Encuesta Baldosera 2012

Por quinta vez consecutiva ofrecemos a nuestros lectores la posibilidad de elegir lo mejor/peor del año. Como siempre, apuntamos al costado baldosero del fútbol y dejamos de lado lo que seguramente, por estos días, se cansarán de leer en los diarios o ver en televisión. A votar, putos.

Premio «Claudio Benetti»
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Premio «Gordo Kenig»
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Premio «Casigol Herrera»
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Trotta Diego

Diego Trotta

Lateral derecho o zaguero central con severos problemas de identidad dignos del mejor Jason Bourne. En principio, fue el capitán de la primera Selección Sub 17 de Pekerman, con la cual disputó el Sudamericano de Perú y el Mundial de Ecuador en 1995. Y fue por esta razón que al estar en compañía del hermano de Islas, el hijo de Calabria, el hijo del Loco Gatti, el hermano del Tata Martino, el sobrino de Carlos Aimar y el vecino de Adolfito Cambiasso, se afirmó, erróneamente, que se trataba del hermano menor de Roberto Trotta, quien jugaba en su posición y en su mismo club: Vélez Sarsfield.

Para sumar más confusión, en Bahía Blanca le apareció un homónimo 60 días mayor que defendía los colores de Villa Mitre y que se fue a la península ibérica justo en la misma época que él. Pero vayamos por partes decía Jigsaw (?).

Tras la experiencia internacional regresó con la chapa de caudillo del futuro a las inferiores de El Fortín junto a su subordinado Fabián Cubero. Su esperado debut se produjo -al igual que el de Poroto– el 17 de noviembre de 1996 en una derrota por 2 a 0 ante Estudiantes en el Amalfitani. Esa noche los de Liniers presentaron un Frankenstein entre suplentes y juveniles, ya que los titulares estaban abocados a los partidos definitorios de la Supercopa ’96.

Alcanzó a disputar 2 partidos más durante la temporada 1996/97 y luego se resignó a ver como su lugar en el plantel velezano, en la lista del Sub 20 de Malasia y hasta en la vida misma era ocupado por El Marido de Nicole. Para colmo de males, Marcelo Bielsa lo devolvió a la tercera ya que deseaba trabajar con un plantel más corto.

Para ratificar su baldoseridad, fue sparring de la Selección Argentina en la previa a Francia ’98 y hasta jugó un partido ante Gimnasia de La Plata en Tandil. El equipo de Passarella ganó por 3 a 0 y esa tarde formó con: Burgos; Hernán Díaz, Vivas, Diego Trotta y Juan Fernández; Bassedas, Astrada y Berti; Riquelme, Gallardo y El Chelo Delgado.

Recién en 1999, con la llegada de Eduardo Luján Manera, pudo alcanzar la cifra de 10 partidos oficiales pero su ciclo en Vélez ya estaba totalmente agotado. Y recién había cumplido 20 años. Con el pase en su poder, en enero de 2000 se sumó a Racing por pedido de Gustavo Costas, quién tras rechazar en una prueba a Miguel Acosta y a Gabriel Lob*s, esbozó otra humorada digna de su estilo: «Trotta es una apuesta a futuro. Seguimos buscando un central de categoría». Y así se sumó Alejandro Simionato. Algo es algo.

Ni bien llegó a Avellaneda, Trotta se dedicó a tribunear: «Soy fanático de este club y me hicieron socio 4 horas despúes de nacer. Cumplí un sueño» y se animó a más: «Tengo la camiseta de Horacio Cordero. Es la que usó en la final contra Atlanta en la cancha de River. Los hinchas de Racing somos especiales». Claro que después de tanta euforia, le llegó el lógico bajón: «Que compañeros de la Selección como Cambiasso y Aimar estén firmes en Primera y yo, que fui el capitán, no lo haya logrado, hace que piensen que me quedé un poco. Da para preguntarse qué pasa conmigo. Se dio así y ahora espero la chance en Racing». No sabemos si espero de parado o sentado en el bar del club pero en La Academia la chance jamás le llegó.

