Lastagaray Agustín

Agustín María Lastagaray Toledano

Se equivocó de profesión. Pudiendo haber chapeado con su doble apellido en las canchas de rugby junto a Fernández Miranda y Fernández Lobbe, eligió la redonda y tuvo que lucharla demasiado. De entrada la pasó mal, el karma de las lesiones por su físico lo persiguió desde las inferiores.

«Llegué de Necochea a los 15 años y me parecían todos gigantes. No había tenido el desarrollo que los otros chicos de mi edad ya habían ganado. Recién en el CEFAR pude empezar a crecer y hoy, a los 24, soy parte de un plantel profesional. Cuando estuve en las inferiores de Central, tuve compañeros que tenían potencial pero no llegaron, porque, perjudicados por la mala alimentación, se lesionaban con facilidad», contó alguna vez a la extinta revista Un Caño.

Arrancó en Independiente, donde se dio el lujo de entrenar junto a Norberto Scoponi, Gabriel Milito, Alfredo Cascini, Esteban Cambiasso, Daniel Garnero, José Luis Calderón, Claudio Graf, Mauricio Hanuch y Livio Prieto, entre otros.

Sin oportunidades de jugar oficialmente, pasó a Rosario Central. En Arroyito, durante bastante tiempo, compartió encuentros de Reserva junto a Leonardo Talamonti, Emiliano Papa, Luciano Figueroa, Leonardo Borzani, y también Germán Leonforte, Diego Acoglanis, Mauro Poy, Juan Grabowsky, Mariano Echagüe. Tampoco debutó en Primera en el Canalla y fue dejado libre.

Se recluyó en el CEFAR, donde luego de 2 años arregló con Quilmes. En el Cervecero por fin logró jugar en la categoría grande del fútbol argentino. Debutó en la fecha 18 del Clausura 2005, ante Boca, reemplazando al Champeta Velazquez. Siete días después, repitió la experiencia ingresando por Gabriel Peñalba en el empate ante Gimnasia LP.

Con el objetivo cumplido, en 2006 se olvidó de su pasado y se fue a pelearla en el Torneo Argentino B con los colores de Villa del Parque de Necochea. Sin embargo, en su mejor momento futbolístico se fracturó el peroné.
«La lesión se me produjo en una acción en la mitad de la cancha, yo voy a buscar una pelota con un volante de Alvarado que se resbala, se cae para atrás, y yo tratando de aguantarlo se me va la pierna. Él se sigue cayendo, yo no lo podía aguantar más, y ahí fue cuando escuché dos «trac» seguidos y dije bueno, estoy quebrado. En el momento no me soltaba el tobillo por miedo a que me quedara colgando, pero dentro de todo por suerte no fue expuesta, solamente el peroné que estaba quebrado… en el momento me largué a llolar porque no lo podía creer. Además, yo estaba seguro que el partido ante Alvarado lo ganábamos. Ellos estaban muy nerviosos, la gente no alentaba, el técnico se movía constantemente, el que me marcaba a mi estaba amonestado y no me podía tocar más. Todos detalles que me aumentan la bronca y la impotencia», le dijo a un medio local.

«Cuando vine en octubre de México después de tener una prueba en Toluca y otra en Puebla, ya el «Tolo» Gallego me había dado la palabra de que en diciembre volviera que me iba a incorporar. Yo tuve una prueba en tierras aztecas, les gustó mi forma de jugar, pero no me pude quedar porque estaba cubierto el cupo de extranjeros. La expectativas las sigo manteniendo, y no me arrepiento de haber jugado acá, porque encontré ritmo de juego y además conocí gente espectacular», dijo sin lamentarse.

Totalmente recuperado, a principios de 2007 viajó a El Salvador para sumarse al Club Deportivo FAS, donde comparte plantel con un baldosero de ley como Pedro Aguírrez, haciendo alarde de ser un delantero sin gol.

