío Chucki Arias. La solución la aportó un trasnochado empresario quién, al verlo como un Jonah Lomu en miniatura, lo llevó al Wellington Phoenix de Nueva Zelanda, único equipo Maorí que juega en la poderosa Liga de Australia. Y allí la rompió, marcó goles, fue ídolo y lo intentaron nacionalizar. Bueno no, en realidad no, en un año apenas jugó 87 minutos en 5 partidos.

De regreso en el país, cumplió el sueño personal de jugar algunos encuentros de la Liga Cultural para Atlético Santa Rosa y hasta debutó con un gol en el clásico ante Deportivo Che Guevara. Al abrirse el libro de pases se sumó a Alvarado de Mar del Plata por dadiva de Walter Ervitti: «Para los que no lo saben es uno de mis mejores amigos. Hasta me dijo que si no corría, él iba a venir a insultarme». Con las puteadas de su compadre encima, Cornejo formó parte de la degeneración dorada que consiguió el ascenso al Argentino A, junto a Leo Tambussi, Christovao, Junior Ischia y Celso Esquivel, entre otros.

En el último semestre de 2012 jugó el Argentino B para San Martín de Formosa y en enero de 2013 se unió al Club Estudiantil de la localidad de Eduardo Castex, La Pampa. Desde En Una Baldosa les deseamos lo mejor en la resolución del díficil Torneo del Interior. Aunque allí se juega fuerte, un equipo que en su camiseta lleva la mejor publicidad de la historia del mundo no merece, bajo ningún punto de vista, que le rompan El Totó.

Romero Adrián

Adrián Roberto Romero (El Negro)

Correntino, delantero y estrella de las inferiores, seguía los pasos de Pepe Sand como artillero del mañana. Hasta se puede afirmar que, con la remera de River, Adrián Roberto Romero emuló la leyenda de su coterráneo. Llegó a la pensión del Millonario en 1997 y quemó rápidamente etapas hasta su debut en la septima fecha del Clausura 2001, cuando ingresó en el entretiempo de la victoria 2 a 0 sobre Los Andes.

Jugó pocos minutos en otros 4 encuentros y luego fue titular en la derrota 2 a 1 ante Lanús por la última fecha; jornada en la que perdieron el campeonato a manos de San Lorenzo y Hernán Díaz se fue expulsado del fútbol profesional. A esa altura ya era el proyecto favorito de Gallego por sobre Cavenaghi, Maxi López y Gastón Fernández. Pero claro, al Tolo lo habían rajado una semana atrás.

Con la llegada de Ramón Díaz, Romero sólo dejó el freezer en la derrota 1 a 0 ante el Gremio por la Mercosur 2001. Sin lugar en River y so pretexto de ir a ganar experiencia, a mediados de 2002 pasó a préstamo al debutante Arsenal de Sarandí, aunque antes se dio el lujo de ser sparring de la Selección Nacional en el Mundial de Japón junto a Colombano, Charras y Gorostegui, entre otros.

En su primer torneo en el Viaducto, El Negro recién se destapó en la última fecha cuando le empató el partido a Gimnasia con tantos a los 84 y 93 minutos. Al siguiente campeonato fue protagonista en un encuentro histórico: el 15 de julio de 2003 Arsenal visitó por primera vez La Bombonera y Romero marcó a los 38, luego a los 68 y salió reemplazado a los 81 minutos para locura de los miles cuatro gatos locos que habían acompañado al equipo. Lamentablemente, Los Xeneizes igualaron en los últimos 5 minutos y la hazaña del ex River no pudo ser completa, aunque tras esa actuación Arsenal prorrogó su préstamo un año más.

En la siguiente temporada se confirmó que las ráfagas de buen fútbol que había insinuado eran un espejismo y sólo disputó 16 cotejos en los que marcó un gol. En dos años en El Arse sumó 34 encuentros, 7 tantos y el curioso record de jamás haber disputado un partido completo (en 15 ocasiones ingresó en los últimos 10 minutos y sólo fue titular en 13 partidos).

