Sagorak Juan

Juan Matías Sagorak (El Titiritero)
Esta es la efímera carrera de un defensor con apellido de lateral del ascenso, nacido en 1977 y que en su primera temporada como profesional en Gimnasia y Esgrima de La Plata, dónde hizo las inferiores, recibió la camiseta número 13, quizás un presagio de su inmediato destino.
En 1998 fue promovido a primera para formar parte de un plantel plagado de figuras como Hernando, Tarabini, Dueña, Darino, Cavallo, Aurelio, Gatti, Ferrer, Pobersnik y el Yagui «Campeón de la Concha de tu Hermana» Fernández. Sus primeros meses fueron emotivos y plagados de felicidad, que permitían soñar a lo grande.
Sin embargo, fue conociendo a Barclay, Molinari, Cantarutti, Ocampos, Bertoya, Mansilla, Guidi y Bahl entre otros, y por ende bajando su nivel, hasta que apenas un año después, dejó la institución.
Pero previo a ello, le marcó un gol a Comunicaciones de Guatemala, con el equipo suplente que viajó junto a Timoteo a jugar la Copa Coliseo en Los Angeles y además fue incentivado por su entrenador para realizar otra actividad.
Resulta que se volcó por el oficio de Titiritero junto a Chirola Romero. Otros compañeros como Larrosa y Sosa eligieron Magia, Cavallo optó por Cerámica y Decoración, mientras que Pittaluga decidió terminar el secundario.
Sin chances en el fútbol criollo y representado por algún oportunista, viajó a México y se calzó el uniforme del siempre protagonista Irapuato dónde utilizó la camiseta 77.
Tiempo después y alejado de la actividad, se inscribió en la carrera de Educación Física con legajo 72539 y obviamente se dio el gusto de participar en una maratón para un equipo llamado El Polígono, en la que quedó ubicado en el puesto 232 entre unos 300 participantes.

Cucu

Morello Norberto

Norberto Martín Morello
Un pibe al que le faltó suerte para poder triunfar. La foto corresponde a su primera práctica en River Plate, en la que se desgarró el gemelo izquierdo. La mala leche provocó que arrancara con el pie izquierdo su periplo por el Millonario. A partir de ahí, la carrera de este defensor descendería notablemente.
Nacido en Mar del Plata en 1977, se inició en Quilmes de su ciudad hasta que le tocó la chance de probarse en el homónimo de Buenos Aires. Debutó a temprana edad en la Primera de Quilmes, en el Nacional B y allí prometió a base de aceptables rendimientos. Algunos, incluso, creyeron que estaban en presencia de una verdadera joya. Mucho más cuando a mediados de 2000, River anunció su contratación a préstamo por un año y con una opción de 700 mil dólares. Estaba todo dado como para que se consagre: integraba el plantel de un grande y era representado por Gustavo Mascardi (el mismo empresario que lo llevó a Italia, junto a Lucho Mazzina y el Chapu Braña, para que se pruebe en la Lazio y en el Vicenza). Pero ese fatídico entrenamiento de agosto lo devolvió a la realidad. Apenas era uno más de la larga lista de chicos que insinuaban en el ascenso.
Sin embargo, antes de llegar a Nuñez había tenido su bautismo en Primera con la camiseta de Ferro Carril Oeste (1999-2000), donde no le pagaron y se tuvo que ir antes de lo planeado. De nuevo en el Cervecero, peleó por un lugar en el plantel que fracasó en su lucha por el ascenso, en esa misma temporada. Pero él, como el resto del equipo, se frustró en el intento.
Luego siguió su carrera bajo los designios de los dirigentes de Quilmes, que tenían el pase en su poder. A mediados de 2002, se alejó definitivamente y se incorporó a Defensores de Belgrano. En el Dragón estuvo un año y cuando se abrió el mercado de pases, en julio de 2003, partió a Argentino de Quilmes.
Luego se le perdió el rastro y lo único que se sabe es que estudió en la escuela de directores técnicos «Hugo Manuel García» de Quilmes. En el mismo establecimiento se recibieron otros futbolistas como Pedro Damián Monzón, Daniel Garnero, Walter Parodi, Marcelo Rufini, Fabián Alegre, Fernando Clementz, Claudio Filosa, Alfredo Grelak, Roberto «Fito» González y Cristian Aragón, entre otros.

Juan Pordiosero

Vales Gastón

Gastón Andrés Vales

No le pudo escapar a la herencia familiar. Su hermano Gabriel, precursor en los 80’s, había baldoseado en su paso por Boca y Ferro Carril Oeste. Y él, tratando de escaparle a esa historia, empezó su carrera en la vereda de enfrente. Se hablaba mucho de sus condiciones de lateral y marcador central cuando jugaba en las inferiores de River Plate. Passarella fue el primero en llevarlo a una pretemporada y junto a Gustavo Lombardi y Hernán Crespo, pintaba como uno de chicos con mayor futuro. Sin embargo, los tiempos para alcanzar el esperado debut se fueron prolongando y recién pudo jugar en Primera de la mano de Carlos Babington, en 1995 (sólo disputó un encuentro oficial).