KeyserSoze

Botacaulli Darío

Dario Botacaulli
No era sencillo. Para nada. Armar un equipo en la séptima edición de El Gran DT también contenía la peligrosa posibilidad de contratar hasta 3 jugadores de la liga extranjera. De esa manera, era común gastarse 3 de los 10 millones disponibles en Batistuta. El pase de Ortega, que costaba 2 millones y medio, tampoco era fácil de evitar. La tentación estaba. Y con la soga al cuello y el plantel sin terminar, después había que afinar el lápiz para no excederse.
La solución muchas veces era poner un último delantero suplente de bajo costo. En la mesa de saldos del Clausura ’98 había viejos conocidos. Por 70 mil pesos se podía comprar a Sebastián Cobelli, a Juan Carlos Graf, a Emerson Panigutti o a Vladimiro Bahl. Si la mano venía más jodida, en cambio, se podía depositar la irrisoria suma de 50 luquitas para contar con los servicios del delantero de Racing Darío Botacaulli. ¿Quién?
Botacaulli era un atacante desconocido. Y lo sigue siendo. No le podemos reprochar más coherencia porque la ha tenido.
Sí le podemos recriminar su costado más oscuro, ese que deja entender que pudo jugar al fútbol gracias a las influencias familiares. ¿Cómo?
Según un medio mendocino, el Turco Claudio García renunció en 2003 a la dirección técnica de Independiente Rivadavia porque ante el pedido de Cristian Morales como refuerzo, el club se lo negó y le acercó a Darío Botacaulli, hijo de un empresario que ponía la plata en La Lepra.
No sabemos si ese factor (el económico) le abrió en su momento las puertas de Racing. Pero nos da mala espina que un ignoto delantero como él haya sido presentado alguna vez por el diario Los Andes de Mendoza de la siguiente forma: «No cualquiera está apto para sobrevivir en el área, ese lugar en donde más de uno se pone nervioso cuando le llega la pelota a sus pies. Por eso, sólo aquellos que saben, pueden mandar a dormir la pelota bajo un techo de piolas. Nuevamente goleador, Darío Botacaulli mantuvo un mano a mano con Más Deportes, y, como cada vez que se enfrenta a un arquero, definió de manera impecable«.
Para esa época, noviembre de 2003, jugaba en la Liga B de Mendoza defendiendo los colores de Argentino. Luego de un paso por el local Huracán, volvió a Argentino en 2005 y por ahora es el último rastro que hallamos este delantero con fama de acomodado y con un extraño paso por la Primera División.

Juan Pordiosero

Barragán Javier

Carlos Javier Barragán Silva (El Barra)
Prolífico futbolista uruguayo que se hizo un tiempito para actuar en nuestro país, y como si fuera poco, para dos equipos distintos.
Comenzó a figurar de manera profesional con la casaca blanquinegra de Montevideo Wanderers (de 1991 a 1995) y después pasó a Huracán Buceo (1996), institución que le sirvió de trampolín para desembarcar en el fóbal argentino, más precisamente en Mendoza, para jugar con Godoy Cruz en el Nacional B. Su paso por el Tomba en 1997 pasó desapercibido y su partida nadie la recuerda, al punto que podemos llegar a asegurar que ningún socio rompió el carnet cuando el charrúa volvió a su tierra.
Volante por izquierda aunque también delantero, estuvo durante todo 1998 en Rampla y después de un semestre en Villa Española dejó Uruguay para regresar a estos pagos.
Contra el pronóstico de varios que no lo conocían (y de algunos que lo junaban también) cayó en un equipo de Primera, Argentinos Juniors. Y su extraño arribo tuvo una explicación para nada transparente. Su representante, Hugo Issola, había llevado al Bichito , un año antes, al panameño Freddy Andersen, futbolista que en un principio los dirigentes se comprometieron en contratar y que después dejaron en la vía sin abonar un peso de lo acordado. Tiempo después, el empresario propuso no iniciarles juicio si accedian a incorporar a su nueva joyita: Javier Barragán. Los popes de La Paternal aceptaron gustosos.
Bajo esas condiciones para nada agradables se dio el lujo de ingresar a la cancha en 3 oportunidades. Un partido de titular (en Jujuy, ante Gimnasia) y otros dos entrando desde el banco, le dieron algo de chapa. No la suficiente para sobrevivir en el medio, claro. A comienzos de 2000 el DT Chiche Sosa lo borró del plantel, junto a Federico Arcamone y los juveniles Nicolás Naccarelli, Facundo Elfand, Nicolás Contardi y Pablo Añaños.
Reapareció en su liga de orígen con los colores de Paysandu Bella Vista durante algunos meses de 2000 pero se aburrió pronto y ese mismo año fue transferido a Millonarios de Colombia. En Bogotá no anduvo tan mal pero no puedo evitar que se le recuerde por su fugaz estadía.
Como le andaba faltando algo de emoción a su vida, decidió jugar en un equipo con nombre grosso y se incorporó a El Tanque Sisley (2001/02). En ese grandioso club permaneció bastante y recién en 2003 volvió a la vieja rutina de cambiar de equipo. Racing de Montevideo le dio cabida hasta 2004, cuando pasó a Alianza de la misma ciudad. Allí, bien alejado de las grandes gestas futbolísticas, pasó los últimos días su inigualable trayectoria.

