
Bruno Fernandes de Souza
No hay peor lugar en el mundo para ser arquero suplente que Brasil. Ni hablar cuando uno es la tercera opción. Pueden pasar campeonatos, años, décadas, siglos enteros y el mismo reserva estará siempre ahí, sentadito en el banco, esperando que el titular se fracture una pierna, se coma 18 goles boludos (porque con uno solo no alcanza, ya está comprobado) o, en el peor de los casos, lo parta al medio un rayo. La perpetuidad de los goleiros en el arco es alarmante. Sobran los casos como los de Rogério Ceni (que a los 41 sigue hasta hoy en São Paulo), Marcos (en Palmeiras), Clemer (en Internacional), Harlei (en Goiás) o Danrlei (en Gremio) y siguen los nombres.
Fue justamente gracias a una suspensión de Danrlei (que había pasado a Atlético Mineiro tras una década en el conjunto de Porto Alegre y ¡un mes! en Fluminense) y una convocatoria de Diego Alves –el sustituto inmediato- al Sub 20 brasileño que Bruno pudo hacerse un hueco en el once inicial del Galo de Minas Gerais en 2005. Y no salió más.
La revista Placar, la versión local de El Grafic*, lo eligió como el segundo mejor arquero del Brasileirão, hecho que llamó la atención de los clubes más importantes del país. En 2006, Bruno pasó al Corinthians paulista, aunque algunos desentendimientos con los dirigentes provocaron su salida, incluso sin haber debutado, pocos meses después.
Tras un breve período de inactividad, la empresa MSI (del polémico Kia Joorabchian y dueña de su pase) le ofreció ir al Flamengo (2006), que necesitaba un reemplazante para Diego, que estaba lesionado. Luego de un inicio de 2007 irregular, se consagró en la final del carioca, en el clásico ante Botafogo, cuando atajó dos penales y se convirtió en el ídolo de la torcida rubronegra.
Su rendimiento en alza provocó que MSI intentara ubicarlo en el fútbol europeo, algo que no cayó bien entre los directivos del Fla, que bajaron la orden de marginarlo del equipo titular. Una vez acordada su permanencia, recuperó el puesto. En 2008, para evitar problemas, el club de Río de Janeiro decidió comprarle más del 90% de sus derechos económicos.
En 2009 volvió a ser clave en la final del torneo estadual. Otra vez ante Botafogo, tapó tres penales (uno durante el partido y dos en la definición) y el Mengão consiguió el tri.
El castillo de naipes comenzó a desmoronarse rápidamente en junio de 2010, cuando un hecho policial sacudió a toda la opinión pública. La modelo y actriz porno Eliza Samudio, ex amante y madre de uno de sus hijos, había desaparecido. Con el paso de los días, todas las miradas apuntaron a Bruno, que no resistió demasiado y fue detenido a comienzos de julio, con prisión preventiva.
Recién el 6 de marzo de 2013, el arquero admitió la muerte de Samudio (cuyo cuerpo jamás apareció y habría sido comido por rottweilers) y culpó a su primo, apodado Macarrão, como autor material. Dos días después, Bruno fue condenado a 22 años y tres meses de prisión, acusado de secuestro, homicidio calificado y posterior ocultamiento del cadáver. Por confesar le redujeron tres años de pena, y luego recibió un aumento de seis meses por haber sido el autor intelectual.
Por estos días (y por unos cuantos más) lava sus culpas en el penal Nelson Hungria, de la localidad de Contagem, en Minas Gerais. Allí, tras un fallido intento de suicidio, aguarda el traslado a Montes Claros, donde firmó un contrato por cinco temporadas para volver al fútbol con los colores del Montes Claros FC, equipo que disputa la tercera división del campeonato mineiro.
En una extensa entrevista, publicada por Placar en abril de este año, Bruno confesó su sueño: «Jugar de nuevo en el Mineirão, escuchar a la torcida gritando mi nombre. Soñar no cuesta nada, ahora depende de los jueces. Errar es humano. Yo me equivoqué y estoy pagando muy caro mi error. Estoy arrepentido, pero no dejo de pelearla. Quiero pagar mi equivocación y dar vuelta las cosas. Es momento de empezar de nuevo».



















