River 0 – Real Madrid 1 (1958)

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En agosto de 1958, el Real Madrid (vigente bicampeón en su país y tricampeón europeo) realizó una gira por las costas del Río de la Plata. No es que fueron a clavarse un chori en la Costanera ni a ver si picaba algún pejerrey, sino a jugar algunos amistosos en Buenos Aires y Montevideo. El primero de ellos tuvo lugar en el Monumental y el rival fue, obviamente, River Plate.

El Millonario formó con Ovejero; Pérez, Sola, Nuin, Malazzo; Urriolabeitia, De Bourgoing (Rodríguez); Menéndez, Scandoli (Onega), Labruna y Zárate. Los Merengues salieron a la cancha con Alonso (Domínguez); Atienza, Santamaría, Lesmes; Santisteban, Zárraga; Kopa, Puskas (Mateos), Di Stefano, Rial y Gento.

El resultado (1 a 0 para la visita con gol del Nene Rial, quien aparece anticipando a Malazzo en la imagen) terminó siendo anecdótico ante otro acontecimiento único e irrepetible. ¿La visita de un multicampeón equipo español con grandes figuras a nuestro país? No: ver a River con una camiseta rojinegra.

Trapasso: «Hagan 1 gol» de Ferro

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Probablemente, al momento de confeccionar esta obra de arte, su creador no imaginó que estaba manufacturando uno de los trapos más trascendentales, podríamos afirmar, de toda la historia del fútbol profesional argentino. Si con el simple hecho de decir “Bandera de Ferro”, el 90 % de nosotros sabemos de qué estamos hablando. Es más, la “Bandera de Ferro” es la más acabada prueba de cómo un improvisado lienzo con unas cuantas letras puede dejar de ser un simple objeto para transformarse en una inmortal sensación… como la inseguridad, aunque en este caso de muertez (?).

Sin ánimos de gastar al rival, sin la intención de termear, sin buscar aparecer en la tele o en Olé, aunque, eso si, con el poder propio del hincha como protagonista necesario del fútbol, algún anónimo logró mostrar su descontento hacía su equipo con las dosis justas de simpleza, resignación, desesperanza e ironía; sin agresiones y utilizando apenas un número y dos palabras: “Hagan 1 gol”… y ese trapo a nadie le pasó desapercibido.

Nos ubicamos en el barrio porteño de Caballito, 28 de marzo de 1999, cuarta jornada del Clausura. Ferrocarril Oeste – que se encontraba último sin puntos producto obvio de 3 derrotas- recibía a Belgrano de Córdoba en un encuentro clave en la lucha por no descender. A la necesidad de ganar se le sumaba un pequeño detalle: no habían convertido un solo gol en todo el campeonato que, eso si, recién había arrancado. No parecía taaaan grave…

Y fue ahí, precisamente ahí, cuando la bandera hizo su debut para risas de propios y estupor de ajenos. Es más, hoy, con el diario de dos décadas después, podemos afirmar que la burla fue el pináculo de la contraproducencia, ya que El Verdolaga perdió ese partido por 1 a 0. ¿Eso sólo? Para nada, después sumó cinco empates consecutivos ¿Algo más? Por supuesto, fueron todos sin abrir el marcador ya que, como una maldición, los discípulos de Cacho Saccardi no lograron batir nunca al arco rival. La única alegría, claro, la dio el trapo, que apareció desafiante en todos los encuentros disputados como local.

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Y fue así que, después de 875 minutos, 9 partidos enteros (Boca, Gimnasia, Huracán, Belgrano, Newell´s, Racing, Platense, Colón, Vélez) 137 días, un cambio de almanaque, una estación completa en el medio y de sembrar vergüenza ajena y hasta lástima en todo el país; los hinchas de Ferro pudieron volver a vociferar un tanto cuando Cristian Chaparro venció a Roberto Bonano, de River Plate, a los 63 minutos del empate 2 a 2 por la décima fecha de aquel campeonato. ¡Milagro!

Una gran deformación de Caballito entraba en la historia como el equipo que más tiempo estuvo sin vencer a la valla contraria en toda la historia del profesionalismo y como el más pobre arranque de Torneo de un club en lo que a goles se refiere… ¿Pudo haberse evitado? Seguramente no, tenían en ese equipo al Colorado Mc Allist*r y en el pecho de su camiseta decía Parmal*t.

De momento, solo de momento, un gran trapo de nuestro fútbol perdía su razón de ser y pasaba a la eternidad… ¡HAGAN 1 GOL!

