Racing con diferentes camisetas (1986)

Así formó Racing en la previa de un partido amistoso frente a Talleres, jugado en la cancha de Ferro, en julio de 1986. A simple vista, parecen estar vestidos todos con la misma indumentaria, pero no. Algunos, como Néstor Fabbri, llevaban el logotipo de adidas en negro, sobre uno de los bastones blancos. Otros, como Hugo Lamadrid, lucían solo el clásico trefoil en blanco, sobre fondo celeste. Y los más radicales (?), como Gustavo Costas, directamente no tenían símbolo alguno que identificara a la marca alemana. Camisetas similares, pero de distintos juegos.

Sin embargo, esta fue una desprolijidad menor ante lo sucedido unos minutos después, cuando el árbitro detuvo el partido y obligó a uno de los equipos a cambiar sus casacas. ¿Qué pasó? Algo que ya fue contado en este sitio. Así que hacé click acá y te enterás, purrete (?).

Rodríguez Pablo [Actualización 2016]

OGCN RODRIGUEZ (PHOTO SERGE HAOUZI)

Pablo Martín Rodríguez (Maravilla)

Fue actor de reparto en varias selecciones juveniles, pero casi que nadie se dio cuenta. Se marchó a Europa siendo muy joven y logró destacarse en ligas menores, pero pocos se enteraron. Volvió a nuestro país con toda su experiencia al hombro, pero nadie se percató. Se retiró en el anonimato y siguió trabajando en el ambiente. Fue asistente, DT y coordinador, pero siempre lejos del reconocimiento popular. Insistió, insistió e insistió, hasta que un día pudo hacer ruido en el fútbol argentino. ¿Su función? Comentarista en televisión. Con ustedes, Pablo Rodríguez.

rodriguezmalasia97

Surgido de la cantera de Argentinos Juniors, comenzó a dar muestras de su talento en la Sub 17 de Mostaza Merlo que disputó el Mundial de Japón en 1993, con valores como Nico Diez y Emiliano Romay. Más tarde, integró las selecciones de Pekerman, acoplándose a esa gran generación que conquistaría el Sudamericano de Chile y el Mundial de Malasia en 1997. Era enganche y tenía habilidad. El tema era que el pibe del Bicho no se llamaba Aimar, ni Cambiasso, ni Riquelme, ni Perezlindo (?). Apenas era Pablo Rodríguez. Y quizás ese nombre tan común haya influido en el perfil bajo que cultivó a lo largo de su carrera.

Con el cuadro de La Paternal debutó en la fecha 15 del Clausura ’96, ante Belgrano, pero tuvo más rodaje recién en la temporada siguiente, donde participó de 23 partidos del Nacional B e incluso jugó la Supercopa. De nuevo en la máxima categoría, siguió actuando de forma salteada, pero al mismo tiempo despertando el interés de equipos europeos.

En 1998, se fue al Crystal Palace de Inglaterra, junto a Cristian Ledesma y Walter del Río, pero después de tres semanas de entrenamientos se tuvo que volver junto al Lobo, porque no hubo acuerdo con el club inglés, que en ese momento trataba de surfear una crisis económica de la mano del joven empresario Marck Goldberg.

De regreso en Argentinos, Rodríguez llegó a completar 13 partidos en la elite e incluso marcó un gol, para ganarle 2 a 1 a Newell’s en el Clausura ’98. Pero un día, lejos de los flashes y las tapas de los diarios, le dijo adiós a nuestro fútbol.

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Fue Francia el país que lo cobijó. Y nada menos que la ciudad de Niza: playa y glamour, de lo mejor de la Costa Azul. Su paso por el OGC Nice (1998 a 2003) fue de menor a mayor, consiguiendo la idolatría con el ascenso a la Ligue 1 en 2002. Fue entonces que se dijo que podía pasar a la Roma de Italia, pero finalmente se quedó un año más en Niza, hasta que nuevamente apareció Pekerman en su vida.

leganes2003

¿Se acuerdan del Proyecto Grinbank en el Leganés? Bueno, Pablo Rodríguez fue uno de los 16 jugadores argentinos que se pusieron la casaca del cuadro pepinero en la temporada 2003/04, en la segunda división española. Todo bajo la atenta mirada del hombre Peker en su función de mánager y el Cai Aimar como entrenador. La experiencia apenas duró unos meses porque el empresario del rock terminó levantando campamento, pero al menos se dieron el lujo de poner contra las cuerdas a los Galácticos del Real Madrid.