Un tiempo después apareció en la segunda división de Portugal. Primero en Salgueiros (2002/2003) y luego en Valdevez (2003/2004). Regresó al país para sumarse a Olimpo, donde sólo jugó en apenas 6 partidos del Apertura 04 y fue al banco 2 veces durante el Clausura 05, eclipsado en la feroz competencia por Laspada, Satanás Paéz, Vallenilla y Luis Asprilla. Encima tuvo que soportar desde el vamos la desconfiaza de los hinchas, quienes lo aborrecían por llamarse igual que Diego Alberto Trotta, eterna promesa de Villa Mitre. Sólo faltó que le orinen la alfombra como a El Gran Lebowski.

Se fue a hacer unos mangos al AC Horatiana Venosa (2006/2007) de la Serie D italiana, luego pasó por la cuarta división de Grecia en el Paniliakos (2007) y regresó al Under Calcio para jugar en el Campobasso (2008/2009). De vuelta en Argentina jugó un semestre en Sacachispas (2009) de Primera C y luego se unió a Sportivo Rivadavia de Venado Tuerto del Torneo Argentino B, donde finalmente se retiró. Con tan pocos partidos disputados, la gente de Futebol, Marketing & Sports Services dejó un video para que las generaciones futuras sepan como jugaba el primer capitán de la era de José Néstor en las juveniles. Biutiful People (?).

Ferro Clausura ’99

Éste inolvidable Ferro quedó en el libro negro de nuestro Calcio (?) por ostentar el triste récord de mayor cantidad de tiempo sin marcar ni un mísero gol. En total, fueron 875 minutos diseminados entre la última jornada del Apertura ´98 (victoria por 4 a 3 sobre Gimnasia de Jujuy) y la décima del Clausura ´99 (empate 2 a 2 con River Plate).

La foto corresponde a la jornada 12 de este último campeonato, cuando (para no ser menos) cayeron por 2 a 0 ante Rosario Central en Caballito. Posan para la posteridad: Leonel Martens, Tula, Kobistij, Martín Herrera y Mandra (arriba) El Gordo Cordon, Hudaied, Mario Grana, Vitali, Chaparro y Nico Diez (abajo)

Completaban el corso: Ariel Rocha, Luis Sosa, Jorge Vega, Ariel Giaccone y Sergio Rodríguez, para engalanar a un equipo que, además de la dignidad, esa tarde perdió a Gerónimo Cacho Saccardi, quién dejó el banco entre lágrimas y manifestando: «La ida no depende de mí, si tuviera que morir lo haría acá».

El Verdolaga salió en el anteúltimo lugar con 15 puntos, producto de 2 victorias, 9 empates y 8 derrotas; con apenas 8 goles a favor y 18 en contra, en un campeonato que fue la génesis de un mañana oscuro. Y un pasado mañana aún peor

Mal Pase: Chilavert a la NFL

La gran pegada que tenía Chila permitió que, en más de una oportunidad, lo tentaran para practicar otro deporte: el fútbol americano. Aquí el detalle de aquella curiosa posibilidad que quedó en la nada.

Corría 1997 cuando José Luis Chilavert ya era el enemigo número 1 del pueblo futbolero argentino. Salvo los de Vélez, su equipo, los demás hinchas lo odiaban. Por su personalidad, por su temperamento, por sus declaraciones y principalmente por sus características de juego, esas que le permitían ser la figura descollante ante River, Boca o la selección argentina.

En junio de ese mismo año Paraguay viajó a Cochabamba para participar de la Copa América de Bolivia, donde le tocó compartir el Grupo A con Argentina, Chile y Ecuador. Y ahí, ante la prensa de todo el mundo, Chila comenzó a dar señales de que, lo que se rumoreaba hasta el momento, podía ser verdad: un equipo de la NFL lo quería como pateador.

Tras la victoria de Paraguay, 1 a 0 frente a Ecuador, el polémico arquero se tomó un tiempo, en los entrenamientos, para practicar con el típico balón ovalado del football.

Primero, para tratar de agarrarle la mano, remató un par de veces por encima del arco y festejó como si hubiesen sido conversiones. Más tarde, se focalizó en un punto fijo y estrelló 5 disparos de forma consecutiva en el travesaño. Una bestia que sólo calzaba 39.

