Allá por la década del 70, cuando la Copa Libertadores de América todavía no contaba con la participación de equipos de otra confederación, el duelo entre clubes argentinos y mexicanos no dejaba de ser una rareza. Y sobre todo si el partido ¡se hacía en Estados Unidos!
En agosto de 1978, Talleres de Córdoba llegó a Los Ángeles para, de alguna manera, representar al fútbol campeón del mundo. ¿Su rival? Los Tigres de la Universidad Autónoma de Nueva León. Sin embargo, el choque era anunciado desde los afiches como ARGENTINA VS. MÉXICO, como para enganchar a algún yanqui desprevenido con ganas de ver a dos seleccionados. Improbable igual, ya que por esos tiempos la pelota número 5 no despertaba demasiado interés por aquellas tierras. Incluso menos que ahora.
Tras ser recibido y homenajeado en el Concejo Deliberante de L.A., el plantel hizo su primera práctica en suelo norteamericano, al mismo tiempo que el DT, Roberto Saporiti, declaraba a la revista El Gráfico: «Esta gira es un desafío. Hay que volar mucho, descansar poco, jugar en climas diferentes, cambiar de comidas. Me gusta. Así se curten los grandes equipos, así se hacen profesionales». Después de 33 horas de no tocar una cama, a los jugadores les tocó descansar.
Mientras tanto, el organizador del partido, el empresario Arturo Guerra, decía: «Pagamos 32 mil dólares los pasajes de Talleres y 7 mil los de Tigres; 20 mil por la promoción del encuentro; 10 mil por la seguridad, 10 por ciento por el alquiler del estadio y otro 10 por la Federación de Soccer. Usted supondrá que estoy loco, teniendo en cuenta que aquí el fútbol no interesa. Pues bien, sí, debo estar loco». A eso, había que sumarle 16 mil dólares por el cachet de los cordobeses y otro tanto para los mexicanos. ¿Mucha plata? Esperen, que todavía falta.
Llegó el día esperado, con 40 grados de temperatura, según relataba el periodista Carlos Ferreira. Ambos equipos salieron al campo de juego del Coliseum y regalaron 18 pelotas a las tribunas. De entrada, los jugadores se confundieron con las marcas del campo de juego, propias del fútbol americano. De hecho, el arquero de la T, Rubén Guibaudo, cometió dos manos por no saber dónde terminaba su área. De terror.
Con el buen juego de Valencia y la Pepona Reinaldi, los cordobeses se pusieron en ventaja en el primer tiempo. Sin embargo, los mexicanos igualaron en la segunda mitad y hasta desperdiciaron un penal.
Fue empate, 1 a 1. No ganó nadie. Y mucho menos el organizador: con menos de 5 mil entradas vendidas a 9 dólares cada una, recaudó 45 mil dólares con toda la furia. Bien, ahora descuenten todo lo que tenía que pagar. Y sí, el tipo estaba loco.
La idea no era mala: rendir tributo a las grandes glorias de la institución, llevando los nombres de los jugadores que habían dignificado la camiseta. El tema es que la época escogida para implementar la campaña no fue la ideal. Sin estadio propio y con un plantel limitado en cuanto a calidad, el homenaje parecía más bien un manotazo de ahogado a la historia.
Corría febrero de 2009, cuando la empresa Puma se hizo cargo de la indumentaria de Independiente y entonces aprovechó la movida para lanzar unas ediciones especiales. La primera fue una casaca con estilo retro y diferentes insignias conmemorativas que lucían cada uno de los jugadores. Se estrenó en la primera fecha del Clausura ’09, en el empate 0 a 0 ante Vélez, en la cancha de Huracán.
En la segunda jornada, ante San Martín de Tucumán, el Rojo se presentó con el mismo diseño de camiseta, pero con una variante: en el pecho aparecían los apellidos de las leyendas del club.
