A mediados de 2009, River Plate, dirigido por Néstor Raúl Gorosito, inició una gira por Canadá que incluía encuentros amistosos ante el Toronto FC, Everton de Inglaterra y Montreal Impact. El estreno estaba pautado para el miércoles 22 de julio, ante el Toronto FC, y ponía en juego la Carlsberg Cup.
Esa tarde/noche en el BMO Field, que marcaba el regreso del Millonario al césped sintético después de casi 30 años, Pipo dispuso una formación prácticamente integrada por suplentes y algunos juveniles. De esta manera, salieron a la cancha Leandro Chichizola; Maximiliano Coronel, Mateo Musacchio, Lucas Orban, Rodrigo Archubi; Facundo Affranchino, Nicolás Domingo, Matías Abelairas; Mauro Díaz; Gonzalo Gil y Gustavo Bou. En la segunda etapa ingresaron Augusto Fernández (por Affranchino), el Keko Villalva (por Bou), la Tortuga Gustavo Fernández (por Gil), Erik Lamela (por Díaz) y Germán Pezzella (por Archubi).
El 0 a 0 durante los noventa minutos durmió a los casi 20 mil espectadores y llevó el encuentro a la definición por penales, donde el cuadro argentino se quedó con la victoria por 4 a 3, gracias a las conversiones de Abelairas, Lamela, Domingo y Gustavo Fernández. Augusto Fernández y Daniel Villalva erraron sus respectivas ejecuciones.
Una de las principales curiosidades del partido fue que contó con cambios ilimitados, lo que permitió, por ejemplo, que Pablo Vitti, una de las figuras del Toronto FC, fuera reemplazado al inicio del segundo tiempo y volviera fresquito un rato antes del final… justo para desperdiciar su penal.
La historia del boxeo tiene un sinfín de situaciones increíbles, es por eso que los expedientes Ring Ring Balvorín traen a colación una que quizás sea única e irrepetible. Ocurrió hace 20 años en Las Vegas y estando en juego el título mundial pesado vacante del prestigioso Consejo Mundial de Boxeo.
Oliver McCall nació en Chicago y ya de muy pequeño comenzó a frecuentar los gimnasios de boxeo. Como aficionado fue dos veces campeón guantes de oro y los especialistas lo destacaban como un boxeador con futuro promisorio.
Debutó como profesional en 1985 ante el siempre difícil Lou Bailey (?) ganando por nocaut técnico en el primer asalto. En la primera parte de su campaña, alternó muchas victorias y algunas derrotas. Fuera del ring, muchos problemas de alcohol y drogas, algunos arrestos por vandalismo, conducta desordenada y resistencia a la autoridad.
En Septiembre de 1994 le dieron la oportunidad por el título mundial pesado WBC en Wembley ante el ídolo local e invicto Lennox Lewis, ex campeón olímpico, un monstruo. 1-5 abajo en las apuesta, es claro que a Oliver lo llevaron a Reino unido para que ponga la cabeza ante Lewis y sus manejadores, de paso, llevaron una bandera norteamericana bien grande como para envolverlo por si lo tenían que regresar a Chicago en la bodega del avión. En los papeles, no tenía chances. Pero como suele suceder y contra todos los pronósticos, en el segundo round lo cruzó a Lewis y lo puso a dormir por toda la cuenta ante la mirada perpleja de la Reina Isabel.
En un año, hizo una defensa ante Larry Holmes en el Hilton y volvió a Wembley siendo el campeón para perder con Frank Bruno y quedarse sin el título mundial. Todo muy rápido.
El título quedó vacante en 1997 y Don King rápido de reflejos organizó Lewis Vs. McCall II, la revancha entre los dos ex campeones en el Hilton de Las Vegas. Dos millones rúcula para Lewis, tres millones para Mc Call, televisación en directo de HBO. Negocio redondo.
Oliver en esa época vivía medicado para controlar sus adicciones y visitaba frecuentemente centros de rehabilitación por sus problemas con el alcohol. Había sido arrestado por violencia social y drogas en varias oportunidades en los últimos tiempos.
Los directivos de HBO, ante este panorama, dudaban seriamente de la condición mental de Oliver cuando se enteraron que había sido detenido en un hotel de Nashville por arrojar un árbol de navidad (?). HBO, rápida de reflejos, buscó un reemplazante en Zeljko Mavrovic de Croacia, garantizando que McCall enfrentará al ganador, pero el WBC se negó. Evidentemente algo se veían venir y Oliver cumplió con las expectativas.
La pelea que tenía fecha para el 11 de enero, finalmente se aplazó para el 7 de febrero. Lewis era favorito nuevamente, esta vez 4-1. En el Hilton, 4500 espectadores esperaban la revancha con ansiedad.
La pelea fue dirigida por Mills Lane, una especie de Loco Pablo del boxeo. Los primeros dos asaltos fueron normales, con predominio de Lewis de línea boxística más prolija y precisa. Pero todo se empezó a complicar a partir del tercero.
