Fondato Matías

Matías Emanuel Fondato

A pesar de haber llegado a Primera División y haber recorrido el mundo gracias a su condición de futbolista, mirar los partidos desde las tribunas parece ser la especialidad de Matías Fondato, un marcador central al que siempre le costó entrar en equipo titular y muchas veces, incluso, se le hizo difícil ingresar al banco de suplentes.

Asomó primero en una Selección sub 17 de Tocalli que, allá por 1999, tenía valores como Germán Lux, Spinelli, Coloccini, March, Perzán, el eterno juvenil Nico Medina, Gabriel Marra, Oscar Ahumada, Emanuel Centurión, Ponzio, Cristian Morales, Rovira y Calandria, entre otros. Fondato se desempeñaba como primer o segundo marcador central y pintaba como referente.

Ya para 2002 lo citaron para la pretemporada con su club, Newell’s y un año más tarde, con el Bambino Veira, tuvo su debut, con todo lo que eso implica. En 2004, con el arribo del Tolo Gallego, su situación fue fluctuando. Pasó de ser considerado titular como volante central a no ser tenido en cuenta en el semestre siguiente, cuando llegaron varios refuerzos para conseguir el Apertura. Con sólo 5 partidos con la camiseta de La Lepra y un campeonato local como ñoqui (?), Fondato se preparó para conquistar otras tierras. Y a su modo lo logró.

Recién en 2007 emergió en Guaraní de Paraguay y al año siguiente pasó al Ionikos de Grecia, un predecible destino para los jugadores que nunca sabemos dónde corno están. En ese mismo 2008 sorprendió yéndose al Antwerp de la 2º división belga. Ya estaba hasta las manos.

En febrero de 2009 regresó al país y se incorporó a Instituto de Córdoba para reemplazar al lesionado Pablo Frontini. Ni bien llegó vio que jugaba Tomás Charles y dijo pan comido (?), pero las cosas no fueron sencillas. Primero debió esperar bastante para firmar su contrato y luego una lesión en una de sus rodillas lo alejó de las canchas.

La mala racha continuó en Colombia con la casaca del América de Cali (2010), donde lo terminaron limpiando junto a Julio Marchant y Sergio Galván Rey. Desde que arrancó el 2011 estamos tratando de encontrarlo. Frustrados por la tarea, nos entretenemos viendo los videos de sus mejores jugadas en Youtube.

Díaz Bruno

Bruno Díaz

En la humanidad estamos quienes nos dejamos llevar por la rutina con el placer de putear a los que están en la televisión mientras picamos algo y aquellos que buscan luchar por un mundo mejor. Dentro de esta última especie, están aquellos que buscan estar en la marquesina de la vida con un cartel luminoso que diga “este tipo pone guita” para que lo idolatren. Pero también hay otros héroes anónimos que hacen un trabajo de hormiga desde las sombras. El fútbol no es la excepción.

Bruno Díaz nació en 1988 en el seno de una familia acomodada de San Antonio de Areco cuyo principal negocio era la maquinaria agrícola, hasta que una fatídica noche después de ir a ver al circo de Carlitos Balá, un payaso pasó la gorra mientras apuntaba a los padres de Bruno con una pistola de agua. Los padres murieron por el olor a chivo que emanaba de las axilas del payaso que era más radioactivo que un Naranjú recalentado en un microondas. Obviamente el golpe caló hondo en la psiquis del joven Bruno quien se juramentó combatir a los hampones. Así es que fue entrenado por los mejores maestros como Randolph McLane y Héctor Echavarría, siempre bajo la atenta tutela de Alfred, su mayordomo. Soñaba con limpiar la sociedad de los malandrines que tanto daño le habían hecho. Un buen día Alfred se jugó un pleno en la ruleta de un casino clandestino y le salió como el culo, se fugó a Luján pero en un descampado lo agarraron los matones del casino y le hicieron poner hasta el último centavo.