Ese día, en La Ciudadela, Independiente homenajeó a Santoro (Assman); Clausen (Moreira), Trossero (Rodríguez), Villaverde (Tuzzio) y Pavoni (Mareque); Pastoriza (Vittor), Bertoni (Mancuello), Burruchaga (Fredes) y Bochini (Montenegro); Agüero (Higuaín) y Erico (Núñez).
¿Cómo le fue al Rojo? Perdió 3 a 0 ante los tucumanos, con un triplete de Cristián Canío. ¿Las glorias? Agradecidas (?).
En estos días convulsionados que vive la Argentina apelamos a la unidad nacional brindando una Baldosa mucho más inclusiva. Además de los típicos baldoseros, por este espacio han desfilado jugadores que han defendido a diversas selecciones. Campeones de liga, de copa, de juveniles. Algunos que han pasado por grandes de Europa. Otros que participaron de la Copa América. Hay varios extranjeros que hasta han sido mundialistas. Pero nunca, hasta hoy, se había incluido a un futbolista que además tiene una Medalla de Oro olímpica. Con nosotros: Nicolás Rubén Medina.
Nacido el 17 de febrero de 1982 en Capital Federal, este volante polifuncional -de preferencia central aunque también defensor- comenzó su carrera en el semillero del Semillero del Mundo: el Club Social y Deportivo Parque. Siguiendo el camino natural de todos aquellos pibes, se unió a las inferiores de Argentinos Juniors promediando su adolescencia.
Además, formaba parte activa del Seleccionado Sub-17 de Hugo Tocalli. Y fue precisamente allí -cuando se encontraba disputando el Sudamericano de la categoría en Montevideo- que su nombre llegó con prepotencia a las grandes marquesinas. El flamante entrenador de la Selección Argentina, Marcelo Bielsa, lo había convocado para el primer amistoso de su gestión en el cual iban a participar los consagrados jugadores que estaban en Europa.“Nicolás Medina debe ser un crack, recién cumplió 17 años”, pensábamos todos…
Con la cabeza en otro lado, El Tato tuvo un bajo nivel en la ronda final del Sudamericano y la Selección no consiguió el pasaje al Mundial de Nueva Zelanda ´99. Igual, a Medina nada pudo borrarle la sonrisa de la cara. Viajó a Holanda, se sacó una foto con Redondo, otra con Batistuta y después se sentó en el banco de suplentes en el empate 1 a 1 contra los locales. Ah, también se sacó una foto con Guglielminpietro, claro, pero la borró 36 minutos después (?).
En septiembre de ese año -1999- debutó con El Bicho cuando ingresó a los 44 minutos del empate 1 a 1 frente a Boca. Esa noche, Chiche Sosa le pidió que ayudase a Mariano Herrón en la tarea de anular a Juan Román Riquelme. Y los dos pibes cumplieron con creces, claro. Durante los dos años siguientes, Medina osciló entre la titularidad y el banco de suplentes, con la lógica de quien cuece a fuego lento a sus futuras estrellas. En resumen, hasta mitad de 2001 totalizó 48 partidos y un gol (a Boca). No la rompió ni defraudó, por supuesto. Aún tenía 19 años.
A mediados de 2001 ocurrió lo mejor de su carrera cuando fue el volante central titular en la Selección Argentina Sub-20 que ganó caminando el Mundial disputado en nuestro país al lado del Conejo Saviola, El Cabezón D´Alessandro y El Pipi Romagnoli. Y también al lado de Sebastián Bueno y El Pollo Herrera, claro. Después de la vuelta olímpica, Nico fue vendido por 3,5 millones de dólares al Sunderland de Inglaterra, quienes se decidieron a invertir animados por las buenas actuaciones de otro ex Argentinos Juniors que habían contratado: Julio Arca.
Sin embargo y pese a que lo definió como “un mediocampista completo”, el técnico Peter Reid jamás lo utilizó en el primer equipo y la participación de Medina se limitó a los partidos de reserva. Tras el descenso del Sunderland, la directiva lo cedió al Leganés (2003/04) de la Segunda División española que contaba con 15 argentinos y que descendió a la tercera categoría. Al menos, pudo ser titular. Entremedio, Bielsa lo convocó para el Preolímpico Sub-23, que Argentina ganó logrando el pasaje a los Juegos Olímpicos.
