Pérez Claudio

 

Claudio Néstor Pérez (Cali)

El billar es un deporte que se practica impulsando con un taco un número variable de bolas sobre una mesa forrada de paño que puede tener o no troneras y que está rodeada de bandas de material elástico. Existen una interesante cantidad de variantes, tales como el billar inglés, el billar americano o pool (llamado también de troneras o buchacas), el billar español, uno que es una mezcla entre billar y pinball llamado bumper pool, el billar italiano, el billar belga y el billar francés o de carambolas. Ah, ya que hablamos de carambolas, estamos en condiciones de afirmar que Claudio Pérez jugó en la máxima categoría del fútbol argentino. Poco, pero jugó.

Como hablamos de Primera División, no contamos sus inicios en el San Lorenzo de 1982, donde el Cali formó parte del plantel que terminó subiendo a la A dirigido por Yudica. De todas maneras, en aquellos días las noticias sobre nuestro homenajeado no eran tanto por cuestiones estrictamente futbolísticas como sí lo eran por temas accesorios como su afición por las pastas o sus escapadas junto al Chapulín Marasco, Héctor Raúl López y Abrahamian a “Los 36 Billares” de Av. de Mayo a despuntar el vicio. Ojo, escapadas totalmente blanqueadas y que hasta se comenta (?) terminaron siendo cábala y todo.

Ya en 1983, como buen delantero que era, le habrá sacado lustre a sus botines imaginando tardes de gloria. Pero en ese San Lorenzo, que si algo derrochaba era poder ofensivo, apenas pudo corretear unos minutos aislados y quedar como último orejón del tarro detrás de los Insúa, Rinaldi, el Tronco Husillos, el Toti Iglesias, Rubens Navarro y Eber Bueno. Tras la experiencia hecha realidad en apenas 3 partidos pero con 1 gol convertido, resignó fama a cambio de rodaje y aceptó de buena manera el préstamo a El Linqueño para curtirse de lo lindo en el Regional. Pero contra todos los pronósticos, 1984 le tenía reservado una vuelta al fútbol grande. No seguramente la soñada, pero vuelta al fin. Con la camiseta de Kimberley jugó 5 partidos sobre 6 en una primera fase de terror para el conjunto marplatense durante ese campeonato Nacional. Derrotas sin anestesia como los 5 a 1 con Independiente; el 7 a 0 y el 3 a 0 contra Chacarita decretaron una pronta y bastante penosa eliminación. Y por qué no pensar que hasta lo hayan convencido de que un taco era simplemente un palo de madera.

Sánchez Astrolog Antonio

Antonio Sánchez Astrolog

Dar una vuelta olímpica con Gimnasia y Esgrima La Plata es un lujo que no se puedan dar muchos. Y aunque no haya sido el festejo de un campeón propiamente dicho (ese logro le correspondió al Deportivo Español), el regreso a Primera División del Tripero en 1984 ameritaba la celebración. Nuestro héroe tuvo en aquella campaña un rol secundario, algo comprensible teniendo en cuenta que el pibe nacido en Brandsen recién estaba dando sus primeros pasos en el fútbol grande.

Su debut se produjo el 27 de mayo, cuando el Lobo visitó a Colón. Esa tarde, Nito Veiga lo mandó a la cancha en reemplazo del Bocha Flores y convirtió lo que sería su único gol con la camiseta blanquiazul. No fue un día redondo, ya que Gimnasia cayó 3-2. En la campaña del ascenso dijo presente en cuatro oportunidades (solo una como titular) y dejó una buena impresión entre los hinchas, que lo veían como un buen recambio de cara a lo que se vendría. Sin embargo, no tuvo mucha participación hasta que se fue del club en 1987: en Primera A jugó 13 partidos, sin marcar goles a pesar de su condición de delantero. Para ser coherente, su paso por el Lobo se cerró en Santa Fe con una derrota ante Unión.

