Biagioni Cristian

Cristian Ariel Biagioni

El camino de todo futbolista profesional comienza en una aspiración, un anhelo, un deseo. El de mirar para el cielo y llegar lo más lejos posible. Así es como empieza a subir las escaleras, peldaño a peldaño, siempre sujetándose firmemente, sabiendo que cualquier resbalón lo puede mandar de vuelta abajo, al inicio de todo. Y un día, el sacrificio invertido da sus frutos. Es cuando el joven en cuestión mira a todos desde arriba, con el orgullo del deber cumplido. Muchos se quedan un largo tiempo en lo más alto. Otros, sin embargo, quieren sostenerse y sólo encuentran una pendiente, una caída que los manda otra vez abajo y los aleja del sitio en el que se encontraban sus sueños.

Ese es el caso de Cristian Biagioni, surgido de las inferiores de Unión. Debutó en el equipo santafesino el 27 de septiembre de 1998, en un empate frente a Vélez. Durante ese Torneo Apertura se hizo un lugarcito en una defensa que contaba con nombres como los de Roberto Trotta, Ariel Donnet, Fernando Moner, Felix Pereyra y Oscar Vera, entre otros. Como segundo marcador central jugó 8 partidos en ese campeonato. Y sin saberlo, serían también los últimos en la máxima categoría. En el Clausura ‘99 siguió en el Tatengue, pero no ingresó ni un minuto, y entonces decidió irse. Había llegado el momento de soltarse y dejarse llevar por lo que venía. De ahí en adelante, la gravedad haría su trabajo.

La temporada 1999/2000 lo encontró en Entre Ríos, vistiendo los colores de Gimnasia y Esgrima de Concepción del Uruguay, que disputaba el Nacional B. No pudo completar la campaña en el Lobo, ya que en 2000 sufrió una lesión en los ligamentos que le impidió jugar el resto del año y, para colmo, tuvo un accidente con el auto aunque sin consecuencias graves.

Reapareció en Juventud Antoniana en 2002. En el equipo salteño estuvo casi dos años, repartiendo algunas buenas, varias malas y un susto como el traumatismo de cráneo con principios de amnesia que sufrió en 2004. A esta altura, el camino en declive era irremediable: volvió a Gimnasia de Concepción del Uruguay para jugar en el Argentino A, y en 2005 pasó a Sportivo Belgrano de San Francisco, una categoría mas abajo. ¿Se podía bajar más? Sí, un año después apareció en La Perla del Oeste, club ubicado en al localidad santafesina de Recreo Sur, para jugar el Torneo del Interior. Se desconoce su paradero actual, pero después de semejante tobogán, lo más probable es que esté enterrado en el arenero.

Barinaga Cristian

Cristian Andrés Omar Barinaga

Se adelantó a los hechos. Conciente de que todo jugador de Estudiantes LP que no llega a Primera termina quemándose fogueándose en Quilmes, el pibe nacido en La Plata el 30 de abril de 1985 hizo ese camino antes de debutar entre los grandes. Con edad de quinta división, armó el bolso, abandonó la ciudad de las diagonales y se fue al sur del Gran Buenos Aires para vestir la camiseta del Cervecero.

Mediocampista de profesión, fue escalando categorías hasta cumplir el objetivo. El 9 de abril de 2005 fue de la partida ante Instituto de Córdoba. Esa tarde, Quilmes perdió 2 a 1. Hasta su despedida, por una lesión que lo obligó a abandonar el fútbol a fines de Clausura 2006, Barinaga vistió la blanquita en 5 ocasiones, sin goles ni actuaciones memorables. Bueno, quizás algún hincha de Quilmes lo recuerde por aquel gol que se perdió en la última jugada del encuentro ante Rosario Central, en el Clausura 2006.

