El 18 de mayo del 2013, vistiendo la camiseta del PSG, David Beckham le puso fin a su vida futbolística, dejando la cancha con lágrimas en los ojos. «He intentado contener mi emoción, pero ha sido complicado. Terminar tu carrera delante de un público así, con jugadores de este calibre, es un sueño para cualquier jugador”, señaló luego de disputar su último encuentro al lado de Javier Pastore, Lucas Moura y Zlatan Ibrahimović, entre otros.
Al año siguiente pudo haber repetido esta imagen, pero con el Malevo Ferreyra, Éder Álvarez Balanta y el Keko Villalva como acompañantes. Lamentablemente, el sueño de ver al Spice Boy pateando un corner en la cancha de Olimpo estuvo lejos de concretarse.
La bomba de humo fue activada por Guillermo Tofoni, un empresario que en enero de 2014 aseguraba que River Plate estaba a punto de sumar al inglés a su plantel. “La llegada de Beckham está cerrada en un 80%», fue la frase con la que sacudió al mercado de pases. Y añadió: “Sería una movida de marketing espectacular. En todo el mundo se hablaría de River. Y otro detalle. ¿Sabés cuántas mujeres se acercarían al Monumental para verlo jugar? ¿Cuántas camisetas se venderían? Un montón”. Además, lo económico no iba a ser impedimento, ya que adidas, en teoría, se iba a hacer cargo de los gastos.
Sin embargo, no pasó de una fantasía. Rodolfo D’Onofrio desmintió rápidamente cualquier posibilidad de contratar al esposo de Victoria Adams: “River no tiene la menor idea de esa información, es de una creatividad enorme del que la dijo”.
El rumor murió al instante y el ex futbolista no llegó a Buenos Aires… hasta el año siguiente. En noviembre de 2015, visitó sorpresivamente la villa 1-11-14 en el marco de un documental que estaba filmando para su fundación.
Allí, jugó al fútbol con los integrantes del barrio usando una remera con los colores de Boca. Y así de fácil tiró a la basura 40 años de glamour y elegancia.
Fue campeón en Primera División, supo ser protagonista de un descenso insólito, también fue parte de un esperado ascenso, jugó torneos internacionales y otros rodeados de amateurs, se le animó a un destino exótico. Este defensor central nacido en Rosario el 25 de junio de 1985 las pasó todas.
Fichado por Estudiantes de La Plata en la época de Claudio Vivas como coordinador de las divisiones inferiores, Ezequiel Brítez hizo su debut el 17 de febrero de 2006 (victoria ante Racing, el día del retiro del Cholo Simeone).
Siendo pieza de recambio ante las ausencias de Agustín Alayes, Juan Cáceres o Fernando Ortiz, disputó 10 partidos ese año y anotó su nombre entre los campeones del Torneo Apertura.
En 2007, dejó de ser tenido en cuenta por Simeone y solo jugó en Reserva. A mediados de ese año fue prestado a Nueva Chicago, donde tampoco encontró oportunidades. Entonces regresó a La Plata, donde, para sorpresa de nadie, ni siquiera formó parte del plantel. Era hora de comenzar a viajar.
Su primer desafió en el exterior fue en México, donde disputó la Liga de Ascenso con el Irapuato (2008/09). Su siguiente destino fue Chile, para ponerse la camiseta del Rangers (2009). Allí estuvo involucrado en el bochorno más grande de la historia de este centenario club. Se jugaba la última fecha y los de Talca estaban cerca de cumplir su objetivo: evitar el descenso. Sin embargo, la salvación no pudo ser posible por un grave error del DT Oscar del Solar: puso en cancha a seis extranjeros, excediendo la cantidad permitida por el reglamento. Por supuesto, Britez estaba entre ellos. El castigo fue un descuento de puntos que mandó al equipo a la Primera B.
Las siguientes temporadas lo encontrarían nuevamente con los colores del Irapuato, donde tal vez alcanzó su mejor nivel. Fue campeón del Clausura 2011 con el sinsabor de estar ausente en la definición del torneo por una grave lesión en su brazo izquierdo. Por este motivo también se perdió la final por el ascenso, donde sus compañeros cayeron ante el Tijuana.
Durante el primer semestre de 2012, Millonarios de Colombia le dio un lugar en su plantilla. Disputó solo 4 partidos y los de Bogotá finalizaron en un triste 13º puesto.
De regreso en Argentina, se puso la camiseta de Talleres de Córdoba (2012/13) en el Torneo Argentino A. En esta división consiguió la continuidad que precisaba… hasta la 7ª fecha, cuando se lesionó en el clásico frente a Racing. En la foto, la cara del médico lo decía todo: Britez se había roto el tendón de Aquiles y tuvo que ver desde afuera la vuelta del equipo al Nacional B. Para colmo, antes de que arrancase ese campeonato sufrió una fractura en el pie derecho. De esa manera, sus días en Córdoba terminaron.
