Pezoa José

José Abraham Pezoa
Volante por derecha y renegado como él solo, no quiso integrar la logia de Los Locutores, aquel grupo de Estudiantes de La Plata conformado por Larrea, Mareco y Fontana, por cuestiones de tradición.
Fue fiel a sus principios familiares y mantuvo la «Z» de su apellido, burlándose de aquellos que, en su afán por emparentarlo con el barbudo Quique, intentaron convencerlo de que la reemplace por una «S».
Pezoa debutó en la Primera del Pincha allá por 1992, cuando era común entrar al vestuario y cruzarse con Nestor Merlo, Squadrone, De Santis, el Pepo Soto y el Chivo Peinado. Generalmente ingresando en los complementos, alcanzó a disputar 8 partidos sin demasiado ruido.
Nacido en la localidad neuquina de Centenario, retomó con el tiempo sus lazos sureños jugando en Alianza de Cutral Có (2001/05), pero a ciencia cierta no sabemos si en el interín siguió entrenando, se tomó unos mates, puso una escuelita de fútbol o ,arrepentido, se anotó en el ISER para recuperar tiempo perdido.

Juan Pordiosero

Gatti Federico

Hugo Federico Gatti
¿Y qué dirá papá Hugo Orlando cuando vea que sus dos hijos futbolistas salieron baldoseros? Ya conocida es la historia de Lucas Cassius Gatti cuyas apariciones mediáticas en los últimos años se debieron más a las peleas con la madre de su hija que a su desempeño deportivo.
La carrera del menor de la dinastía arrancó en la séptima división de Argentinos Juniors. Paralelamente terminó el secundario en el Instituto River Plate mientras jugaba en el Bicho. En 1998 estuvo dos meses en el Millonario pero en La Paternal no le querían dar el pase. «Fui al colegio de River sabiendo que iba a Argentinos. Ahí ya estaba mi hermano Lucas. Después dejé Argentinos y me fui a River, pero no me dieron el pase, me quedé todo el año sin jugar y tuve que volver». A comienzos de 2001 finalmente se convirtió en jugador de River Plate.
Cuando llegó a Nuñez se hizo un tiempo para vender un poco de humo (tiene a quién salir): «En Argentinos me prometían que iba a jugar, pero yo sabía que no iba a jugar un carajo. Estuvimos como dos meses pidiendo el pase. Tuvieron que poner la guita mi viejo y unos amigos; no me querían dejar ir ni en pedo, aunque yo estaba decidido a irme. Si ahí no jugaba.» Y siguió: «Tuve un buen año y me iban a subir, pero me lesioné. Seguí jugando muy bien pero jamás me llamaron. Todos los años me quería ir y me decían que esta vez iba a jugar. Mac Allister decía que no corría, y como él pedía nada más que le pegaran para arriba, aunque fui el enganche que más goles hice el año pasado no me subió. Y con el Checho no estuve. En noviembre, como no me daban bola, dejé de ir. Habían hecho un selectivo de 20 pendejos y yo, que era el primero que iban a subir, me quedé abajo. Hasta promovieron pibes que estaban debajo mío, que ni jugaban en Cuarta.», señaló.
Y agregó: «Siempre te jode el apellido. Al principio te ayuda un poco, te ayuda en las conexiones en el club, pero cuando pasa el tiempo el apellido Gatti te jode. Tenés que hacer el doble de lo que hace el que juega en tu puesto. Siempre te miran de otra forma. Si tirás un caño y no sos nadie, te pegan una buena patada y pasó. Pero si sos Gatti quedás marcado como canchero. Pero no me arrepiento de ser Gatti. La gente es muy celosa, no de mí pero sí de mi viejo.» Todo esto para rematarla con un: «Mi viejo, después de Maradona, fue el ídolo más grande de Boca».
Sin haber jugado más que en Reserva, partió al Viejo Continente para emular a su hermano y baldosear en el ascenso español. En 2002 fichó con la Sociedad Deportiva Ponferradina. Sin embargo la Federación Española no admitió su ficha como amateur y al estar las plazas profesionales ya ocupadas debieron prestarlo al equipo filial (Ponferradina B) durante algunos meses. La lesión de un compañero le permitió debutar finalmente en el primer equipo.
Regresó a la Argentina y estuvo entrenando en Chacarita pero no fue fichado.
En octubre de 2003 volvió a ser noticias debido al secuestro express que sufrió. Fue liberado horas más tarde a cambio de 1.500 pesos y un reloj de su padre.
Se desconoce que fue de su vida hasta principios de 2006 cuando retornó al fútbol español para defender los colores del San Sebastián de los Reyes, lo curioso es que el club dueño de su pase según el boletín de AFA nº 3840 era Cañuelas, donde nunca jugó.
A finales de 2006 se lo encontró de regreso en nuestro país siendo el goleador de un equipo amateur llamado Claypole F.C., donde también figura un jugador histórico de las divisiones inferiores de River Plate como Luciano Scriminacci.