Sin chances en La Plata, quedó libre y tuvo la posibilidad de pasar por el fútbol español. Se entrenó con el Zaragoza y estuvo en la mira del Castellón, pero no hubo acuerdo y volvió a Argentina, a empezar de cero. Sin saberlo, el destino le estaba dando la oportunidad de empezar una nueva vida. Porque, si bien llegó a Atlético Rafaela para jugar el Torneo del Interior, hubo una conexión con la ciudad que fue más allá de lo futbolístico. En lo que estrictamente tiene que ver con lo deportivo, vale recordar que Sánchez Astrolog formó parte del plantel que ascendió al Nacional B en 1989 y también estuvo en el equipo que jugó ese torneo en la temporada siguiente. Aunque en ambas campañas solía ser una pieza de relevo, dejó un buen recuerdo en la Crema.

Con poco lugar para jugar, probó suerte en Defensores de Cambaceres, durante 1991/92. Allí se dio el gusto de compartir el ataque con José Luis Calderón, al que años más tarde lo recordaría como el jugador con el que mejor se entendió adentro de una cancha. Y, según sus palabras, lo recomendó a los dirigentes rafaelinos, que no le dieron bola. Resultado: a los seis meses se lo había llevado Estudiantes. Y nuestro homenajeado también se fue del equipo de Ensenada.

Su lugar en el mundo estaba en Rafaela. Allí volvió, y se quedó para siempre. Hoy, alejado del fútbol profesional, es veterinario asesor en manejo ganadero y juega en el equipo de la compañía para la que trabaja, Rosetti Agropecuaria. Aquí fue campeón de un certamen interempresarial, el 3º Torneo Amistad Rafaela 2010. Algo mucho menos meritorio que dar una vuelta olímpica con la camiseta de Gimnasia.

Roura Sergio

Sergio Guillermo Roura

Con un par de nombres bastante pezuttis por delante como los de Jorge Comas, Carlos Bianchi, el Beto Alonso, Fernando Husef Alí, Nannini, Víctor Alejandro Lucero, Ischia y por qué no un Larraquy que cada tanto tiraba el ancla en los mediocampos del Toto Lorenzo, se hace difícil entender como nuestro homenajeado se las ingenió para asomar la cabeza en Primera. Pero lo hizo. Cosas de un Vélez allá a comienzos de la década del ochenta. Un momento de la historia en que sus hinchas ocupaban sin complejos la tribuna más chica del Amalfitani, su clásico era con Ferro, la palabra “flogger” “pandilla” no pertenecía a su universo y la vieja de Vélez debía ser una apetecible mujer.

La cosa es que Roura, volante de características ofensivas, tuvo su historia defendiendo la camiseta del Fortín. Fugaz, pero historia al fin. Nacido en Tranque Lauquen el 21 de abril de 1962, llegó a Vélez en el año 1980. Formó parte de la quinta división y rápidamente pasó a la cuarta. Pero toda su ilusión tuvo una frenada brusca. Sacó número alto en el sorteo de la colimba y estuvo año y medio haciendo el servicio militar. Volvió tras el parate obligado y en junio de 1982 subió a la reserva. Al toque firmó su primer contrato profesional y casi sin darse cuenta, se vio codo a codo en un plantel lleno de figuras comandado por Juan Carlos Lorenzo. Tuvo su debut en primera división y ratos aislados hasta llegar a su jornada soñada: el 30 de abril de 1983.

Por la cuarta fecha de la segunda etapa del campeonato Nacional, Vélez tenía una parada chiva: la visita en La Plata a un Estudiantes afiladísimo. No así los de Villa Luro que tres días antes habían perdido 3 a 1 con Temperley en cancha de Banfield, sufriendo las expulsiones de Vanemerak y el Turco Alí. La cosa es que en el medio de un trámite de palo y palo, a los 27 del segundo tiempo Roura marcó el único gol del partido con un toque suave de zurda que derribó un largo invicto Pincha como local, ya que última derrota databa de noviembre de 1982 ante Boca.

La emoción de Roura, tras el partido, rebotó en los vestuarios de 1 y 57: “…salí con la misión de ayudar a Larraquy, tomando a Sabella en mitad de cancha. Pero sin olvidarme de llegar. A los 10 casi se me da. El Beto me la bajó como los dioses dejándome solo por la izquierda. La pedí y le di de zurda pero el travesaño dijo que no. Islas no tenía nada que hacer. En el gol, Alonso sacó el pase increíble para Bujedo. Yo pisaba el área grande, aceleré y llegué justo para tocar de zurda en el segundo palo, solo, porque Lucero abrió el camino, llevándose a los centrales al primer palo. Es mi octavo partido en primera y hacer este gol fue la emoción más grande, algo realmente inolvidable…”.