Ya retirado de la actividad, en diciembre de 2006, pasó seis días detenido por un supuesto robo. «Volví de trabajar y me junté con dos amigos en un pool al que vamos siempre. Después fuimos a un quiosco y ahí pasó un chico con la camiseta de River. Como mi amigo es de Boca le dijo algo, el otro le contestó y se agarraron. Durante la pelea, mi amigo le sacó la camiseta, los tres nos fuimos caminando y a la vuelta nos levantó el patrullero», comentó una vez que lo liberaron.

En 2007 volvió al fútbol, pero bien lejos de casa. En Tailandia defendió los colores del Chamburi, pero no se acostumbró y regresó pronto. ¿Para robarla en la B Metropolitana? No. Más abajo. A mediados de año pegó un mal pase a Central Norte de Salta. Luego, en el under bien profundo, intentó sumarse a Argentino de Quilmes (2008), de la Primera D. Nunca llegó a debutar porque si bien no aceptó el primer contrato que le había ofrecido Quilmes, firmó uno, que rescindió el mismo día, antes de irse a Tailandia, lo que lo dejó imposibilitado para actuar en la última categoría.

Poco tiempo después se sumó a Guaraní Antonio Franco de Misiones (2008), del Torneo Argentino B. Un puñado de buenas actuaciones y fundamentalmente la cercanía lo llevaron al 2 de Mayo de Paraguay (2009). Allí le tocó ser protagonista del accidente de micro que causó la muerte del argentino Mariano Giménez. Barinaga fue operado de una fractura de clavícula y permaneció varios días internado. Una vez recuperado, disputó 11 encuentros y marcó 3 goles.

Algunos partidos en buen nivel lo depositaron en la mira de los grandes del fútbol guaraní, como Olimpia y Cerro Porteño, pero las vueltas de la vida lo llevaron nuevamente en la Primera del fútbol nacional en el segundo semestre de 2009. Sobre el final del libro de pases, se sumó a Colón de Santa Fe y al toque manifestó su ganas de jugar de lo-que-dé. «Mi puesto original es el de volante por derecha, pero también puedo jugar por izquierda y como mediapunta. No soy delantero neto, pero me gusta mucho ser mediapunta. No soy mucho de marcar, soy más ofensivo. Me gusta atacar mucho y llegar al área adversaria», dijo.

Cuatro partidos con la casaca del Sabalero fueron suficientes para mandarlo a la B Nacional. Defensa y Justicia, que ya le había echado el ojo algún tiempo atrás, se hizo con sus servicios durante la primera etapa de 2010, pero no pudo hacer pie y terminó el año jugando en Unión de Sunchales, en el Argentino A.

Reflotó a comienzos de 2011, cuando se sumó a Aldosivi de Mar del Plata, pero en marzo se borró. Después de tres partidos (CAI, Ferro -un gol, el quinto de un 5 a 1- y Chacarita), desapareció de la ciudad sin avisarle ni a su representante. Días después, vía SMS, adujo problemas personales y en su muro de Facebook posteó que, nuevamente, colgaba los botines.

Eso sí, algunos meses más tarde recapacitó y retornó a Guaraní Antonio Franco (2011), del Argentino B, donde continúa por estos días, escribiendo sus páginas en el libro de la baldoseridad eterna.

Gavazzi Diego

Diego Martín Gavazzi

Allá por principios de los 90’s la revista El Gráfico se empeñaba en arruinarles la carrera hacer conocer a los que, a criterio de sus periodistas, serían las estrellas de nuestro fútbol en los siguientes años. Bajo el título “Los Cracks del 2000” fueron presentados quienes posteriormente serían figuras, jugadores del montón, baldoseros e ilustres desconocidos. Por ejemplo, junto al homenajeado del día sonreían Ariel Ortega, Matías Almeyda y Claudio Rojas con la camiseta de River Plate. También Boca tenía sus nombres: Silvio Rivero, Arruabarrena y Sánchez Landauri. En Independiente había pibes que prometían, como Matute Morales y Jorge Mercado. Ojo que Racing no era menos (?) con la presencia de Gastón Pezzuti. San Lorenzo aún no tenía cancha pero contaba con Mirko Saric, Bruno Calabria y Diego Figueroa. Obviamente no podía faltar el semillero del mundo (?), aunque esta vez decepcionó presentando a Nicolás Diez y Sebastián Pena. Entre otros, también fueron mufados aportaron lo suyo Unión, de la mano de Mauricio Oggioni; Lanús con Mariano Ciglic y Juan José Serrizuela; y Ferro, que no se quiso quedar afuera para mostrar a Carlos Chaile.

