Kashima Antlers 1 – Argentina 5

A pocas horas del debut en el Mundial de Corea-Japón 2002, Gabriel Batistuta sacó una cabeza por encima de Hernán Crespo en esa lucha por un único lugar que proponía el convencimiento de Marcelo Bielsa, el Dt de la Selección Argentina. Los 4 goles que le convirtió el ex hombre de Boca al Kashima Antlers terminaron inclinando la balanza a su favor, en un partido por demás informal, a pesar de que ambos equipos vistieron los uniformes oficiales. Bati ese día ingresó por Valdanito en el complemento y en sólo 45 minutos se despachó con su faena, luego del tanto de Mauricio Pochettino que abrió el marcador. Para el conjunto japonés descontó un tal Nozawa que jamás olvidará esa jornada.

Juan Pordiosero

Lastagaray Agustín

Agustín María Lastagaray Toledano

Se equivocó de profesión. Pudiendo haber chapeado con su doble apellido en las canchas de rugby junto a Fernández Miranda y Fernández Lobbe, eligió la redonda y tuvo que lucharla demasiado. De entrada la pasó mal, el karma de las lesiones por su físico lo persiguió desde las inferiores.

«Llegué de Necochea a los 15 años y me parecían todos gigantes. No había tenido el desarrollo que los otros chicos de mi edad ya habían ganado. Recién en el CEFAR pude empezar a crecer y hoy, a los 24, soy parte de un plantel profesional. Cuando estuve en las inferiores de Central, tuve compañeros que tenían potencial pero no llegaron, porque, perjudicados por la mala alimentación, se lesionaban con facilidad», contó alguna vez a la extinta revista Un Caño.

Arrancó en Independiente, donde se dio el lujo de entrenar junto a Norberto Scoponi, Gabriel Milito, Alfredo Cascini, Esteban Cambiasso, Daniel Garnero, José Luis Calderón, Claudio Graf, Mauricio Hanuch y Livio Prieto, entre otros.

Sin oportunidades de jugar oficialmente, pasó a Rosario Central. En Arroyito, durante bastante tiempo, compartió encuentros de Reserva junto a Leonardo Talamonti, Emiliano Papa, Luciano Figueroa, Leonardo Borzani, y también Germán Leonforte, Diego Acoglanis, Mauro Poy, Juan Grabowsky, Mariano Echagüe. Tampoco debutó en Primera en el Canalla y fue dejado libre.

Se recluyó en el CEFAR, donde luego de 2 años arregló con Quilmes. En el Cervecero por fin logró jugar en la categoría grande del fútbol argentino. Debutó en la fecha 18 del Clausura 2005, ante Boca, reemplazando al Champeta Velazquez. Siete días después, repitió la experiencia ingresando por Gabriel Peñalba en el empate ante Gimnasia LP.

Con el objetivo cumplido, en 2006 se olvidó de su pasado y se fue a pelearla en el Torneo Argentino B con los colores de Villa del Parque de Necochea. Sin embargo, en su mejor momento futbolístico se fracturó el peroné.
«La lesión se me produjo en una acción en la mitad de la cancha, yo voy a buscar una pelota con un volante de Alvarado que se resbala, se cae para atrás, y yo tratando de aguantarlo se me va la pierna. Él se sigue cayendo, yo no lo podía aguantar más, y ahí fue cuando escuché dos «trac» seguidos y dije bueno, estoy quebrado. En el momento no me soltaba el tobillo por miedo a que me quedara colgando, pero dentro de todo por suerte no fue expuesta, solamente el peroné que estaba quebrado… en el momento me largué a llolar porque no lo podía creer. Además, yo estaba seguro que el partido ante Alvarado lo ganábamos. Ellos estaban muy nerviosos, la gente no alentaba, el técnico se movía constantemente, el que me marcaba a mi estaba amonestado y no me podía tocar más. Todos detalles que me aumentan la bronca y la impotencia», le dijo a un medio local.

«Cuando vine en octubre de México después de tener una prueba en Toluca y otra en Puebla, ya el «Tolo» Gallego me había dado la palabra de que en diciembre volviera que me iba a incorporar. Yo tuve una prueba en tierras aztecas, les gustó mi forma de jugar, pero no me pude quedar porque estaba cubierto el cupo de extranjeros. La expectativas las sigo manteniendo, y no me arrepiento de haber jugado acá, porque encontré ritmo de juego y además conocí gente espectacular», dijo sin lamentarse.

Totalmente recuperado, a principios de 2007 viajó a El Salvador para sumarse al Club Deportivo FAS, donde comparte plantel con un baldosero de ley como Pedro Aguírrez, haciendo alarde de ser un delantero sin gol.

