
Jorge Marcelo Matheu
Delantero mediterráneo de rasante vuelo por el fútbol de AFA. Su vínculo más íntimo con la fama lo estableció en Instituto de Córdoba, cuando disputó 21 partidos (1 gol) de la temporada 1989/90 de Primera División, al lado de otros un poco más conocidos como Damián Maltagliatti, Héctor Arzubialde, el yanqui Renato Corsi, Julio César Toresani y el Negro Rentera.
Proveniente del club Bella Vista, había llegado a La Gloria con todas las ganas de triunfar, pero desde 1988 a 1993 no logró afianzarse en la ofensiva y quedó muy lejos de próceres de la institución como Oscar Dertycia, Ariel Cozzoni y Mario Kempes.
Apelando a la tradición del futbolista cordobés, probó en otro equipo de la misma ciudad y en 1994 integró el plantel de Belgrano. Al año siguiente bajó al Nacional B para vestir la camiseta de Douglas Haig de Pergamino junto a Areso, Nasta, Noremberg, Aldape, el Sapo Cuartas y Marcelo «me quedé con la camisa de Marchetta» Botana. Y también en ese 1995 tuvo la chance de cruzar las fronteras, cuando firmó para el Guabirá de Bolivia.
Su rápido desbarrancamiento encontró un nuevo capítulo en la temporada 1996/97, ya que anduvo por el fútbol pampeano y terminó de estrolarse en 1998, uniéndose al mítico Uruguay Soccer Club de Miami. Un par de años en ese glorioso cuadro que aglutinó a figuras como Ariel Santín, Waldo Spontón y Andrés Polonsky lo depositaron una vez más en el umbral de una experiencia inigualable y participó de esa oda a la baldoseridad que es la Selección Argentina de Legend Of Soccer, algo así como un rejuntado de nombres consagrados, ex jugadores de medio pelo y tipos que pasaban por ahí.
Con ese outlet de estrellas enfundadas en casacas made in La Salada, tuvo el placer de disputar el World Masters Cup (el Mundial de la especialidad), haciendo dupla con un goleador fanático de la película El Descenso.
Juan Pordiosero