Después de semejantes nombres ya nos hemos olvidado de Gavazzi. Y lo bien que hacemos (?). Es que el único recuerdo que se tiene del mencionado no es del todo grato: aún jugando en las inferiores de River, fue protagonista de una pelea escandalosa contra el Sub 20 de Colombia. Sucedió en 1993, en un torneo de carácter amistoso, que terminó mal. Dicen que la tangana fue tan grande que involucró a todos los futbolistas y al árbitro. Para peor, la policía no anduvo con vueltas y nuestro crack fue detenido junto a otros compañeros como Matías Biscay, Hernán Racitti, José Latorre, Ricardo Castellani, Cesar Sinelli y Hernán Buján.

Una vez alcanzada la fama (?) no tuvo necesidad de debutar en la primera de River. Dicen que anduvo por Lamadrid y luego partió a España, para jugar en el Linares. Por más esfuerzo que puso, nunca pudo remontar una carrera que estuvo condenada desde el vamos.

Magallanes Julián

Julián David Magallanes

Casildense como Emanuel Tito Villa, debutó en Primera División, ante Racing, integrando el mediocampo del paupérrimo Tiro Federal que promediando el Clausura 2006 ya tenía el descenso asegurado. Su destino quedó marcado el día de su estreno (y despedida), ya que su equipo sufrió un gol de Chiche Arano (!). Algunos de sus compañeros ese día fueron Miguel Abrigo, Alejo Gelatini y Ariel Carreño.

En la siguiente temporada pasó a Gimnasia y Tiro de Salta en el Argentino B, donde jugó 11 partidos y convirtió su primer tanto.

En 2007 armó el botinero y se fue a jugar al ascenso tano, más precisamente al Sangiuseppe, en medio de los Apeninos. En su primer año en una liga semi amateur salió campeón y ascendió a la Lega Pro Seconda Divisione. Un buen desempeño (más un representante hábil editando videos) hizo que lograra saltar al Vicenza, de la Serie B. Tras 9 partidos, a mitad de temporada lo fletaron y recaló en el Taranto, que militaba en la Lega Pro Prima Divisione, un escalón por encima del Sangiuseppe.

En 2010 el Vicenza se lo prestó al Cittadella de Pádova, conjunto de la Serie B. Jugó bastante y bien, por lo que el equipo patavino lo compró y está a la expectativa de mantener la categoría.

La nota de color la da su web oficial, que, alla Súper Fútbol de los años 80’s, hace un análisis pormenorizado de sus cualidades tácticas y técnicas:

Al pecho le pone un 45% (el capitán frío JRR tiene -18000, por ejemplo) y dice: «Clásico volante de contención con más quite y recuperación que llegada ofensiva, con discreto juego aéreo en las dos fases». En la zona huevérea (!) le asigna un 95% (contra los 5 millones de Almeyda, sin contar el humo que tapa otros millones ocultos) y destaca sus «óptimas características físicas que le permiten mantener un intenso despliegue aeróbico durante los 90 minutos».

Las rodillas (?) tienen un 50% y dice «buen orden táctico y visualización del juego». En los pies pone un 60% al diestro y reza: «importantes habilidades ofensivas: dribling y disparo de larga distancia», mientras que la siniestra tiene un 75% y promete «potencia en contrastes físicos, rapidez en las distancias cortas, agresividad en la recuperación y gran recuperación del balón».

No sabemos si al fóbal juega bien, pero en el FIFA la rompe.

