Voy al Arco: Giresse (1982)

Que un jugador de campo tome el puesto del arquero ante una emergencia es algo que se ha visto muchas veces, y se seguirá viendo. Ahora, que un jugador de campo tome el puesto del arquero sin que medie contingencia alguna, y que lo haga desde el principio del partido, es algo tan absurdo como irreal. Y más si le sumamos que ese improvisado guardameta es la figura del equipo… que apenas llega al 1.63 metros de estatura. Sin embargo, esto pasó.

El año es 1982, el lugar es Francia, el motivo es la última fecha de la liga de ese país. Nantes recibe al Burdeos, sin nada en juego más que definir las posiciones finales que ocuparán en la temporada. Para este partido, el equipo visitante no podría contar con su habitual Nº 1, Dragan Pantelic. El yugoslavo había tenido la brillante idea de agredir a un juez de línea y, unos días antes del encuentro, recibió el duro castigo: un año de suspensión. Este fue uno de los puntos de partida para que Alain Giresse termine saliendo a la cancha con buzo y guantes.

El otro nombre importante de esta historia es Claude Bez, presidente de club. El mandamás del Football Club des Girondins de Bordeaux había quedado muy disconforme con la sanción a Pantelic, por lo que impuso un inusual modo de protesta: obligó al entrenador de su propio equipo, Aimé Jacquet, a no incluir un portero entre los 11 jugadores que iniciaran el juego frente al Nantes. Y no solo eso: le exigió a hábil mediocampista que fuera el encargado de reemplazar al hombre suspendido. “Usted es el capitán”, fue el único motivo que el soltó el dictatorial jefe.

La insólita medida adoptada se completó con la verdadera posición de Giresse en ese partido: se paró como arquero-volante, corriendo la cancha como si no fuera el último hombre. Las crónicas de la época cuentan que jugó en su posición habitual y solo se colocaba bajo los tres palos cuando había que defender una pelota parada. De esta manera, Burdeos tenía un jugador “de campo” más que su rival. Una arriesgada estrategia que, lógicamente, tuvo un mal resultado: a los 4 minutos el equipo visitante ya había recibido dos goles. El bueno de Alain siguió en la suya hasta que, faltando media hora y con un resultado de 5 a 0, le dejó su lugar a Marius Trésor, un defensor de 1.82 metros. El zaguero recibió un tanto más y así se cerró el partido.

7 mai 1982, stade de la Beaujoire, Nantes (Loire- Atlantique) Nantes-Bordeaux (6-0). Pas vraiment aidé par son mètre 63 et son rôle de gardien volant, Alain Giresse ira chercher le ballon cinq fois au fond des filets. A l’heure de jeu, épuisé par d’incessants aller-retour, il cède sa place à son dernier défenseur ; un certain Marius Trésor. (Photo L'Équipe)

Habiendo pasado más de tres décadas aquel extravagante encuentro, Giresse recordó el episodio con una buena dosis de humor: “Recuerdo que toqué la pelota con mis manos por primera vez a los 14 minutos, y rápidamente lo bajé al suelo para jugarlo con el pie. Supongo que si ese mismo caso se produjera hoy, tomaría proporciones increíbles. En ese momento, la cobertura mediática del fútbol no tenía nada que ver con la actual», dijo en una oportunidad. Y remató con una simpática comparación: «El mismo día, Saint-Etienne derrotó 9 a 2 al Metz, que tenía un arquero real. Así que tan mal no estuve”.

Especiales: Cualquiera puede cantar – Parte I

Alguna vez el Chapulín Romário dijo que Pelé callado es un poeta”. Seguramente lo habrá escuchado cantar. A continuación, un compendio de futbolistas argentinos y extranjeros que cambiaron, al menos por un rato, la número 5 por un micrófono.

De acá…

Germán Adrián Ramón Burgos (Burgos Simpatía y The GARB)

«Traigan a la renga, que bailen los ratones, que llega el hijo del rock and roll». La grandeza de Germán Adrián Ramón Burgos no distingue camisetas: al mismo tiempo que defendía el arco de River Plate a fines de los noventa, se hizo un tiempo para dedicarse a la música. Al frente de Burgos Simpatía, el Mono editó dos discos de clara estirpe rollinga: Jaque al rey y Fasolera de tribunas. Años más tarde, ya durante su paso por el fútbol español y rebautizado como The GARB, sacó Líneas calientes y Abismos, que lamentablemente no llegaron de este lado del mapa.

Carlos Tevez (Piola Vago)

Visto a la distancia, Los pibes del barrio, el disco debut de Piola Vago, es una gema. Arrancaba con una soberbia versión de «Pobre diabla», del reggaetonero puertorriqueño Don Omar, y cerraba con «Déjala», un magistral cruce dialéctico entre el Apache y el Zurdo por el amor de una mujer. Ay, Zurdo, déjala, déjala, déjala.