El año 2004 estuvo, para Nico, teñido de celeste y blanco. Estuvo en la Copa América de Perú -para ver todos los encuentros desde el banco- y participó de Atenas 2004, donde ingresó como suplente en los partidos frente a Serbia, Costa Rica e Italia y se adjudicó la primera presea dorada de la especialidad para nuestro país. Desde Grecia, aquella Selección Sub-23 completa viajó directo a Perú para jugar por Eliminatorias y Medina ingresó por Tévez durante los últimos siete minutos de la victoria por 3 a 1 frente a los incaicos. Ese -podríamos afirmar- fue su punto final en el alto rendimiento. Obvio, ya tenía 22 años (?). Eso si, estuvo al lado de Bielsa durante sus primeros días y también en su último encuentro.
En la temporada 2004/05 jugó -con un nivel irregular- en el Murcia de la Segunda de España. Luego volvió al país para sumarse a Rosario Central (2005), donde apenas metió 3 partidos con un pobrísimo rendimiento. A comienzos de 2006 y ya con el pase en su poder, Medina firmó para Gimnasia de La Plata para estar recuperándose de una lesión durante todo el Clausura 2006.
¿La solución? Un semestre a préstamo en Nueva Chicago (solo jugó 12 minutos frente a Gimnasia de Jujuy) y otro en Talleres de Córdoba en la B Nacional (9 partidos, un gol, en la campaña que condenaría al Matador a bajar al Argentino A).
De regreso en Gimnasia, Falcioni lo puso en 7 partidos hasta que una rotura ligamentaria lo dejó afuera de todo. Con 26 años, El Tato dejó la elite de nuestro fútbol y -tras doce meses en la enfermería del Lobo- en 2009 se fue al O´Higgins de Chile. Con algunas interrupciones por lesión en el medio, Tiro Federal (2010, Nacional B, 7 partidos), Reboceros de La Piedad de México (2011, Liga de Ascenso, 2 partidos) y El Porvenir (2012/13, Primera C, 12 partidos) fueron los siguientes destinos donde siguió regalando jirones de prestigio.
Entre 2013 y 2015, el campeón olímpico estuvo en Unión Comercio de Perú, donde le sobró para convertirse en patrón del mediocampo. A mediados de 2015, la ex promesa Nico Medina cambió de equipo pero no de país cuando se sumó al Sport Huancayo.
Y ahí, como quien se siente en su casa, dejó una sentencia digna de resaltar: “El único técnico que mete con seguridad a Perú en el Mundial de Rusia es José Pekerman”. ¿Por su probada capacidad? ¿Por lo que está haciendo en Colombia? ¿Por las enseñanzas que te dejó en la Selección Sub-20? “No… porque es mi suegro”.
Nicolás Rubén Medina. Bienvenido a En Una Baldosa.
Una vez más, el agradable Complejo Municipal Club Malteria Hudson supo abrir sus puertas para que unos 70 vagos (¡y una minita!) disfrutaran del sano deporte de la conversación, el morfi, las gaseosas de segunda marca y algo parecido al fútbol. Como es habitual, todo bajo el caluroso sol de diciembre, ese que le da un condimento extra al desafío de tratar de sobrevivir a un pique corto a las 3 de la tarde (?).
Y bajo estas condiciones fueron llegando los putitos, algunos por sus propios medios y otros agrupados en el #MicroBaldosero que partió desde Constitución. ¿Un escolar destartalado? No, papá: un ómnibus con aire acondicionado y cinturones de seguridad. La década ganada, en su máxima expresión.
