Etiquetas: Barcelona de Guayaquil (desde 1996)

Con 15 títulos, Barcelona Sporting Club es el más campeón del fútbol ecuatoriano, aventajando por dos a Emelec y El Nacional, y por cinco a la Liga Deportiva Universitaria de Quito. Sin embargo, las últimas dos décadas no fueron buenas para los Canarios. Apenas se coronaron en 1997, 2012 y 2016.

Si algo caracterizó a este período sombrío del cuadro más popular del país fue el apoyo incondicional de las cervecerías en el pecho de su casaca. Entre 1996 y 2003 fue Pilsener, el producto estrella de Cervecería Nacional, quien estampó su marca en la camiseta más codiciada del Ecuador. Seguramente uno de los modelos más recordados por los hinchas sea el que el Coloso de América vistió entre 1997 y 1998, cuando se consagró en el campeonato local y alcanzó la final de la Copa Libertadores, donde cayó frente al Vasco da Gama. Aquel diseño de Marathon se distinguía por ser ¡una camisa con botones! (modelada en la imagen de abajo por el Diablo Marco Antonio Etcheverry), un concepto similar al que Puma implementaría en algunos equipos argentinos varios años después.

A medida que pasaban las temporadas y acumulaba decepciones, Barcelona veía cómo festejaban (y achicaban distancias) Liga Deportiva Universitaria de Quito, Emelec, Deportivo Quito, El Nacional y hasta conjuntos impensados como Deportivo Olmedo o Deportivo Cuenca. Había que buscar un chivo expiatorio y había que encontrarlo rápido.

A comienzos de 2003, el Canario finalizó su contrato con Cervecería Nacional y enseguida anunció que su espacio durante los próximos cinco años lo ocuparía Cervecería Suramericana, la segunda en importancia del país, que decidió estampar la marca de Cerveza Biela, en una especie de último intento por reflotar sus ventas.

Sin embargo, luego de que la multinacional AmBev comprara Cervecería Suramericana, a fines de 2003, Biela tenía los días contados. Así fue como, durante los últimos meses de 2004, aquel tradicional logotipo fue reemplazado por uno más conocido a nivel global, aunque toda una novedad en Ecuador: el de la brasileña Brahma, que salió al mercado en octubre.

El 2005 marcó el regreso de Pilsener (pese a la bronca de AmBev, que propuso un sponsoreo en conjunto) a la camiseta del Barcelona de Guayaquil, donde se mantiene hasta hoy, en una relación a prueba de balas. En el medio, claro, se vivieron épocas turbulentas. En 2008, por ejemplo, en plena desesperación por ganar algo, el cuadro ecuatoriano anunció la contratación del delantero argentino Rolando Zárate, que venía de un pálido paso por River Plate. Aquel fichaje fue el más caro de la historia del club, pero las cosas salieron mal. El Roly jugó poco, se lesionó mucho y se fue mal.

¿Qué tiene que ver Pilsener con esto? En abril de este año, Juan Alfredo Cuentas, vicepresidente financiero del Barcelona, celebró el lanzamiento de Pilsener Barcelona, una nueva cerveza orientada al hincha del torero, cuyas ventas estarían destinadas a cancelar el saldo pendiente de la deuda que mantenían con el Roly.

Ya pasaron varios meses y hasta ahora ni noticias de la Pilsener Barcelona. Es más, a comienzos de julio se anunció que la taquilla del encuentro de ida por los octavos de final de la presente Copa Libertadores ante Palmeiras aportaría la plata fresca para pagarle a Zárate. ¿Qué pasó? De las más de 33 mil personas que asistieron al estadio Monumental, poco menos de la mitad abonaron su entrada. Los directivos ecuatorianos esperaban una recaudación cercana al medio millón de dólares… y apenas alcanzaron los 187 mil dólares. Pero no son todas malas noticias.