Sergio Agüero (Los Leales)

“¿De quién? ¿de quién? Kun Agüero, papá”. Antes de irse al Atlético Madrid, el Kun se animó al micrófono para ponerle voz al tema que le hicieron Los Leales. La concha de tu madre, Kun Agüero.

Diego Armando Maradona (cover de Carlos Vives)

El Diego cantándole una de Carlos Vives (“Voy a olvidarme de mí”) a la Claudia en La noche del Diez. Si no te genera nada, estás muerto por dentro, maestro.

Brian Sarmiento (Los Turros)

“¿Qué onda, Brian, que de repente están todos activos?”, pregunta July. “Y bueno, perro, la vagancia me sigue”, responde Brian Sarmiento, la revelación 2017 de las redes sociales (más de 400 mil followers en Instagram), que le pone letra y música a «Tamo activo!», nuevo hit de la banda cumbiera Los Turros, aquellos de “que no prendan las luces, que no paren de vender alcohol, que yo quiero que esto siga hasta que salga el sol”. Poesía.

Y de allá…

Paul Gascoigne (Lindisfarne)

Casi veinte años después de su lanzamiento original, el grupo inglés Lindisfarne convocó al mediocampista Paul Gascoigne para grabar una nueva versión de «Fog on the tyne». En plena Gazzamania tras su actuación en el Mundial de Italia 1990, la canción llegó al segundo puesto de los charts británicos.

Clint Dempsey (ft. Big Hawk y XO)

A los 11 no quería saber nada con el fútbol. Su ídolo, Diego Armando Maradona, se iba del Mundial 1994 por doping. «Nos enamoramos de Maradona, su estilo de juego, su actitud… De todo lo que hacía. Era nuestro héroe», contó alguna vez Ryan, su hermano. Una década más tarde, Clint Dempsey debutó en la selección de Estados Unidos, donde se convirtió en uno de los jugadores más importantes de la historia de ese país. En 2006, en la víspera de su primer Mundial, bajo el seudónimo Deuce, se unió a los raperos Big Hawk y XO para incentivar a los jóvenes a jugar al fútbol y homenajear a su hermana Jennifer, fallecida de un aneurisma a los 16 años.

Ronaldo Giovaneli (Ronaldo e os Impedidos)

En paralelo con su actuación bajo los tres palos del Corinthians brasileño, donde disputó más de 600 partidos entre 1988 y 1998, Ronaldo Giovaneli se las rebuscó para mantener activa su banda de rock ‘n roll, Os impedidos. Y mal no le fue, eh. «O nome dela», lo más parecido a un hit que tuvieron, sonó bastante en las radios y llegó a vender 50 mil discos.

Andy Cole (cover de The Gap Band)

Cuando colgó los botines después de varios pasos en falso por equipos chicos de Inglaterra, Andy Cole, goleador del Manchester United de mediados de los noventa, buscó meterse de lleno en el mundo de la música con un cover de «Outstanding» de The Gap Band. ¿Lo logró? La respuesta no los sorprenderá.

Neymar (Michel Teló)

No hay forma de odiar a Neymar. Ni siquiera cuando canta «Ai se eu te pego» al lado de Michel Teló. Nossa!

Bonus track

Gaizka Mendieta (Los Planetas)

“He puesto la tele y había un partido y Mendieta ha marcado un gol realmente increíble”, canta Jota, de la banda española Los Planetas, en «Un buen día», incluida en su disco Unidad de desplazamiento, editado en 2000. Cuál era el gol realmente increíble de Mendieta, por aquel entonces jugador del Valencia, es un misterio que los medios especializados tratan de descifrar hasta hoy.

En 2015, el rubio, ocasional DJ, se subió al escenario del Festival Internacional de Benicàssim para tocar con Los Planetas. Con buen tino, Jota cambió la línea de la canción por “He puesto la tele y había un concierto y Mendieta tocó la guitarra de forma increíble”.

Fuera de stock: la Ciudad Deportiva de Boca Juniors

¿Mudar o no La Bombonera? Una cuestión que por estos días enciende el avispero del incansable Mundo Boca estuvo fuera de discusión hace más de 50 años, en 1964, cuando el Congreso Nacional sancionó una ley, la 16.575, mediante la cual le cedía al Xeneize la zona del Río de la Plata delimitada entre la avenida Costanera Sur y la prolongación de la calle Humberto Primo para que rellenara un total de 40 hectáreas de islas.