El siguiente destino de Rodríguez fue el Beira-Mar de Portugal. Y miren si le habrá ido mal, que hasta su curiosamente extenso artículo en Wikipedia lo reconoce (?). Sólo disputó poco más de 100 minutos y pudo conocer al Tanque Santiago Silva, quien seguramente le recomendó que probara con otro deporte: el fútbol uruguayo.

En Montevideo Wanderers (2005), el volante argentino tampoco jugó mucho tiempo, pero al menos utilizó la experiencia para aterrizar en Sudamérica y hacer contactos que le servirían a futuro. Mientras tanto, sentía que todavía le quedaba un tirito como jugador en nuestra tierra.

Su no tan esperado retorno a la Argentina se produjo en el Apertura 2005, cuando defendió la divisa de Olimpo de Bahía Blanca, ingresando en 3 partidos: ante San Lorenzo, Arsenal y Vélez. Poco pudo hacer en los minutos que tuvo, fue limpiado por el técnico Labruna y volvió a ser considerado por Madelón en la temporada siguiente, ya con el Aurinegro en la B Nacional. ¿Ahí jugó? Casi nada. Comió banco a morir, pero al menos formó parte del ascenso a Primera (2006/07).

Tras un semestre en el que estuvo fuera de la actividad, fue rescatado por El Porvenir (2008), donde compartió tardes con Leonel Martens, Pablo Alassia y el Bocha Cameroni. ¿Y ahí tuvo continuidad? Sufrió lesiones y apenas jugó 8 encuentros. Estamos hablando de la Primera C. Su Wikipedia ni siquiera lo menciona.

Inexplicablemente (al menos desde lo deportivo), a mediados de ese año saltó 3 categorías y firmó para Colón de Santa Fe (2008/09). El primer torneo se la pasó en Reserva, pero en el segundo se dio el lujo de jugar: 1 partido, tampoco se crean que tanto. Fue en la victoria 3 a 0 ante San Lorenzo, ingresando por el Pony Oyola a los 68 minutos. Esa fue su despedida de las canchas.

Su interés por el fútbol, sin embargo, nunca desapareció. Estudió en la Escuela de Directores Técnicos de Vicente López, donde se recibió junto a Rodolfo Arruabarrena, Anibal Matellán, Paulo Ferrari y Marcelo Gallardo, entre otros. Y fue precisamente el Muñeco el que le dio la chance de integrar su cuerpo técnico en Nacional de Montevideo. No solo fue ayudante, sino que también dirigió la Reserva del Bolso.

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En 2013, Pablito se hizo cargo de Cerro en el rol de coordinador, pero no tardaría demasiado en lanzar su carrera solista (?) como DT. Al año siguiente se puso el buzo y comenzó a laburar con Patota Morquio y Rubén Umpiérrez como colaboradores. Y les fue bien, porque terminaron zafando del descenso, el objetivo principal.

Ya para 2015, Rodríguez tenía como meta agarrar la Primera de Argentinos Juniors, pero el universo es tan impredecible, que nos daría a Maravilla (también apodado El Bomba) en un nuevo rol, el de comentarista de partidos en televisión. Y ahí sí, llegaría su explosión.

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De repente, las aburguesadas transmisiones se vieron sacudidas por una voz nueva, con conceptos diferentes (muchas veces, inentendibles) y condimentados con algunos furcios típicos de la inexperiencia o los nervios de la ocasión. Eso sí, siempre bien alejado del estereotipo.

Con frases como «El riesgo es el requisito básico del éxito» o «construir es mas difícil que destruir, pero es mejor haberlo intentado», se fue ganando la atención de los futboleros, que al enterarse del cercano final de Fútbol para Todos, al menos tendrán un motivo para no extrañarlo.

Especiales: los cameruneses de River

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Alexandre Many Essomba y Jules Ismael Djoudjou Kamga

Oriundos de Camerún, Alexandre Many Essomba y Jules Ismael Djoudjou Kamga, delantero y arquero respectivamente, llegaron a nuestro país a fines de la segunda mitad de la década pasada con la ilusión de ganarse un lugar en las divisiones inferiores de River Plate. No iba a ser fácil, claro.

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Alexandre Many Essomba

En 2008, el excéntrico Many Essomba, de apenas 17 años, se convirtió en el primer camerunés en firmar contrato con el Millonario. Atrás quedaban los inicios en su tierra natal con los colores del Black Panthers y Canon Yaoundé.

