Martín Alejandro Civit
El tiempo es un flujo inconstante, increíble y paradójico. O mejor dicho es inconstante, increíble y paradójico lo que hace con todos nosotros mientras estamos sumergidos bajo su tirano rigor unidireccional. En mi caso particular, lo que me genera mayor perplejo y asombro es lo que hizo con algunos de mis sueños o anhelos… Para ser más específico y por haber crecido rodeado de ejemplares de El Gráfico, trasmisiones deportivas y potenciales futbolistas, lo que hizo con uno de mis deseos primarios: el de ser periodista deportivo profesional.
Probablemente, lo que me movilizó en primer término deben haber sido las ganas de entrar a todas las canchas fácil y sin pagar. O el estar cerca y hacerles preguntas a mis héroes de la infancia. El Diego, El Manteca, El Burrito, y muchos, muchos más. Encima, al ser testigo del surgimiento tanto del primer canal especializado como de la fundación del primer diario deportivo, sentía que ser colega de Gonzalo Bonadeo, Fernando Niembro o Marcelo Araujo era la madre de todas las realizaciones personales. No era el único. Muchos de mi generación tenían el mismo sentir, aunque luego se decantaron por un laburo en serio (?).
¿Qué hace un periodista deportivo en la vida real? ¿Jetonea en la tele contra otros colegas, todos al borde de la histeria y del ataque al corazón, por una ínfima jugada en el primer tiempo? ¿Es un nexo para una transacción económica? ¿Es un actor necesario para inflar una transacción económica? ¿Es un tipo que muestra memes? ¿Es un señor que se sabe la formación de Checoslovaquia del 62? ¿Un hombre que habla y se cree palabra autorizada por sobre las demás, pero que en realidad solo fue hábil para estar donde sentía que tenía que estar gracias a nexos políticos y con el poder?
Hoy por hoy, no hay uno solo de aquellos pibes con los que compartía el deseo de la vocación, ya todos convertidos en hombres, al que no le escuche algún: “como le pegaría a Liberman”, “qué asco que me da Martín Arevalo”, “Lo veo a Azzaro y me dan ganas de vomitar” y así sobre casi todos estos sujetos de omnisciente accionar cotidiano. Pero, viejo ¿ustedes no querían ser uno de ellos? Por supuesto, el tiempo y solo el tiempo hizo lo que siempre. Sabiduría.
En mi caso, aún siento que la parte primordial de ser periodista deportivo es la de contar historias. Tampoco se necesita tanto para eso, claro. Y en ello tampoco hay ninguna realización personal. De hecho, ni siquiera soy periodista deportivo. Es más, ahora también los aborrezco. Pero se puede agarrar alguna foto, un par de datos, hacer de cuenta que nunca pasó el tiempo y jugar a que amo una profesión que nunca conocí.

Recibimos el diploma en la Escuela de Periodismo Deportivo, le damos un beso a mamá y a papá, nos despedimos para siempre de los forros con los que cursamos durante tres años y, ansiosos por complacer a nuestros nuevos jefes, tomamos un nombre al azar para desarrollar nuestra historia.
En este caso, Martín Civit (25/09/1985), un mediocampista surgido en Arsenal de Sarandí que ingresó en un partido contra Vélez (caída 1 a 0) en el Apertura 2005. Apoyamos nuestro texto, que puede poseer severas faltas de ortografía, que total algún gil va a corregir, con alguna imagen tomada de internet. Total, Siglo XXI, papá.
Conocemos algo de fama repentina, un poco de guita, las minas nos miran distinto y, por compromiso, ponemos que Civit jugó 23 minutos contra San Lorenzo (2 a 2) en el Apertura 2006. Nos damos cuenta que nuestro protagonista participó de 23 minutos contra Boca Juniors (derrota 3 a 1) por el Clausura 2008 y que así se despidió de Primera División, pero no le damos mucha bola porque acaecieron los primeros cachetazos: un colega veterano nos dejó en ridículo al aire; nos apretaron por “decir giladas de tal club” y a ciertos protagonistas les parezco un salame. Apechugo y vivo a la defensiva. Esto no puede volver a pasar…

Apoyamos la historia con otra imagen robada: Civit estuvo durante el último semestre de 2008 en el Alajuelense de Costa Rica, pero lo fueron rápido porque no se adaptó al club. Todo esto me chupa un huevo, porque no me cabe que me bardeen en las redes sociales. La exposición trae un montón de problemas que siempre sentí que iban a ser del otro. No míos.
Hacen referencia maliciosa a mi cara, a mi cuerpo o el de mis familiares. Se meten con mi novia. Con la ropa que usamos. Yo nunca hago eso. Solo hablo de los jugadores en la cancha, nomás. A no ser que anden en la joda. En los boliches, con gatos. Ellos se tienen que preparar para la alta exposición, no yo… Yo apenas soy un simple periodista. Voy a prepararme para devolver siempre la piña, porque esta se ve que es una carrera que no otorga prestigio. Nadie lo tiene ni lo tendrá por unanimidad. Ira.

Sacamos otra imagen de la web y caemos en cuenta que, tras seis meses en la nada, a mediados de 2009 Martín Civit se fue al Inter Turku de Finlandia y que así metió el ambicionado pase a Europa, al menos por seis meses. Ambición… Ambición… A veces pienso que la ambición me llevó a convertirme en este grotesco que la gente piensa que soy. Ellos no me conocen y hablan. Hubiera sido mejor una radio zonal o un programa partidario. Algo chico y seguro, vender publicidad. Pero no, acá estamos y cualquiera se arroga el derecho a insultarme. Será culpa de mi ambición. ¿Qué? ¿Es malo tenerla?
Martín Civit pasó otros seis meses desocupado y a mitad de 2010 se unió a Comunicaciones de Primera B (2010/12). Después pasó a Talleres de Remedios de Escalada de Primera C (2012/16) y a ahí se retiró. Y hablando de retirarse, estoy pensando severamente irme hacía el lado de las operaciones periodísticas o el de la representación de jugadores. Este sueño infantil no es lo que se creía y cansa. O tal vez me vuelque al periodismo político. Eso tal vez me otorgue más prestigio, libertad o espacios de poder. Irme del estadio puteado por padres e hijos me cansó.
Además, al pasar me entero que a mediados de 2017 Martín Civit regresó al fútbol en Ferrocarril Midland de Primera C. Y yo la verdad ya no tengo ni ganas ni tiempo como para perder con un futbolista cualquiera que es mucho más chico que yo. Y que encima en cada entrevista cuenta con orgullo que es periodista deportivo recibido…
Y el tiempo sigue pasando.