Juan Pordiosero

Miranda Paulo

Paulo César Miranda
Corría el año 1998 cuando José Pekerman comenzaba a delinear la selección Sub 20 que luego haría agua en el Mundial de Nigeria del año siguiente.
Una tarde lluviosa visitó Vicente López para ver a dos jugadores de Racing Club que enfrentaban a Platense. Javier Lux y Albano Bizarri eran los pibes en cuestión, pero el ex tachero también apuntó a un pollo suyo como Guillermo Santo y a un desconocido de apellido Miranda.
Volante por derecha nacido en 1979 que no tuvo demasiado lugar en el Calamar, aún con el antecedente de haber coqueteado con la Selección. De todos modos, permaneció en el club con descenso incluído hasta el 2002 y cuando asumió Carlos Trullet lo señaló como una promesa: «Tenemos jugadores con trayectoria y casos como el de Paulo Miranda, quien tenía un futuro bárbaro, pero aún no pudo despegar».
Finalmente aceptó una oferta de El Porvenir (2002-2003) en el Nacional B y se fue por la puerta de atrás, pero con la satisfacción de haber permanecido en la gran limpieza de 1999 y compartido años con jugadores característicos de esa institución como Campi, Aguirre, Grelak, Nasuti, Formidábile, Totó García, Insaurralde, Madrid, Di Carlo, Lorenzón, Coyette, Godoy, Erbín, Colliard, Mandrini, Chatruc, Bergessio y Campodónico.
De su paso por Gerli nada de supo, pero no debe haber sido de lo mejor ya que bajó dos categorías y pasó a Acassuso (2004), de mediocre campaña en Primera C. Y posteriormente, en Argentino Quilmes de Rafaela por el Torneo del Interior quedó tercero entre cuatro participantes, en el grupo con Libertad (Sunchales), Atlético (San Jorge) y Colón (San Justo).
El 2005 lo encontraría como jugador libre desesperado, pero con la fortuna de caer en Flandria junto a Ércoli y Gorozo.
La temporada entrarte traería un nuevo pase, esta vez a Argentino de Merlo en una carrera ya totalmente desvirtuada.
Mirando (o Miranda) hacia atrás, fue uno de los pocos Paulo que llegaron a primera, pero el único que la rompió no fue justamente él, sino un morocho que algo sabía con la pelota en los pies y sin bajar la vista. Él, por envidia y como muestra la foto, no lo quería ni ver.