Torres Pablo

Pablo Gabriel Torres

Muchos baldoseros no merecen, por meras condiciones futbolísticas, ocupar este no tan grato espacio, aunque por sus propias aspiraciones de fama, muchas veces sostenidas por el entorno familiar, terminan condenándose solitos. El asunto es que Pablito Torres tiene una web oficial y un artículo en Wikipedia con datos que alientan un temprano homenaje.

Comencemos por su historia.

«Empiezo a jugar al fútbol a los 12 ó 13 años, me ven ahí en el club del barrio y me dicen que si quiero ir a jugar a Arsenal, un club de primera división, juego un año ahí, me ve jugar gente de Boca y me voy con ellos, ahí estuve un año jugando en una liga paralela porque no podía jugar el campeonato de la AFA ya que Arsenal no dio mi pase a Boca, y en eso salió la opción de Independiente, ellos me ofrecieron conseguirme el pase. Estuve en Independiente nueve años, debuté con ellos en primera a los 19 años». Verdadero pesetero, de niño nomás.

Primera necesidad de fama:

«Debuta a los 15 años en la reserva de C.A. Independiente (vs Lanús 2000)»

«Categoria 1984, mayor cantidad de campeonatos ganados «4 en 6 años» en la historia del C.A.I.»

Con 19 años ya era una promesa del Rojo. Por eso el 13 de diciembre de 2003 Chiche Sosa lo mandó a la cancha en reemplazo de Emanuel Rivas para compartir ataque con el amigo de la casa, Maxi Ayala. En esa última fecha del Apertura 2003 el cuadro de Avellanda le ganó 1 a 0 al Chicago de Patricio Hernández. Ambos técnicos vieron el debut de Torres y la emoción les produjo las ganas de hacer un renunciamiento histórico (!).

En los siguientes tres años Torres alternó malas con malas y salió a la cancha sólo 4 veces más, no hizo goles y armó el botinero para mandarse a mudar. En el interín practicó muchas veces con las selecciones juveniles de Tocalli y Pekerman.

El Cruz Azul mexicano fue su destino. Allí le fue bien, según cuenta su web oficial, habiendo disputado algunos pocos minutos en el equipo de Primera y algunos más en el ascenso. En la B mexicana jugó 90 partidos e hizo 30 goles. Dicen.

Tras cartón, volvió al país (?) para jugar en Racing de Montevideo, una cuasi copia de su homónimo vernáculo. Según editó la mamá (!) en Wikipedia, fue elegido como «mejor volante en Uruguay (liguilla libertadores 2009)» y logró la «clasificación histórica».

Las vueltas de la vida lo llevaron de nuevo a tierras aztecas, donde en la temporada 2010/11 vistió las casacas de Potros Neza y los Venados de Mérida, clubes donde se destacó tan poco que la mamá no editó Wikipedia. Actualmente está defendiendo a los Dorados de Sinaloa bastante bien, de hecho los blogs partidarios lo califican, dentro de una murga de rengos, como «uno de los pocos que se salva«.

Para el final queremos compartir una de sus primeras declaraciones, en febrero de 2000, cuando entrenaba para el Sudamericano sub 17 que se disputó en Perú. Allí, un periodista del Gran Diario Deportivo (!) le preguntó por las indicaciones de Tojo, y nuestro homenajeado mostró sus primeros miedos baldoseriles: «hay que aprovechar el momento porque, cuando te caiste, el que está atrás te come«. Vale aclarar que Pablito nunca jugó con el Ogro Fabbiani o Leonel Núñez.

Sánchez Sergio

Sergio Alfredo Sánchez

El oriundo de Mar del Plata llegó a la primera de Boca Juniors luego de hacer el típico camino de inferiores. Debutó en el Metropolitano de 1981, más precisamente en la victoria 2 a 0 ante Unión. En ese partido jugado en la Bombonera nuestro homenajeado ingresó por el Pichi Escudero faltando unos veinte minutos.