Hace algunas horas, mientras le dábamos los últimos retoques a esta historia, el Beto Carlos Alfaro Moreno, vicepresidente deportivo del Barcelona, anunció que se saldó el total de la deuda con el argentino. ¡A destapar unas birras!

Chapitas: Terry Dodd

Si la cerveza no se hubiera cruzado en su camino, tal vez Terry Dodd hubiese sido un gran goleador de la Premier League o al menos de la Championship. Pero no, Terry Dodd descubrió las virtudes de la birra desde muy joven y entonces, pese a sus buenas condiciones, solo le dio el cuero para ser un típico goleador gordo de las categorías más bajas del ascenso ingles. ¿Lo vamos a condenar por eso? Claro que no. ¡Si gracias a la birra lo conocimos!

Atención a su carrera. Surgió en el Worthing, pero se puso la camiseta de varios equipos vecinos, entre los que se destacan East Preston, Horsham YMCA, Bognor Regis Town, Lewes y Peacehaven, todos de la región de East Sussex, en el sureste de Inglaterra. Nunca se tomó más de un bondi para cambiar de club. Capo.

Su pico de fama, sin embargo, lo lograría con la camiseta de otro equipo de la zona, el Horsham FC: en abril de 2016, Dodd anotó 3 goles para la victoria ¡11 a 1! ante el Hallisham, por la última fecha de la Southern Combination League. Hasta ahí nada raro para un jugador acostumbrado a meter tripletes (hizo 30 goles en esa temporada). ¿Y entonces?

Ese mismo día, el goleador falló una posibilidad luego de dejar en el camino al arquero y quedar con el arco a su merced. Desde el vértice del área chica, Terry Dodd la tiró afuera y para ahogar sus penas, agarró el vaso de cerveza de un hincha y tomó un trago, para sorpresa de los niños presentes y Howie, la mascota del club.

Desde acá, nuestros respetos para semejante ejemplo.

 

Resaca: Craig Burley, una vida al dente

Además de los duendes rabiosos, la limadura de Colin Farell y el siempre sospechoso altruismo de Bono Vox de U2, la existencia de la República de Irlanda es conocida y conmemorada cada vez que se menciona, y por sobretodo se bebe, a la típica y renombrada cerveza Guinness.

Establecida como la birra del tipo Porter (negra) más representativa de la galaxia, es fácilmente identificable por su textura “gruesa” y cremosa; como así también por un destacado color, que oscila, según cada quien, entre el negro, el azul marino o hasta, para algunos, cierta vertiente del marrón.

Muy cerca de Irlanda, en el mismísimo Reino Unido, se encuentra una de sus díscolas primas ebrias: Escocia, una nación cuya Selección también es fácilmente identificable por el color de su camiseta, que a lo largo de la historia ha oscilado entre el negro, el azul marino y cierta vertiente del marrón. Insistimos, según la visión de cada quien…

burleybirra01Pero además de eso, tanto hinchas como jugadores y hasta técnicos de esa nacionalidad son famosos por su dependencia y adoración por la cerveza, teniendo a la Guinness como la favorita entre las favoritas. Y llevando esta birra tanto en la mano como en el estómago, es como la pintoresca barra de seguidores escoceses –conocidos como la “Tartam Army”– se hizo famosa a lo largo y ancho del planeta. Bueno, la cerveza y también esas polleritas que dejan ver rojizos culos gordos y pichulas (?).

No conforme de ser el elixir que regocija los corazones de los británicos, Guinness también es sinónimo del exclusivo “Libro de los Récords”, el cual nació de las entrañas de la propia cervecería. Y claro, si hablamos de escores, la última Selección de Escocia que vimos en una alta competencia –Francia ´98- poseía algunos difíciles de quebrantar. El primero, ser la escuadra con el promedio de edad más elevado en una cita mundialista hasta ese momento. El segundo, incluir la mayor cantidad de jugadores desdentados que se haya visto en la historia…