Después de mostrarse ante los periodistas con esa pelota, llegaron las preguntas obvias. Y ahí en su salsa, Chilavert se despachó: «Me hicieron una oferta para jugar allí porque les llamó la atención la potencia con que le pego a la pelota, pero no puedo decir cuanto dinero me ofrecieron porque los americanos son muy especiales con ese tema» (?).

Y agregó: «les pedí si puedo ir a hacer la prueba cuando me tome unos días de vacaciones y vamos a ver qué pasa, pero no voy a decir el nombre del club». Cauteloso.

La posibilidad, sin embargo, no era descabellada. La función del pateador en el fútbol americano no requiere de demasiada participación en el juego. Sólo entrar y patear. Y eso a Chila lo entusiasmaba. Además del dinero, claro.

Lo cierto es que los días pasaron y el arquero paraguayo siguió jugando por mucho tiempo más en el Fortín y en su selección, pero nunca en la NFL. Incluso en 1999, mientras pasaba unos días en Miami, otros dos equipos le volvieron a ofrecer un contrato para que se fuera los Estados Unidos. «Si la oferta es buena, me voy», llegó a decir Chilavert por entonces. Pero se quedó.

En el fútbol americano, tú no has ganado nothing.

Publicado en simultáneo con www.unmundialparaenunabaldosa.com

Farías Eduardo


Eduardo Daniel Farías

Paracaidista habitué del fútbol rosarino de los sábados, nacido en marzo de 1982, que aterrizó de casualidad en la primera de Central a mediados de 2007. Curiosamente, algunos años atrás, cuando jugaba en las divisiones inferiores, el mismo equipo lo había dejado libre. Nunca se supo bien por qué, pero el pibe, que acreditaba dudosos pasos por Argentino de Rosario (2004 a 2006), Sportivo Las Parejas (2006/07) y Monagas de Venezuela, reapareció de la noche a la mañana en el Gigante de Arroyito y se ganó un puesto como lateral por derecha en la defensa titular del Canalla, dirigido por Carlos Ischia.

En total fueron 6 partidos consecutivos, todos desde el arranque, durante el Apertura 2007. Desde su debut, el 11 de septiembre, ante Gimnasia de Jujuy en Arroyito, se convirtió en una especie de talismán del Pelado. «Farías no jugó antes porque tenía cinco fechas de suspensión y después tuvo un problema muscular. Ya cuando lo vi en videos me gustó por lo que puede darle al equipo, porque no sólo marca sino también tiene proyección y muy buena pegada», comentó Ischia cuando le preguntaron por qué no lo había puesto antes.

En ese torneo, Central todavía no conocía el triunfo y se desvirgó (?) recién en la ¡novena fecha! nada menos que en el clásico ante Newell’s, con gol del colombiano Martín «Rodilla» Arzuaga. Esa tarde, Farías también fue titular y lo volvería a ser durante los próximos cuatro encuentros: San Lorenzo (derrota 1-3), River (empate 3-3), Estudiantes (empate 2-2) y Racing (empate 2-2).

Hay que reconocerlo, durante esa media docena de partidos no se le vio mucha proyección, ni pegada y mostró varias falencias en la marca. Es más, la crónica de su último match, contra la Academia, habla de «un grosero error de Eduardo Farías«, que derivó en un gol de Facundo Sava. Cuando finalmente Carlos Ischia se dio cuenta de que Farías no era tan talismán como parecía, lo borró y dispuso el ingreso de Juan Manuel Azconzábal. El bueno de Edu jamás volvió a vestir la camiseta del Canalla e Ischia aguantó un partido más antes de despedirse. Rosario Central sumó su segunda victoria del campeonato en la penúltima fecha (3-2 ante San Martín de San Juan) y, claro está, terminó último cómodo.

Después de un semestre en el que no registró apariciones, y finalizada su pasantía en la categoría grande, regresó al fútbol de los sábados de donde nunca tendría que haber salido para defender sin demasiado éxito los colores de Almagro en la B Nacional (2008/09) y 9 de Julio de Morteros (2010) en el Argentino B. El año pasado se lo vio haciendo de las suyas como volante por derecha en Belgrano, de la Liga Casildense, e intuímos que se trata del mismo Eduardo Farías que actualmente alterna malas con peores y alguna que otra buena en Central Argentino Olímpico, de la pintoresca Liga Ceresina, en el under provincial.