KeyserSoze

Lagos Rodrigo

Rodrigo Esteban Lagos
Cuando se viene el descenso, las papas queman y los grandes se echan a un lado, el manotazo de ahogado es el piberío de las inferiores. En silencio y con la mejor cara de poker posible, los chicos deben ponerle el pecho a las balas.
Así es la historia de Rodrigo Lagos, un defensor nacido en 1979 en Granadero Baigorria. Surgido de la cantera de Ferro Carril Oeste, conoció la Primera División en tiempos que el equipo de Caballito estaba condenado al descenso.
Fue así que en el Clausura 2000 salió a la cancha junto a Roberto Galant, Cristian Tula, Hernán Santa Cruz, Fernando Sanjurjo, Edgar Bogado, Esteban Figún, Juan Pablo Cracco, Nicolás Hernández, Fabio Landaburu, Ariel Groothuis, Cristian Ayala, Maximiliano Velásquez y Diego González, entre otros.
Con la pérdida de la categoría ya consumada, se quedó en el club para pelearla durante algunos meses en la B Nacional.
En 2002 partió rumbo al fútbol de El Salvador, donde haría carrera. Primero en San Salvador hasta 2006 y luego en el siempre candidato Isidro Metapán, donde permanece hasta estos días.
Su vasta experiencia llamó la atención del entrenador del conjunto salvadoreño, el mexicano Carlos de los Cobos, que pretende nacionalizarlo para disputar la Copa de Oro de la CONCACAF de este año. «Podría estar si me llaman», dijo Lagos, dejando la puerta abierta.

KeyserSoze

Cibulsky Juan

Juan Cibulsky
¿Qué será de la vida de este corpulento y rústico defensor surgido de las inferiores de River Plate que integró la Selección Argentina Sub 17 de 1985 y participó en el Sudamericano de Buenos Aires y del Mundial de China?
En la foto se puede observar a un central áspero, con voz de mando y aires de referente, aunque esas cualidades poco le deben haber servido ya que desapareció del planeta fútbol en forma inmediata.
Su único registro es el de esa etapa de juvenil, en la cual le marcó un gol a Uruguay durante la clasificación en un 5 a 1 en cancha de Vélez.
En aquel plantel fue dirigido por Carlos Pachamé y las figuras eran Hugo «el Turco» Maradona, Fernando Redondo, Fernando Cáceres, José Miguel y Pedro Salaberry.
Ya en Asia cayeron en el debut con Australia por 1 a 0, igualaron 1 a 1 con Alemania y superaron en la despedida a Congo por 4 a 2.
Mucho más no se sabe, aunque seguramente lo habrán apodado el Ruso o el Polaco.

Cucu (Gracias Pep)

Los hermanos Arce

Actores de reparto en varios planteles de Racing de los últimos 10 años, se ganaron el cariño de los hinchas, en mayor o en menor medida, gracias a su capacidad para demostrar que cualquier ser humano con algo de empeño puede jugar en la Primera División, aunque esto último no sea totalmente cierto.

Lino Arce

Con nombre de paraguayo y aptitudes de marcador central, inició el camino familiar con mucha valentía. Debutó en 1996 y hasta 1998 se las ingenió para tener participaciones breves en la máxima categoría. Siempre a la espera de una migaja de Claudio Úbeda, Carlos Galván, Sebastián Brusco y José Tiburcio Serrizuela, claro, pero así y todo disputó 9 encuentros. Y también tuvo el honor de jugar como titular en la Supercopa de 1997, ante el Santos de Brasil.
Con la llegada de Ángel Cappa perdió terreno y pasó a préstamo a Almagro (1998/99), donde integró un gran equipo que ya homenajeamos por su excesiva cantidad de figuras clase B.
Después de su frustrante paso por el Tricolor, volvió a La Academia junto a otros viejos compañeros en su misma situación como José Sequeira, Jorge Villagarcía, Gustavo Castro, Cristian Centeno, Alexis García y Marcelo González, pero todos fueron descartados por el cuerpo técnico encabezado por Gustavo Costas y tuvieron que entrenarse durante algunos meses con la Cuarta división. En Marzo de 2000, Futbolistas Argentinos Agremiados intercedió en el tema y el técnico permitió que practicaran con la Primera, aunque con nulas chances de acceder al once inicial. Por esa razón, a mediados de ese año bajó hasta la tercera categoría de nuestro país para actuar sucesivamente en distintos equipos. Estuvo en el Deportivo Italiano (2000/01), Brown de Adrogué (2003), Almirante Brown (2003/06) y San Telmo, desde los últimos meses del año pasado. En el interín, por supuesto, cumplió con una premisa fundamental de cualquier baldosero que se precie de tal: haber robado en el exterior. Luego de estar un semestre parado, a mediados de 2002 se incorporó al Juventude de Brasil, donde intentó, sin éxito, que lo confundieran con el bien valorado Chiqui Arce.