Sosa Marcelo

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Marcelo Fabián Sosa Farías (El Pato)

Fiel exponente de la garra charrúa bien entendida y, a la vez, quintaesencia (?) de la garra charrúa mal aplicada, el uruguayo Marcelo Sosa pasó por el fútbol argentino en una estadía aderezada por la irrelevancia y que se explica en un Daniel Passarella siempre dispuesto a ayudar a Paco Casal ciertos señores de traje, quienes casi imperceptiblemente lo depositaron durante un tiempo en el banco de La Celeste. Así y todo, cuando este volante llegó a nuestro país se pensó que se trataba de un confiable jugador de nivel internacional. Aunque, tristemente, solo se trataba de un “aspirante a” venido a menos. Pero arranquemos desde el comienzo…

Nacido el 2 de junio de 1978 en Montevideo y sexto de siete hermanos, El Pato pasó por las inferiores de Peñarol, Nacional y Sudamérica hasta que finalmente recaló en Danubio, donde debutó en 1996 y se mantuvo hasta fines de 2003 -cuando se marchó al Spartak de Moscú– mostrándose como un jugador de marca, con nula técnica, peleador, pegador, con un carácter a veces traicionero y mañoso. En todo el combo, un típico producto barriobajero como se encuentra en cualquier país del mundo.

Además y como podía esperarse, fue un miembro estable de la Selección Uruguaya que dirigió Jorge Fossati, donde se vio, probablemente, la mejor versión de este jugador en toda su carrera durante la Copa América de Perú 2004, cuando salieron en tercer lugar y El Pato hasta se dio el lujo de marcarle un gol a Brasil en Semifinales (empate 1 a 1, derrota por penales). Esto hizo que el Atlético Madrid (2004/05) le comprase su ficha a los rusos, quienes solo habían utilizado a Sosa en seis ocasiones… y ahí comenzaría la debacle.

Los medios españoles –sobretodo- en principio lo miraron de reojo por ser alguien que “no tiene pinta de futbolista”. Y claro, El Pato tampoco contribuyó, ya que un buen día llegó a Madrid, le dio un apretón de manos a los dirigentes, firmó un jugoso contrato, se vistió de Colchonero, entró a la cancha, saludó a un centenar de hinchas con una sonrisa de oreja a oreja y…

Convertido en el hazmerreír del medio futbolístico ibérico, pero con ánimos de dar vuelta una situación que había arrancado desfavorable desde el vamos, Sosa manifestó: “Podré jugar bien o mal, pero que todos se queden tranquilos que solo me sacarán del campo de juego en camilla”. ¿Algo más? Si: “me llamaron varios compañeros de la Selección y otros compatriotas que juegan en Europa para recriminarme la caída por que había dado una mala imagen para todo el fútbol uruguayo”. Para colmo, en su debut en un amistoso frente al Majadahonda, fue expulsado por pegarle una piña en la cara a un rival. Irremontable.

Pese a todo, El Pato se mantuvo esa temporada en el plantel del Atlético, donde lo más rescatable fue que siempre intentó pudrirla cuando enfrentó al Real Madrid y dejó frases así: “Como futbolista, Beckham nunca existió pero es lindo. Le pagan por cortarse el pelo o por un video durmiendo”; “Apenas tocas a Figo te mira como diciendo ¿qué hacés? El fútbol es para hombres no para nenitas”. Y algo más: “El Vasco Aguirre me dijo que sea yo mismo, que hable con mis compañeros y que no intente hacer lo que hacía Pablo García. Pablo es Pablo y yo soy yo. Solo nos parecemos en que somos uruguayos, nada más”. Ese fue el fin.

Tras una deplorable temporada a préstamo en el Osasuna (2005/06 – 11 partidos), El Pato apareció por River Plate (2006) falto de fútbol y con la pretemporada a punto de terminar, por lo cual hubo que esperarlo un tiempo para que se pusiera en ritmo ¿Cuánto tiempo? Mas o menos hasta hoy (?).

Así y todo, el volante debutó en una victoria por 2 a 0 sobre Arsenal al ingresar a los 72 minutos por Ariel Ortega. Luego tuvo su única aparición como titular en la derrota por 1 a 0 contra Atlético Paranaense en El Monumental, por Copa Sudamericana, donde formó un lamentable tándem de contención junto a Lucas Pusineri que prácticamente acabó con la carrera de ambos en Núñez. El segundo tiempo frente a Belgrano, en el Olímpico (1 a 1), marcó el final de la estadía de Marcelo Sosa en la Argentina.