Sin lugar, abandonó Nuñez y se sumó a All Boys, donde tuvo dos temporadas en buen nivel y se revalorizó. En julio de 1998, Ferro adquirió su pase y le dio la oportunidad de jugar con regularidad. Jugó 26 partidos hasta los primeros dias de 2000, cuando se cansó de que no le pagaran y pidió ser negociado. Se incorporó a préstamo por un año a Talleres de Córdoba, que por entonces era dirigido por Ricardo Gareca. El contrato, tenía una opción de compra bastante elevada (1.200.000 dólares) y una cláusula que le permitía irse a otro club a los 6 meses. Pero las cosas no le fueron bien. No pudo jugar y perdió ritmo futbolístico. A pesar de eso, a mediados de 2000 dos equipos mostraron interés por él. Uno fue Gimnasia y Esgrima de La Plata y el otro Quilmes. Ambos, chocaron contra una dificultad importante: Ferro estaba inhibido para comprar y vender jugadores.

Luego, su trayectoria se alejó de las luces de Primera y retomó la buena senda que había iniciado en el ascenso. Se fue a Brown de Arrecifes, donde fue compañero de Martín Gianfelice, y permaneció hasta mediados de 2003. Luego lo llamaron de Ecuador y se puso la camiseta del Deportivo Cuenca. Se dio el lujo de jugar con sus compatriotas Hernán Klimowicz, Raúl Antuña y Eduardo «Bachi» Iachetti, pero hizo banco durante gran parte de la temporada.

Regresó a mitad de año y se mudó a Junín y para defender a Sarmiento, en la B Nacional. Se le recuerda un incidente que lo tuvo de protagonista en un encuentro ante Unión, cuando le pegó una trompada al delantero César Pereyra. En enero de 2005 tuvo un verano de novela. Parecía que tenía todo arreglado con Tristán Suárez, pero a último momento le salió una oferta de un club venezolano. Cuando parecía que cerraría su incorporación, se rompieron las negociaciones y se puso a conversar de nuevo con los dirigentes del Lechero. El periodismo ya daba por hecha la transacción, cuando de un día para otro se cayó todo. Vales no arregló y se perdió de jugar con el Tano Anconetani (y también de conocer la tierra de Catherine Fulop).

A principios de este año se sumó a Temperley, en la Primera B, donde es compañero de Lucas Ferreiro y Pablo Campodónico, entre otros.Juan Pordiosero

Rodríguez Sergio

Sergio Esteban Rodríguez
Algunos futbolistas no llegan a más simplemente porque aparecen en el lugar equivocado y en el momento menos preciso. Nunca se sabrá que hubiese sido de la vida de este chico si no hubiera surgido en una de las peores épocas de Ferro Carril Oeste. Pero las cosas se dieron así. Y Sergio Rodriguez, muy a su pesar, la tuvo que luchar en una etapa oscura del club de Caballito. Desde 1996 hasta 2000, cuando descendió, le tocó actuar en 53 partidos y convirtió 9 goles. Él, como muchos otros pibes contemporáneos (Landaburu, Mércuri, Sanjurjo, Félix Décima, Ariel Groothuis y Nicolás Hernández, entre otros), tuvo que sufrir la etapa de la agonía que derivó en la pérdida de la categoría. Le puso el pecho a la situación y se quedó en el club para jugar el Nacional B (junto al Coco Reinoso, el Pelado Meijide y Wilson Junior), pero antes de comerse otro descenso rescindió su contrato, en diciembre de 2000.
Probó suerte en la segunda categoría del fútbol francés. Y allí estuvo hasta mediados de 2003, cuando se lo anunció como refuerzo de Atlanta. Salvador Pasini lo había pedido con insistencia y los dirigentes se lo acercaron. Pero no llegó a debutar porque el transfer internacional se demoró mas de lo deseado y una vez en regla no tuvo chances. Se perdió de jugar con el hijo del técnico.
En el último año estuvo tratando de convertirse en referente de otros equipos del ascenso como All Boys o Laferrere, pero apenas si lo probaron y le dieron participación en encuentros amistosos y de entrenamiento.
Actualmente defiende los colores de Centenario de Neuquén, en el Torneo Argentino B.