Allí se planteaba la creación de la Ciudad Deportiva de Boca Juniors, un ambicioso proyecto impulsado (y rosqueado a más no poder) por el ex presidente bostero Alberto J. Armando, que, desde su asunción en 1954, soñaba con la construcción de un imponente estadio. En principio, intentó hacerlo en Casa Amarilla, pero ante la negativa de la Municipalidad de Buenos Aires tuvo que salir a buscar otras opciones. Una tarde de gira con el ingeniero José Luis Delpini, uno de los ideólogos de Brandsen 805, pasaron por la Costanera: “¡Ahí está el lugar!”, sentenció Delpini. “Yo lo único que veía era agua. Por un momento pensé que estaba loco. Pero me explicó que la planta de SEGBA (hoy conocida como Central térmica Costanera) que estaba frente a nosotros también había sido construida sobre pilotes, ganando terreno al río”, declaraba Armando en 1965 a la revista El Gráfico.

Ideado por el arquitecto Carlos Costa, el sucesor de La Bombonera tendría capacidad para más de 150 mil personas y, además, contaría con otras instalaciones deportivas, como canchas de tenis, básquet, piletas de natación, y otras atracciones como confitería, anfiteatro, autocine, acuario, parque de diversiones y sectores de recreación y camping. Todo eso debía realizarse en un plazo inferior a diez años, ya que, en caso de no cumplir con lo pactado, la ley indicaba que los terrenos pasarían sin ningún tipo de indemnización a la Municipalidad de Buenos Aires. Tanta confianza se tenía el Puma Armando que hasta le puso fecha de inauguración al estadio: domingo 25 de mayo de 1975 a las 11 de la mañana, con un duelo entre la Primera y la Tercera. “No podemos perder”, bromeaba el presi, un pésimo actor.

Todo arrancó poco tiempo después de la sanción de la ley, cuando comenzaron los trabajos de relleno del Río de la Plata hasta formar siete islas circulares de unas pocas hectáreas, unidas por puentes curvos voladizos. La naturaleza del proyecto hizo que la Ciudad Deportiva fuese comparada con Brasilia, la capital brasileña creada por el arquitecto Oscar Niemeyer a fines de los cincuenta.

Con buena parte del sector social ya construido y en pleno funcionamiento, las obras del estadio, que se anunció oficialmente en noviembre de 1970, arrancaron en mayo de 1972 con la colocación del primero de los 1200 pilotes de 1,20 metro de diámetro, a 32 metros de profundidad, que servirían de base. Por aquel entonces, se esperaba concretar el hundimiento de los 1199 restantes en un plazo de nueve meses. La obra sería financiada mediante una serie de rifas, denominadas Cruzada de las Estrellas y Cruzada de Oro, y la venta de plateas. El propio Armando, en un verdadero raid mediático, se puso al frente de la búsqueda de inversores.

La versión oficial indica que los vaivenes políticos de la época, la hiperinflación y, aparentemente, algún boicot del Monje José López Rega, hombre influyente y nefasto de aquellos años complicados, sentenciaron el fracaso del estadio, que se reducía a una ínfima tribuna de 30 metros con apenas diez escalones. Otros aseguran que, tras una prueba piloto, la constructora Christiani & Nielsen determinó que el terreno ganado al río no estaba apto para aguantar semejante estructura y que, en agosto de 1973, por falta de pago, ordenó el retiro del personal (unos 40 obreros) y la maquinaria hasta nuevo aviso… que nunca llegó.

El domingo 25 de mayo de 1975, Boca salió a la cancha, pero fue en Liniers, donde Newell’s Old Boys hizo ocasionalmente de local por el campeonato Metropolitano. El encuentro terminó 0 a 0 y en los diarios de la jornada siguiente nada se habló de la promesa incumplida.

En 1979, una ordenanza del intendente de facto porteño Osvaldo Cacciatore liberaba a Boca de la construcción del estadio y le extendía el plazo para la conclusión de otras obras pendientes. Tres años más tarde, el propio Cacciatore sancionó otra ordenanza mediante la cual le daba al club la posesión legal de los terrenos a través de una escritura a su nombre, aclarando que no podía venderlos. Hasta entonces, se habían rellenado 60 hectáreas, 20 más de lo previsto al inicio. Sin embargo, el estado de abandono de la Ciudad Deportiva ya era evidente y desolador.

Durante parte de la década del 80, con el Xeneize hundido deportivamente y al borde de la quiebra, se le buscó un nuevo uso al espacio de la Costanera Sur. Por ejemplo, se le alquiló la isla con la confitería, con su particular techo con forma de hongo anaranjado, a la Cámara de Comercio Argentino Soviética, que instaló allí un centro de exposición permanente de productos exportados de la URSS a la Argentina.

Ya con Carlos Saúl M*n*m como presidente, en 1989, el Congreso Nacional sancionó otra ley, a través de la cual cambiaba el destino de estas tierras, indicando que podían utilizarse como complejo balneario, náutico, turístico, hotelero o comercial y que estaban habilitadas para funcionar como centro habitacional. No son pocos los que aseguran que esto último era el gran objetivo desde un comienzo. Además, se le permitió a Boca la venta de los terrenos. Un negocio redondo.