Cuando finalizó la tercera vuelta, McCall inesperadamente ni se acercó al rincón para que lo atiendera su equipo. De manera inexplicable, solo caminó alrededor del ring ignorando el llamado de su gente que miraba la escena casi con resignación.
El cuarto round fue increíble, mientras Lewis intentaba boxear ante una bolsa, McCall continuaba sin mirar a su rival y desentendido por completo del combate. Apenas en algunas oportunidades levantaba las manos para evitar los golpes del inglés que quería arrancarle la cabeza.
Promediando la mitad del cuarto round, el árbitro paró la pelea y pidió tiempo para consultarle a McCall si quería seguir o abandonar. Oliver asintió puchereando (?), pero hasta el final de la vuelta solo caminó el ring sacando un solo golpe.
Cuando sonó la campana, otra vez comenzó a deambular por el ring sin acercarse a su rincón, pero esta vez llorando desconsoladamente. El árbitro casi que lo llevó a su rincón y lo obligó a sentarse en el banquito. Nadie entendía nada. Ignoraba las indicaciones, no aceptaba el agua y miraba la nada. Tuvo la misma actitud en el quinto round, solamente que Mills Lane solo aguantó 55 segundos y lo descalificó. Inédito.
En la conferencia de prensa posterior al combate, McCall argumentó que lo suyo era una estrategia…Estrategia o no, la bolsa del combate le fue retenida y además le aplicaron una multa de 250 mil dólares.
Dos meses después del combate, Oliver McCall fue internado en un psiquiátrico después de una denuncia de su esposa. Fue evaluado por los expertos, que determinaron que estaba mentalmente enfermo. No obstante, su carrera no terminó allí, siguió peleando hasta 2014 ganando la mayoría de sus combates y luchando contra sus adicciones. Eso sí, nunca más volvió a tener una chance mundialista.
“Supongo que peleé más de 300 rounds con Tyson y nunca me derribó», contó el propio Oliver alguna vez, hablando sobre sus comienzos como sparring de Mike. Como para no quedar loco.
Los vaivenes de las negociaciones por la renovación del contrato de Hugo Benjamín Ibarra hicieron que, a medidos de 2009, los dirigentes de Boca Juniors tuvieran que salir como locos a rastrear un posible reemplazante para el lateral derecho. El apuntado fue Nahuel Roselli, que llevaba varias temporadas destacándose en Aldosivi de Mar del Plata. La intención era buscar un jugador joven sin demasiado cartel y potenciarlo, algo similar a lo que el club de la Ribera había hecho a principios del milenio con Clemente Rodríguez, que había llegado desde Los Andes.
«No sé nada, no me quiero ilusionar porque si se cae yo quiero seguir a muerte en Aldosivi. Veremos qué pasa estos días», decía el defensor de 23 años, que, sin embargo, se moría por pasar a Boca: «Sería un gran sueño cumplido. Hugo Ibarra es un futbolista que admiro y ya es un orgullo que se mencione como una posibilidad para pelear ese puesto en Boca».
La falta de acuerdo entre los dirigentes del Xeneize y el Tiburón, la continuidad del Negro Ibarra y el arribo del juvenil uruguayo Adrián Gunino llevaron al fracaso las tratativas y Roselli terminó a préstamo en Newell’s Old Boys, donde jugó apenas doce meses. Tras esa experiencia trunca en Rosario, el lateral se convirtió en una golondrina del ascenso, registrando breves pasos por Quilmes, nuevamente Aldosivi, Atlético Tucumán, Temperley, Talleres de Córdoba y, luego de haber anunciado su retiro del fútbol profesional, Banfield de Mar del Plata, donde se desempeña actualmente en el Federal C.
Siguiendo la tendencia iniciada doce meses antes con aquel atuendo negro y blanco a bastones, en 2013 Boca Juniors aprovechó el torneo de verano para presentar en sociedad su nueva tercera camiseta en dos tonalidades del color violeta: más oscuro del lado izquierdo y más claro del costado derecho, con pequeñas líneas verticales invertidas, cuello y puños azules, y medias haciendo juego. Un adefesio, propuesto por Nike y aprobado por una dirigencia ávida de billetes frescos, que provocó un sinfín de cargadas con el dinosaurio Barney y el teletubbie Tinky Winky.
No era la primera vez que un equipo argentino se animaba a jugar al de violeta, claro. Antes ya lo habían hecho, entre otros, Ferro Carril Oeste, Banfield, Los Andes y River Plate, también el Bambino Veira y Cristian Aldana. Sin embargo, nada tenía que ver con la historia del Xeneize. Bueno, casi nada.