Juan Pordiosero

Orhiuela Israel

Israel Orhiuela
Futbolista mexicano que apareció imprevistamente en Bahía Blanca para ser sometido a una prueba en Olimpo con vistas al Apertura 2005. A pesar de que los antecedentes jamás fueron encontrados en la web, el azteca recaló en el sur de la provincia de Buenos Aires chapeando con un pasado por el Cruz Azul y por las Chivas de Guadalajara, situación que luego se fue aclarando.
Tan intrascendente era su país, que se hizo conocido recién cuando salió a la luz que contaba posibilidades de jugar para un club argentino.
Luego se conoció que efectivamente había pasado por los clubes mencionados, pero en sus respectivas filiales de Oaxaca y La Piedad. Y a su vez contaba con un paso por el Deportivo Arsenal (2005) de liga de Miacatlán y anteriormente había quedado afuera del Rangers (2004) de Chile al no convencer al entrenador durante una prueba.
Pero eso no es todo, ya que ese mismo año también pasó por las filas de Huracán, bajo la conducción de Omar Labruna y de ahí se entiende su llegada a Olimpo. En el Globo cayó un miércoles y al día siguiente cerraba el libro de pases, por lo que terminó siendo un impedimento para fichar.
Esa complicación lo hizo retornar a su país y practicar nuevamente en Cruz Azul, pero en el Oaxaca, donde conoció a Rubén Darío Gigena, Mariano Monrroy y Matías Urbano.
Este lateral izquierdo, devoto de la Virgen de Guadalupe y que comenzó a jugar al fútbol en el club San Lucas de una liga regional, hizo toda su trayectoria en combinación con los estudios, a tal punto que ya debe haberse recibido de Licenciado en Administración de Empresas.
Lo cierto es que en Argentina apenas participó de un amistoso frente a los suplentes de la reserva de River en empate 1 a 1 y al día siguiente, luego de aparecer en una extensa entrevista en el diario bahiense, fue dado de baja previo al inicio del campeonato. Sin embargo, antes a irse se dio el gusto de recomendar a su compatriota Moctezuma Serrato, un delantero que finalmente no llegó
Para que Olimpo lo haya dejado de lado, a sabiendas que contrata todo lo que se mueve, bastante malo debe ser.

Cucu

Laffatigue Julio César

Julio César Laffatigue (El Emperador del gol)
Cuando tenía 3 años, el perro de un tío le mordió la cara y por poco no perdió la vida. Ese incidente le dejó algunas cicatrices en el rostro pero también una lección : sobreviviría a las muchas adversidades que tendría.
Este delantero se hizo mínimamente conocido cuando llegó a Independiente, en agosto de 2000, de la mano de Osvaldo Piazza. Para afrontar el torneo Apertura de ese año, el Rojo había incorporado bastante: Leo Fernández (no jugó oficialmente), Passet, Rocha, Vitali, Zárate, Domizzi, Fram Pacheco, Estigarribia, Rozental, Rambert, Núñez y Garnero. La mayoría tuvo su chance y no la aprovechó, pero a Laffatigue, que había llegado a préstamo desde All Boys como relleno de plantel, le colgaron el cartelito de «apuesta a futuro» y lo dejaron bastante relegado. Lo cierto es que además de las pocas oportunidades que tuvo de entrada, unas trabas en la transferencia le impidieron quedarse mucho tiempo y tuvo que irse a fines de ese año. Antes, claro, tuvo sus 15 minutos de gloria. En un entrenamiento de noviembre de 2000, chocó su cabeza contra la de Matías Vuoso, en un accidente que tuvo el resultado menos deseado: el marplatense salió herido y debió ser hospitalizado. A «Laffa» no le pasó nada, pero la mala suerte en torno a su figura daba otro claro indicio.
Antes de caer en Avellaneda había hecho inferiores en Boca, donde compartió entrenamientos, según él, con Maradona y Caniggia (a esta altura, un recurso muy utilizado de los baldoseros xeneizes a la hora de hablar de sus trayectorias); y jugó en All Boys, donde hizo escala en la temporada 1999-2000 para irse al Rojo. En el Albo convirtió un gol muy recordado y homenajeado, sobre todo por los visitantes de este sitio. El 26 de febrero de 2000, la mandó a guardar ante Almagro, y decretó el primer triunfo de la era Katorosz al mando de All Boys. Ese bendito día, nuestro Padrino le tapó la boca a Pascutti.
En 2001 regresó a Floresta pero lo mandaron para El Porvenir, que estaba en la B Nacional. Al año siguiente volvió a All Boys para reencontrarse con la gente que lo había visto prometer, pero duró poco. La 2002-03 la jugó para Racing de Córdoba, en el Argentino A, y luego vistió los colores del Deportivo Armenio, en la B Metropolitana.
Para 2004 se puso un objetivo claro: triunfar en el exterior. Y se podría decir que lo logró. Se incorporó a Deportes Concepción de Chile, gracias a la recomendación de Claudio Mele. El Equipo Lila soñaba con volver a Primera División, y con el aporte de Laffatigue en cancha (hizo 12 goles) lo concretó. Con el ascenso en la mano, otros equipos trasandinos comenzaron en interesarse por el atacante argentino que se había destacado por su cabezazo y su garra a la hora de ir a buscar la pelota. Fue así como el Everton lo contrató a comienzos de 2005. Pero sólo estuvo seis meses y pasó al Deportes Puerto Montt. En julio de ese mismo año, sufrió su tercer accidente y el más grave de todos. El colectivo que trasladaba a todo el equipo de la Décima Región (que también llevaba otros pasajeros) se vio involucrado en un choque que arrojó un saldo de tres personas muertas, y trece heridos de diversa magnitud. Laffatigue quedó con un traumatismo encéfalo craneano pero fuera de peligro. Quien se llevó la peor parte fue el arquero Javier Di Gregorio, que venía detrás del argentino y fue expulsado del asiento sufriendo una grave fractura expuesta en una de sus piernas. «Laffagol», como lo apodaron en Chile, comentó luego ante los medios que en el momento del choque vio salir volando al asistente del conductor hasta la mitad del pasillo del micro. «Yo salté y quedé en la mitad hacia el asiento de adelante, como entremedio. Tenía mucha sangre y siempre estuve conciente, aunque en un momento pensé lo peor. Creí tener la cabeza abierta. Fue ahí donde salí corriendo. Ya abajo me puse a gritar por Javier (Di Gregorio) y el Pato (Neira). Sabía que estaban detrás de mí y yo no los veía. En un momento pensé que estaban muertos. Cuando aparecieron me tranquilicé, aunque quedé en schok nervioso. Al chofer de atrás no podían sacarlo. Tuvieron que cortarle una pierna para hacerlo, pero ya estaba muerto«, comentó.
A comienzos de 2006, se alejó de la institución chilena y se convirtió en la segunda incorporación más importante del Italmaracaibo de Venezuela, detrás de Sergio López Maradona.