En 1992, durante la gestión de Antonio Alegre y Carlos Heller, la sociedad Santa María del Plata compró el predio de la Ciudad Deportiva de Boca Juniors a cambio de 23 millones de dólares, dinero que se utilizó, en parte, para la construcción del complejo de Casa Amarilla.

Cinco años después, en 1997, por algo más del doble de valor, los terrenos de la Costanera Sur pasaron a manos de su actual dueño, el Grupo IRSA, que tenía la intención de levantar allí la Villa Olímpica en caso de que Buenos Aires fuese elegida sede de los Juegos Olímpicos de 2004. Según el emperador riojano, nuestras chances alcanzaban el 95%. Ganó Atenas.

Desde entonces, lo que alguna vez fue el gran sueño de la mitad más uno del país alberga recitales y funciona como depósito de containers, mientras convive entre el abandono, la desidia y los intereses económicos que buscan la aprobación de la creación de un complejo habitacional y oficinas de lujo en una de las zonas con el metro cuadrado más caro de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Mal Pase: Ponzio a Olimpia (2002)

Mientras Eduardo López, presidente de Newell’s Old Boys de Rosario, juraba públicamente que lo de Leonardo Ponzio a Boca Juniors era pescado podrido, le abría las puertas a otra negociación que, a priori, parecía delirante, pero que estuvo cerca de concretarse.

A mediados de 2002, Olimpia de Paraguay había derrotado en la final de la Copa Libertadores al São Caetano de Brasil, ganándose el derecho de definir la Copa Intercontinental frente al Real Madrid de Los Galácticos en Japón. Para ese partido, los de Nery Pumpido necesitaban refuerzos y el nombre que sonó con más fuerza fue el del propio Ponzio. Según medios locales e internacionales, ese sería el paso previo a su llegada al Xeneize.

Al frente de las tratativas estuvo Alfredo Mendoza, ex delantero leproso de la década del noventa, que por aquel entonces trabajaba como manager del club paraguayo. A López, que no dejaba de negar ni un minuto el acuerdo con Boca, le interesaba el negocio para utilizarlo como vidriera: «El tema es muy serio. Me lo planteó Mendoza y quedamos en conversar. Con Boca no hay nada, ya dije varias veces lo mismo y me lo siguen preguntando. Lo único serio es esta posibilidad de que Ponzio juegue la final de la Intercontinental y considero que puede ser un buen negocio para Newell’s», decía el hombre que hizo lo que quiso durante catorce años al frente del cuadro del Parque Independencia.

“Si me lo piden es porque se podrá. No es un tema que se le haya ocurrido a Newell’s», repetía López sobre la chance de que el volante central oriundo de Las Rosas vistiera la camiseta franjeada solo por una noche. Tampoco se hacía mucho problema por el dinero: «Es lo que menos importa, el valor pasa por mostrarle a Ponzio al mundo, incluido al Real Madrid, que será el rival de turno. En este caso, la plata por un partido no cuenta».

Finalmente, las tratativas no llegaron a buen puerto y el mediocampista continuó jugando en el rojinegro. Tiempo después, Ponzio reconoció el acercamiento: “Llamaron a Newell’s, preguntaron por mí, me comentaron que podía darse y al final se cortó. Hubiera estado lindo enfrentar al Madrid de Los Galácticos”.

Finalmente, pudo sacarse las ganas un año y medio más tarde, en marzo de 2004, aunque con la camiseta del Zaragoza español y por la final de la Copa del Rey. Esa noche, los Maños se quedaron con la victoria y el título por 3 a 2.

Arsenal salmón (2009)

Si hay un equipo que ha sufrido las más variadas experimentaciones en su uniforme alternativo, ese es Arsenal. No importa la marca, tampoco la época. Siempre es buen momento para que el conjunto del Viaducto presente ropa polémica. Como muestra, lo que sucedió en 2009.

Por aquel entonces, el equipo de Sarandí era vestido por Mitre, marca que no tuvo problemas en confeccionar una camiseta titular sin demasiadas sorpresas: celeste con una banda roja. Hasta ahí, todo bien. El tema fue la suplente.

La otra casaca del Arse estaba bien lejos de sus colores históricos. Según los especialistas, era una camiseta salmón (sí, salmón) con vivos negros y blancos. Para los más básicos, era una camiseta naranja en degradé. Usted decide.

La camiseta fue utilizada ante Atlético Tucumán (Apertura 2009) y Tigre (Clausura 2010), antes de ser archivada, junto a otras extrañas prendas, en el particular placard de la familia Grondona.