De vuelta en River fue cedido un año al Deportivo Cali, pero los colombianos hicieron uso de la garantía y lo devolvieron a los seis meses. En enero de 2005, Cerro Porteño arregló con José Sand para que sea su gran incorporación de cara a la Libertadores, pero la venta de Maxi López el Barcelona le abrió una impensada posibilidad al Correntino 1 en el plantel Millonario y El Correntino 2 viajó a Asunción para saciar la necesidad de refuerzos de Gustavo Costas. El Ciclón llegó hasta octavos de final y Romero aportó lo de siempre: pocos minutos y reemplazos. Volvió a  River, pero sólo para recibir la libertad de acción.

Jugó 9 partidos del Apertura 2005 para Tiro Federal y entre la escasez de minutos y la sequía de goles se despidió de la Primera División. Pasó un semestre desempleado y en julio de 2006 se sumó a Almirante Brown, donde una grave lesión lo dejó afuera del equipo que ascendió al Nacional B. Tras un año en rehablilitación, en enero de 2008 firmó con Defensores de Belgrano, también de Primera B, donde jugó 16 partidos y marcó un gol.

Tras un fallido paso por el Real Potosí de Bolivia en 2008,  El Negro pudo vivir una aventura de seis meses en San Miguel, de la Primera C.

En enero de 2010 firmó para Huracán de la liga de Chivilcoy y un año después pasó a Atlético Pilar de la Liga Escobarense tras lo cual, y con tan sólo 29 años, abrazó la clandestinidad, completando de esta manera el estereotipo del buen baldosero: ídolo juvenil, pocos partidos en primera, sparring en un Mundial y prematura desaparición. Una aterradora película de Romero…

Schleig Pablo


Pablo Daniel Schleig

Consumado otro campeonato de la concha de su hermana subcampeonato para Gimnasia LP, en diciembre de 1998, Carlos Timoteo #Griguol #Paenza armó las valijas para tomarse unas merecidas vacaciones (bien men*mistas, eso sí) en Miami, Estados Unidos.

Claro que antes de partir a la tierra del Tío Sam, el Viejo Timoteo había comenzado a delinear lo que sería el modelo ’99 del conjunto platense. Así, junto a su inseparable primo Mario, y luego de diagramar una violenta depuración, confeccionó una lista de 13 pibes prometedores de las divisiones inferiores que formarían parte del plantel profesional el año siguiente. A saber: Sebastián Barclay (de la categoría 78), Diego Deering, Juan José Romero, Claudio Páez, Jorge Reguera, Rodrigo Ruiz Díaz y Sebastián Acosta (de la 79) y Miguel Manzi, Ariel Brites, Lucas Giménez, Hernán Micosis Ocampos, Héctor Méndez y nuestro homenajeado del día, Pablo Schleig (todos de la 80). Sí, una fábrica de cerámicas completa.

Nacido en Oliveros (provincia de Santa Fe) en febrero de 1980, Schleig, fanático rabioso de Newell’s, se desempeñaba como lateral izquierdo de la quinta cuando, en julio de 1998, Mario Griguol lo convocó de urgencia para disputar la Copa Conmebol.

Como ya contamos hace tiempo en Deformaciones, los dirigentes se habían colgado (?) y Timoteo junto a los profesionales estaban robando juntando guita durante la pretemporada en Estados Unidos, por lo que el Lobo tuvo que reunir de apuro a varios juveniles para enfrentar al Jorge Wilstermann boliviano por el certamen internacional. Los famosos Lobitos.