Tipos como Jim Leighton (39), Tom Boyd (32), Colin Calderwood (32), Tosh McKinlay (33) ó Gordon Durie (32) subían el promedio de edad del plantel hasta límites exorbitantes. Y, por supuesto, se encontraba un incisivo, un canino o un molar cada cinco minutos (?). Sin embargo, de todos ellos, el más recordado es el mediapunta Craig Burley, autor del tanto del empate frente a Noruega, quien, al igual que sus compañeros antes mencionados, también perdió el comedor en peleas de pubs, abombado por exceso de malta y lúpulo…

Tras un derrotero que después incluyó al Derby County, al Dundee de su país y al Preston North End, el querido Craig Burley finalizó su carrera en el año 2004 defendiendo la divisa del Walsall del profundo ascenso inglés.

Luego de un par de años desaparecido del mapa y siendo sindicado como un borrachín perdido en la cerveza Guinness, el antiguo internacional reapareció en el año 2010 – presuntamente sobrio y con una preciosa dentadura nueva- como comentarista de la cadena ESPN.

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Sin embargo, ciertos comentarios desacertados y un visible encono irónico hacía el Celtic Glasgow, hicieron a varios hinchas dudar de su sobriedad. De hecho, si tienen la voluntad de buscar verán que, en cada foro partidario de dicho equipo escocés, cada mención sobre Craig Burley viene acompañada de la frase “This motherfucker drunk guy”, entre miles etílicos elogios (?). ¡Que tipos malos!

Dolido por las hirientes dudas sobre su rehabilitación, Burley juró antes las cámaras que sus días como consumidor de cerveza Guinness, peleador de pubs y protagonista de hechos sinsentido habían quedado atrás. Acto seguido y para que no quedasen dudas sobre recuperación manifestó que la vuelta de Fernando Torres al Atlético de Madrid sería un fiasco y que él se tatuaría la cara del español en caso que El Niño le convirtiese algún tanto al Real Madrid en el re-debut del delantero por los Octavos de Final de la Copa del Rey 2014/15.

¿Y qué pasó? El Niño marcó dos tantos –el primero al minuto de juego- para que Craig Burley le hiciera honor a una promesa de borracho aunque, eso sí, en total estado de sobriedad. Claaarooooo….

burleybirra03Y así, casi 20 años después, la vieja y querida Selección de Escocia del 98 puede sumar otro hito difícil de empardar al Libro de los récords Guinness: ex jugador alcohólico, ahora sobrio, que sin embargo rinde promesas de borracho. Y todo, gracias al compañero de copas Craig Burley… ¡Salud!

Chapitas: Aloísio Chulapa

Aloísio José da Silva (Aloísio Chulapa)

Como futbolista, Aloísio José da Silva desarrolló un currículum más que interesante. Asomó en el Flamengo de mediados de los 90, en aquel plantel que tenía al ataque de los sueños con Romário, Edmundo y Sávio. Desde el banco de suplentes, fue partícipe de esa maravillosa tángana ante Vélez por la Supercopa 1995 y hasta surtió… a uno de sus compañeros. No obstante, en su puesto natural de delantero no tendría muchas chances en el Mengão y pasó a préstamo al Guaraní paulista. A comienzos de 1997 llegó al Goiás y la rompió. Fue tricampeón estatal y a mediados de 1999 lo vinieron a buscar de Europa.

En Francia, primero actuó en el Saint-Étienne y luego conoció a un tal Ronaldinho Gaúcho vistiendo los colores del Paris Saint-Germain. Más tarde jugó un tiempo en Rusia y regresó a Brasil para disputar la Copa Libertadores 2005 con la camiseta del Atlético Paranaense y ganar el Mundial de Clubes de ese mismo año, frente al Liverpool, con el São Paulo, donde estuvo hasta 2008. Desde entonces, se dedicó a deambular de acá para allá, a lo largo y a lo ancho de su país.