Gustavo Rubén Arce (El Piquetero)

El apodo resume sus características de juego. Rústico y elemental pero de gran corazón, se bancó las peores épocas en La Academia y fue premiado con la obtención del título en el Apertura 2001.
Como su hermano, llegó a la Capital desde su amada Tartagal (Salta) y después de hacer inferiores en Racing (salió campeón en Cuarta, junto a Diego Milito y Chiche Arano) debutó finalmente en 1999. Nunca pudo jugar de otra cosa que no fuera de volante central destructivo, aunque algunos técnicos lo hayan querido improvisar en otras posiciones ajenas a su forma de sentir el fútbol.
Tapado principalmente por el Polaco Bastía pero también por otros mediocampistas de turno, no jugó mal cuando le tocó, pero tampoco se destacó. Siempre con lo justo y necesario, fue ganando terreno hasta tener su semana de gloria, en marzo de 2002, cuando convirtió 2 goles con pocos días de diferencia. Uno ante Talleres de Córdoba y otro frente a Rosario Central, ambos en Avellaneda. Su racha positiva se extendió hasta comienzos de 2003, cuando confirmó sus dotes de jugador noble y aplicado en la Copa Libertadores, bajo la conducción de Osvaldo Ardiles.
A pesar de que nunca logró ser un ídolo de la hinchada de Racing, siempre se lo respetó por su inclaudicable lucha y su predisposición para ser una rueda de auxilio constante. Con cualquier entrenador, Arce estuvo ahí, a la espera de una oportunidad. Sólo una vez se la jugó y se fue a Paraguay, en 2004, para jugar en Guaraní pese al pedido del Pato Fillol, que lo quería en el plantel . A su regreso, en 2005, no tuvo chances de ratificar sus condiciones y tuvo una temporada bastante negra. Así fue como a comienzos de año pasado fue dejado en libertad de acción junto a otros ignorados como Barsottini, Céliz, Leonardo Gómez, Nicolás Herrera y Waldo Brandán. Se desconoce qué hace en la actualidad (algunos aseguran que sigue en Racing) pero confiamos en que su representante lo ubicará rápidamente en algún club importante gracias al sitio de la agencia que lo describe como un hombre de «fantasía, experiencia y técnica» y decora su ficha con un video que muestra sus mejores jugadas y una foto de…¡Batistuta!