Nuevo año, nuevo país, nuevos colores, nueva competencia. En 2014, le tocó viajar a Perú, ya que Real Garcilaso lo tentó para jugar la Copa Libertadores. Su debut fue inolvidable: resultó ser un triunfo histórico ante el Cruzeiro con gol propio. Sin embargo, los siguientes 5 partidos terminaron en derrotas y quedaron afuera en primera fase. Para colmo, no pudo disputar el torneo local ya que el cupo de jugadores foráneos estaba cubierto. No fuera a ser cosa que se repitiera lo de Chile.
Su gira volvió a México, para jugar en Estudiantes de Altamira (2014) y Cafetaleros de Tapachula (2015/16). En 2017, como ya se había acostumbrado a los aviones, metió 38 horas de viaje hasta la otra punta del mundo. Su nuevo club era el Da Nang FC de Vietnam, donde le sobrarían anécdotas, como la que relató al Diario La Capital:
«Uno de los primeros días estaba en la concentración y el traductor me dice: ‘My friend, motorbike’, me da la llave y me señala un montón de motos. ¿Qué hago con esto?, pensé. ¡Yo no sabía andar en moto! Veo que mis compañeros se empiezan a ir y me quedo solo, ahí en la concentración, sin comida y con la moto”. Según contó el zaguero, un vietnamita entendió sus señas y lo llevó a un local de KFC. Compró lo suficiente para esa noche y la mañana siguiente. “Fue el pollo que más disfruté en mi vida.”
La aventura en el Sudeste Asiático terminó ese mismo año. En diciembre, entró al campo de juego del estadio Marcelo Bielsa con la camiseta de Newell’s. ¿Iba a jugar en la Lepra? No, solo fue a acompañar a su hermano Brian Sarmiento en el banderazo que los hinchas hicieron previo al clásico.
Distanciado de la gente que lo representaba, quedó un año colgado hasta que apareció la chance de jugar en ADIUR (2019), un club de su ciudad natal que disputaba el Torneo Regional Federal Amateur, misma competencia que encaró con Atlético Carcarañá (2020). Posiblemente, su carrera haya terminado acá, aunque no hay que descartar que encuentre algo más abajo o algún nuevo país que le abra las puertas.
Tampoco olvidemos que un día desayunó pollo frito: quedó demostrado que no le hace asco a nada.
Futbolistas que no se depilaban. Las cámaras de El Aguante. Combates en el transporte público. Los goles en TN Deportivo. Y ahí, colgada del alambrado, en una tarde cualquiera de sábado (extraña vez se jugaba otro día), un pedazo de tela que discriminaba tanto a homosexuales como a no videntes (?).
Esta bandera es un mitológico trapo de Ituzaingó, aunque podría haber sido de cualquier otro. Es que, más allá de los colores, no buscaba mostrar pertenencia. Tampoco jugaba con alguna frase motivadora sacada de alguna canción, ni siquiera era un mensaje de aliento. Era simplemente una agresión. Obviamente, no se trataba de una cosa tan grave como para generar una respuesta violenta por parte de quien se atreviera a mirar. Esto tenía otras intenciones, el mensaje era divertirse, ser cómico.
Así era el típico humor de los 90’s y primeros años del Siglo XXI. Ser diferente, o más bien el concepto de creer al otro diferente, era motivo de burla. Bueno, para muchos sigue siendo igual. Sobre todo en las canchas, donde las costumbres son las mismas de siempre: el agravio más típico tiene que ver con la elección sexual. Está incorporado en los insultos y en las canciones. Se transmite de generación en generación.
Los años pasan, pero los tiempos no cambian. Por eso un lienzo de este estilo puede seguir flameando de cara a la hinchada rival (si hubiera visitantes, claro) y nadie se va a molestar ni a sentirse aludido. Tal vez, hasta nos siga pareciendo gracioso. Y así seguimos mirando. Mirando para otro lado.
Mientras un fotógrafo apura el paso para tratar de tener una buena posición en el festejo de gol del Mago Capria, otro colega de espíritu baldosero se queda con la no tan atractiva imagen, que nunca será tapa, de un arquero improvisado, vencido y resignado.
La foto corresponde al descenlace de Unión 3 – Rosario Central 2, una noche de noviembre de 2002, en Santa Fe, en la que el Sargento Giménez cobró 2 penales para el local y expulsó a 3 jugadores visitantes en los últimos 6 minutos del encuentro. Sí, todo eso en 6 minutos, en un duelo clave en la lucha por no descender.
