Diario de viaje

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En Una Baldosa tuvo un fin de semana bastante atípico. Invitados a la primera edición de Cultura Fútbol en la ciudad de Rosario, integrantes del staff llegaron el sábado por la mañana a la Cuna de la Bandera y después de caminar un buen rato (sólo se cruzaron minas lindas) junto a la gente de Tic Espor, almorzaron y enfilaron para el Teatro La Comedia, el lugar de encuentro para la tercera y última jornada del encuentro futbolero.
Pasadas las 17 , representantes de ambos sitios abrieron la charla de «Blogs de Fútbol» en compañía de El Cronista Deportivo y entre conceptos sobre internet, periodismo, comentaristas y futbolistas, se rubricó la tarde con una presentación en pantalla gigante sobre la historia del bigote en el fútbol.
Luego llegó el plato fuerte. La mesa final con Norberto «Ruso» Verea, Germinal Terrakius, Marcelo Mogetta y Marcelo Lewandowski.
Ya fuera de la rutina, por la noche apareció un homenaje callejero al Pirulazo y el domingo, después de observar en un cyber al baterista de Airbag, gracias a la generosidad del gran Mogetta En Una Baldosa se acercó al Coloso del Parque para ver ese dolor de ojos que representó el antipartido entre Newell’s y Chicago.
Antes de regresar a casa, el paso obligado por el monumento del Negro Olmedo y la promesa de volver a la tierra de los gatos a la parrilla para conocer a Kurt Lutman.
Gracias a todos y saludos a los chicos de La Redó, que a último momento se bajaron, según cuentan, porque tenían miedo de cruzarse con viejos verdugos (?).

Links:
Crónica de Tic Espor.
Folleto de En Una Baldosa: Lado A y Lado B.

En Una Baldosa

Caruso Leandro

indultado

Leandro Rubén Caruso
De pibe era vago, no hay dudas. Le gustaba el fútbol, pero no que le hablaran de tomarse un bondi para ir a entrenar. Para nada. Este tocayo del entrañable Brian Caruso (más conocido como Gamuza), al que desde chico le gustaba darle a la pelotita, tuvo la suerte de criarse en Avellaneda y de tener 2 clubes grandes ahí nomás, a la vuelta de la esquina.
Un día se paró en el medio de la Avenida Alsina e hizo ta-te-ti a ver qué salía. «Independiente» marcó el destino, y hacia allá fue.
«Fueron ocho años ahí, de los cuales jugué cuatro como titular. Y después no me ponían. Como no crecía y mis compañeros sí, no me ponían. Me bajoneaba, me malhumoraba. Me metían en grupos especiales de trabajo. En realidad, creo que aguanté demasiado. Me tendría que haber ido antes. Mi familia me insistía para que siguiera, para que no me fuera del club. Pero volvía uno o dos días y desaparecía de nuevo. Así unas cuantas veces. Tampoco querían largar el pase. Se ve que un poco de fe me tenían» dijo a Olé en alguna ocasión.
Tiempo después probó suerte en Dock Sud, como siempre, cerca de casa. Pero duró sólo un torneo. Se cansó y volvió a largar todo. Al menos por un rato.
En el 2000 le volvió a picar el bichito. Esta vez fue a Racing pero no para jugar al fútbol en cancha de 11, sino al FUTSAL. Y la rompió. «El nivel que tuvo en el futsal fue fuera de lo común. No conocía el juego y le costó muy poco adaptarse. Fue descollante, fue una explosión. Si puede trasladar las maravillas que hace en una cancha de 20 por 40 a una cancha de once, sería extraordinario para el fútbol argentino» dijo su entrenador en la Academia, Daniel Luaces.
El 14 de julio de aquel año, Racing le ganó a River por 7 a 6 y Caruso convirtió seis goles. «Fue bárbaro. Lo más gracioso es que en el primer tiempo no me salía ninguna. No me afirmaba bien, me tropezaba, no me salía ninguna. Y no era que estaba nervioso. Pero en el segundo se puso la suerte de mi lado», aseguró.
Después de semejante actuación, Luaces se reunió con Miguel Gomis y Domínguez (técnicos de la Novena y de la Cuarta y Reserva) para pedirles una oportunidad para el juvenil, que llevaba 28 goles en 11 partidos en un equipo sin más aspiraciones que salvarse del descenso. Días más tarde comenzó a entrenarse con la Reserva.
Admirador de Pablo Aimar, parece que se tenía confianza: «Hay más espacio, se puede jugar mucho mejor. No me va a quedar grande la cancha de once. Mirá, siempre me gustó jugar de enganche y haré lo mejor para ser como Aimar.»
Luego de fracasar en los dos clubes de Avellaneda, no le quedaba otra que probar en Arsenal, y sin pensarlo dos veces enfiló para Sarandí.
Arrancó en la B Nacional, donde se destacó, y llegó a Primera. Burruchaga se apiadó de él y lo mandó a la cancha. Ingresaba generalmente en los segundos tiempos y alguna que otra vez largó desde el arranque. En 2003 hasta jugó contra su ex club y casi la mete. Con varios delanteros adelante (Calderón, Denis, Vilallonga y Adrián Romero, entre otros), debió emigrar para lograr mayor continuidad.
A mediados de 2004 se tomó un avión a México para jugar a préstamo en Pioneros de Ciudad Obregon, donde convirtió 10 goles.
Cuando regresó, un año más tarde, el técnico del Viaducto era José María Bianco. Sólo disputó un partido, ante Gimnasia de Jujuy, cuando ingresó en reemplazo de Juan Carlos Garat, que apenas iniciado el partido había entrado por el lesionado Patricio González.
Seis meses después, con 16 partidos en Primera en el lomo y sin goles, retornó a la tierra de los mariachis. Fue a Tijuana, no en busca de tequila, sexo y marihuana, sino para fichar con el Dorados de Tijuana de la segunda división.
Un semestre más tarde volvería a sus pagos. No a Avellaneda, pero ahí nomás. En Gerli jugó en El Porvenir, haciendo amistades con Mariano Monrroy y el nipón Akira Misu.
A comienzos de 2007 vio como venía la mano y por las dudas se fue, sin conocer a Daniel Tilger, otra vez a México para unirse al sublime Pegaso Real de Colima.