Sin embargo, el pico máximo de la popularidad de Aloísio Chulapa (apodo que heredó de Serginho Chulapa, goleador histórico del tricolor paulista) se dio ya en el punto extremo del betocarranceo de su carrera -colgó los botines a comienzos de 2017, a los 42 años- y gracias a la combinación de dos factores: su activa participación en las redes sociales y su fanatismo por la cerveza. O como le dice él, el Danone, nombre que surgió en un encuentro con uno de sus mejores amigos, el Emperador Adriano, a quien conoció cuando era apenas un juvenil de las inferiores del Fla.

Desde su fantástica cuenta de Instagram (@aloisiochulapa), Aloísio hace las delicias de sus más de 250 mil seguidores, siempre acompañado de una birra. Ya apareció en las situaciones más disímiles: con un botellón gigante, al lado de una heladera ploteada con su imagen, adentro de la heladera, soplando la vela de una torta con el logo de Skol, escabiando con el perro e incluso ¡¡¡disfrazado de El Zorro!!!

Uno de los hits de Chula, que impuso frases como mim acher, descubra, chama o SAMU (el equivalente brasileño al SAME) o “acaba não, mundão”, fue cuando enseñó a tomar “Danone doble”. ¿Qué es eso? Dos vasos de cerveza en una misma mano: uno lleno que derrama el contenido en el segundo (a medio llenar) y de ahí directamente a la barriga (o los riñones) de nuestro héroe.

¡Salud!

Etiquetas: Peñarol con Doble Uruguaya

A comienzos de 2001, el Club Atlético Peñarol estaba en reconstrucción después de haber conseguido el segundo quinquenio de su historia entre 1993 y 1997. La transición venía siendo dura en cuanto a resultados (un título en cuatro temporadas) y también en el tema comercial.

Parmalat, su sponsor durante los años dorados, estaba en pleno declive y no había renovado su contrato después del título de 1999.  SportsYa, auspiciante en 2000, había entrado en la crisis irreversible de los .com que terminó con varios sitios pioneros de la web en la bancarrota. Por ese motivo, Peñarol regresó al signo de interrogación que había aparecido en la camiseta luego de la rescisión de Parmalat.

La original estratagema (?) dio sus frutos cuando, en mayo de ese mismo año, Fábrica Nacional de Cervezas firmó un contrato por tres temporadas para que una de sus marcas apareciera en la casaca manya. De esa manera, se pretendía darle un salto de popularidad a uno de sus productos más antiguos: la Doble Uruguaya.

Whilem Sommers, el alemán cliente de Cervecería Uruguaya que terminó siendo marca registrada.

Esta cerveza era una de las más añejas, ya que su primera producción data de la segunda mitad del siglo XIX, cuando la Cervecería Uruguaya (fundada en 1866) lanzó la Uruguaya (cruda) y la Doble Uruguaya (fermentada). La Doble fue líder del mercado durante la existencia de la cervecería e incluso siguió siendo el estandarte cuando pasó a ser parte de Fábrica Nacional de Cervezas, en 1932.

En la década del 50 se dejó de producir la cruda, afirmándose el liderazgo de su hermana, pero a fines de la década del 60 y a principios de los 70, todo cambiaría. La necesidad de renovación en un mundo que estaba cambiando social y políticamente (aunque no se pueda creer, también llegó a un Uruguay que ya estaba dominado por el Plan Cóndor), facilitó la desaparición de la Doble Uruguaya como marca insignia de FNC y la irrupción de Pilsen en el mercado masivo.

La cerveza empezó un declive interminable que terminó casi en la interrupción de la marca, hasta que en 1995 la fábrica decidió que era tiempo de revivir su primer éxito, pero el intento fue un fracaso que duró apenas dos años.

Hubo otro re lanzamiento de la Doble en 2001, acompañado por un contrato de tres años con Peñarol. El resultado no fue el esperado: a pesar de que Doble Uruguaya prometía regalar 1000 camisetas aurinegras y era la birra más barata del mercado, también es cierto que era horrible, así que no sumó nuevos adeptos como para prolongar su estancia en las góndolas.