Tras los flashes que lo llevaron a la fama, tuvo algunas apariciones más, pero está claro que ya nada fue igual. Completó los 19 partidos oficiales en Vélez, con dos goles convertidos y todo indica que no le quedó más remedio que ir a lo seguro y hacer pie en el under. De ahí se explican tal vez sus posteriores y mucho menos mediáticas apariciones con las camisetas de Sarmiento de Junín y Argentino de Pehuajó.

Gazzaniga Daniel

Daniel Omar Gazzaniga

Arquero de prometedoras condiciones que no pudo afianzarse en el fútbol grande y deambuló por el ascenso, el interior y algunos países de Sudamérica. Circunstancias más que favorables para formar parte de este sitio. Y ni hablar si ya acumulaba títulos antes de debutar en Primera División: fue el arquero titular en el “Esperanzas ‘84”, un torneo de juveniles similar al “Proyección ‘86”, en el que se consagró campeón defendiendo el arco de River. Aquel equipo tenía figuras como Troglio, Caniggia o Gorosito, pero también apellidos como Karabin, Nicosia, Spotorno y Nigro. Más adelante se iba a dar el lujo de estar en el plantel que ganaría todo con el Bambino Veira. Estuvo 5 partidos en el banco en la temporada 1985/86 y no alcanzó a debutar oficialmente, ya que adelante suyo estaban Pumpido, Goycochea y José Miguel.

A mediados de ese año se fue para nunca más regresar del Millonario, y comenzó su periplo por las canchas de ascenso. Arrancó con el Nacional B: Deportivo Maipú fue su destino. Allí supo ser suplente de un histórico de ese club, como Orlando Murcia. Aunque también pudo jugar bastante en tres etapas diferentes con el cuadro mendocino.

En el medio de sus idas y vueltas a Maipú, tuvo la oportunidad de formar parte de un equipo de Primera División. Fue con la camiseta de Instituto, en la temporada 1989/90. La experiencia no fue nada buena: la mayor parte del año fue suplente de Víctor Civarelli, sólo atajó en 9 partidos (le convirtieron 22 goles, lo que marca un promedio de 2,4 tantos en contra por partido), la Gloria terminó último y se fue al descenso.

En el Nacional B también jugó en Villa Dálmine (1990/91) y tuvo un breve paso por Colón en la temporada 1991/92. En 1993 se fue a Ecuador. ¿Para jugar la Copa América? No, para ponerse los guantes en Deportivo Cuenca. Dos años más tarde, vestiría los colores de 9 de Octubre de Guayaquil, con el que se fue al descenso. También dicen que en Perú pasó por Ciclista Lima, pero es difícil encontrar datos que lo certifiquen.

Lo cierto es que continuó atajando para General Paz Juniors en la temporada 1996/97 del Argentino A. No sabemos cuánto tiempo estuvo en Córdoba, porque recién en 2001 volvimos a tener noticias de Gazzaniga, cuando apareció en Salta, jugando para Central Norte en el Argentino B. Finalmente, en 2002 defendió los colorees de San José de Oruro, Bolivia. Y hasta aquí pudimos seguir su escurridiza trayectoria. Si nos perdimos algo, no importa. Con todo esto alcanza para pronunciar su sentencia: 100% baldosero.

Kato Yusuke

Yusuke Kato

Nadie sabe cómo ni por qué llegó el delantero japonés Yusuke Kato a la Argentina. Lo cierto es que el tipo apareció una tarde de 2004 en Ezeiza con su valija y sus 18 años a cuestas para ganarse la vida a miles de kilómetros de su Osaka natal. Un día agarró sus botines, caminó por Amancio Alcorta, compró paco en la Zavaleta y se probó en Huracán, gustó y quedó.