Con el partido totalmente desmadrado, fue el volante Daniel Quinteros el que tuvo que ponerse el buzo del Rifle Hernán Castellano, que había recibido la roja y curiosamente no estando en el banco de suplentes (?).
¿Qué llegó a hacer Quinteros? Poco y nada. Adivinó la punta en el último penal de Capria (pateó los dos iguales, misilazos al ángulo superior izquierdo), pero no pudo evitar la derrota la hora de su equipo. Al menos le queda la foto de recuerdo.
La pandemia llegó en el peor momento. En Europa, se interrumpieron los octavos de final de Champions League. En Argentina, quedó inconclusa la Copa de la Superliga. Y en Bolivia, no se pudo jugar la liga de la Asociación Tarijeña de Fútbol. Es que justó ahí una hermosa dupla de baldoseros se preparaba para disputar el torneo cuando apareció el COVID-19 y se frenó todo.
Gino Clara y Gastón del Castillo se pusieron la camiseta del Avilés Industrial sólo para las fotos: por ahora, se quedaron con las ganas de salir a la cancha de manera oficial. Así lo contó el ex jugador de Huracán: «No alcancé a jugar en Bolivia por todo el tema del coronavirus, así que ahora estoy en Buenos Aires esperando para volver”.
En días de poca actividad y mucha entrevista, el delantero que también tuvo un paso fugaz por el Colo Colo, recordó sus días en Chile y los ataques que recibió por parte de sus fanáticos: “todos los jugadores, hasta el mismo Messi o Cristiano Ronaldo son criticados. Más allá que no tuve tanta continuidad, no pude demostrar mi juego”.
Antes de regresar a su país, los argentinos llegaron a disputar un partido amistoso en el que pudieron demostrar algunas cosas: la perfecta depilación a la que Gino sometió a sus piernas y la cuidadosa tintura con la que el hermano del Kun homenajeó al famoso streamer de Manchester. ¿El fútbol? Perdieron 3 a 0 contra Real Tomayapo. La cuarentena no les va a venir mal.
En Tarija estuvieron residiendo otros compatriotas que tampoco la pasaron bien… aunque la culpa no solo fue del chino que se comió un murciélago. Claudio Chiqui Perez estuvo a punto de sumarse al Nacional Senac (hasta entrenó con el plantel), pero no llegó a un acuerdo. De vuelta en Argentina, acusó: «Mi hija de diez años escribiría mejor un contrato que la gente de ese club. Las cláusulas eran insólitas, una de ellas decía que si yo tenía bajo rendimiento, ellos podían despedirme y yo le tenía que pagar al club”.
Los argentinos del Club Atlético Ciclón, la institución más popular de la zona, también están en su país natal. Su principal figura, Patricio Toranzo, fue muy bien recibido a principios de este año. Realizó la pretemporada, pero se quedó con ganas de empezar el torneo. Aunque, a los 38 años, su principal deseo es volver a Huracán: «Si creo que no puedo, me quedo en mi casa tomando mates. Si vuelvo, vuelvo con todo. No me gustaría retirarme con un posteo de Instagram».
Si a un hincha de River le preguntan por un triunfo memorable de su equipo en el estadio del Real Madrid, su respuesta será una sola: la victoria frente a Boca por la final de la Copa Libertadores 2018 es incomparable. Sin embargo, esa no fue la única vez que el Millonario se llevó un triunfo de la capital española. Varias décadas antes, lo hizo ni más ni menos que ante el anfitrión.
El dueño de casa, entrenado por Héctor Scarone, salió al Chamartín con Alonso; Aristiaguirre, Gomá; Navarro Perona, Muñoz Mozún, Zárraga Martín; Molowny, Joseíto, Pahíño, Gausí Subias y Cabrera Pérez. El conjunto argentino, lo hizo con Carrizo; Ramos, Soria; Yácono, Venini, Ferrari; Vernazza, Pizzuti, Walter Gómez, Labruna y Loustau. ¿Su DT? José María Minella.
La nota de la jornada la dio la vestimenta del cuadro local: acostumbrados a vestirse completamente de blanco cada vez que jugaban en su cancha (tradición que perdura hasta nuestros días), tuvieron que usar una camiseta azul, ya que River solo tenía su pilcha habitual. Tal desconcierto (?) fue aprovechado para imponerse con goles de Vernazza, Gómez y Pituzzi (2), mientras que Molowni y Pahíño (2) marcaron para los europeos.
Este resultado terminó con un invicto de 20 años del Merengue sobre rivales extranjeros, y fue muy celebrado por la prensa y los simpatizantes en aquel momento. Pobre Real Madrid, como le duele la cola desde el 23 de diciembre de 1951 (?).