A tono con el sabor de su auspiciante, Peñarol perdió el título del 2001 por razones futbolísticas y el título del 2002 por culpa de su hinchada, ya que arrastró 3 puntos de descuento por incidentes que le hubieran permitido ganar el Clausura.

Vale destacar que ese año se dio el único gran triunfo de Doble Uruguaya en la camiseta del manya: su logo quedó inmortalizado en los únicos 3 goles hechos por Joseph Akongo, el camerunés que nadie supo de donde salió ni adonde se fue.

Para hacer el golpe mas doloroso aún, en ambas temporadas fue campeón su clásico rival, el Club Nacional de Football.

Al término del Apertura 2003 y luego de otro fracaso deportivo, el acuerdo llegó a su fin cuando habían pasado 2 de los 3 años de contrato. Para el Clausura de ese año, llegaron los dólares de Pirelli (con José Luis Chilavert) y el carbonero logró romper la racha adversa.

Para finalizar, debemos señalar que después de pasar dos años en el pecho de los aurinegros, Doble Uruguaya dejó de existir como marca, sufriendo el mismo camino que sus antecesores: Parmalat y Sports Ya! ¿Camiseta mufa? Para pensar.

Etiquetas: Nottingham Forest (1984 a 1997)

Es difícil encontrar un maridaje más perfecto que la camiseta del Nottingham Forest y las cervecerías, desde 1984 e ininterrumpidamente hasta 1997 main sponsors de los colorados, que todavía gozaban de una enorme reputación gracias a los títulos conseguidos a finales de los setenta y comienzos de los ochenta, como la liga inglesa, el bicampeonato de la Copa de Clubes Campeones Europeos (la actual Champions League) y la Supercopa UEFA. Todos dirigidos por el recordado Brian Clough (aquel de la película The Damned United), que se mantuvo en el cargo ¡entre 1975 y 1993!

Entre 1984 y 1986 fue la danesa Skol (que contrariando la creencia popular no es brasileña) quien estampó su marca al frente de la casaca del Forest y arrancó bárbaro: afuera de la Copa UEFA 1984/85 en primera ronda contra el Brujas de Bélgica.

Tras un breve interinato de Home Ales en la temporada 1986/87, la posta la tomó Shipstones (en la imagen de abajo defendida por un jovencísimo Roy Keane), que se mantuvo hasta 1993 -alternando en los partidos televisados con la canadiense Labatt’s (ambas del mismo dueño) durante la 1992/93- y se fue como corresponde, en gran estilo: descendiendo a la Division 1.

Ya con Labatt’s como sponsor fijo, Nottingham volvió rápido a la Premier League y pegó un campañón en la 1994/95: terminó tercero y se metió en la Copa UEFA 1995/96, de donde marchó en cuartos de final, con una paliza incluida ante el Bayern Munich. Nada comparable con el dolor de ojos que fue ver la camiseta suplente que usaron entre 1995 y 1997, cuando las cosas acabaron mal: con un nuevo descenso.

Luego de 13 años consecutivos de cervecerías en el pecho, la llegada de la aseguradora Pinnacle inició una nueva era de fracasos estrepitosos. De las últimas 20 temporadas, Nottingham Forest pasó apenas una (la 1998/99) en la Premier League. Incluso, hace algunas semanas se salvó con lo justo de caer a Tercera, lo que desencadenó en una increíble invasión de cancha para festejar.

Resaca: “En Tu Cabeza Hay Un Gol”

Muchos de quienes hacemos este blog y, con certeza, varios de quienes lo consumen, tuvimos nuestra adolescencia, juventud y estado de gracia durante la añorada década de los noventa. Dos lustros de amplio descubrimiento en diferentes sentidos y, por sobretodo, de una profunda e ingobernable locura. También en todos los sentidos. Para soportar los años noventa, uno tenía que volverse poco menos que un desequilibrado.

