Tomás Ciklic

Tomás Federico Ciklic

Más de una vez lo habrán confundido con Dante o Mariano, los baldoserísimos hermanos Ciglic. Lo cierto es que Tomás Ciklic, un delantero nacido el 29 de febrero de 1980, logró lo que pocos hicieron. Integrar dos planteles profesionales de primera división sin jugar ni un solo segundo de forma oficial.

Arrancó jugando en las divisiones inferiores de Boca Juniors, pero quedó libre y tuvo que ir a ganarse la vida a otro lado. Se fue a probar a Gimnasia y Esgrima La Plata y Carlos Timoteo Griguol le dio el visto bueno. En la cuarta división del Lobo supo pegar buena onda con Diego Deering, Hernán Micosis Ocampos, Cinalli, Fernando Zaniratto y Federico Molinari, entre otros. Lamentablemente, en el conjunto platense no tuvo oportunidades y se fue con su fútbol a otra parte. Según sus propias palabras recaló en Mexico, donde habría estado en el Pachuca.

El 2002 lo encontraría defendiendo los colores de Racing de Córdoba en el Torneo Argentino A. La segunda oportunidad en el fútbol grande llegaría en el mercado invernal de 2003. Talleres de Córdoba iniciaba su camino al descenso y a la vez sumaba a Maximiliano Velázquez, Emiliano Díaz, el organizador Marcelo Sarmiento y al propio Ciklic, que le puso la mejor onda e intentó pelear un lugar en la delantera de la T con Aldo Osorio, Huesito Glaría, Eduardo Escobar, Emanuel Perrone, Gustavo Fuentes, Pablo Cuba y Víctor Piriz Alves. De más está aclarar que Ciklic nunca llegó a formar parte del banco de suplentes.

Entre 2004 y 2006 despuntó el vicio en General Paz Juniors en el Argentino A. Cuando todos creíamos que había abandonado el fútbol (o que el fútbol lo había abandonado a él), en 2008 apareció jugando para el Bell de la Liga Bellvillense y en 2009 se sumó al Firpo de la misma liga.

Fuera del ámbito deportivo, tuvimos noticias suyas en 2008, cuando fue nombrado gerente de Crecer S.R.L., una empresa constructora que él mismo fundó.

Pónganle las esposas

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Creíamos que en un casamiento, las posibilidades de encontrar un desalineado para esta sección se reducían a 0%. Para un acontecimiento de esa magnitud, generalmente la gente se empilcha bien o directamente recurre a lo clásico para no pasar palelones. Ni hablar de los novios, casi siempre atados al uniforme reglamentario (?) de la boda.

Bueno, estábamos muy equivocados. El Flaco Hugo Lamadrid había hecho todo al revés para llegar hasta el altar. Con 23 años, jugaba la Copa Libertadores con Racing y mientras tanto andaba completamente de putas con su Coupé Sierra XR4 que levantaba la velocidad suficiente para lucir, viento en contra, su clásico combo de melena hasta la cintura y camisa desabotonada.

Con esa pinta e ignorando el significado de la palabra responsabilidad, conoció a una piba de dulces 16 años llamada Silvana, que inocentemente se dejó llevar por las promesas de cenas románticas y autógrafos de Asteggiano, entregándose a una relación sentimental que tuvo su punto álgido cuando fue descubierta por su padre (Carmelo) y su hermano (Juan Carlos).

Haciendo equilibrio entre la vida y la muerte, el áspero volante llegó como pudo al día de la boda, compromiso que habia empeñado para preservar su pellejo. Desafiando una vez más los parámetros de la formalidad, fue a su propio casorio con un look bien rocker.

Las lanas y la camisa abierta, infaltables. Pero a eso le agregó un accesorio de raso bordó, producto de un equívoco del modisto encargado para la ocasión, que unos días antes había malinterpretado la recomendación de un amigo futbolero: «Ojo con Lamadrid, que faja«.

Dicen las malas lenguas que los hijos de la pareja, Axel y Melany (y próximamente otra nena), actualmente miran esta foto y no pueden creer que en una escena donde está su padre cerca de una botella no aparezca Walter Fernández. Y sí, el amor hace milagros.

Platense parchada 1988/89

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En la lejana temporada 1988/89, Platense tuvo serios problemas para vestir a su equipo profesional. Vencido su contrato con Topper y sin un nuevo proveedor a la vista, los Calamares optaron por parchar la camiseta, tratando de eliminar todos los rastros de la marca de indumentaria.

El tema es que, para remendar la ropa (en el pecho y las mangas), consiguieron una tela marrón de una tonalidad muy distinta a la que estaban utilizando. Y el resultado es lo que podemos ver en esta foto de Bernardo Villalba y Juan Amador Sánchez. Después de unos partidos, llegaría Puma.

Domínguez Eduardo

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Eduardo Esteban Domínguez (El Pato)

Si esto fuera un programa de Julián Weich y no una página de internet, hubiésemos tapado los ojos de nuestros lectores para que adivinaran el homenajeado del día. ¿Es argentino? Sí ¿se dedicó al fútbol? Sí ¿Eligió ser arquero? Sí ¿Tiene apodo? Sí ¿ese apodo tiene que ver con el mundo animal? Sí ¿Ese animal hace cuack? Sí ¿Salió campeón del Mundo en 1978? No ¿Se hizo nana en la pierna y abandonó en el Mundial 2006? No. Y ahí nos hubiese gustado ver qué contestaban.