Puntero derecho veloz pero con casi nulas chances de mostrarse, tuvo una lesión que le hizo 1982 cuesta arriba. Ese año apenas disputó 2 partidos por el Nacional (1 gol a Huracán), 2 por la Libertadores y 7 por el Metropolitano (1 gol a Sarmiento de Junín).

Su depedida fue en el nefasto 1984 con un 1 a 1 con Platense en la cancha de River. Por lo menos contrarrestó un poco la tristeza de su último partido en Boca con otro tanto. El tercero y último convertido en sus apenas 13 encuentros oficiales.

Eternamente relegado por rutilantes incorporaciones, armó las valijas y según cuentan pasó por Quilmes, San Miguel y llegó a jugar hasta en Portugal.

Publicado originalmente en Imborrable Boca.

Martinuzzi Fernando

Fernando Martinuzzi

El puesto de arquero suplente es uno de los más sacrificados del fútbol. Comer banco durante fechas y fechas para entrar y tener que responder más que bien o esperar la lesión del titular para poder jugar es la regla número uno de los adoradores del Flaco Saccone o Bernardo Leyenda. Algo así le pasó a Fernando Martinuzzi, un arquero nacido en Avellaneda el 6 de noviembre de 1980.

En la última fecha del Clausura 2002, sin importar el resultado que consiguiera, Lanús ya estaba condenado a jugar la Promoción para mantener la categoría. Por ello, ante Argentinos Juniors, el Profe Córdoba mandó a la cancha a un mix de juveniles y suplentes.

En un partido muy baldosero (por el Bicho jugaron los hermanos Belforti, Pablo Aurrecochea, Raúl Zalazar, Matías Mantilla y el Abuelo Fernando Zagharian, entre otros) Martinuzzi tuvo su debut en el arco granate acompañando a Diego López, Walter Ribonetto, Santiago Hoyos, Gabriel Ramón, Cristian Álvarez, Emiliano Giannunzio, Sebastián Salomón, Juan Carlos Mariño, Carlos Coria y Cristian «Ahumada tenía razón» Fabbiani. Luego ingresaron Ezequiel Carboni, Gonzalo Belloso y Mauricio Romero. Aquel día, para la estadística, ganó Lanús por 2 a 0 y el bueno de Fernandito se fue contento.

Luego de una temporada 2002/2003 sin actividad, apenas 9 partidos en el banco, porque el habitual suplente era Gastón Pezzuti y el titular era el uruguayo Sebastián Flores, Martinuzzi volvería al ruedo en el Apertura 2003.

Con la salida del ex Racing, se le allanó el camino y salió a la cancha en 18 encuentros, 15 como suplente (no ingresó) y 3 como titular, en los que atajó los noventa minutos, dejando en la banca a Rolando Romano. Quizás su mayor proeza a nivel local haya sido ser de la partida ante River en un encuentro que Lanús venció por 2 a 0.

En el Clausura 2004, su último torneo en el Grana, sólo disputó 19 minutos y recibió un gol, pero fue en el triunfo 4 a 2 ante Newell’s en la decimoquinta jornada. A mediados de 2004 fue cedido al Unión Magdalena colombiano y a la vuelta quedó libre.

Al parecer no encontró club profesional y se fue a a jugar con los amigos. Fue así que representando a Regatas de Avellaneda participó de los torneos de la Asociación de Fútbol Amateur AIFA.

A mediados de 2006 viajó a Perú para incorporarse al Sport Boys, que por aquel entonces naufragaba en el fondo de la tabla. En su entrevista de presentación ante la pregunta ¿Qué estadio o coliseo lo incendiarías como hizo el emperador Nerón con Roma? no reparó en contestar «La cancha de Estudiantes de La Plata. Además es fácil de quemar porque sus tribunas son tablones. Ese estadio no debe existir más. Es un equipo que logró cosas con el antifútbol, nunca de buena forma. Lo desaparecería.» y hasta defendió a Chilavert «Yo era alcanza pelotas de Lanús y llegó Vélez a jugar a nuestro campo. Ese día, cuando terminó el encuentro, me acerqué y le dije: ‘soy arquero de menores, ¿me regalas tus guantes?’. ‘Claro que sí’, me respondió y me los dio. Luego me invitó a su camarín y me regaló sus medias. El ogro que todos creen no era tal, sino un ser humano extraordinario..