Al descubrimiento sexual, monetario, laboral, sobre el manejo del mundo y etcétera, etcétera, hay que soslayar uno fundamental en nuestra existencia: el descubrimiento de los placeres, dotes y bondades de consumir hectolitros de cerveza. Algo que también colaboraba, según la tolerancia de cada quien, en abrir las compuertas de la demencia.

La por entonces prestigiosa Cervecería y Malteria Quilmes también andaba en la fase de experimentación y se encargó de ser la máxima colonizadora de un terreno, por entonces, casi inexplorado: el marketing de las bebidas alcohólicas en nuestro viejo y querido fútbol argentino. Y ya nada volvió a ser lo mismo.

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Como primera medida, la empresa del sur del Gran Buenos Aires le metió su publicidad a las camisetas de Boca y River Plate, los equipos más populares de la Argentina.

Y además del Quilmes Atlético Club (que por entonces estaba en la B Nacional), la sponsorización de la cervecería recayó en un convidado de piedra: Vélez Sársfield, lo cual llevó al por entonces Presidente de aquella institución, Raúl Pistola Gámez, a poco menos que agarrarse a puñetazos con los ejecutivos de la firma y a vociferar en los medios de comunicación: “La camiseta del Fortín vale lo mismo o más que las de Boca y River. Si los de Quilmes no nos pagan lo mismo que a ellos no vamos a dejar que sigan manchando nuestra camiseta con su logotipo”. Claro que si, viejo. Por que en los noventa estábamos todos medio mal de la cabeza…

La segunda medida, la más revolucionaria de la cervecera, fue la confección de diferentes spots televisivos vinculados al fútbol, muchos de los cuales quedaron incrustados en el inconsciente colectivo. ¿El primero de ellos en pasar a la inmortalidad? “Gol, Gol, Gol, en tu cabeza hay un gol”, de 1997.

El recordado comercial de la agencia Agulla & Baccett intentaba apelar a la pasión, pero a la vista de todos está que su foco lo hacía más que nada en la locura. Abundaban personas fuera de sí, un hembrón solo en medio de una popular, gente colgada peligrosamente de autos y colectivos, y un tipo con una bandera parado sobre el tablero del Monumental. Hasta aparecía la destacada figura de Ariel Ortega haciendo algo de magia. Porque lo principal era la coherencia (?).

Pero además, frases como “No lo podés parar”, “Vas a gritar, a sufrir y a llorar”, “Y nunca más lo pudiste dejar”, “Es un sabor que tu garganta no olvidará nunca”, daban a entender que Quilmes nos consideraba unos junkies futbolísticos.

Para cerrar el círculo y contribuyendo a la leyenda, el jingle estaba cantado por el mismísimo publicista Ramiro Agulla, dato que él mismo se encargó de confirmar más de una vez. Sin embargo, existe otra versión sobre la voz de aquel spot.

Para muchos, quien interpretó ese tema no fue otro que Ricky Espinosa, vocalista de la banda Flema, quien seguramente hubiera visto con esta publicidad más billetes que en toda su profesión como músico. Años más tarde, se suicidó arrojándose del balcón ante la promesa de “si pierdo este partido de Play, me tiro por la ventana”. Y efectivamente la leyenda del punk rock vernáculo fue derrotada. Locura, locura y más locura…

Poco después, con el estribillo cantado hasta por las minitas en los colegios y también sonando en los informes futboleros de Diego Korol en Videomatch, a todos no bajó la resaca cuando descubrimos que no se trataba de una composición original sino que era una libre adaptación (?) de la canción “Born Slippy” de la banda galesa Underworld, la cual sirvió como tema principal de la película definitiva de los noventa: Trainspotting.

El filme de Danny Boyle -spoiler alert (?)- trataba sobre un grupo de jóvenes escoceses heroinómanos quienes, además de estar involucrados en el crimen y el abuso excesivo de cerveza, hacían varias referencias futboleras, como jugar un partido de papi contra unos adictos en recuperación o sobre el gol que Archie Gemmil le convirtió a Holanda en Mendoza durante el Mundial ’78 para la victoria escocesa por 3 a 2.