Nacional de Montevideo (2007), Tecos de Guadalajara (2008/09), Peñarol (2009/10), Racing de Montevideo (2011/12) y Danubio (2012/13) fueron los siguientes destinos del volante, donde se destaca que siempre que abandonó cada institución se fue a los portazos y en medio de polémicas y acusaciones.

Así fue el final de la carrera de Marcelo Sosa, aquel que debe su apelativo a su similitud al caminar con el ave de la familia de las anátidas. Aquel que cuando pudo volver a enfrentar al Real Madrid dijo que solo le interesaba viajar a Europa para “despeinar a Cristiano Ronaldo”. ¿Y lo consiguió? Espero que el gato no se coma al pato…

Barcelona 2 – Boca 3 (1999)

barcelona boca 1999

Pintaba para ser un partido amistoso más, pero terminó siendo inolvidable. Es que tanto Carlos Bianchi como Louis van Gaal se guardaban lo mejor, arrancando el partido con varios de los habituales suplentes. Por ejemplo, el técnico del Barcelona dejó afuera a Rivaldo, Guardiola, Luis Enrique, Figo y Kluivert. Mientras que su par de Boca, si bien mantuvo la base del equipo bicampeón, sentó en el banco a algunas figuras como Serna, Cagna, Riquelme y Palermo.

El primer tiempo se fue con el 1 a 0 para el Xeneize, gracias a un gol fantasma de Barijho. En el segundo tiempo la cosa se puso picante y los técnicos mandaron a la cancha a los grandes jugadores que tenían sentados al lado. Y se armó un partidazo.

El mellizo Guillermo rozó la pelota con la mano y festejó el segundo. Pero enseguida llegó el descuento de Zenden. Aparecería la magia de Riquelme, para dejar sólo a Palermo, que gritó el tercero.

A falta de 12 minutos para el final, Figo le puso cifras definitivas a un encuentro difícil de olvidar. Por las emociones en el marcador. Por las pisadas de Román. Y por las cadenitas apropiadas por el Chipi.

Mal Pase: Pavoni a Argentina (1972)

El Gráfico. Edición Nº 2733. 22 de Febrero de 1972.
Desde el principio, se olía que la “noticia” que tiraba El Gráfico era una bomba periodística que tenía más de operación de prensa que de realidad. Porque la posibilidad de que Ricardo Elvio Pavoni integrara la Selección Argentina nunca pasó más allá de un deseo del propio jugador, que (según la edición número 2733 de la revista deportiva) llegó a declarar que estaba dispuesto a nacionalizarse.

Por supuesto que el Chivo ya tenía partidos en la Selección de Uruguay, con la que había debutado ¡en 1962! Finalmente, el defensor continuó defendiendo la Celeste, con la que jugaría el Mundial de 1974. Todo un alivio para el Panadero Díaz, el Lobo Carrascosa y el Gallego Rosl, entre otros futbolistas que pugnaban por quedarse por la banda izquierda del equipo nacional.

Especiales: Jugadores descendentes

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Descender, en el mundo del fútbol y sobre todo en la Argentina, es como morir en vida. Puede sonar exagerado, pero así lo sienten miles y miles de jugadores que tratan, durante toda su carrera, de no ser alcanzados por esa nefasta mancha negra que provoca llantos, burlas y reducciones de salarios. Ahora bien, ¿qué pasa cuando un futbolista se acostumbra a bajar de categoría? He aquí el repaso de los hombres que más veces se fueron a la B:

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Línea de 4

Tomando como referencia el listado elaborado por @JoloFutbol, con 1425 jugadores que bajaron al Nacional B en el período 1991-2014, encontramos varios nombres que se repiten con insistencia y que alcanzaron la despreciable suma de 4 descensos.

El caso más destacado, sin dudas, es el de Raúl Saavedra, que sufrió todas las tristezas de forma consecutiva: Quilmes (2007), Olimpo (2008), San Martín de Tucumán (2009) y Atlético Tucumán (2010). Como si fuera poco, el lateral izquierdo descendió al Argentino A en 2011, con los colores del Santo tucumano, aunque no se lo computamos por no ser un torneo de Primera División . Pero sí, metió 5 seguidos.