En La Quemita se fue formando e hizo el típico camino de las divisiones inferiores. Allí se mezcló con pibes que luego tendrían cierto rodaje en Primera y otros ya afianzados, como Gastón Monzón, Paolo Goltz, Ignacio Anívole, Germán Leonforte, Mauro Milano, Matías De Federico, Cristian Sánchez Prette, Joaquín Larrivey, Iván Nadal, Claudio Úbeda, Hernán Vigna, entre otros.

El ponja pulió, enceró y esperó su chance entre los grandes, que un día llegó. Ya había jugado un puñado de minutos cuando tuvo su noche de gloria. Un jueves de abril de 2007, Huracán y Talleres de Córdoba empataban en Parque Patricios. Las realidades eran bien opuestas: el Globo peleaba un lugar en la Promoción para volver a Primera y La T no ganaba desde noviembre de 2006. A los cinco minutos del segundo tiempo, Nicolás Medina había puesto en ventaja a los cordobeses. Dos minutos más tarde, Claudio Guerra había empatado para el Globo. A los 22, el nipón reemplazó al baldosero Walter Coyette y a los 35 convirtió el 2 a 1 definitivo. El Ducó explotó y Kato, que un mes antes le había planteado a la dirigencia que quería volver a Japón porque extrañaba su país, fue emperador por una noche.

En junio de 2007, con Kato en cancha, Huracán venció a Godoy Cruz y regresó a Primera. En el receso invernal partió a su país sin aviso, pero, sin embargo, a la vuelta firmó su primer contrato. Aquella temporada (2007/08) disputó apenas 2 partidos. Uno en el Apertura y otro en el Clausura 2008. Al menos le alcanzó para convertirse en el segundo futbolista japonés en jugar un partido en Argentina. El pionero, claro está, fue Naohiro Takahara.

Ya para mediados de 2008 estaba más que claro que no volvería a jugar con la camiseta del Globo. Le dijeron que quizás podría sentirse más como en casa cerca del Barrio Chino y lo mandaron a Defensores de Belgrano. En el Pasquale disputó un puñado de encuentros y no demostró grandes cosas. Terminado su préstamo, retornó a Huracán y desapareció.

Recién lo encontramos este año, ya en la tierra del sol naciente, poquitos días antes del violento tsunami que sufrió su pais, defendiendo los colores del MIO Biwako Kusatsu, de la tercera división. Esperamos que no le haya pasado nada.

Capobianco Horacio

Horacio Capobianco

La imagen escaneada de la revista El Gráfico nos traslada a las sierras cordobesas, allá por enero de 1993. La Academia, casi sin proponérselo, reunía en un fragmento de la foto grupal a 4 de sus máximos ídolos: el Piojo López, Gustavo Costas, Rubén Paz y…Horacio Capobianco (?). ¿Quién?

El pibe Capobianco jugaba de defensor en la Cuarta División de Racing y gracias al técnico Eduardo Solari pudo hacer la pretemporada con la Primera. Aquel plantel de Roa, Matosas, Vallejos, Ademir, Graciani, Akselman, Kohary, Allegue, Galeazzi, Zaccanti y Cabrol, entre otros, llegó a ilusionar tibiamente a los hinchas con la obtención de la Copa «Diario La Capital», puesta en juego en un triangular en Rosario junto a San Lorenzo y Central.

Vale aclarar que nuestro homenajeado fue apenas un extra en toda esa historia y que eso fue lo más cerca que estuvo de la consagración, pero al menos le serviría para ir adentrándose en el profesionalismo del fútbol, mundo donde se insertó años más tarde.

Tras quedar libre, se dedicó a su otra pasión: Huracán. Hincha ferviente del Globo, solía frecuentar la popular y hasta impulsó la creación de la bandera «Grande se nace«. Después, cuando el lugar junto al paravalanchas le quedó chico (?), se hizo cargo de la utilería del club y actualmente se desempeña en ese puesto. Así que ya saben, si ven por Parque Patricios a un pibe de rulos todo vestido de Kappa, grítenle «¡baldosero!» que seguro se da vuelta.

Bertola Carlos

Carlos Ariel Bertola (El Hacha)

Delantero o volante ofensivo que supo rellenar las formaciones de Talleres de Córdoba a mediados de los 90’s, cuando el albiazul se dedicaba a bajar y subir de categoría todo el tiempo. No como ahora que sólo sabe bajar (?).