Una vez en el predio, algunos enfilaron para la cancha, otros preguntaban a qué hora abría la cervecería y los más sensatos se reguardaban en la sombra proporcionada por el quincho, bien cerquita de la parrilla. Al rato, empezaron a salir las primeras hamburguesas, hechas con carne grado F, acompañadas de bebidas que aún no habían alcanzado el frío ideal. Nada de eso le importó a la horda de hambrientos muchachos, que atacó sin piedad a los alimentos.
No habían pasado 15 minutos del último bocado y, como recomiendan los médicos (?), todos a la cancha, a correr como desquiciados con más de 30º C. Pero esta vez no estábamos solos: había llegado el invitado, Héctor Bracamonte. El ex jugador de Boca contó anécdotas, se sacó fotos y formó parte del equipo del Staff, destacándose como un sobrio lateral derecho. Obviamente, el título quedó para el equipo organizador, que eligió jugadores, rivales, horarios, pelota y árbitro. Campeones sin discusiones.
Con las piernas cansadas pero el corazón contento (?), llegó el momento de la foto grupal y los sorteos, donde se repartieron variados artículos, desde indumentaria de equipos extranjeros hasta literatura noventosa argentina, además del merchandising oficial de En Una Baldosa. Era el final. Solo quedó tiempo para la despedida, los saludos, las amenazas (?) y la promesa: hasta el año que viene.
Llegó el día. Hoy, 13 de diciembre, se realiza el Encuentro Baldosero en el Club Maltería Hudson, ubicado en Avenida Otto Bemberg 5800 (Hudson, Berazategui). También lo pueden encontrar como Calle 55 y 158.
Puede concurrir todo aquel que se haya anotado con anticipación. La lista completa la pueden ver en el FB del evento.
Fundamental para todo aquel que vaya al encuentro:
– Zapatillas o botines.
– Dinero para pagar comida y bebida (costo a confirmar).
– Buena onda
– Puntualidad, para poder disfrutar de toda la jornada.
Si tenés auto y te ofrecés a llevar a algunos putitos, a las 11.30 nos encontramos en Brasil y Bernardo de Irigoyen (Constitución).
Si vas en bondi desde capital: 129 (por Centenario), 195 (Camino Centenario). Desde Quilmes, 219 (Ramal rojo).
Tren NO HAY. Están terminando la electrificación del Roca.
BONDI BALDOSERO
Ponemos a disposición un bondi baldosero que saldrá desde Constitución. Los lugares son limitados (sólo 40) y el punto de encuentro es en Brasil y Bernardo de Irigoyen (Banco Francés), a las 11.30 h. Rogamos puntualidad. Una vez colmada la capacidad, el resto tendrá que ir en bondi de línea. A joderse (?). El regreso del mismo bondi está pautado para las 19 h.
Fue más que satisfactoria la campaña de San Martín de Mendoza durante el Campeonato de Primera B Nacional 1999-00. El Chacarero culminó segundo en la Zona Interior, aunque se quedó sin nafta a la hora de luchar por un lugar en Primera División, al caer en el Cuadrangular Final ante Huracán, y en el Reducido por el segundo ascenso, frente a Banfield.
Se podría decir que lo más flojo que tuvo ese conjunto, además de la falta de punch en los momentos definitivos, fue su vestimenta: durante varias fechas lució una prenda sin marca ni inscripción alguna, salvo un auspicio de considerables dimensiones. Algo que no se merecían Fabio Giménez, Arsenio Benítez y Leonardo Aguirre, entre otras figuras de ese equipo.
Eterno habitué de la Reserva de Lanús, de escuetísima participación en Primera, Roberto Dovetta llegó a las divisiones inferiores granates (previa escala por Boca Juniors) a los 15 años, tras debutar a los 14 con los colores del Sport Club Cañadense, de su Cañada de Gómez natal.
Desde el vamos, comprendió que ganarse un lugar en la delantera del equipo de la zona sur no sería para nada fácil. Cuando fue promovido al plantel profesional, a comienzos de 2005, tenía por delante a Daniel Tilger, Claudio Graf, Mauro Óbolo, el Ogro Fabbiani, Román Díaz, Gabriel Iribarren y Santiago Biglieri, entre tantos otros.
