Gutiérrez Fernando

Fernando Ezequiel Gutiérrez (Guti)

“Por suerte se fue”. Corto, directo y cruel, el mensaje de Leonardo Carol Madelón no tenía otro destinatario que Fernando Ezequiel Gutiérrez, un mediocampista por derecha que había debutado en la Primera de San Lorenzo a fines de 2010, de la mano de Ramón Díaz. Por entonces, corrían los primeros días de un 2012 que encontraba al Ciclón con la soga al cuello, muy comprometido con el promedio.

Surgido de la categoría ’89 de las divisiones inferiores de Boca Juniors, donde llegó hasta la Reserva, Gutiérrez se había convertido en una especie de rueda de auxilio durante los meses anteriores. Luego del estreno en la fecha 19 del torneo Apertura 2010, ante Banfield, donde jugó 77 minutos hasta que fue reemplazado por José San Román, había tenido que esperar bastante para encontrar nuevas oportunidades.
 
 
Fue el Turco Asad el encargado de recuperarlo en el Apertura 2011: primero lo mandó al banco de suplentes y le dio minutos contra Racing (¡como lateral por izquierda!) y Banfield. El pibe respondió con buenas actuaciones y enseguida se ganó la titularidad, que mantuvo con Madelón en la recta final del campeonato. En total, en aquel torneo redondeó 10 presencias y no marcó goles.

De cara al 2012, Gutiérrez iba a ser uno de los pilares de San Lorenzo tras una depuración de plantel. Todos lo esperaban para arrancar la pretemporada, pero nunca se presentó. Recién apareció un puñado de días después ¡en México!, cuando firmó contrato para defender los colores de Estudiantes Tecos. Y así comenzó el fuego cruzado entre Buenos Aires y Guadalajara.

“Nosotros no tenemos ninguna noticia, nos estamos enterando ahora igual que los medios. Sabíamos que había un problema desde el momento que no vino a la pretemporada, pero llamamos a él y a su representante y no nos atienden”, decía el vice del Ciclón, Jorge Aldrey. Desde México, el jugador acusaba a Madelón de haberle dicho que le iba a “cortar la carrera”: «Me llamó Madelón y me preguntó si me iba a presentar a entrenar y yo le dije que no. Entonces, él me dijo que me iban a cortar la carrera, y eso para mí no le correspondía al técnico, sino a los dirigentes, así que ahora estoy tranquilo y voy a dar lo mejor para Tecos», argumentaba el juvenil.

«Yo siento que hice las cosas bien, yo le demostré al club que le podía dar de todo, y después con el mes que tuvieron para renovarme no me sentí tan importante y es más, ellos siempre estuvieron comunicados con mi representante y no se movieron lo suficiente para que yo me quedara en el club», repetía. En lugar de intentar calmar las aguas, Madelón le echaba más leña al fuego: «No amenacé al chico que se fue sin decir nada. Lo llamé para que se entrene con nosotros. Gestionamos que él renueve contrato, estuvimos un mes viendo el tema con su representante, pero, de un momento a otro, no vino más”. Pocas horas después, el DT cerraría el tema de la forma más hiriente: «Por suerte se fue porque tener a una persona así, que te puede abandonar en cualquier momento, puede ser catastrófico para nosotros. El de arriba lo puso en el camino para que se vaya, porque podía fallar en otro momento que hubiera sido irreversible. Por suerte no está».

¿Cómo le fue a Guti en Tecos? Mal, por supuesto. Jugó poco y encima descendió. Para colmo, lo sancionaron por participar de un picadito con amigos cuando estaba volviendo de una lesión y lo mandaron a entrenar con la sub 20. Era la continuidad de una serie de actos de indisciplina que lo iban a perseguir por el resto de su carrera.

De regreso en Argentina, logró repuntar con los colores de Olimpo de Bahía Blanca en la B Nacional (2012/13). En el sur, fue titular indiscutido y uno de los puntos altos del equipo que obtuvo el ascenso a Primera de la mano de Walter Perazzo.
 

Sin embargo, ante la chance de mostrar su clase en el fútbol de los domingos de nuestro país, eligió emigrar. Su rendimiento en el cuadro bahiense le abrió nuevamente las puertas del mercado internacional y cruzó la cordillera para unirse al O’Higgins (2013/14), dirigido por Eduardo Berizzo. Allí se consagraría campeón del torneo Apertura 2013 y volvería a ser noticia por cuestiones ajenas a su juego. En marzo de 2014, junto a su compatriota Alejandro López, llegó tarde a un entrenamiento (algunos dijeron que en estado de ebriedad) y al Toto no le quedó otra que separarlo del plantel.

Desde entonces, ya con el mote de “pendenciero” bien ganado, trató de hacer pie en el ascenso local, sin demasiado éxito. Primero vistió las camisetas de Patronato (2014) y Los Andes (2015) en la B Nacional y en 2017 bajó hasta el Federal B para sumarse a Deportivo Achirense.

El primer semestre del último año lo encontró haciendo de las suyas en Municipal Limeño (2018) de El Salvador. ¿De fútbol? Poco y nada. ¿Termeadas? Y, alguna que otra…

Mal Pase: Cléber Arado a Vélez (1997)

Marcelo Bielsa asumió la dirección técnica de Vélez Sarsfield en la segunda fecha del torneo Apertura de 1997, frente a Gimnasia y Tiro de Salta, en el José Amalfitani, pero en su cabeza ya empezaba a diagramar el equipo del próximo semestre.

Pocos días después de arreglar su contrato, mandó a Gabriel Wainer, uno de sus ayudantes, a Brasil a buscar posibles refuerzos para la siguiente temporada. «Me dijo: ‘Se va y no puede volver hasta Navidad, no puede volverse ningún fin de semana’. Me las tenía que arreglar», confesó recientemente Wainer en una entrevista al diario La Nación. Su función era analizar ¡21 partidos! semanales y enviarle al Loco un reporte cada lunes.