KeyserSoze

Botacaulli Darío

Dario Botacaulli
No era sencillo. Para nada. Armar un equipo en la séptima edición de El Gran DT también contenía la peligrosa posibilidad de contratar hasta 3 jugadores de la liga extranjera. De esa manera, era común gastarse 3 de los 10 millones disponibles en Batistuta. El pase de Ortega, que costaba 2 millones y medio, tampoco era fácil de evitar. La tentación estaba. Y con la soga al cuello y el plantel sin terminar, después había que afinar el lápiz para no excederse.
La solución muchas veces era poner un último delantero suplente de bajo costo. En la mesa de saldos del Clausura ’98 había viejos conocidos. Por 70 mil pesos se podía comprar a Sebastián Cobelli, a Juan Carlos Graf, a Emerson Panigutti o a Vladimiro Bahl. Si la mano venía más jodida, en cambio, se podía depositar la irrisoria suma de 50 luquitas para contar con los servicios del delantero de Racing Darío Botacaulli. ¿Quién?
Botacaulli era un atacante desconocido. Y lo sigue siendo. No le podemos reprochar más coherencia porque la ha tenido.
Sí le podemos recriminar su costado más oscuro, ese que deja entender que pudo jugar al fútbol gracias a las influencias familiares. ¿Cómo?
Según un medio mendocino, el Turco Claudio García renunció en 2003 a la dirección técnica de Independiente Rivadavia porque ante el pedido de Cristian Morales como refuerzo, el club se lo negó y le acercó a Darío Botacaulli, hijo de un empresario que ponía la plata en La Lepra.
No sabemos si ese factor (el económico) le abrió en su momento las puertas de Racing. Pero nos da mala espina que un ignoto delantero como él haya sido presentado alguna vez por el diario Los Andes de Mendoza de la siguiente forma: «No cualquiera está apto para sobrevivir en el área, ese lugar en donde más de uno se pone nervioso cuando le llega la pelota a sus pies. Por eso, sólo aquellos que saben, pueden mandar a dormir la pelota bajo un techo de piolas. Nuevamente goleador, Darío Botacaulli mantuvo un mano a mano con Más Deportes, y, como cada vez que se enfrenta a un arquero, definió de manera impecable«.
Para esa época, noviembre de 2003, jugaba en la Liga B de Mendoza defendiendo los colores de Argentino. Luego de un paso por el local Huracán, volvió a Argentino en 2005 y por ahora es el último rastro que hallamos este delantero con fama de acomodado y con un extraño paso por la Primera División.

Juan Pordiosero

Aquel delantero del Calamar…

La baldosa en su versión radial (todos los jueves, de 13 a 15 en Rock & Pop Beach, FM 98.9) entrevistó hoy al ex jugador de Platense y Laferrere, Luciano Zaidelis. El hombre surgido en Náutico Hacoaj y con un paso por las inferiores de River Plate nos contó sus vivencias al lado del Cuqui Silvani, David Trezeguet, Garrafa Sánchez y su colega baldosero Diego Díaz.
Hablamos de su experiencia en La Noche del 10, de la ropa marca Taiyo que bien podría vender en Mercado Libre y de su actual profesión, la de abogado, que le ha dado la oportunidad de retomar contacto con varios futbolistas en actividad.

Pueden escuchar la nota bajando el archivo (7,96 MB).

Otras emisiones:

#1– Nota a Sebastián Ablín.

#2– Informe sobre los Gatti’s.

#3– Nota a Darío Dubois.

#4– Informe sobre los que cambiaron de deporte.

En Una Baldosa

Barragán Javier

Carlos Javier Barragán Silva (El Barra)
Prolífico futbolista uruguayo que se hizo un tiempito para actuar en nuestro país, y como si fuera poco, para dos equipos distintos.
Comenzó a figurar de manera profesional con la casaca blanquinegra de Montevideo Wanderers (de 1991 a 1995) y después pasó a Huracán Buceo (1996), institución que le sirvió de trampolín para desembarcar en el fóbal argentino, más precisamente en Mendoza, para jugar con Godoy Cruz en el Nacional B. Su paso por el Tomba en 1997 pasó desapercibido y su partida nadie la recuerda, al punto que podemos llegar a asegurar que ningún socio rompió el carnet cuando el charrúa volvió a su tierra.
Volante por izquierda aunque también delantero, estuvo durante todo 1998 en Rampla y después de un semestre en Villa Española dejó Uruguay para regresar a estos pagos.
Contra el pronóstico de varios que no lo conocían (y de algunos que lo junaban también) cayó en un equipo de Primera, Argentinos Juniors. Y su extraño arribo tuvo una explicación para nada transparente. Su representante, Hugo Issola, había llevado al Bichito , un año antes, al panameño Freddy Andersen, futbolista que en un principio los dirigentes se comprometieron en contratar y que después dejaron en la vía sin abonar un peso de lo acordado. Tiempo después, el empresario propuso no iniciarles juicio si accedian a incorporar a su nueva joyita: Javier Barragán. Los popes de La Paternal aceptaron gustosos.
Bajo esas condiciones para nada agradables se dio el lujo de ingresar a la cancha en 3 oportunidades. Un partido de titular (en Jujuy, ante Gimnasia) y otros dos entrando desde el banco, le dieron algo de chapa. No la suficiente para sobrevivir en el medio, claro. A comienzos de 2000 el DT Chiche Sosa lo borró del plantel, junto a Federico Arcamone y los juveniles Nicolás Naccarelli, Facundo Elfand, Nicolás Contardi y Pablo Añaños.
Reapareció en su liga de orígen con los colores de Paysandu Bella Vista durante algunos meses de 2000 pero se aburrió pronto y ese mismo año fue transferido a Millonarios de Colombia. En Bogotá no anduvo tan mal pero no puedo evitar que se le recuerde por su fugaz estadía.
Como le andaba faltando algo de emoción a su vida, decidió jugar en un equipo con nombre grosso y se incorporó a El Tanque Sisley (2001/02). En ese grandioso club permaneció bastante y recién en 2003 volvió a la vieja rutina de cambiar de equipo. Racing de Montevideo le dio cabida hasta 2004, cuando pasó a Alianza de la misma ciudad. Allí, bien alejado de las grandes gestas futbolísticas, pasó los últimos días su inigualable trayectoria.

Juan Pordiosero