Cucu

Tagliani Nicolás

Nicolás Tagliani
Volante ofensivo devenido en delantero surgido de las divisiones inferiores de Estudiantes de La Plata. En el Pincha, donde jugó entre 1996 y 1998, conoció a baldoseros de la talla de Cristian La Grottería, Sergio Catán, Martín Mazzuco, Martín Fúriga, Roberto Lanfranchi, Mauro Scaloni, Juan Martín Turchi, Leandro Temporini, Gonzalo Pavone y Raúl Román Garay, entre otros próceres indiscutidos de este sitio.
Extravagante (tiene un piercing en la lengua, otro en el ombligo y varios tatuajes) y conflictivo, nunca se pudo afianzar en ninguno de sus equipos y de todos se terminó marchando al año o antes.
Sin lugar en el conjunto platense, para la temporada 1998/1999 pasó a préstamo a Quilmes en la B Nacional.
A la temporada siguiente llegó al Viejo Continente para sumarse al Delemont suizo.
En 2000 cruzó la Cordillera de los Andes. Primero defendió los colores de Palestino (2000/2001), donde disputó 25 partidos y convirtió 13 goles. Luego pasó al Cobreloa (2001/2002), donde anotó 3 goles en 24 encuentros y disputó la Copa Libertadores, pero todo terminó mal. En un partido ante Huachipato se quitó la camiseta naranja y la arrojó con violencia al césped. Semejante reacción, de cara a la tribuna de su equipo, provocó su separación del plantel y la salida de Oscar Malbernat como director técnico.
Al poco tiempo arribó a Colo Colo donde, para no ser menos, se marchó con escándalo.
El 11 de octubre de 2002 fue detenido por los carabineros junto a Vicente Principiano por manejar en estado de ebriedad. Los dirigentes colocolinos le ofrecieron la continuidad en el equipo pero con la reducción del 50% del sueldo, lo que Tagliani no aceptó.
«Ni siquiera estaba de acompañante, yo estaba en mi auto y Vicente (Principiano) en el suyo. A mí me sintieron el olor en la boca y vieron que no tenía nada, así que yo pasé desapercibido, y a Vicente le salió la alcoholemia, y fue a Vicente que le paso todo esto», aseguró sacandose la responsabilidad y poniéndose en el lugar de víctima.
«A mi metieron en una bolsa, pero yo lo asumo por haber estado con él. Asumo el error y pedí disculpas a quien le haya hecho mal, y que a mi que me digan que tengo un carácter de mierda, que soy muy especial, que no tengo amigos, que me digan eso, porque realmente soy así»
Por su parte, Principiano también cayó en la volteada, «Yo pensé que en el momento en que él se la tenía que jugar, iba a decir ‘las cosas me pasaron a mí. Nicolás no tuvo nada que ver».
Como si algo le faltara a estar historia, lo acusaron de cosas para nada agradables: «Se ha rumoreado de que soy pedófilo y drogadicto. En el club estaban hablando de que en el regreso desde Australia me había metido con una chica de 12 años. Lo único que falta es que digan que soy pedófilo. A todos lados que voy me relaciono con cualquier ser humano, pero por mi cabeza no pasa tener relaciones sexuales con un ser humano de 12 años»
En el Cacique dejó un saldo de 23 partidos jugados y apenas 1 gol convertido.
En 2003 pasó por Alianza Lima de Perú, donde disputó la Copa Libertadores. Sobre su rendimiento el presidente del club limeño dijo: «Es un jugador que no marcó diferencias. Hoy culmina su contrato. No hemos tenido diálogo con él, pero no seguirá. no porque reclame mucho, sino por que su producción no fue la esperada, estuvo más en la banca. Hasta Waldir Saénz hizo más goles»
Terminó sobresaliendo más por su relación con la modelo Angie Jibaja, a quién se llevó a vivir a Bolivia cuando fue transferido al Jorge Wilstermann (2003/2004).
Los últimos años de su carrera se convirtieron en un derrotero de clubes. Pasó por Unión Atlética Maracaibo (2004) junto con Lucas Bovaglio, el argentino Guillermo Beraza y el brasileño Caté, Real Cartagena de Colombia (2005) y Aris de Grecia (2005).
Actualmente juega en el Football Club Vado, de la Serie D de Italia.