Juan Pordiosero

Torres Mozzoni Marcelo



Juan Marcelo Torres Mozzoni

Defensor surgido de las inferiores de River Plate que a lo largo de su carrera dio claras muestras su falta de buena suerte para pegar el salto definitivo. «Las cosas no se dieron. El año 99 estuve muy cerca de lograrlo. Jugué en las Reserva y en 2000 me dieron la oportunidad de ir en el banco en un juego, pero las cosas no salieron«, declaró alguna vez.
Nacido en la localidad cordobesa de Manfredi en 1981, llegó al Millonario en 1998 después de varias pruebas. Gustó su versatilidad para actuar como marcador central y lateral derecho y por eso quedó en la pensión del club. Su momento más glorioso estuvo marcado por el frío, y en forma literal. El 10 de agosto de 2001 disputó un inusual clásico de inferiores ante Boca, en Bariloche, y marcó el gol que selló el triunfo de La BandaEsto es un sueño, el momento más feliz de mi vida. No quiero llamar a mi pueblo porque no me van a creer que ganamos con un gol mío«, dijo emocionado sobre su derechazo con tres dedos que se le coló al arquero Dulcich.
Pero la alegría no terminó ahí. Unos meses después, el técnico Ramón Díaz lo convocó para integrar el plantel superior tras un inconveniente que retuvo a Celso Ayala en su país. Torres Mozzoni fue al banco de los suplentes ante Colón, en Santa Fe y vio sentadito como jugaban Ariel Franco y el Chino Garcé.
Después deambuló por Cuarta y Reserva sin encontrar alguna mano piadosa que le diera otra oportunidad y luego del Clausura 2002 pasó a Defensores de Belgrano (2002/06) en el combo «te doy lo que me sobra«. Asi fue como arribó al Dragón, como un supuesto refuerzo de categoría para afrontar el Nacional B. Los hinchas rápidamente se dieron cuenta de su pobre técnica y su poca capacidad para resolver problemas en el área propia. Pasaron los técnicos y él se las arregló para ser titular, o por lo menos para entrar en los segundos tiempos.
Muchos recuerdan un partido en el Palacio Ducó, frente a Huracán, cuando iban 1 a 1 y el árbitro pitó un penal a favor de Defe. El muchacho en cuestión lo pateó y envió la pelota a la cancha de Barracas Central. Andújar, por ese entonces arquero del Globo, sacó alto, fuerte y lejos, un defensor visitante le pifió a la pelota, dejándole servido el gol a Claudio Guerra a los 43 minutos del segundo tiempo. ¿Saben quién fue el que le erró a la bocha? ¡Marcelito!.
Increíblemente, en la guía del ascenso de la temporada 2004/05 de Olé, este jugador figuró como el símbolo del equipo. También fue bautizado por la parcialidad «rojinegra» como Torres Muffoni, por su excelente virtud de estar siempre en el momento menos indicado.
Siendo uno de los pocos sobrevivientes del descenso a la Primera B, gracias a que River jamás aceptó su regreso y porque a Defensores siempre se le complicó para sacárselo de encima, resistió estoicamente hasta mediados de 2006 cuando agarró una oferta del Atlético Huila de Colombia y varios respiraron aliviados. A su llegada, claro, vendió humo como buen argentino chanta. «La garra es lo primordial y vamos a darle lo mejor de ello al Huila«.

Cazador

Mauro Aranha

Mauro Aranha de Lima
Con esa conjunción de nombres no le quedaba otra que ser brasileño y por ende, ser futbolista. Habiendo jugado en la Selección Paulista a comienzos de 2002 llegó a Santa Fe para unirse a Colón. Rápidamente hizo buenas migas con Gilton y Marcio Alemao.
A su llegada, «Maurinho», como lo apodaron, también se hizo tiempo para vender un poco de humo: «Estoy muy bien en Colón, la paso muy bien con mis compañeros, con quienes comparto la pensión. Por ahora, no se me están cumpliendo los objetivos, yo quiero llegar a Primera. En mi posición los jugadores que más me gustan son Castagno Suárez y, de Brasil, Vampeta«.
Sin haber debutado buscó otro rumbo. Al parecer no tenía demasiadas ganas de caminar porque se fue a la vereda de enfrente. Y así fue que bajó de categoría para defender la camiseta de Unión en la B Nacional. Jugó un puñado de partidos hasta que en enero de 2005 se alejó con rumbo desconocido.
Tras descartar varias hipótesis llegamos a la conclusión que, esté donde esté, por las noches se calza el traje de superhéroe y juega a ser el «Hombre Aranha«.

KeyserSoze

Navarro Daniel

Daniel Navarro
Si de desaparecidos en vida hablamos, no podemos ignorar la figura de Daniel Navarro, un desprestigiado delantero de Newell’s que tuvo su momento de fama allá por 1992, cuando asomó silenciosamente en la Primera leprosa y casi sin avivar giles pudo sumar minutos en 12 encuentros oficiales de toda la temporada e incluso llegó a marcar un gol. A la sombra del Negro Zamora, Alfredo Mendoza y Ariel «cada día me parezco más a Leo Mattioli» Cozzoni, se dio el lujo de jugar la Copa Libertadores de 1993. La lucha por hacerse un lugar entre los atacantes titulares era difícil (también estaba el Caio Enría), pero nunca nadie imaginó que semejante obstáculo lo alejaría tan rápidamente de los primeros planos. No sólo no jugó más en La Lepra, sino que además hizo de su carrera una verdadera incógnita. Se encargó de eliminar los rastros fácilmente comprobables. Los únicos recortes, testigos de su gloriosa juventud, deben desempolvarse cada muerte de obispo, cuando algún escéptico invoca las maravillosas palabras: «¿Vos jugaste en Ñuls? ¡Andáaa!«.

Juan Pordiosero