En la ida en Bolivia, Gimnasia formó con Juan José Romero, Claudio Páez, Marcelo Kobistyj, Miguel Angel Córdoba, Pablo Schleig, Sebastián Acosta, Leonardo Mansilla, Federico Martínez, Diego Deering, Enrique Velázquez y Sebastián Barclay. También ingresaron Héctor Méndez y Sergio Urquiza, mientras que Jorge Reguera, Roberto Verza y Federico Molinari quedaron en el banco de los suplentes. Griguol plantó un 4-5-1 y a aguantar. Y no salió mal: el partido terminó 0 a 0 y la igualdad fue festejada como un triunfo. Además, los pibes se aseguraron la titularidad para el partido de vuelta. Todos, menos Marcelo Kobistyj (estaba colgado) ¡qué quedó libre días antes de la revancha! y que debió ser reemplazado por Sergio Urquiza.

En La Plata, el encuentro terminó 1 a 1 y fueron a penales. En esa instancia, los bolivianos ganaron 4 a 2 y Los Lobitos que no tuvieron la culpa, casi en su totalidad, terminarían homenajeados en este sitio.

En 1999 Gimnasia volvió a clasificar a la Copa Conmebol (dejó de disputarse ese año), pero decidió no participar y lo que siguió para Schleig fue un largo derrotero entre entrenamientos con la Primera (nunca debutó en el ámbito local, pese a que se bancó varias veces el triple turno de la pretemporada en Estancia Chica), partidos con la Reserva y la cuarta. En 2001, cuando ya parecía que no tendría otro camino que la puerta de salida, sufrió una grave lesión y tuvieron que renovarle el contrato. Ojo, tampoco duró mucho. Lo aguantaron hasta que se recuperó, en enero de 2002, y quedó libre junto a Sebastián Osito Ferrero.

¿Qué fue de su vida después? Intuímos que se trata del mismo Pablo Daniel Schleig que en 2005 apareció como candidato comunal suplente por el partido Confluencia Santafesina en las elecciones provinciales de ese año. Lo más probable es que se trate del mismo Pablo Schleig que, más acá en el tiempo, aparece como vocal del club Sportivo Belgrano de su Oliveros natal. MIS-TE-RIO.

Rivera Germán

Germán Ricardo Rivera (Cogote)

El artículo 2 del manual «Cómo quemar a un juvenil en pocos pasos y no morir en el intento» lo dice bien clarito: «Mandarlo a la cancha en un clásico en un puesto que no es el suyo». Claro que a veces la necesidad tiene cara de hereje (?) y no queda otra opción.

El 29 de octubre de 2006, Rosario Central recibía a su eterno rival, Newell’s Old Boys, en el Gigante de Arroyito por la fecha 13 del torneo Apertura. La Lepra, dirigida por Nery Pumpido -que por ese entonces comenzaba esa racha nefasta en el fútbol argentino que se prolonga hasta hoy- y necesitada de puntos, improvisó un mediocampo armado con el paraguayo Diego Gavilán, Hernán Bernardello, Adrián Peralta y Germán Rivera, un defensor central, ocasionalmente lateral izquierdo, que esa tarde tuvo que actuar como volante porque simplemente no tuvo otra.

El experimento, como era de esperarse, no salió muy bien. Después de un inicio parejo, Central se adueñó de la mitad de la cancha y despacito, despacito les rompimos el culito inclinó las acciones al arco que defendía el paraguayo Justo Villar. Los cuatro fantásticos no pararon a nadie y Newell’s se fue al descanso tres grados bajo cero 3 a 0 abajo con tantos de Eduardo Coudet, la Cobra Wanchope y Marco Ruben.

Como si eso no fuese semejante humillación, en medio de ese desconcierto generalizado que era el vestuario leproso, el que pagó los platos rotos fue el pobre Cogote, que se había equivocado feo en el gol de Marco Ruben, que dejó su lugar para que entrara Sebastián Arrieta. Ojo, peor fue lo que le hizo Pumpido a Bernardello, que salió a los ¡tres minutos! de la segunda etapa para que ingresara Hugo Colace… que encima se fue echado media hora después. Así y todo, la Lepra, que terminó con nueve jugadores por la expulsión de Tacuara Cardozo (también rajaron a Adrián Lucero, que estaba en el banco de suplentes) mejoró su rendimiento, pero el clásico terminó 4-1 a favor del Canalla. Ah, como siempre, hubo tángana en la tribuna.