Arruinado y forzado a comenzar de cero, se juramentó luchar para que en el mundo no volviera a cometerse ninguna injusticia más. Bruno se vio obligado a llegar a lo más bajo de la dignidad humana, teniendo que trabajar de mimo en los semáforos. Alfred por su parte se convirtió en un reconocido travesti de la zona, según Daredevil si te agarraba te dejaba ciego. En esa época, por las calles de Luján comenzó a circular el rumor de un encapotado que por las noches atormentaba a los malhechores. Desde ladrones, asesinos e imitadores de Arjona todos se vieron atormentados por su figura. Varios fueron los impostores que buscaron sin éxito hacerse pasar por nuestro héroe. Si bien los principales villanos se encontraban en otras ciudades más ricas, Bruno se enfrentó por las noches con imitadores de Guasón, Pingüino y Gatúbela a quienes enfrentó principalmente en los potreros y boliches de la zona.

Pero tras derrotarlos a todos, quiso un desafío que estuviera a la altura de las circunstancias y se dio cuenta que había un villano que hacía mas de 30 años comandaba con mano de hierro la AFA e incrementaba su fortuna personal y la de ciertos amigos ocasionales en desmedro de las economías de los clubes cada vez más empobrecidos. Acomodaticio ante los cambios de gobierno y creador de nefandas prácticas como el promedio o los campeonatos cortos, el poder de ese villano residía en su anillo que decía “Todo Pasa”, el cual le daba poder para cometer todo tipo de tropelías sin ningún tipo de escarmiento. Bajo una supuesta desidia designó siempre a los más inútiles y corruptos del condado en puestos claves. Bruno veía como estos alguaciles del mandamás de turno negociaban día a día con lúmpenes vinculados a lo más rancio de la política que adjudicándose el carácter de centinelas del aguante no paraban de producir desmanes, empañar el fútbol e incluso a veces en colaboración con ineficientes operativos policiales solían «obsequiar» algún muerto. Ese muerto que cambiaba su identidad en reiteradas oportunidades siempre fue adjudicado al futbol con la impunidad que tiene un pedo en un ascensor.

Así es que el joven Bruno decidió infiltrarse en las inferiores del Club Luján, por tratarse de un club del ascenso al cual el hombre del anillo no le iba a poner tanta atención e iba a permitir minar su poder desde adentro y cuando Don Julio (así lo llamaban los lambiscones de turno) menos lo esperara daría la estocada definitiva para liberar al fútbol argentino de su karma. Debutó en Luján donde se destacó como un delantero barullero que sacaba ventaja del caos, porque Bruno en el batifondo es muy bueno. Goles de toda factura hicieron que se fije un grande de la categoría como Dálmine. En Dálmine también descolló con sus asistencias y sus goles.

Por las noches Bruno se dedicaba a atormentar a dirigentes corruptos quienes abandonaban repentinamente su cargo, entregaba pruebas al Comisionado para llevar a juicio al pope y cada vez la situación de Grondona se hacía más complicada. Hasta que de repente Ramón Díaz después del crédito que le había abierto salir campeón con San Lorenzo, se fijó en Bruno Díaz para jugar en el Cuervo. La vida que le había arrebatado a sus padres, le daba una nueva oportunidad después de lucharla entre las sombras durante años, de tragar saliva, de recibir las risas socarronas y algún piedrazo de los transeúntes cuando trabajaba de mimo. Empezó matándose en el entrenamiento pero era difícil cuajar en el equipo campeón. Sus compañeros no le hacían las cosas fáciles porque él intentaba educar a los más pibes desenchufándole la play y hablándoles de religión. Como entrenaba pero no jugaba con el primer equipo decidió entregarse a todos los vicios que le habían estado prohibidos hasta ahora como la colonia Paco o tomar Suin de naranja sin diluir. Iba a hacer facha a Esperanto chapeando con que jugaba en la Primera de un grande y hubo varias advenedizas que hicieron que gaste la prima y los premios a futuro por salir campeón. Después de no salir campeón y el estado calamitoso de sus cuestas, un acreedor lo metió en el Veraz.

Para colmo de males, Michael y Emiliano, los hijos del entrenador le contaron a su padre que Bruno se había entregado a los Vizzios y eso fue la gota que rebalsó el vaso. Desahuciado tanto económica como deportivamente, con Alfred en una mala temporada, tuvo la suerte de conseguir una nueva oportunidad en Los Andes donde volvió su autoestima y sus ganas por terminar con las injusticias de este mundo. Decidió que su carrera debía volver al más oscuro ostracismo y así fue que pasó a Rivadavia de Baradero donde se comportaba como el profesional que siempre había sido y la menor exigencia le permitían seguir cercando al ferretero más poderoso del mundo.

