Renzo Omar Ruggiero
Hay ciertos casos en los cuales las razones de un homenaje en el sitio no se deben al magro nivel futbolístico del personaje en cuestión. Claro está, ser baldosero no implica ser un muerto con la número cinco en los pies. Es factible que las causas de este tributo entonces se deban a cuestiones extrafutbolísticas, de índole cabulera. En esta ocasión en particular, el factor preponderante no sería otro que una simple camiseta de Rosario Central, con el número 14 en la espalda.
Estudios recientes (?) comprobaron que ese número está asociado con la desgracia, al menos para el club que ahora dirige Mostaza Merlo. Corría el Apertura 2007, Rosario Central se acercaba al abismo de la mano de Carlos Ischia, el clásico estaba a la vuelta de la esquina y el Pelado ya no sabía qué inventar para levantar la moral de sus muchachos. Fue de esta manera que acudió a una bruja para cambiar la suerte. Inmediatamente, la pitonisa detectó el problema: había que limpiar al portador de la número 14, el que estaba cargado de energías negativas. Fue así que el bueno de Andrés Imperiale pagó los platos rotos y se quedó afuera hasta de la Reserva. No hace falta aclarar que el Canalla volvió al triunfo.
Claro que el tema venía de antes. Mariano Herrón, Hernán Encina y Ariel Garcé ya habían sufrido las consecuencias de usar el dorsal maldito. A Herrón le explotó un termo en la concentración mientras tomaba mate. El Sapito se rompió los ligamentos y al Chino le estaban por comprar el pase, pero la justicia determinó la intervención de Rosario Central… y anuló el contrato.
Renzo Ruggiero fue otro de los que padeció al número maldito. Cuando parecía que había logrado la tan ansiada continuidad, en la fecha 11 del Clausura 2004 ante Independiente en Avellaneda, se rompió. Había entrado a los 74 minutos por Vitamina Sánchez y tuvo que salir en el final del encuentro, para dejarle el lugar a Lorenzetti. Esa tarde el Canalla ganaba 1 a 0, pero terminó perdiendo 3 a 2. Los goles del conjunto de Arroyito fueron marcados por Rafael Olarra en contra y Paulo Ferrari, mientras que para el Diablo de Avellaneda anotaron Cristian Zurita, Hernán Losada y Julio César Gaona en contra. Ah, esa tarde para agregarle un toque más nefasto al combo, el arquero de Tacuarembó custodiaba la valla local.
Ruggiero había tenido su estreno entre los grandes en el Apertura 2002, más precisamente el 24 de noviembre. Ese día, Central le ganó 1 a 0 a Banfield y el homenajeado reemplazó a Luciano De Bruno a los 12 minutos del segundo tiempo.
Ese mismo año, formó parte del seleccionado sub 20 donde compartió entrenamientos con Gastón Fernández, Osmar Ferreyra, Juan Pablo Carrizo, Darío Conca, Jonathan Bottinelli, Pablo Zabaleta, Pablo Barrientos, Gustavo Eberto, Joel Barbosa, Pablo Jerez, Franco Cángele, Lucas Molina, Emanuel Rivas, Agustín González Tapia, Marcelo Carrusca, Walter García, Marcos Galarza, Raúl Gorostegui y sus compañeros en el Canalla, Cristian Alvarez y Germán Herrera.
En el Apertura 2003 disputaría 2 partidos, también entrando desde el banco, en la segunda fecha ante Lanus (triunfo granate por 1-0) y en la última jornada, ante Boca, en el histórico 7 a 2.
En su última temporada en Primera División, la 2003/2004, antes de su lesión había disputado 14 partidos (8 en el Apertura ’03 y 6 en el Clausura ’04), 5 de ellos desde el arranque, sin convertir goles.
Una vez recuperado, a mediados de 2005 pasó a Talleres de Córdoba, para lucharla en la B Nacional. Una sola temporada en el under le bastó para darse cuenta que no era lo suyo y decidió armar las valijas para probar suerte en el exterior y juntar un par de euros. Fue así que en 2007 arribó a España para defender los colores del San Sebastian de los Reyes, donde no permaneció mucho tiempo.
En los últimos meses lo buscábamos incansablemente (?) y cuando estábamos cerca de darnos por vencidos, reapareció. Con ese nombre y el pasaporte comunitario en mano era fácil de preveer que en algún momento pisaría suelo italiano. Es así que desde hace algunas semanas, Ruggiero juega en el Aprilia Calcio, un conjunto de las profundidades del ascenso de aquel país.