Esa tarde olvidable marcó un punto de inflexión para el pibe nacido en Villa María (Córdoba) en 1985, que había debutado en Primera poco más de un año atrás, el 26 de agosto de 2005, ante Gimnasia en Jujuy. En el medio alternó algunas buenas actuaciones con malas y otras peores. En total, hasta su despedida a mediados de 2007, con la camiseta rojinegra disputó 17 partidos (2 por Copa Libertadores) y convirtió un solo tanto, ante Arsenal de Sarandí, en un encuentro que terminó 2 a 2. Ese gol sirvió para rescatar un punto, pero fue más que nada un desahogo para Rivera, que unos días antes había sufrido el fallecimiento de su madre.

Sin espacio en Newell’s, pasó a préstamo a Talleres de Córdoba (2007) para disputar la B Nacional. Esa temporada, el conjunto de La Docta salvó el pellejo con lo justo en la Promoción ante Racing de Córdoba. Un año más tarde, ya sin Rivera, La T se iría al Argentino A sin escalas.

De nuevo en la Lepra, estuvo seis meses colgado. En 2009 juntó sus bártulos y, perdido por perdido, partió al FC Cisnadie de la tercera división de Rumania para su primera experiencia europea. Como si la C rumana no fuese un destino demasiado exótico, al año siguiente (tras quedar libre de Newell’s) se fue a Italia para seguir descendiendo escalones. De un saque, bajó cuatro. El Misano FC de la séptima categoría del Calcio le dio asilo durante el primer semestre de 2010 y en la segunda parte pasó al A.S.D. Città di Marino de la sexta división.

Guillermo Rivarola (curiosamente ambos eran representados por la misma empresa –Calcio 21-) lo devolvió al mágico mundo de la Primera en 2011 en Sporting Cristal de Perú. «Mi meta aquí es ser campeón con Cristal y jugar la Libertadores en 2012», tiró apenas llegó (entre otras tantas declaraciones candentes). De más está aclarar que los representantes peruanos en la Copa del año siguiente fueron Juan Aurich, Alianza Lima y Sport Huancayo. Ah, sí, tampoco salió campeón. Al menos, se dio el gusto de reencontrarse con viejos conocidos, como Germán Alemanno, Pablo Vitti y el paraguayo Walter Fretes.

En lo deportivo las cosas salieron más o menos, a veces mejor, a veces peor, pero fuera de la cancha la rompió. Cogote, ni lerdo ni perezoso, conquistó a Giannina Luján, la ganadora del concurso Miss Reef de Perú en 2011. Pulgar arriba.

Costó seguirle el rastro tras su salida del Cristal. En un tobogán sin precedentes, regresó al under italiano para vestir otra vez por unos meses la camiseta del A.S.D. Città di Marino (2012). Después de probar suerte sin éxito en el fútbol chipriota, a comienzos de 2013 volvió a Italia para sumarse al Porto Corallo de la liga Eccellenza, la sexta categoría del fútbol tano. Y su debut, hace pocos días, no podría haber sido mejor: se fue expulsado.

Nosotros, por las dudas ya somos fans de él en Facebook. Dale, si te gusta, Cogote.

Pedano Mauricio


Mauricio Pedano

El Clausura 2007 fue un torneo olvidable para un Banfield que se había malacostumbrado más a disputar competiciones internacionales que a tener que viajar a Misiones para jugar contra Crucero del Norte por la B Nacional. El Taladro terminó 15° y apenas sumó 19 puntos, producto de 5 triunfos, 4 empates y 10 derrotas. Entre medio de ese desempeño irregular, el técnico, Pablo Vitamina Sánchez, aprovechó para prender fuego foguear a algunos pibes de las divisiones inferiores que venían pidiendo pista hacía rato.