Carismático, fanático del asado y de Pasión de sábado, el morocho no tardó mucho en pegar buena onda dentro del plantel de la quinta categoría de River Plate, aquella que compartía con los mellizos Rogelio y Ramiro Funes Mori y el Chino Diego Ortega, entre otros. Cuenta la leyenda que en su primer partido amistoso en Argentina, ante Estudiantes de La Plata, jugó tan bien que hasta los rivales fueron a felicitarlo: «En Camerún, fútbol ser rápido. Acá mucha técnica», repetía Many.

Sin embargo, el camerunés no pasó de un puñadito de actuaciones en inferiores y Reserva y, a mediados de 2011, con el descenso ya consumado, debió marcharse en busca de nuevas oportunidades. Pareció encontrarlas en el Mérida FC de la segunda división mexicana, donde arribó de la mano de Ricardo Valiño, que lo había dirigido en River. “Vengo a meter goles, a ganarme el puesto. Y quiero que olviden a Biyik”, decía en referencia a François Omam-Biyik, aquel del gol a Argentina en Italia 1990, que había pasado por México a fines de los noventa.

Pero Essomba no pudo afianzarse y se marchó antes del final del campeonato, tras apenas siete presentaciones: “Las cosas no se dieron acá en México, ha sido una lástima, pero por ahora no quiero jugar más futbol. He jugado por espacio de dos años y por ahora tengo pensado irme a Francia con mi familia y allí seguir con mis estudios. Lo que voy a hacer con el futbol todavía no lo tengo decidido”.

De a poco, más cerca de los suyos, el delantero se reencontró con la número 5, aunque ya bien lejos de los primeros planos. De los segundos y terceros también, eh. En su tierra natal lo hizo en el Dragon Club de Yaoundé (2012/13), mientras que entre 2013 y 2015 defendió la camiseta del Avenir Foot Lozère y desde ese año, con un look bastante cambiado, hace lo propio en el Olympique d’Alès en Cévennes, ambos de la quinta división francesa.

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Jules Ismael Djoudjou Kamga

Casi dos metros de altura, 93 kilos y calzado número 47. La carta de presentación del arquero Jules Ismael Djoudjou Kamga, a priori, imponía respeto. Nacido en Duala en diciembre de 1990, había llegado a prueba en 2009, pero terminó fichando un año después y las oportunidades no tardaron en aparecer. En abril de 2010 debutó como titular en Cuarta (relegando a Rodrigo Rey y Rodrigo Cardozo) ante Almirante Brown y si bien el partido terminó empatado 1 a 1, el morocho no tuvo responsabilidad en el gol.

Fan de Thomas N’Kono, Djoudjou Kamga era, según el entrenador César Laraignée, uno de los proyectos más interesantes de la cantera millonaria. Por eso probablemente no llamó la atención que pocos meses más tarde tuviera su primera chance en Reserva, en pleno estadio Monumental, ante Olimpo. Aquella tarde, el camerunés dejó atrás a Gonzalo Marinelli y Leandro Chichizola, los arqueros que alternaban el puesto en Tercera, que ni siquiera fueron al banco de suplentes.

El moreno quedó en el ojo de la tormenta porque tuvo responsabilidad en los dos goles del conjunto de Bahía Blanca (el encuentro terminó 2 a 2) y principalmente porque en el Mundo River había quienes aseguraban que sumaba cada vez más minutos porque estaba vinculado al representante Alejo Esmoris, yerno de Ubaldo Fillol, que se desempeñaba como coordinador de goleros y ayudante de campo de Juan José López, el DT de la Primera. El que estalló de bronca fue Chichizola, que pegó el portazo, dejó de ir a los entrenamientos y hasta amenazó con irse del club con el pase libre.

Ya lejos de Núñez, Djoudjou Kamga siguió su camino en el fútbol de ascenso belga, donde defendió los tres palos del Royal Excel Mouscron, Royal Géants Athois y Royal Francs-Borains, donde se desempeña actualmente.

Gracias, decimotercera edición

Calor, calor, calor. Calor humano, pero fundamentalmente del otro. El Complejo Municipal Club Malteria Hudson fue nuevamente escenario de un nuevo Encuentro Baldosero, el número de 13, uno de los más ardientes de la historia. ¿Jugar al mediodía en diciembre? Claro que sí, pasen y vean.