Entre 1992 y 1996, Bertola disputó 16 encuentros (1 gol) en Primera División y añadió otros 66 partidos (6 tantos) en el Nacional B. Como era de esperar, después encaró la vida del futbolista errante, tratando de encontrar su lugar en el mundo. Intentó en el ascenso mexicano con las camisetas de Rincón de Guanajuato y Atlético San Francisco, hasta que se cansó y volvió al país en la temporada 1998/99 para vestir los colores de Olimpo de Bahía Blanca…en sólo 6 oportunidades. Al menos compartió momentos con Martín Gorozo, Gastón Esmerado y el Pícaro Fernández.

La continuidad recién le llegaría en Racing de Córdoba, donde estuvo entre 1999 y 2002, logrando un pase al fútbol ecuatoriano. En Deportivo Quito mostró su mejor versión goleadora. Incluso dicen que jugó de enganche y hasta de carrilero, pero lo más groso es que fue dirigido por el Negro Marchetta, así que anécdotas debe tener miles.

De regreso en su pago, fue tentado nuevamente por Talleres, pese a que habían pasado 8 años de su partida. Y así fue cómo se incorporó y agregó 11 innecesarias presencias sin goles a una mala campaña acompañada por una crisis económica que incluyó una rebaja del 30% en los salarios. Bertola y sus compañeros Darío Capogrosso, Rodrigo Astudillo y Mauricio Hanuch no aceptaron la medida y a comienzos de 2005 abandonaron la institución para luego hacerle juicio.

Al año siguiente se fijó en cómo venían los resultados de las apuestas en BetUS sportsbook y no dudó en fichar para la Universidad de Loja, pero a los 6 meses ya estaba de nuevo en Argentina por pedido de Marchetta, que dirigía General Paz Juniors (2006). Sólo en ese momento miró hacía atrás, vio pasar su carrera como en una película y trató de tapar con tierra el surco que había dejado entre La Docta y la tierra de la banana (?) para que En Una Baldosa no lo descubriera. Pero ya ven, no es tan fácil borrar el pasado. Y menos con 0,15 de promedio de gol por partido.

Salinas Miguel

Miguel Ángel Salinas

Por su nombre y apellido, las chances de ser oriundo del norte argentino eran demasiado amplias como para fallar en el pronóstico. El 10 de noviembre de 1969 nació en Amaicha del Valle, provincia de Tucumán, fruto del amor de su madre y su padre, uno de los tantos Salinas que habitan esa zona del país.

De todas formas, este merecido homenaje se sitúa en su carrera futbolística, en lo realizado en el rectángulo de juego o cerca de él, y no en su vida de civil. Llegó a la Primera de Vélez Sársfield cuando Ubaldo Matildo Fillol, a punto de retirarse, seguía siendo de los mejores arqueros del país. Y permaneció allí hasta el arribo de Julio César Falcioni, de quien también fue suplente.

Sin embargo, se dio el gusto de jugar. En Liniers fueron 4 partidos, en los que recibió goles de Mario Cariaga y Adrián Taffarel, ambos Chaco For Ever, y Norberto Ortega Sánchez y Juan Ramón Fleita, de Racing Club.

Pico, como le decían, buscó nuevos rumbos y desembarcó en Quilmes, donde disputó 5 partidos, 4 como titular, siendo relegado por Carlos Silva y Alejandro Mulet. Sufrió 8 goles.

Tras esa semiamarga experiencia, que terminó con un 1-3 ante River con gol de Ornaldo Claut, desapareció de las grandes ligas, y regresó a su provincia. La información sobre su carrera no abunda, pero al menos sí trascendieron sus últimos años junto a la redonda. En la 2001/02 jugó el torneo de ascenso para 13 de Junio de Pirané, pasó por Atlético Candelaria (2002/03) y regresó por 6 meses a su anterior club.

El 2004 lo pasó en Guaraní Antonio Franco y la 2005/06 en Crucero del Norte de Garupá, donde se retiró y se convirtió en entrenador, calzándose el buzo en estas dos últimas instituciones, además de Candelaria, donde dirigió a César Lagoria y enfrentó, como se ve en la foto, a Hugo Castillo.