Pero necesitaba asestar el golpe final y para eso necesitaba mucho tiempo libre, así que estuvo un tiempo sin jugar e hizo que una verdadera revolución en el Seleccionado contándole al Camilo Cienfuegos del fútbol, el hermano de Lalo que actualmente era el técnico, que Grondona y sus hijos estaban esperando que no triunfara para ubicar a un doctor con ciertos desequilibrios en su lugar. Esto provocó discordia entre las partes, generando una serie de resultados adversos que en algún momento amenazaron la clasificación al Mundial. Pero como Bruno es más argentino que Jazzy Mel decidió recomponer la relación entre ellos antes del partido con Uruguay. Así fue que se los vio abrazados llorando durante los festejos y profiriendo improperios al aire.

Viajó durante unos meses a Puerto Rico sin éxito y finalmente volvió a Rivadavia de Baradero, en donde sigue elucubrando planes para terminar con el hambre, hacer que Hernán Caire le devuelva las cejas a Bruno Gelber y derrocar desde las sombras a su archienémigo, Julio Humberto Grondona.

Disclaimer: Salvo por que hay un jugador llamado Bruno Díaz y los equipos de fútbol en los cuales se desempeñó, del resto cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia (?).

Imhoff Guillermo

Guillermo Sergio Imhoff (el Pelado)

Marcador central y lateral izquierdo con una marcada tendencia a rellenar planteles que habitualmente pelean abajo. Su apellido, históricamente relacionado con el rugby, se metió de a poco en los partidos de fútbol de Primera División pero la escasa suerte le impidió adornalo con gloria.

Llamó la atención tempranamente en Colón de Santa Fe (2003 a 2004), cuando debutó ante Vélez y al minuto hizo el gol de la victoria. Pero tuvo tanta mala leche que el Diario Olé destacó que Carignano le comía a la hermana (?). De más está decir que ese fue su único tanto en la Argentina.

Tras 14 encuentros en el Sabalero, le ofrecieron embarcarse en la locura de Huracán de Tres Arroyos, que ya tenía su destino marcado en aquel Clausura 2005. Disputó 11 encuentros junto a Jeremías Caggiano, Leonel Gancedo, Nilton Pardal, Julio César Rentería, Martín Mandra, Jonatan Vannieuwenhoven, Francisco López Rojas, el Bibi González y los hermanos Dragojevich, entre otros.

Obvio que el equipo perdió la categoría, pero se ve que se quedó con ganas de seguir sufriendo (?) y pasó al recién ascendido Gimnasia de Jujuy (2005/06), donde hizo lo que pero no pudo evitar el 18º puesto en su primer torneo. A esa altura no se pagaba casi nada por otro descenso de Guillermito, pero el Lobo jujeño logró un histórico 4º puesto en el Clausura ’06 y zafó.

De regreso en Colón, apenas pudo jugar 4 encuentros en el Apertura ’06 porque se rompió los ligamentos de la rodilla izquierda en un entrenamiento. Con 24 años, su incipiente carrera se llenó de dudas. Y si bien nunca más pudo regresar a la máxima categoría, al menos pudo continuar.

Agarró un mapamundi y fue señalando con los ojos cerrados: se recuperó en el Wacker Innsbruck de Austria (2007/08), se probó sin suerte en el Red Bull de Estados Unidos, volvió a Tristán Suárez (2008), donde lo terminó limpiando Salvador Pasini; marchó al Jorge Wilstermann de Bolivia (2009), pegó fichaje en el Sion de Suiza (2010) y desde hace unos meses juega en el ¡Bali Devata de Indonesia! Baldosa, sí. Y encima Carignano la está metiendo seguido.

Luiz Alberto

Luiz Alberto da Silva Oliveira (Luiz Alberto)

Llegó en el mayor de los anonimatos para tapar los baches de una defensa que hacía agua por todos lados. Su arribo generó desconfianza. Y no era para menos. Su edad (32 años), los pasos en falso de Jorginho Paulista y Baiano por la línea de fondo de La Bombonera y la inactividad que cargaba luego de su polémica salida de Fluminense hacían presagiar que se trataría de otro defensor brasileño, con cierto currículum en su país, pero incapaz de vestir la camiseta de Boca Juniors en un momento complicado.