KeyserSoze

Landaburu Fabio

Fabio Landaburu
Su club de origen, Ferro Carril Oeste, le otorgó la chance de debutar en la Primera División en septiembre de 1998, con la derrota 1 a 0 ante Racing. Su transcurso en el conjunto de caballito no fue sencillo y en la malaria generalizada alcanzó a disputar 20 encuentros a lado de Mariano Fossas, Ariel Rocha, Cristian Hudaied, Ariel Groothuis, entre otros.
Con la pérdida de la categoría tuvo que buscar nuevos horizontes y cayó en Chacarita Juniors (2000/01), donde jugó poco pero al menos se dio el gusto de conocer a Gonzalo Gaitán, Edgardo Parisi y el Twetty Carrario. Sólo dos partidos en el Apertura 2000 le dieron la pauta de que no tendría posibilidades de actuar con regularidad y a final de la temporada partió con rumbo indefinido.
Extraño fue verlo de un día para el otro en los torneos del interior defendiendo la divisa de Atlético Uruguay de Entre Ríos (2001/02). En cuestión de semanas había bajado varios escalones y bien calladito la boca.
En 2002, Flandria lo contrató para el torneo de la Primera B, donde se suponía que ganaría más protagonismo. El cordobés Landaburu, lejos de jugarla de modesto, se agrandó y a su llegada declaró al Bisemanario El Civismo: «Que el campeonato vaya a ser difícil no es algo al que le dé mayor importancia, por el contrario, me alegra que tenga más notoriedad. Por la calidad de los jugadores de otros equipos tampoco me asusta ya que yo he tenido la oportunidad de jugar al lado de figuras como Diego Latorre, Mac Allister, Gamboa, Cardozo, gente que ha ganado de todo y yo me he sentido de igual a igual; así que no tengo problemas con los rivales que me toque enfrentar«.
Descartado el factor susto intepretamos que alguna de las otras variables del fútbol (como adapación, bajo rendimiento o falta de talento) influyó para su no consagración la institución y por eso tuvo que refugiarse en la temible liga boliviana.
Allí jugó para Destroyers (2003), Guabirá (2003) y Oriente Petrolero (2004). Desde hace un par de años que no se conoce el paradero futbolístico de este volante, aunque fuera de la cancha sabemos a qué se dedica. Es el Director del Centro Regional Córdoba de los Atletas de Cristo. Parece que ahora ser colega de Paulo Silas y Eduardo Bennett tampoco le da miedo. ¡Eso es ser bien macho!

Juan Pordiosero

Los Belforti

Generalmente los hermanos futbolistas comienzas a bifurcar sus vidas cuando llegan a Primera División y uno de los dos alcanza mayor reconocimiento. Casi siempre hay uno «bueno» y otro «malo» para la visión del futbolero medio, aunque en muchas oportunidades ese sea un concepto erróneo. En el caso de los mellizos Belforti no hay diferencias bien marcadas que ayuden a distinguirlos individualmente. Si bien actuan en puestos diferentes, ambos han tenido carreras idénticas, calcadas y carentes de brillo.

Martín Rodrigo Belforti
Nacido el 7 de abril de 1981, alcanzó a debutar en la Primera División de Argentinos Juniors con 19 años recién cumplidos. Eso sucedió en el Clausura 2000, cuando participó del empate 2 a 2 ante River, ingresando por Fernando Zagharián.
Volante central por naturaleza, nunca le fue fácil ganarse la titularidad y apenas si pudo hacerse un lugar entre los juveniles más prometedores como Nicolás Gianni, Nicolás Martelli, Leonel Jaureguiberry, Santiago Khul y otros pibes nacidos en las inferiores del Bichito.
Bajó con el club al Nacional B pero se la bancó un año más y a comienzos de la temporada 2003/04 pasó al Libertas Brera del ascenso italiano. Cuando ya todos imaginaban que se convertiría en un clásico argentino roba euros volvió al país para jugar con Defensores de Belgrano (2005) en Primera B. La intrascendencia de su desempeño le abrió nuevamente las puertas de la Europa bizarra. Durante 2006 se hizo compañía con Martín Mandra en el Unión Deportiva Melilla de la Segunda División B de España. A fines de ese año los dirigentes le anunciaron que no lo iban a tener en cuenta por cuestiones de papeles y casi se despidió de Chota, delantero del conjunto español. Finalmente se comprobó que era una bomba de humo porque a comienzos de 2007 seguía en la institución.
¿Y adivinen qué? Sí, a todos lados fue con su hermano.

