Juan Camilo Angulo Villegas
Para las frías estadísticas, el paso del colombiano Juan Angulo por la Primera División de nuestro país fue inexistente: no jugó ningún partido y ni siquiera fue al banco de suplentes. Su nombre, sin embargo, logró insertarse en buena parte del pueblo futbolero, debido a un confuso episodio en el que salpicó al entrenador Ricardo Caruso Lombardi.
Formado como lateral derecho en las inferiores del América de Cali, le dieron la chance de debutar con los mayores en el Torneo Apertura de 2008, pero no en cualquier momento: ¡en las finales! Los Diablos Rojos caerían ante Boyacá Chicó por penales, pero tendrían revancha unos meses más tarde, con la conquista del Torneo Finalización. Parecía el arranque de una carrera plagada de éxitos, pero nada que ver…
Al año siguiente, el conjunto caleño comenzó a transitar aceleradamente el camino oscuro que lo llevaría al infierno de la Primera B, aunque Angulo se la vio venir y entonces escapó hacia la Argentina en junio de 2010.
Con apenas 21 años, desembarcó en Tigre y se sometió a una de las habituales pruebas de Caruso, que fiel a su estilo incorporaba jugadores de todas partes sin mirarles el currículum.
El Richard levantó el pulgar y entonces el colombiano se quedó en Victoria. No sólo él, claro, en ese mercado de pases también llegaron Denis Stracqualursi, Fernando Telechea, Pablo Caballero, Cristian Trombetta, Renzo Vera, Gastón Díaz, Mariano Echeverría, Esteban González, Diego Morales, Daniel Mustafá, Lucas Simón, Pablo De Miranda, Pablo Cáceres y Horacio Anzorena; sumándose a los regresos de Román Martínez, Juan Carlos Blengio, Leonel Altobelli y Martín Galmarini. Sí, 19 futbolistas nuevos.
Con semejante plantel, a Angulo le tiraron la casaca 16, pero nunca la pudo usar. Apenas si deambuló por Reserva, esperando una oportunidad que no le llegaría. Y mucho menos después del escándalo que se desataría en diciembre de aquel 2010.
Cansado de no jugar, el lateral denunció ante los medios que Caruso lo había chantajeado: «La verdad, le pidió dinero a mi representante. Eso es como mucho; él fue el que me trajo, el que me vio condiciones. No me gustó. Estoy muy molesto, nunca se lo manifesté a él para evitar problemas. Es la primera vez que me sucede esto, desde que me di cuenta he estado incómodo. Yo siempre me quise ganar un puesto como lateral y al ver que colocaba otros jugadores, entonces le preguntaba qué pasa. Y por ahí me contestó eso y sabía por dónde venía el caso».
La acusación era grave, pero al mismo tiempo se sumaba a algo que siempre se había mencionado sobre el entrenador, pero nunca con pruebas sobre la mesa. Entonces Ricardo primero amagó con renunciar y después se enojó: «Por un lado, Angulo no jugaba porque vivía lesionado. Y por otro, si tuviera que darme diez pesos no podría venir a entrenar porque no le alcanzaría la plata». Y agregó: «Hacen una transa para ensuciarme. Me cago en Angulo, lo traje porque me gustaba y punto. Que me dejen de hinchar las pelotas. Tengo hijos y me están acusando por lo que dijo un colombiano…El representante de Angulo es un gángster, le digo algo y me pega tres tiros». Y como si fuera poco: «Fueron a buscar a Angulo para que me mande preso por algo que nunca pasó. Si el representante le roba la plata al jugador, que se haga cargo de que se la roba. Y, por otra parte, si lo llego a ver a Angulo, le va a quedar chica la Panamericana, porque es un buen pibe pero es un estúpido. ¿Quién carajo es para acusarme? ¡No lo conocen ni los familiares!».
Luego, menos tenso, el DT hizo su show:
¿Cómo terminó la historia? Con una rectificación del colombiano y un adiós de la dirigencia de Tigre a Caruso, quien había elevado su perfil polémico más de lo normal.
Angulo probaría suerte en el Shanghái Shenhua de China (2011/12) y Bahía de Brasil (2013), para finalmente volver a su país, donde jugó para Cúcuta (2013 y 2014) e Independiente Medellín (2015).
Desde comienzos de 2016, viste nuevamente la camiseta escarlata del América de Cali. En la B, sí, porque a los Diablos Rojos no los salvó ningún Caruso.