Para colmo, apenas llegó a comienzos de febrero de 2010, en su primera práctica se vio exigido físicamente y solo aguantó 20 minutos. «Ese día me desperté a las 6 y no desayuné, tenía que sacarme sangre apenas llegaba al país. Viajé en avión cuatro horas y me fui directo al consulado. Estuve dos o tres horas de pie, sin comer nada… Y llegué acá, practiqué…», comentó dos semanas después, antes del choque ante Estudiantes, que marcaría su debut. El 26 de febrero de 2010 fue titular en La Bombonera y no desentonó.

Parecía que finalmente Luiz Alberto era el que iba a terminar con ese karma de los defensores brasileños en el Xeneize, pero no. Contra Vélez (4-4) y Racing (1-2) cometió varios errores que Boca pagó caro. El 0-3 ante Tigre en Victoria fue uno de sus partidos más flojos y el principio del fin.

Se destacó en el Superclásico (2-0, con goles del chileno Gary Medel), en el que formó la dupla de zagueros con el colombiano Breyner Bonilla. Pero después llegó el golpe de gracia. Sendas derrotas ante los posteriormente descendidos Chacarita (1-4) y Rosario Central (1-2) sellaron el fin prematuro de la estadía de Luiz Alberto en Argentina. Fueron suficientes 7 partidos con la camiseta del Xeneize para que, el 19 de abril, dos meses después de su llegada, rescindiera el contrato.

Había debutado a los 16 años en la primera de Flamengo (1993 a 2000), donde jugó 166 partidos y convirtió 5 goles, antes de partir al Viejo Continente. En Europa defendió los colores del Saint Ettiene francés (2000/2001) y la Real Sociedad española (2001/2002 y 2004/2005). En su país, además, vistió las camisetas de Internacional (2002), Atlético Mineiro (2003/2004), Santos (2005/2006) y Fluminense (2007 a 2009).

Incluso, la historia de Luiz Alberto guarda un capítulo con la selección brasileña. Fue en la Copa Confederaciones de 1999, disputada en México (que se quedó con el título al derrotar en la final a la verdeamarelha) donde, dirigido por Vanderlei Luxmburgo, compartió plantel con Dida, Ronaldinho Gaúcho, Alex, Marcos, Flávio Conceição, Zé Roberto y Vampeta, entre otros.

Hace algunos meses fue entrevistado por el sitio GloboEsporte y recordó su experiencia en el fútbol argentino. “Fui con muchas ganas de jugar y demostrar que había sido injusta mi salida del Fluminense. Quería dar vuelta la mala imágen que había dejado, pero no sabía lo que pasaba internamente en el club y en el grupo. Pensé: Argentina, Boca y fui. El equipo estaba dividido, había problemas con los directivos y las cosas no andaban bien en el torneo local. Llegué en el peor momento de la historia y las cosas salieron mal. Jugué con tipos que ya habían ganado todo, que hicieron historia, pero ya no tenían ese hambre de gloria. No esperé a terminar mi contrato y faltando una semana pedí para volver a Brasil con mi familia».

Por estos días, espera una oferta para volver al fútbol, mientras divide sus días administrando un taller mecánico y un club, ambos en Niterói, en la región metropolitana de Río de Janeiro.

Pereyra Gustavo

Gustavo Javier Pereyra (el Loco)

En el amanecer de la década del ’90, Argentinos Juniors ya había dejado atrás los años de gloria y comenzaba a mostrar flaquezas en cuanto a planteles competitivos. Es por ello que se recurría permanentemente a las divisiones inferiores, de donde surgían interesantes valores que habían realizado buenas campañas en juveniles, pero que no lograron demostrar todo su potencial en Primera División. El caso de Gustavo Pereyra se encuentra dentro de este común denominador.

De la misma categoría (1971) que Diego Cagna, Leonel Gancedo, Walter Zermattén, Juan Gómez, Sergio López Maradona y Christian Dollberg, Pereyra debutó en Primera con algo más de 19 años el 17 de marzo de 1991, en el empate en un gol ante Platense en Vicente López. Fernando Areán fue el Técnico que lo puso en Primera en su último partido a cargo de Argentinos Juniors. Recién fue tenido nuevamente en cuenta por José Yudica para las últimas fechas del Clausura ’91, convirtiendo su primer gol tres meses después de su debut en un partido histórico para Argentinos, en el que venció a Talleres en Córdoba por 3 a 2 -Pereyra anotó el gol del triunfo- tras ir perdiendo 2 a 0. Esa había sido la última vez que, en Primera División, Argentinos había remontado una desventaja de dos goles y ganaba el partido, hasta el 4-3 sobre Independiente en el Clausura 2010.