KeyserSoze

De Jesús Mauro

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Norberto Mauro de Jesús
Sin ánimo de victimizarse pero conciente de la competencia que lo rodeaba, este chico pudo haber sentido en algún momento de su carrera que no servía para la profesión que amaba. Y razones no le faltaban. Durante muchos años fue el último orejón del tarro en Independiente y sólo era mirado de reojo cuando algún futbolista del plantel profesional estaba en duda para un compromiso.

Así, a la pesca de una remota chance, vivió con la vergüenza de no haber debutado en Primera hasta los 24 años, cuando Menotti se vio en una encrucijada por las ausencias de Oscar Sánchez y Sebastián Pena, y lo puso de titular en un encuentro ante Boca por la olvidada Copa de Invierno de 1999. Ese día formó la dupla de marcadores centrales junto a Gabriel Milito y, emulando al baldosero Norman Pereyra, hizo su estreno siguiendo de cerca a Martín Palermo ( según las crónicas, cumplió con su labor).

Antes había ido al banco en algunos partidos del torneo Clausura de ese año y siempre cubriendo el lugar de algún defensor faltante, pese a que tenía una vocación más ofensiva. «En la reserva jugaba de 10, pero como el titular era Matute Morales, me pasaron a la defensa. Me gustó y nunca más cambié«, declaró alguna vez al Diario Olé.
Luego de su respetable debut tuvo otras oportunidades de actuar con los grandes pero los dedos de las manos le alcanzaron para enumerar sus encuentros oficiales.

A mediados de 2000 lo dejaron marchar y recaló en Cipolletti de Río Negro (2000/01), donde la pasó mal tras perder la categoría y bajar al torneo Argentino A. Bien lejos de su Chaco natal se sintió solo y desprotegido, por lo que optó por encarar el tramo más duro de su carrera, juntar unos pesos y volver a su tierra. Hizo un esfuerzo jugando un tiempo en Libertad de Paraguay (2003) y luego rumbeó para sus pagos al aceptar ser suplente en Boca Unidos de Corrientes, donde conoció a Sergio Umpiérrez, Jorge Ciancaglini, Mario Obregón y Leandro Schiavi, el menos conocido de la rústica dinastía.
Finalmente desembarcó en Sarmiento (2005) de su querida Provincia y parece que eso colmó sus expectativas deportivas, porque nunca más se lo volvió a nombrar en un medio de comunicación. Desde aquí este humilde homenaje para un tipo que debutó en Primera teniendo barba.

Juan Pordiosero

El camino inverso

radio.europeos

En la décima edición de la baldosa radial, en el aire de Rock & Pop Beach, hoy repasamos los extraños casos de europeos que anduvieron por nuestro país. Recordamos las carreras del búlgaro Velko Iotov, el francés Christophe Robert, el húngaro Robert Waltner, el belga Mikael Yourassowsky, el español Javier Artero, el ucraniano Viktor Dvirnik, y también, de yapa, las particulares historias del malvinense Martyn Clarke y Pablito Trobbiani, nacido en España pero hijo de un gran jugador argentino.