Confeccionada con poliéster reciclado de botellas de plástico (?), la casaca se conseguía solamente en versión match (la que usan los jugadores, más ajustada al cuerpo) por la módica suma de 649 pesos, unos 130 dólares de aquella época, y fue un boom de ventas: en pocas semanas se agotaron las 14 mil unidades disponibles y la marca del swoosh facturó más de 9 millones de pesos.
La pilcha salió por primera vez a la cancha el 13 de enero, en el debut de la Copa Centenario Liga Marplatense de Fútbol, ante Racing, en La Feliz. Esa noche, Carlos Bianchi, en el inicio de su tercer ciclo al frente del club de la Ribera, paró a Oscar Ustari; Emiliano Albín, Claudio Pérez, Dino Castagno y Fernando Evangelista; Guillermo Pol Fernández, Cristian Erbes y Nicolás Colazo; Cristian Pochi Chávez; Lucas Viatri y Nicolás Blandi. Luego ingresaron Damián Escudero y Sebastián Palacios.
Como era de esperarse ante semejante deformación, la Academia se impuso por 2 a 1, con tantos de Gabriel Hauche y Sebastián Saja, de penal. Lucas Viatri había marcado el empate transitorio.
Trece días después, en el cierre del cuadrangular ante Independiente, la camiseta violeta volvió a aparecer, aunque para despedirse definitivamente. Esta vez con mayoría de titulares (Agustín Orion -Sebastián D’Angelo-; Franco Sosa, Lisandro Magallán, Matías Caruzzo y Clemente Rodríguez; Ribair Rodríguez –Pol Fernández-, Leandro Somoza y Walter Erviti; Leandro Paredes -Federico Bravo-; Juan Manuel Martínez -Lautaro Acosta- y Santiago Silva), Boca goleó al Rojo por 3 a 0, con doblete del Burrito y uno del Pelado.
Un puñado de meses más tarde, el Xeneize y Nike volverían a revolucionar el mercado, pero esa ya es otra historia.
Última fecha de la Premier League 2004/05. Manchester City y Middlesbrough se le jugaban mano a mano: los dos buscaban la 7ª ubicación en la tabla de posiciones: ese era el último lugar que clasificaba a un equipo inglés a la Copa UEFA. Sólo la victoria les servía a los Ciudadanos, que arrancaron perdiendo gracias un gol de Jimmy Floyd Hasselbaink. En el segundo tiempo, Kiki Musampa le daba el empate al local, pero esto no era suficiente. Y, en la desesperación por buscar la victoria, valía todo. Incluso lo que intentó el DT, Stuart Pearce.
Es común que en estos casos, algún defensor central vaya a jugar como centro delantero, buscando bajar algún pelotazo aprovechando su altura. Lo que no es habitual (o mejor dicho: lo que nunca pasa) es que ésto lo haga el arquero del equipo. Como pasó esa vez.
Faltando un par de minutos para el final, ingresó el guardameta suplente Nicky Weaver, dejando la cancha el mediocampista Claudio Reyna. Y David James, el hombre que defendía los tres palos, se calzó una camiseta con el 1 y se fue a buscar la heroica entre los defensores rivales. Calamity no consiguió ni siquiera un tiro al arco, pero sí cometió varias faltas en ataque, como para que quedase en claro que ese lugar no era el suyo. Bueno, el arco tampoco.
Mientras algunos se desesperan pidiendo que vuelva el fútbol, nosotros les contamos que el fútbol volvió y a lo grande. Hace unos días comenzó el Federal C, un torneo hecho a medida para En Una Baldosa.
El SATSAID (Sindicato Argentino de Televisión) promete darnos muchas satisfacciones este año. En su debut, el equipo dirigido por Maxi Blanco derrotó 3 a 0 a Sportivo Pilar, en un partido que por supuesto fue televisado. Luego, en su segunda presentación, cosechó un empate ante Presidente Derqui.
El plantel del conjunto de la tele tiene valores como Cristian Tavio, Ariel Franco, Rodrigo Mannara, Manuel Rodas y Paolo Frangipane. Todos por encima de los 37 años. Para que no digan que les falta experiencia.
– También en el Federal C se produjo el estreno de Esteban Fuertes con la camiseta de Escuela Deportiva Junín (Mendoza). Con 44 años, el Bichi anotó un gol en el empate 2 a 2 ante Social Tupungato. Eh, gato (?).
– Otro gran team a seguir en este torneo es el Club Mercedes, con el Rulo Romero, Román Díaz y Cristian Biglia, más conocido como el Biglia malo. En el estreno cayeron nte Trocha, el otro equipo mercedino. ¿Se recuperaron en la segunda fecha? Para nada, perdieron 2 a 1 con San Miguel de Las Heras.
– ¿Qué fue de la vida de Sebastián Flores Coronel?, una pregunta que alguna vez hemos respondido en este blog y que ahora tiene una gran actualización, gracias a la nota publicada en el diario La Capital, donde el ex rapidito de Rosario Central cuenta cómo son sus días arriba de un camión recolector de residuos.