Y fue ahí, vinculando “Gol, gol, gol, en tu cabeza hay un gol” con Trainspotting, que nos dimos cuenta que los jóvenes de la década de los noventa éramos mas o menos parecidos en diferentes latitudes y que también estábamos hermanados por la siempre adictiva pelota número 5.

Por más que en la cabeza de algunos hubiese un gol y en la de otros un porrón lleno de cerveza atravesado en el marote. Y sobre todo, locura, locura. Así fueron los noventa. Choose Life, Choose Beer…

Chapitas: Nicki Bille Nielsen, un trago de Carlsberg

Si en algún momento tuvieron la inexplicable necesidad de tipear “bebida alcohólica danesa y fútbol” en el buscador de este sitio, es probable que hayan terminado en cualquier lado. No es el caso. Esta vez, hacemos referencia a la popular Carlsberg, cerveza tradicional tanto en Escandinavia como en el Reino Unido, que tiene su acta de nacimiento sellada en Copenhague en el año 1847.

Autodenominada como “la mejor cerveza del mundo”, la empresa no tardó en expandir su imperio a través del fútbol. Y así, además de inundar con publicidades transmisiones televisivas y estadios, le puso su logotipo a infinidad de camisetas de su país natal, como así también de Finlandia, Holanda y Noruega. Sin embargo, el futbolero promedio la va a recordar, automática y empáticamente, como el chivo del Liverpool inglés, en cuya indumentaria reposó durante felices 18 años.

Conocida por las bondades que brindó al espíritu de los Hooligans y también al de los hinchas de pubs, esta birra nunca hizo pata ancha ni se popularizó en la Argentina, pese a que se consigue en algunas cervecerías, vinerías y locales afines. Pese a esa dificultad, la empresa si se acordó de nosotros y en un spot futbolero incluyó a un gordito de rulos con una camiseta celesta y blanca barriendo el piso. Y todo para congraciarse con los ingleses. Por que siempre algo huele mal en Dinamarca.

Donde sí se consigue libremente esta cerveza, por supuesto, es en todos los estadios daneses. Demasiada tentación para el delantero ex promesa y reconocido chico malo Nicki Bille Nielsen, quien en el año 2015 le robó y le bebió un vaso de Carlsberg a un hincha, luego de convertir, en el último minuto, el empate 2 a 2 definitivo de su equipo Esbjerg contra el Hobro. ¡Y encima le metió zarpado fondo blanco!

“Estaba tan eufórico por el gol y es tan rica la Carlsberg que no lo pensé y me la tomé. No veo nada malo en lo que hice”, manifestó el rebelde Nicki Bille. Iniciado como el jugador a seguir de las Selecciones menores de Dinamarca, Nielsen pasó, sin afianzarse y decepcionando, por Reggina, Martina y Lúchese de Italia, Villarreal, Elche y Rayo Vallecano de España, Evian de Francia, Rosenborg de Noruega, Nordjaelland y Esbjerg de Dinamarca; y Lech Poznan de Polonia, donde se encuentra hoy con 29 años.

Afín a mostrarse en redes sociales con diversas señoritas, a exhibir sus tatuajes y a fotografiarse con armas, en el 2013 Nicki Bille fue arrestado luego de destrozar dos pubs en una noche inspirada por el exceso de malta y lúpulo. Algunos meses antes, su padre dejó un recuerdo en el living familiar luego que su vástago metiese su único gol con la Selección mayor de Dinamarca. Por que a papá Nielsen también le encanta la cerveza.

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Pero eso no es todo. En el año 2014, Nielsen afrontó una condena de 8 años de prisión luego de morder –si, morder- a un policía en estado total de ebriedad. Finalmente, el bueno de Nicki Bille arregló todo con una multa y con 80 horas de trabajo comunitario. Sus últimas declaraciones fueron: “no puedo culpar a la cerveza Carlsberg de mi fracaso deportivo… también existen muchas otras cervezas”. Aplausos.