José María Belforti
El calco. Podríamos haber copypasteado la data de arriba que nadie se hubiese dado cuenta. Desde la fecha de nacimiento hasta el derrotero de clubes, imitó a su hermano a la perfección. Y se dejó imitar, claro está.
Las únicas diferencias residen en que José María es defensor central y tuvo mayor rodaje gracias a su experiencia en las selecciones juveniles de José Pekerman. Formó parte del plantel que afrontó el Mundial Sub 17 de Egipto en 1997, junto a otros pibes como Franco Costanzo, Roberto Chaparro, Gabriel Milito, Julio Marchant, Maximiliano Cejas, Livio Prieto, Guillermo Santo, Lucas Vivas, Mauro Marchano y Marcelo Márquez. Además, fue sparring de la selección argentina de Bielsa en 1999 junto a otro baldosero ya homenajeado como Javier Becerra.
En el Bichito de La Paternal jugó poco y nada. Esperando una migaja del cielo se conformó con escasos minutos en la Primera y sólo le otorgaron mayor responsabilidad con el equipo ya descendido. En esa condición jugó de titular en la última fecha del Clausura 2002 al lado del desmayado Pablo Aurrecochea, Matías Mantilla, Ariel Seltzer, Gastón Machín y Raúl Salazar. Ese día su equipo cayó 2 a 0 ante Lanús pero al menos compartió la cancha con su hermano, la otra mitad de esta linda historia.
Juntos estuvieron en el Libertas Brera (2003/04), hicieron sapo en Defensores de Belgrano (2005) y abrazaron a Chota en el Unión Deportiva Melilla (2006/2007).

Cuando se retiren del fútbol quizás puedan ganarse la vida desfilando como lo hicieron el año pasado para la gente de NG Models junto a otras luminarias como Eliana Guercio, Tripa (?), Titi Fernández, Marcelo Benedeto y Hernán Caire.

Juan Pordiosero

Florentín Hernán

Hernán Teodoro Florentín
Defensor paraguayo con apellido baldosero nacido en Ipané, un pueblito ubicado a 30 kilómetros de Asunción, el 1 de julio de 1977. Se inició en Coronel Thompson y más tarde se unió a las divisiones inferiores del Sport Colombia.

A los 20 años disputó con su país el Mundial de la categoría en Malasia. Luego llegó a la Argentina para jugar nada más y nada menos que en Boca Juniors. Apenas pudo participar en 2 encuentros por la Supercopa 1997 y 2 por el Clausura 1998. Compartió entrenamientos y minutos en cancha con Diego Maradona, Claudio Caniggia, el clon del Cani, Diego Latorre, un DJ y baldoseros como Pablo Islas. En su corta estadía en el Xeneize se rompió los ligamentos del tobillo derecho, debió estar nueve meses parado y perdió mucho terreno.

Al año siguiente se marchó cedido a Racing pero no fue tenido en cuenta. En la Acadé conoció al Gato Sessa, Matute Morales, Gonzalo Gaitán, Fabio Giménez, Pedro Ojeda, un ignoto brasileño llamado Hamilton Fernandes y el eslabón perdido.Encontró un poco más de continuidad en Ferrocarril Oeste (1999) al lado de Adrián Máquina Giampietri, Gastón Vales, Martín Tartara, Emerson Panigutti, Nicolás Ascencio, Sergio Comba, Fabián Cancelarich, entre otros.