En el segundo semestre de 1991 sus chances de participar en el primer equipo fueron escasas. En 1992 tuvo más participación, sobre todo tras la llegada de Patricio Hernández como entrenador. En el Apertura ’92, Argentinos contaba con otros cinco delanteros (Roberto Mogrovejo, Lorenzo Sáez, Marcelo Reggiardo, Christian Trapasso y Gabriel D’Ascanio) además de Pereyra, pero el Loco jugó en la mayoría de los encuentros. Sin embargo, la salida de Hernández de la dirección técnica y la llegada de Osvaldo Chiche Sosa le tenían preparado un final abrupto en la institución de La Paternal. Al finalizar 1992 fue dejado en libertad de acción y pasó a jugar en el ascenso. Un semestre en Nueva Chicago, una temporada en Douglas Haig de Pergamino, el paso por Sportivo Italiano y la llegada a Tigre, donde estuvo dos años y sufrió el descenso a Primera B Metropolitana en 1996, a pesar de ser uno de los goleadores del equipo.

Siguió en el Matador en la tercera categoría, aunque ya no estuvo tan cerca del gol. Lo último que se conoce de Pereyra es su paso por Sportivo Dock Sud en 1997/98. Delantero habilidoso, de interesante gambeta y velocidad, quizás la poca trascendencia se debió a su falta de efectividad en la red, algo más que fundamental en un delantero en épocas de escasez de goleadores.

(Publicado en simultáneo con «¿Te Acordás Bicho?«)

Giménez Felipe

Felipe Ariel Giménez

Es bastante común que de tanto en tanto se imponga en el fútbol argentino la moda de incorporar jugadores de un país determinado, como si la nacionalidad asegurase algo. Cuando le va aceptablemente a un colombiano, al año siguiente llueven los futbolistas cafeteros. Si algún 9 uruguayo hizo goles a cambio de poca plata, entonces se llena el libro de pases de lungos centrodelanteros charrúas. Si durante un año le fue bien a un chileno, seguro nos chorea los que les falta de la Patagonia todos los equipos quieren tener uno, aunque sea de suplente (?). Y así.

Luego de la medalla plateada de Paraguay en los Juegos Olímpicos de 2004, nuestro torneo retomó aquella idea de nutrirse de valientes y corajudos futbolistas guaraníes. Fue así como en el Clausura 2005 llegaron al país nombres como Gustavo Morinigo (Argentinos Juniors), Mauro Monges (Rosario Central) y Aldo Bobadilla (Gimnasia) para sumarse a otros compatriotas como Justo Villar (Newell’s), Celso Ayala (Ríver), Claudio Morel Rodríguez (Boca), Jorge Núñez (Arsenal), César Velázquez (Quilmes) y Juan Cáceres (Estudiantes). Otro que arribó y pasó desapercibido fue el protagonista de este post, Felipe Giménez.

Lateral izquierdo, correcto pero nada sorprendente, surgió de las inferiores de Olimpia (1998 a 2000), donde no lo tuvieron en cuenta de entrada y lo mandaron a préstamo a 12 de Octubre, en 2001. Ese mismo año participó con la selección paraguaya del Mundial sub-20 que se disputó en Argentina y luego regresó a Olimpia (2003/03) donde aguardó expectante la baja del titular Henrique Da Silva. Sin demasiadas chances, se marchó.

Así como si nada se puso la camiseta de Cerro Porteño (2004) y con más confianza que nunca desembarcó en estas tierras para reforzar al último campeón, Newell’s, junto a Darío Sala, Juan Esnaider, Mauro Cejas y el regresado Edgardo Adinolfi.

La tarea de Giménez en La Lepra fue insignificante. Arrancó jugando en un amistoso ante Nacional de Medellín que terminó 1 a 0 a favor con gol de Capria, pero luego fue relegado y no pudo encontrar lugar en el conjunto dirigido por Ribeca. Conclusión: incorporación innecesaria.