Otras emisiones:

#1– Nota a Sebastián Ablín.

#2– Informe sobre los Gatti’s.

#3– Nota a Darío Dubois.

#4– Informe sobre los que cambiaron de deporte.

#5– Nota a Luciano Zaidelis.

#6– Informe sobre los brasileños ladris.

#7– Informe sobre los futbolistas y sus mujeres.

#8– Nota a Rodolfo de Paoli.

#9– Informe sobre los futbolistas que estuvieron presos.

En Una Baldosa

Pereyra Norman

Norman Pereyra
Portador de un nombre de pila poco usual en el fútbol argentino, aprovechó su corpulento físico para transformarse en defensor central.
Sus primeras armas las hizo en Almirante Brown donde jugó partidos en el ascenso que lo ayudaron a ser considerado por equipos de otra divisional. Fue así que en agosto de 1998 tuvo la fortuna de pasar al Platense del «Profe» Córdoba.
Hasta allí, una historia poco relevante, pero que con dos descensos en forma consecutiva, llegó a ser motivo de este humilde homenaje.
En aquel año, las bajas en el equipo titular del Calamar le dieron la chance para debutar en primera división. Sin embargo, no en cualquier partido sino ante Boca, en la Bombonera, puntero y con la misión de marcar a Palermo, el jugador del momento y goleador del Apertura.
«Todavía no lo puedo creer. Es un sueño hecho realidad», decía muy entusiasmado el defensor sin analizar demasiado la difícil tarea que tendría ese fin de semana. De todos modos, al ser consultado aseguró que el entrenador le había dado toda la confianza y aconsejado pensar que se trataba de un juego más y que el 9 era «un jugador común y corriente, que simplemente tiene la suerte de que se le estén dando las cosas y por eso es el máximo artillero del campeonato».
En ese sentido, aseguró estar «muy tranquilo. El Profe me da toda la fe y la moral que necesito, y no me pesa para nada tener que marcarlo porque creo que estoy preparado para hacerlo. En el ascenso he tenido que tomar a jugadores con características muy similares a las suyas, y lo hice sin ningún tipo de problemas. ¿Por qué tendría que tenerlos con él?», declaraba en esperanzado Norman.
El día del encuentro llegó y el jugador se llevó su triunfo personal. Palermo no hizo ningún gol, aunque el Xeneize ganó 3 a 0. En aquella ocasión dijo que al menos «el sistema defensivo funcionó». Se sumó a ello el «Pipi» Váttimos, quien agregó que «había que tomar a Guillermo y a Palermo y a mi entender con Pereyra lo hicimos bien, ya que ninguno de ellos dos pudo entrar en nuestra área ni hacer goles. Lo que pasó es que aparecieron otros jugadores que no estaban en los planes y que desnivelaron. Si no, el partido terminaba 0 a 0».
Tras ello, no fueron repetidas ni continuas las apariciones de lungo en la primera de Platense, que terminó perdiendo la categoría tras varios años de agonía.
Abandonó la institución llevándose al menos buenos recuerdos de Lorenzón, Mandrini, Landriel, Sardi, Loyola, Coyette, Colliard, Rivarola, Miranda, Zanello, Bocchio, Santo, Cristian Verón, Formidábile, Zeballos y José Barbas.
Retornó al ascenso y se calzó la camiseta del Deportivo Morón (1999-2000) para afrontar un Nacional B que lo vería descendido a final de temporada. Fueron 34 partidos jugados con apenas 3 triunfos, 13 empates y 28 derrotas con 28 goles a favor y 58 en contra.
Tras su segunda pérdida de categoría en forma consecutiva y en medio de una carrera tobogán, desapareció completamente del mundo futbolístico. Y como no queremos pensar lo peor, ni echarle un vistazo a los avisos fúnebres, dejamos este post abierto a nueva información.

Cucu

La Baldosa en Rosario

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Este sábado vamos a estar participando del Encuentro Nacional Cultura Fútbol 2007 en el Teatro La Comedia de Rosario.
Tanto allí como en el Centro Cultural Bernardino Rivadavia se podrá presenciar, a partir de mañana, un buen número de disertaciones sobre el fútbol y su relación con el cine, la literatura, los blogs y la sociedad en general.
Trataremos de pasar un buen rato lo más dignamente posible en la ciudad que vio estallar una y otra vez a nuestro ídolo Kurt Lutman.
Más información en el sitio oficial y en Tic Espor.

En Una Baldosa