La respuesta correcta, aunque no la más predecible, es Eduardo Pato Domínguez, arquero cordobés que atajó con el buzo de Talleres a principios de los 90’s. En total, disputó 24 partidos con los albiazules en la máxima categoría, aunque sumó más encuentros si se tiene en cuenta las veces que fue al banco de suplentes, detrás de Gustavo Irusta, el uruguayo Zeoli y hasta Christian Bove.

Con pasos por Racing de Nueva Italia (en Primera), Sportivo Belgrano de San Francisco y Huracán de Córdoba, logró mayor repercusión en el fútbol peruano.

Desembarcó en Aurich Cañaña (1995) y continuó su carrera en Deportivo Municipal (1996 y 1999, donde se le dio por patear penales), Sport Boys (1997) y Lawn Tennis (1998). En 2000 se lo mencionó como refuerzo del Atlético Bucaramanga de Colombia, pero ese dato, como muchos otros relacionados a su carrera, son difíciles de comprobar. Se dice, también, que tiene un boliche en nuestro país y que alguna vez se lamentó ante las cámaras de TV, cuando lo dejó su novia, una reconocida modelo de Perú.

En definitiva, si esto fuera un programa de Julián Weich y no una página de internet, estaríamos tratando de caerle simpáticos a la novia de Forlán, y no escribiendo boludeces para la inmensa masa de gordos peludos que nos visitan.

París Saint Germain 1 – Boca 3 (1981)

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Tras la sufrida obtención del Metropolitano 1981, Boca se lanzó a una maratónica gira por distintos rincones del globo terráqueo con la necesidad de juntar guita urgente para equilibrar las finanzas y de paso, soñar con retener a Maradona.

Y la verdad que en esa gira hubo para todos los gustos. Porque entre un casi linchamiento en México y una llegada a Costa de Marfil en plena epidemia de paludismo, hubo por suerte, algunos momentos con un poco más de glamour.

Como la corta pero feliz estadía en París el 5 de septiembre de 1981. Y hablamos de felicidad por el claro triunfo ante el París Saint Germain en pleno Parque de los Príncipes. Con Astor Piazolla, Jairo, Mónica y César Masetti como testigos, Boca se las arregló para ganar 3-1 y hacerle precio a los franchutes ya que Diego erró dos goles increíbles sobre el final en jugadas en las que incluso había gambeteado al arquero.

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Tras un primer tiempo cerrado y casi sin llegadas, Boca fue pura contundecia y entre los 44 y los 15 del segundo tiempo marcó tres golazos a través del Mono Perotti (en dos oportunidades) y Miguelito Brindisi. Y los locales ya no pudieron encontrarle nunca más la vuelta al partido.

La formación que mandó Silvio Marzolini a la cancha esa noche fue: Rodríguez, Colorado Suárez, Ruggeri, Mouzo, Cacho Córdoba, Pasucci, Trobbiani, Brindisi, Pichi Escudero, Diego y Perotti. Luego fueron entrando Quiroz, Huguito Alves, el Chino Benítez y la eterna promesa de Jorge Ramoa.

Pero no sólo el triunfo fue lo que trajo felicidad al baqueteado plantel de Boca. Tras el amistoso, algunos jugadores y dirigentes más Don Diego y Cyszterpiler se mandaron de una al cabarulo más famoso del mundo: el Lido de París.  Morfaron, tomaron, se sacaron fotos y vaya a saber Dios qué otras cosas hicieron, aunque no es difícil suponer quién fue el encargado de encarar los gatos. ¿O acaso alguien se imagina a la Pantera Rodríguez o al pibe Quiroz chamuyando?

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En plena joda posan Habegger con bigotes, Marzolini, Cacho Córdoba, el político Bello, Perotti, la Pantera, Marcelito Trobbiani vestido para matar y el Chino Benìtez a full. Abajo: Quiroz (¿con sueño?), Tito García, Quintieri y Diego en su salsa.

Fuera de stock: La Copa Pelé

La idea, convengamos, era genial: juntar a viejas glorias del fútbol y hacerlas participar de un mini-Mundial que se transmitiría por televisión. La propuesta resultó tan atractiva que muchos se prendieron, incluso el mismísimo Pelé, que a cambio de unos buenos billetes le dio su nombre a la Copa y además disputó un partido de la primera edición.

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Copa Pelé, Brasil 1987

Presentado como el primer torneo de seniors (mayores de 35 años) de selecciones campeonas del Mundo, resultó un éxito desde lo comercial ni bien arrancó. La red de TV Bandeirantes aprovechó la movida en su país para cautivar nueva audiencia y, como si fuera poco, 50 mil espectadores se hicieron presentes en el estadio Pacaembú, en San Pablo, para ver el debut del scratch ante Italia. Había un motivo importante, claro: volvía O’ Rei a las canchas.

Pese a que Brasil ganó 3 a 0, Pelé no tuvo una buena jornada y se retiró de la competición. Igualmente el local contaba con figuras como Rivelino, Jairzinho y Edú, material de sobra para llegar a la final, donde enfrentó a Argentina y cayó por 1 a 0 (gol de Felman), pese a ser claramente superior en el desarrollo.

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Argentina Campeón. Arriba: Mouzo, Squeo, Buttice, Piris, Berta y Cortés.
Abajo: Brindisi, Pedro González, Babington, Más y Felman.

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