Uno de los perjudicados beneficiados de esa movida fue el mediocampista (ocasionalmente marcador central) de la categoría ’87 Mauricio Pedano, surgido de la cantera del Club Atlético y Biblioteca Bell cordobés. Si bien para los hinchas de Banfield era un perfecto desconocido, supo ser una figurita repetida en las convocatorias del sub 20 argentino dirigido por Francisco Ferraro (incluso fue como sparring al mundial de Alemania en 2006, donde conoció al putito de Lionel Messi).

El debut, digamos, le llegó en buena hora. El 29 de abril, por la fecha 12, en uno de sus escasos momentos lúcidos del campeonato, Banfield goleaba 3 a 0 a Newell’s con una actuación demencial de Darío Cvitanich, que había convertido los tres tantos. Cuando apenas quedaban 10 minutos, Vitamina mandó a la cancha a Pedano en lugar de Daniel Quinteros. Enseguida, Martín Andrizzi metió el 4 a 0 y era casi todo risas.

Unos días más tarde, en el Cilindro de Avelleneda frente a Racing, rapiñó un par de segundos más cuando reemplazó a Pantriste Andrizzi en tiempo de descuento, aunque no pudo revalidar su buena suerte (?) y el partido terminó 1 a 1.

Ante el ya descendido Quilmes, por la fecha 16 y en el Florencio Sola, Sánchez creyó que ya era el momento de mandarlo desde el arranque. Si bien el Taladro esbozó una levantada en los últimos minutos, cayó por 3 a 2 con la participación estelar de Pedano.

Así y todo, volvió a aparecer a la semana siguiente, esta vez ingresando desde el banco en lugar de Fabián Santana, ante Gimnasia de Jujuy. Ese día, Banfield ganó por 1 a 0 y el pibe se despidió de la máxima categoría del fútbol argentino. A Vitamina, pocos meses después, los hinchas de Central se encargarían de escupirlo. Justicia divina (?)

Sin más oportunidades en el Sur, Mauri (que no es Macri) armó las valijas y partió al Viejo Continente. El Matera del ascenso italiano había armado un equipo para revolucionar el under europeo y contrató, entre otros, al ex Racing Manuel Conde García y varios jugadores locales con pasado en categorías superiores. El proyecto arrancó bien, pero comenzó a desmoronarse pocas fechas más tarde y finalmente fue un fracaso: el Matera ni siquiera clasificó a los playoffs. Está más que claro que volaron todos.

Deportado (?), Pedano volvió a Sudamérica para jugar un semestre en la segunda división de Colombia con el Bucaramanga (2009), pero rápidamente regresó a Europa. Esta vez el destino lo llevó a Grecia, donde estuvo paseando, porque de fútbol casi ni hablar, varios meses enfundado en la casaca del Ionikos (2010).

De nuevo en la Argentina, emprendió la vuelta a su tierra natal. Leones le abrió las puertas a comienzos de 2011 para disputar la liga bellvillense. Más tarde ese mismo año lo contrató Huracán de Tres Arroyos, ya en el Argentino A, pero duró muy poco. Llegó lesionado y se fue mal, peleado con el gerenciador, el presidente y el DT por defender a sus compañeros marginados. Al final, quedó libre por falta de pago.

Después de probarse sin éxito en el Sportivo Carapeguá de Paraguay, en marzo de 2012, de un día para el otro, se sumó a Los Andes, de la Primera B Metropolitana, dirigido por Alfredo Cascini. Parecía el resurgir de su carrera, pero la ilusión se desvaneció rápido y luego de un puñado de actuaciones pobres quedó libre en julio.

A mediados de año estuvo a prueba en Estudiantes de Río Cuarto. Esa fue la última vez que tuvimos noticias suyas. Para no extrañarlo, cada tanto nos pegamos una vuelta por su canal de YouTube -atención al sonido ambiente-. Porque sí, en el fondo, bien en el fondo, somos unos tiernos.