En la última fecha del torneo Clausura de aquel año, el Grana goleaba 5 a 0 a Olimpo de Bahía Blanca cuando Jorge Borelli y Gustavo Zapata (los ayudantes de campo de Néstor Gorosito, que estaba expulsado) se apiadaron del juvenil de 17 años y lo mandaron a la cancha en lugar de Graf. Casualidad del destino, algunos meses antes, Cacho y el Chapa le habían dado sus primeros minutos extraoficiales en un amistoso disputado en Estados Unidos que Lanús le ganó al Yokohama Marinos japonés por 1 a 0.
El panorama estuvo lejos de mejorar cuando llegaron refuerzos, a priori, de peso como Ariel Carreño y Sebastián Coria, y aparecieron otros pibes de las inferiores que pintaban bien, como Diego Manicero. El arranque de 2006 tampoco le tiró un guiño. En el torneo Clausura, en el que Lanús fue escolta de Boca, no sumó ni un minuto.
En el medio, Rober, que ya había tenido algunas actuaciones en la selección argentina Sub 17, sumó presencias con la Sub 20. Por ejemplo, fue sparring la noche que el equipo de José Pekerman se despidió del público en el Monumental de Núñez antes del Mundial de Alemania 2006.
Sin embargo, tuvo que pasar más de un año para que Dovetta volviera a ponerse la camiseta granate, ahora con Ramón Cabrero como entrenador, en un partido oficial. Fue por la fecha 13 del Apertura 2006, ante Gimnasia de Jujuy, que contaba con la vuelta de Roberto Carlos Mario Gómez a la dirección técnica, en la Tacita de Plata. Esa tarde fue goleada (?) del lobo jujeño por 2 a 0, con doblete de Gustavo Balvorín.
Si el bache entre el debut y su segunda presentación parecía largo, ni hablar del tiempo que tuvo que esperar para sumar su tercer encuentro en Primera: 514 días. Por la fecha 7 del Clausura 2008, ante Newell’s en el Sur, se sacó la espina y, medio de casualidad, convirtió el gol del empate a los ocho minutos del segundo tiempo.
¿Cómo venía la competencia interna en ese momento? Complicadísima. El Pepe Sand, Nicolás Ramírez, Sebastián Blanco, Santiago Biglieri y hasta Cristian Facebook Menéndez ocupaban todos los huecos libres en la delantera del campeón vigente.
Así y todo, Roberto Dovetta se las rebuscó para hacer de aquel Clausura 2008 su mejor torneo. En la jornada 12 ingresó por Germán Cano en la derrota por 3 a 2 ante Vélez y una semana más tarde, en su despedida, fue de la partida ante Arsenal de Sarandí (dura caída por 6 a 2 como local), mientras los titulares se guardaban para la vuelta por los octavos de final de la Libertadores ante Atlas de México.
Sin espacio en los planes de Luis Zubeldía, con varias lesiones y un mal pase a Olimpo de Bahía Blanca en el medio, continuó en la Reserva de Lanús hasta mediados de 2010, cuando quedó libre y se sumó a prueba a Ferro Carril Oeste, con el que ya había coqueteado en el verano. Con el conjunto de Caballito disputó algunas prácticas, un puñado de amistosos, pero después de 20 días le dijeron que se arreglaban con Gonzalo Abán y Facundo Sava, que muchas gracias, ahí tenés la puerta.
En septiembre de 2010, en otra de las triangulaciones a las que nos tiene acostumbrados el fútbol uruguayo, Progreso lo cedió a préstamo al Leganés, de la tercera división española, donde llegó sobre la hora junto al Vasco Mikel Arruabarrena. A uno le fue bárbaro y hoy juega en la Primera de España. El otro rescindió contrato a los tres meses. Adivinen.