En una épica (?) final ante el José Galvez, Martinuzzi se calzó el traje de héroe y contuvo 2 penales, que significaron la permanencia del conjunto rosado en la Primera División. A comienzos de 2007, luego de descartar ofertas del Cienciano de Cuzco y Universitario de Lima, pasó al Deportivo Municipal, donde fue partícipe de varias polémicas. En febrero, fue suspendido dos partidos por agredir al árbitro Braulio Cornejo. En abril, al hacer público que hacía dos meses y medio que no cobraba su sueldo, los dirigentes del Municipal quisieron multarlo, hecho que fue repudiado por sus compañeros de equipo. Pese a los problemas, allí también tuvo grandes actuaciones, que lo pusieron en la lista de posibles refuerzos de Racing Club de Avellaneda, equipo del que es hincha y del que tiene un tatuaje en su espalda.

En 2008 pasó al Juan Aurich, donde se trompeó con el baldosero Mario «Machito» Gómez Urbina. Su buen rendimiento en Perú hizo que tramitara la nacionalidad, aunque nunca fue convocado para esa selección.

En 2010, cansado de pelarse el lomo en la tierra de la Inca Kola y el ceviche, armó las valijas y salió a conquistar Europa. En el Latina Calcio, de la cuarta división de Italia, obtuvo el campeonato en su primera temporada y se convirtió en el arquero con menos goles recibidos de todas las categorías de ese país. A mediados de 2011 decidió no renovar su contrato, pero pocos días después cambió su opinión y continúa atajando allí con buenas actuaciones.

Pallaro Federico

Federico Walter Pallaro

Hay futbolistas que avisan cuando están por ingresar en el Triángulo de las Bermudas. Bajan su nivel paulatinamente, se lesionan con asiduidad, juegan salteado, pasan de ser titulares a entrar en los segundos tiempos, de entrar en los segundos tiempos a no entrar, de no entrar a jugar en Reserva, de Reserva a un club más chico que le promete continuidad, después a otro más chico pero que queda en el culo del Mundo. Y así. Hasta que un día, por lógica, no aparecen más.

Hay otros, sin embargo, que no tienen consideración con el fiel futbolero que le quiere seguir la carrera a todos. Surgen en Primera División, juegan un par de partidos y cuando llegan los primeros síntomas del «¿Qué será de la vida de aquel pibe?» ya no hay datos fácilmente chequeables sobre su paradero. Se van así, en seco. Sin avisar. Este es el caso de Federico Pallaro.

Debutó con la camiseta de Rosario Central (2005/06) en la previa del recordado duelo ante Newell’s por la Copa Sudamericana. Para preservar a los titulares, el técnico Ariel Cuffaro Russo utilizó ante Lanús, por el torneo local, una formación de juveniles, entre los que se destacaban Juan Grabowski, Andrés Imp*riale, Lucas Moya y Marco Ruben, entre otros. Ese día Pallaro ingresó por Diego Villagra en el complemento de un match que ya estaba definido: ganó el Canalla 4 a 0.

En el Clausura 2006 el volante volvió a tener chances de sumar minutos, frente a Racing y Tiro Federal. Y justo cuando su apellido se estaba haciendo familiar…¡Chau! Se esfumó.

Después de mucho tiempo de no encontrar ni medio dato, nos enteramos que volvió a su pueblo, Arteaga, donde jugó para el club homónimo y luego para Alianza. El año pasado, con la camiseta roja de Independiente de Chañar Ladeado, se consagró campeón de la Liga Interprovincial.

¿Qué hace además de jugar al fútbol? Participa de las competencias de trote en el hipódromo. Y sí, al final era lo que intuíamos: desapareció por lo’ burro’.