En 2000 integró la selección paraguaya que disputó el Preolímpico Sub 23 en Brasil junto a Justo Villar, Paulo da Silva (ex Lanus), Claudio Morel Rodríguez, Nelson Cuevas y Roque Santa Cruz. Posteriormente, luego de caerse su pase a Quilmes fichó con All Boys en la B Nacional. El 28 de octubre de 2000 será un día que jamás olvidará. Jugaban All Boys y Central Córdoba de Rosario por la décima fecha de la zona metropolitana. Volvía luego de estar un mes lesionado y promediando la primera etapa chocó su cabeza contra la de Gabriel Medina en un salto y en la caída sufrió un fuerte golpe en la nuca. Fue atendido y siguió en la cancha. Minutos después, se desplomó sobre el césped cuando no estaba siquiera en la disputa del balón. Sufrió un paro cardiorrespiratorio que los medicos del Albo lograron pararle a tiempo. También perdió el conocimiento y todo derivó en un derrame cerebral.

«Me sacaron con una camilla y vomité en el vestuario. Ahí ya me sentía mal. Pidieron la ambulancia; estaba acostado en la vereda del club y me dio el primer paro cardíaco. Hasta ese momento me acuerdo. Y en el trayecto al hospital -en donde luego me operaron por un derrame cerebral- tuve dos paros cardíacos más. El médico de All Boys, Daniel Tomasone, me salvó, porque me hizo respiración boca a boca», dijo dos años después.

Fue internado en estado de coma y se despertó una semana después. «Estar en coma es como estar muerto, porque no sentís nada. En el día 17 abrí los ojos y sentí que me hablaban, pero como a tres cuadras de distancia. Pensé que estaba soñando, porque la primera persona que vi en el hospital fue a mi mamá y ella estaba en Paraguay durante el accidente».

«Yo pedí ver la jugada del accidente. Quería saber cómo había sido, si alguien había tenido la culpa. Pero ví que fue una acción desafortunada. Cuando esté de nuevo en una cancha, tal vez me cuide más», aseguró.
Con la vista puesta en su retorno al fútbol durante 2001 comenzó un trabajo intenso de rehabilitación en una pileta y un gimnasio. Sin embargo las secuelas estaban vigentes y una parálisis en la parte izquierda del cuerpo le impedía moverse sin dificultad.

Dos años después del accidente, en octubre de 2002 le decía al diario La Nación: «No descarto la posibilidad de jugar, pero según los médicos es difícil que pueda volver. Estoy mejorando bastante y voy a seguir trabajando día tras día para regresar al fútbol, que antes del accidente lo era todo para mí. Si no puedo, quiero hacer algo ligado a la actividad, como la dirección técnica, por ejemplo. Me estoy mentalizando para esto».

«Estoy haciendo valer mi seguro de futbolista. All Boys me ofreció una plata que yo no acepto, porque es poca y me alcanza sólo para cuatro años. Yo todavía tenía una proyección de diez años para seguir jugando y quiero justificarlo por ese lado. Menos mal que Futbolistas Argentinos Agremiados me está ayudando bastante; hablo mucho con Sergio Marchi (titular de FAA), pero no ocurre lo mismo con los dirigentes de All Boys. Excepto su presidente actual, nadie se acercó para saber cómo andaba».
«Lo más importante es que estoy vivo. Le doy gracias a Dios por estar bien; él es el único que dirá si volveré o no a ser futbolista. Sé que si no puedo jugar, la vida no se termina acá».

Como por arte de magia, después de aquella entrevista, se hizo imposible ubicarlo. Algunas versiones lo vincularon a Cerro Porteño y Godoy Cruz de Mendoza. Otras mejor rumbeadas dicen que se radicó nuevamente en Paraguay y es DT.
Se agracederá cualquier información certera sobre su paradero.

KeyserSoze