De vuelta en Argentina, el verano de 2011 encontró a Dovetta en Mar del Plata. ¿De vacaciones? No. Bueno, puede ser. Pero también para sumarse a los entrenamientos de Unión de esa ciudad, que por aquel entonces daba pelea en el Torneo Argentino A.
Cansado de cagarse de frío en La Feliz, se fue a probar suerte al Venados de Mérida (2011), de la segunda división mexicana, donde se encontró con baldoseros de exportación como Andrés Carevic y Tomás Charles. Tras un par de semanas, no convenció al cuerpo técnico y le dieron el raje para liberarle el cupo de extranjero a otro viejo conocido nuestro: el camerunés ex River Many Essomba.
Otra vez acá, llegó sobre el cierre del libro de pases para convertirse en el último refuerzo de Brown de Adrogué (2011/12), del enorme Pablo Vicó. A lo largo de todo el año corrió de atrás a Gastón Grecco y Martín Minadevino y sumó unos escasos 256 minutos divididos en 13 partidos, en los que llegó a marcar 4 goles.
Lejos de quedarse quieto, a mediados de 2012 pasó a Racing de Olavarría, del Torneo Argentino A, donde parecía que se iba a comer la cancha conformando el ataque con el gordo Oscar Altamirano, al que conocía de Ferro, pero las lesiones lo tuvieron a maltraer y terminó perdiendo terreno con… Gonzalo Abán. Todo dicho. Ah, sí, a fin de año le comunicaron que prescindían de sus servicios.
En el verano de 2013, su representante se puso las pilas y le consiguió un pase al exterior. Estuvo a prueba en el O’Higgins del Toto Berizzo, pero terminó en el Curicó Unido, de la segunda división chilena. Todo marchaba relativamente bien hasta que el destino le puso enfrente a Deportes Concepción. Esa tarde, Curicó ganó 3 a 2, pero cuando el partido estaba 3 a 1, Dovetta, que había metido el tercero, ejecutó un penal directamente a las manos de… Carlos Kletnicki. Sí, manos y Kletnicki en una misma oración, increíble. Se ve que marrar un penal ante el ex arquero de Gimnasia LP lo desmoralizó, porque ya nada sería igual.
Después de aquel triunfo se lesionó y recién volvió en la final de vuelta por el ascenso a la A ante Universidad de Concepción. Apenas pudo jugar 20 minutos porque se resintió y salió llorando. “No lloraba tanto desde que falleció mi abuela en 2005. Lloré todo el primer tiempo, incluido entretiempo, y paré algo durante el segundo. Pero cuando terminó el partido, llorar fue inevitable”. Claro, el partido terminó 1 a 1 y como Concepción había ganado en la ida, se quedó con el boleto a Primera. Curicó tendría una vida más, y también la desperdiciaría, en la Promoción ante Cobresal (0-0 en la ida, derrota 0-3 en la revancha). La suerte de Dovetta ya estaba echada.
En 2014, de nuevo de este lado de la Cordillera, regresó a su primer amor: Sport Club de Cañada de Gómez, en la Liga Cañadense de Fútbol. ¿Cómo le fue? Que lo cuente él: “La verdad que en esta etapa me costó bastante adaptarme. En primer lugar porque nunca pude jugar en mi posición natural, en el área. Yo soy 9 de área y por ahí en el esquema que utilizamos tenía que jugar por afuera. Y después por el tema de las canchas y los entrenamientos sumado a que estuve bastante tiempo lesionado, lo que me impidió poder jugar tres partidos seguidos”. Sí, un éxito.
Sin embargo, a mediados de 2014, con 26 años y más clubes en el lomo que goles convertidos, pasó a Libertad de Sunchales, del Argentino A.
Desde este año, en su afán irrefrenable por conocer todas las categorías posibles, defiende los colores del Puerto San Martín de Santa Fe, en el Torneo Federal B, al lado de los ex Rosario Central Adrián de León y Renzo Ruggiero. Allí sigue hasta hoy. Mañana, vemos.