Nunca nos enteramos cuándo se tomó el palo, pero después supimos que anduvo rodando en su país por Guaraní (2006/07), 3 de Febrero (2008 y 2010), 12 de Octubre (2008/09) y Sportivo Trinidente (2010). No es que tengamos dudas sobre sus condiciones, pero desde aquel entonces a esta parte ya han pasado otras modas de fichar paraguayos…y a Felipe Giménez no se lo ha vuelto a mencionar.

Pastorini Marcelo

Marcelo Andrés Pastorini

Juan Andrés Pastorini fue un delantero que vistió varias camisetas durante las décadas del ’60 y del ’70. Dicen que le pegaba con un fierro, y que se cansó de hacer goles en Ferro y Almirante Brown. De hecho, tiene el record de mayor cantidad de goles en un partido con la camiseta del Mirasol, con 5 conquistas. Como si esto fuera poco (?), el 15 de julio de 1965 tuvo un hijo. Le dio su segundo nombre. Le transmitió su pasión por el fútbol. Y su sucesor hizo lo que pudo.

Como los genes goleadores se quedaron en el padre, Marcelo Pastorini decidió ser un mediocampista con más marca que definición, con más sacrificio que llegada y con más estadías en los bancos de suplentes que en los campos de juego. Comenzó su carrera en Ferro, uno de los clubes por los que había pasado su papá. Debutó el 13 de marzo de 1986 en un empate frente a River, en el Monumental, ingresando por Daniel Fernandez. De ahí en más se haría un abonado al banco de suplentes, compartiendo ese espacio con otros válores como Marcelo Galeazzi, Guillermo Panaro y Gabriel Vales. En total, sumó 25 partidos con el Verde, sin anotar goles.

En 1989 decidió buscar revancha en el ascenso. Recaló en Lanús, donde otra vez tuvo poca continuidad. A pesar de ello, el Granate subió a Primera División en la temporada 1989/90 y Pastorini pudo jugar 15 partidos en esa histórica campaña. Ahora sí, era tiempo de la revancha personal. Pero las segundas partes no son buenas: apenas jugó 5 partidos en el Apertura 90, dándose el gusto de sumar una tarjeta roja, como para no pasar desapercidibo en las estadísticas. Para colmo, Lanús terminó último en ese torneo.

La temporada siguiente lo encontraría nuevamente en el Nacional B, pero esta vez con los colores de Almirante Brown, el club donde su padre Juan había dejado un buen recuerdo 30 años atrás. Lo de Marcelo fue más humilde: sólo jugó 8 partidos en el campeonato 1991/92. Y aquí es donde se pierde el rastro de este jugador, uno más que será recordado como «el hijo de». O ni siquiera como eso.

Massara Daniel

Daniel Ricardo Massara

Corría abril de 1990 cuando el siempre impredecible Talleres de Córdoba se encontró ante una situación límite: sus jugadores decidieron no presentarse a jugar un partido frente a Mandiyú, ante un importante atraso en el pago de los sueldos. En ese contexto nacieron varias historias baldoseras, como la de Daniel Massara, el hombre que nunca sonreía (?).

El conjunto cordobés solucionó el tema enviando a Corrientes a un grupo de carneros juveniles que venían pidiendo guita pista. En esa fecha 31 de la temporada 1989/90 de la Primera División, el albiazul salió a la cancha con Jara; Cavaller, Kesman, Figueroa y Massara; Mansilla, el súper héroe Goldman y Berterame; Capreta, López y Maiolotessi. Luego ingresaron Escañuela y Maldonado, para terminar de ponerle color a una jornada que arrojó la clara victoria del team algodonero por 4 a 0, con goles de Ramos, Blanchart y el grosso de Félix Torres en 2 oportunidades. Para colmo, ese día jugó Abelardo Vallejos, así que más de un pendejo se debe haber arrepentido de haberse dedicado al fútbol en ese mismo siglo.

Nuestro homenajeado, como la mayoría de sus compañeros, tuvo debut y despedida al mismo tiempo. Siguió perteneciendo al plantel pero las oportunidades no se le volvieron a presentar, decepcionando a todos aquellos que por entonces se preguntaban «¿Qué Massara más hará?».