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La cosa arrancó bien temprano en Constitución. Tren hacia Berazategui y charter especial hasta el escenario de las últimas tres citas. Club Maltería Hudson, ideal para tomarse una birra en la cervecería. ¿Qué hicieron los enfermitos? Se pusieron a jugar a la pelota a pleno rayo de sol.

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El nivel futbolístico, como siempre, estuvo a la altura de las circunstancias y fue un buen homenaje a los jugadores del Chapecoense. Si hasta un integrante del staff llevó la camiseta del Furacão do Oeste y se comió varios goles, desatando todo tipo de crueles improperios por parte de los que miraban al costado del campo de juego.

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Lo mejor, sin lugar a dudas, estuvo bajo la sombra, con una larga mesa en la que no faltó bebidas (ojo que este año hubo Coca), bebida y hambre, sobre todo hambre. Dantesca imagen de los baldoseros abalanzándose sobre las hamburguesas, como si hubiera un mañana (?).

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La figura de la jornada fue la querida Panther Rosarote, en su primera intervención en un Encuentro Baldosero, a pesar de que hace años que nos acompaña. E incluso fue homenajeada por un bostero rosado al que todos quisieron fajar por obvias razones.

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Luego llegó el momento de los sorteos, donde entregaron varios elementos de primera necesidad, como remeras, gorras y el último ejemplar de El Veraz del Fútbol, más camisetas de dudosa procedencia y todo tipo de basura que teníamos en casa (?).

¿El campeón de la jornada? No hubo. Imposible jugar en serio con ese calor, así que el título quedó en manos del campeón vigente, el Staff (?).

Gracias a todos por estar, nos vemos el año que viene.

Fotos del 13º Encuentro Baldosero:

Álbum de En Una Baldosa.

Voy al Arco: Gabi (2014)

El Atlético de Madrid tenia un difícil compromiso en su visita al Estadio de los Juegos Mediterráneos: con la punta de la Liga Española en juego, debía enfrentar al Almería, que cumplía una discreta campaña. Pero lo peor para el equipo de Simeone pasaba por su propia portería: el confiable arquero belga Thibaut Courtois era baja por lesión y su lugar lo debía ocupar el inseguro Dani Aranzubía.

Y así fue hasta el minuto 84, cuando el dubitativo guardameta (que no se había mostrado firme en el primer gol del partido) falló al momento de jugar con los pies y le cometió penal a Zongo. O por lo menos eso fue lo que interpretó el colegiado (?), que encima le mostró la tarjeta roja. Con los tres cambios realizados, Gabi ocupó el arco del Aleti y no pudo hacer nada ante el disparo de Verza.

Los minutos restantes solo sirvieron para cumplir con el reglamento: no hubo más ocasiones de gol, para alivio del pobre mediocampista devenido en reemplazante del reemplazante del arquero bueno.

Palermo con nombre y número dorado (2011)

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No fue su partido homenaje. Ni siquiera fue su último partido como profesional. Pero sí fue la última actuación oficial de Martín Palermo en La Bombonera y eso motivó la creación de una camiseta con toque de distinción, incluso fuera de reglamento.

En aquel primer semestre de 2011, el Titán había experimentado miles de sensaciones. Como si hubiese mal asimilado que el Clausura era su torneo despedida, superó su peor racha y estuvo 953 minutos sin convertir. Luego de sacarse la mufa ante Huracán, metió una seguidilla que incluyó un gol en el Superclásico que le daría un empujón más a River en su camino a la B Nacional. En ese momento de recuperación, muchos pensaron que Martín seguiría unos meses más. Pero el final ya tenía fecha.

palermocapa

En la jornada 18, el Xeneize de Falcioni recibió a Banfield. Terminó 1 a 1. Fue un partido de verdad, por los puntos, pero por momentos pareció un amistoso para homenajear al goleador. Y no sólo por las plaquetas, la capa y el arco de regalo, sino también por la indumentaria.

Gracias a un pedido especial del club a la AFA, la camiseta de Palermo pudo ser diferente al resto de sus compañeros de campo, algo que por reglamento no está contemplado. Fue así que Martín pudo lucir el 9 y el apellido en dorado, distinguiéndose por sobre sus compañeros, que usaron los dorsales en blanco como era habitual en ese entonces.

palermogimnasia2011

Unos días más tarde y sin la casaca especial, por fin llegaría el adiós definitivo del Loco, nada menos que en La Plata, ante el Gimnasia de Guillermo Barros Schelotto. Ese día, Palermo le vio hacer dos goles a Cellay y entendió que había decidido bien, era momento de irse.