Marcelo Fabián Perugini (Pocho)
A pesar de tener nombre de coiffeur (?), este porteño nacido el 17 de enero de 1984 decidió dedicarse al fútbol, haciendo divisiones inferiores en Racing, donde llegó hasta la reserva jugando generalmente como volante central. En 2005 fue dejado libre, sin posibilidades de mostrarse más allá de algún caso puntual, como cuando generó cierta simpatía en Ángel Cappa. «Estaba jugando de 4 en un selectivo y le había causado una muy buena impresión. Pero justo tuve una distensión del ligamento interno y estuve dos meses parado. Además, no me dieron la oportunidad porque arriba tenía a Vitali y a Araujo», contó Perugini, quien comenzó a dar sus primeros pasos en el deporte rentado justamente en la ciudad de origen del hombre al que le escondieron las pelotas: Bahía Blanca.
Fue Villa Mitre, del Torneo Argentino A, quien le dio la chance de mostrarse. “Un dirigente se comunicó con mi representante y me gustó la propuesta. Me convenía en lo económico y, como necesitaban un 5, sentía que podía tener continuidad”, agregó, sin dudar en compararse con un colega de Selección: “Me gusta mucho Fernando Gago y siento que, salvando las distancias, tengo un juego parecido, pese a que también meto.” Como castigo divino por haber sugerido que el marido de Gisela Dulko tenía un témpano en el pecho, Perugini adquiriría la peor característica del mediocampista: su tendencia a hacer un culto de las lesiones.
Antes de eso, alcanzó a jugar en el Nacional B con el Tricolor, para luego marcharse al otro equipo de la ciudad: Olimpo lo cobijó entre 2006 y 2008. En el Aurinegro fue parte del equipazo que subió a la máxima categoría, por lo que Pocho se anotó su segundo ascenso consecutivo. A pesar de su rol secundario (jugó 17 partidos, solo 4 como titular, no marcó goles y recibió una expulsión) mantuvo su lugar en el plantel que disputaría el Campeonato de Primera División 2007/08, en la que dijo presente 7 veces antes de irse por motivos que no quedaron claros. “Me lesioné la rodilla, me operaron y cuando estaba diez puntos Saporiti hablaba bien de mí, me quería en el equipo. De un día para otro me borró y nunca supe por qué. Luego vino Florit, me hizo jugar y agarré continuidad en los partidos finales”. Esos últimos encuentros de la temporada le sirvieron para dos cosas: ver desde adentro los festejos de River en el último título del Burrito Ortega y ayudar a que Olimpo se vaya al descenso.
Perugini se mantuvo en la A, esta vez con otro equipo que volvía a la élite después de varios años en el under: San Martín de Tucumán (2008/09). Su llegada al Jardín de la República fue un mal augurio cuando el vuelo que lo trasladaba llegó con varias horas de demora. “Esto es una locura”, declaró en el aeropuerto. “Hasta extravié una de las valijas durante el trasbordo que hicimos en Santiago del Estero. Tendría que haber salido a las 14.30. Me dijeron que había una demora y que volviese a las 18; eran las 19 y seguía sin poder embarcar. Me fui a comer porque solamente había desayunado. Al final pude hacerlo. Lo único que me deja contento es el estar acá y no veo la hora de sumarme a la pretemporada”.
En fin, su experiencia en el norte fue muy parecida a la anterior: 11 partidos, lesión, encontronazo con el DT, descenso y salida de la institución. “Jugué, hice un gol… Pero después surgieron problemas con el técnico (Carlos Roldán) y quedé marginado. Cuando recuperaba un lugar me afectó una pubialgia y recién pude volver en los partidos finales. No me considero un jugador conflictivo, pero sí uno que dice lo que piensa. Siempre soy respetuoso y no hablo cuando se trata de una razón futbolística. Pero si hay algo raro y me molesta lo voy a decir. Seguramente, en los dos casos, no habré sido del gusto de los técnicos”.
Bajar de golpe dos categorías fue un indicador de que sus mejores días habían pasado. Aunque su regreso a Villa Mitre (2009) para jugar el Torneo Argentino A lo esperanzaba, no pudo remontar su carrera, a la que todavía le faltaban varios tropezones más.
A un incomprobable paso por el Pierikos de Grecia (2011/12) le siguió una pésima temporada en Defensores de Belgrano (2012/13): el equipo terminó anteúltimo, solo un punto arriba del descendido Central Córdoba. Por lo menos, ese año le sirvió para editar un video de 14 minutos donde se lo ve raspando y dando pases a los costados.
En 2013/14 conoció un nuevo torneo, el Argentino B, con el siempre candidato Sarmiento (Resistencia). “Vine para lograr el único objetivo, que es el ascenso, y esperemos lograrlo”, declaró al llegar. ¿Cómo le fue al conjunto chaqueño? Quedó afuera en la primera fase, siendo superados por equipos como Deportivo Fontana y Resistencia Central. Por lo menos no descendió, aunque estuvo cerca: la categoría se sostuvo gracias a una victoria frente a Atlético Laguna Blanca en la última fecha.
Insistente, probó suerte en Bolivia, con el Aurora (2014). No la tuvo: en su quinto partido en el club de Cochabamba sufrió una triple fractura en el pie izquierdo que lo mantuvo unos meses afuera de las canchas. En plena decadencia, acusó un fantasmal paso por Comunicaciones (2015) antes de encontrarse con un técnico que lo quisiera, lo entendiera y lo respetase: Mauro Laspada. El aguerrido ex defensor lo tuvo a su cargo en Sansinera (2016) y Deportivo Roca (2016). Por lo menos, con este DT no se peleó. Y si así hubiese sido, pobre de él.