Otro que consiguió el cuarteto de descensos es el defensor Matías Villavicencio: Olimpo (2006 y 2008), San Martín de Tucumán (2009) y Atlético Tucumán (2010). A su favor, hay que decir que también logró varios ascensos, pero no estamos acá para ser buenos (?). Ah, también le tocó compartir tres planteles con el Tucu Saavedra, pero son detalles.

Otro defensor que se fue a la B en 4 oportunidades es Jorge Martínez: Mandiyú (1995), Olimpo (2006), Nueva Chicago (2007) y Olimpo (2008). Sí, también formó parte de ese equipo aurinegro que tenía a Saavedra y a Villavicencio. El famoso trío de la muerte.

Con menos prensa, aunque con la misma cantidad de caídas al Nacional, figura otro defensor, Sergio Plaza, que descendió con Gimnasia y Tiro (1994 y 1998), Los Andes (2001) y San Martín de San Juan (2008). Calladito, llegó al tope de esta tabla.

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El club de los 3

Parece increíble irse a la B en 3 ocasiones, pero 25 futbolistas lo han logrado sin ponerse colorados. A lo sumo lloraron un poco y volvieron a hacerlo unos años más tarde, intentando que nadie se diera cuenta. Pero acá estamos:

El caso de Javier Cámpora es el más curioso, porque suele descender mientras sale goleador del torneo. Al menos le pasó con Tiro Federal (2006) y con Huracán (2011), aunque no pudo repetir con All Boys (2014). De todas maneras, el Cachorro es un símbolo del club de los 3.

Otro que solía hacer goles era Daniel Tilger, que bajó con Argentinos (2002), Nueva Chicago (2004) y Tiro Federal (2006).  Como dato extra, descendió con El Porvenir ¡a la Primera C! en 2007.

Y si hablamos de defensores, imposible obviar a Javier Páez, uno que siempre estuvo involucrado en los planteles plagados de jugadores descendentes. Satanás se fue con Olimpo (2006 y 2008) y Atlético Tucumán (2010).

También es para destacar lo de Gabriel Lobos, que metió triplete de caídas al Nacional, con Huracán (2003), Rafaela (2004) e Instituto (2006), pero además descendió a la Primera B con Almagro (2009) y Deportivo Italiano (2010). Son 5, si contamos todo.

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Son 168 los jugadores que se han ido 2 veces a la B. Puede sonar como algo casual, pero algunos han quedado marcados de por vida por esos episodios. Repasemos algunos casos:

Supo ser la envidia de todos (?), pero Roberto Battión ostenta dos caídas consecutivas, con Independiente (2013) y All Boys (2014). Además, zafó por poco de no sumar otro con Unión (2003), ya que en ese entonces no era tenido en cuenta para el primer equipo. Bien que hacían (?).

«No hay Acevedo bueno», dice un dicho popularizado por @elalesi. Y puede ser cierto, si nos basamos en la carrera de Walter Acevedo, que ostenta dos duras experiencias, con River (2011) y Banfield (2012).

Walter Zunino es otro que suma 2 flechitas para abajo en su trayectoria en la máxima categoría, ya que marchó con Platense (1999) e Instituto (2000). Claro que, si buscamos más abajo, encontraremos otros dos descensos, con Platense (2002) y Almirante Brown (2014), del Nacional a la Primera B.

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Mitos y curiosidades

Carlos Fernando Navarro Montoya sólo perdió la categoría 1 vez en la Argentina: con Nueva Chicago (2007), ya que no se le computa el descenso con Olimpo en 2008, por haber rescindido antes del torneo Clausura. El temita es que el Mono acumula 3 manchas seguidas en el fútbol español, con Extremadura (1997), Mérida (1998) y Tenerife (1999).

Andrés Franzoia se ganó una mala fama, pero no tiene tantos descensos como la gente cree. Apenas suma 2, con las camisetas de Olimpo (2012) y Unión (2013). Quizás se lo asocie a otras tragedias (?), como las de Rosario Central y Huracán, pero supo huir antes de tiempo, como tantos otros.

Si de descender en el exterior se trata, no podemos dejar afuera al gran Pablo Paz, que en la Argentina nunca se fue a la B. ¡Felicitaciones! (?) Lástima que en España descendió 5 veces: con Tenerife (1999 y 2002), Valladolid (2004), Castillo (2006) y Cerro de Reyes (2007). Tremendo.

Para que se sigan deleitando, acá el listado (trabajo de @JoloFutbol) de jugadores con 2 o más descensos:

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