Bielsa tenía la necesidad de contratar a un extremo y con el peso argentino en paridad con el dólar estadounidense, veía en Brasil un mercado más que interesante. El elegido fue Cléber Eduardo Arado, un delantero que había surgido del América de Río Preto y que la estaba rompiendo en Coritiba (metió 10 goles en el Brasileirão ’97), tras buenas actuaciones en Mogi Mirim y Kyoto Sanga de Japón.

Tan fuerte fue el interés del Fortín que Raúl Gámez viajó especialmente a cerrar el fichaje. Sin embargo, el brasileño se inclinó por una oferta del Mérida español. ¿Qué pasó en 1998? Vélez fue campeón del Clausura y Cléber, tras un semestre discreto, pegó la vuelta a Brasil para vestir los colores del… Atlético Paranaense, de donde se escapó magistralmente antes de debutar para volver a ponerse la camiseta de Coritiba.

Gallo Germán

Germán Darío Gallo

Del dream team de Carlos Salvador Bilardo a la formación más baldosera de la historia. La temporada 1996/97 de Boca Juniors fue una montaña rusa de emociones, con sus altibajos típicos: un triunfo agónico contra River en el Apertura, un empate con sabor a derrota (aquel 3 a 3 con gol de Celso Ayala sobre la hora) en el Clausura, el debut oficial de Juan Román Riquelme, una caída contra el Deportivo Español en La Bombonera. Perlitas de un año que dejó la sensación de que cada paso adelante eran dos para atrás.

La historia ya es bastante conocida. El experimento del Doctor terminó antes de lo previsto y de la peor manera. Tras un pálido décimo puesto, el Narigón dijo adiós y las principales figuras (con Juan Sebastián Verón y Cristian González a la cabeza) emigraron rápido. A comienzos de 1997, la llegada de Héctor Rodolfo Veira, que dos años antes había sido campeón con San Lorenzo, renovó las ilusiones, pero el rendimiento no mejoró: Boca finalizó noveno, con 25 puntos.

El 12 de agosto de 1997, por la última fecha del torneo Clausura, en la Tacita de Plata, Gimnasia de Jujuy recibió al Xeneize, que presentó a Sandro Guzmán; Carlos Zapella, Walter Del Río, Aníbal Matellán y Germán Gallo; Raúl Peralta, Diego Cagna, Luis Darío Calvo y Rubén Cantero; Emanuel Ruiz y Pedro González. El partido, un 0 a 0 soporífero, era tan intrascendente que el violador Bambino ni se calentó en viajar. En su lugar estuvo Esteban Pogany, que también les dio minutos a Ariel Rosada, que tuvo que entrar enseguida por Calvo, Gustavo Scolari (por Peralta) y Diego Herrera (por Cantero). En el banco se quedaron el arquero suplente Federico Vilar y un tal Brides, del que no existen registros Germán Britez. Salvo honrosas excepciones, casi todos los jugadores terminaron homenajeados en este sitio. Y sí.

Nacido en febrero de 1977 en Pavón Arriba, provincia de Santa Fe, Germán Gallo se presentaba como un marcador central zurdo (por eso ese día se ubicó en el lateral izquierdo), de buen físico y una técnica aceptable. Eso dicen quienes lo vieron en las divisiones inferiores, claro, porque aquellos noventa minutos en Jujuy fueron los únicos en la máxima categoría. Por lo menos antes de irse iba a darse el gusto de compartir algunos entrenamientos con Diego Armando Maradona, en lo que ya cerca del retiro (el de Gallo, claro) sería recordado como el mejor momento de su carrera.

Lo que siguió, previsible, fue un paso por el ascenso nacional. Primero con los colores de Nueva Chicago (1997/98), donde actuó con cierta regularidad al lado de Ariel Jesús, el hoy presidiario Marcelo Couceiro, Fernando Ávalos, Claudio Benetti, Rodolfo de Paoli, Lucio Filomeno, Leandro Lázzaro, Pablo Talarico, Juan Manuel Sara, Flavio Frangella, Marcelo Elizaga, entre otros. Ese equipo no tenía otro destino que pelear por la permanencia y así fue. Gallo, al menos, le metió un gol a Atlanta en una victoria por 2 a 1 en Mataderos. Algo es algo.

Luego, en la temporada 1999/2000, se incorporó a Arsenal de Sarandí, donde fue dirigido por el Chaucha José María Bianco. Allí conocería a los históricos Hernán Coldeira, Darío Espínola, Alejandro Limia y Carlos Ruiz, y también a Facundo Gareca, Maximiliano Flotta y Dante Ciglic, porque en la vida hay que compensar. El cuadro de Sarandí se metió en la lucha por el segundo ascenso a Primera, pero terminó eliminado en cuartos de final ante Atlético Rafaela.

Ya en la B Metropolitana, Gallo sumó algunos minutos con la camiseta de Argentino de Quilmes (2000/01), antes de sus incomprobables pasos por Tiro Federal de Rosario y el fútbol guatemalteco. Sin mucho más que hacer a nivel profesional, colgó los botines. “Me costó desprenderme del pueblo y de los afectos, no veía la hora de tener días libres para poder regresar”, le contó alguna vez al diario La Capital.

De nuevo en casa, fue elegido como el segundo mejor jugador de la historia de Pavón Arriba, y siguió dándole a la pelotita en la Liga Deportiva del Sur con la casaca del Club General San Martín, donde es ídolo (fue el MVP (?) de 2015) y se mantuvo hasta su retiro en 2016, cuando pasó a ser el técnico del plantel de Primera División.