Juan Pordiosero

Cella Ruggeri Gabriel

Gabriel Hernán Cella Ruggeri
Un caso testigo de que no hay jugadores que falten en el sitio, sino que existe tanto material y otras prioridades, que en ciertas oportunidades quedan para después, como en esta ocasión, no obstante, el homenaje se demoró, pero llegó.
Cella Ruggeri tuvo su debut en la primera división del fútbol argentino con la camiseta de Independiente en 1997 y tomó importancia más por su apellido que por sus rendimientos futbolísticos. Por eso, al no ser tenido en cuenta en Avellaneda debió marcharse habiendo jugado tan sólo un encuentro.
Antes había pasado por Central Córdoba (1996) en dónde anduvo realmente bien y llegó a ser un jugador importante en la categoría. Se le recuerda haberle roto el invicto luego de más de 500 minutos al arquero de Atlanta, Martín Herrera. Eso le valió una oferta del fútbol chileno, en donde anduvo realmente mal. Nuestros amigos de Cuadro de Honor lo definieron como un «delantero completamente desconocido que llegó a reforzar a Deportes Concepción a mediados de la primera rueda del año 1998. No se demoró mucho en mostrar su absoluta falta de habilidad, por lo que sólo tres semanas después de firmar y tras haber jugado sólo 107 minutos en 3 partidos (1 de titular) su contrato fue rescindido, lo que lo convierte en uno de los refuerzos más fugaces de nuestro fútbol».
Aflijido, volvió a su primer amor, ya que obviamente en Central Córdoba lo esperaron nuevamente con las puertas abiertas, pero como las segundas partes nunca fueron buenas no duró mucho allí, se desvinculó y viajó a la Capital para defender los colores de All Boys para luego pasar por Cipolletti (2001), lugar desde el que pegó el salto de calidad y viajó a asegurar el futuro al Viterbese de la tercera división italiana.
No obstante, tuvo un vertiginoso regreso a la A cuándo el recordado José Omar Pastoriza lo llamó para jugar en Chacarita Juniors (2002) junto a Bevacqua, Precone y Pedernera, entre otros.
Apenas un par de goles (uno a River) no fueron suficientes para continuar en el Funebrero y otra vez se fue al «Charrúa» rosarino (2003).
Al tiempo, volvió a emigrar al exterior, esta vez un poco más cerca. Mudó sus conquistas al San José Oruro de Bolivia (2004), club en el que marcó tres goles en su debut pero que finalizó con cinco en total.
En el 2004 viajó al sur para tratar de inflar las redes en Guillermo Brown de Puerto Madryn con Omar Ríos, Giustozzi, Samso y Vladimiro Bahl, pero unos meses después apareció jugando una vez más en la B Nacional para Juventud Antoniana, en donde despuntaban el vicio también Damián Felicia, José Valdivieso, Sergio Albornoz, Cristian Basualdo, Miguel Velarde, Gastón Coyette y Alex Rodríguez.
Pero sin la intención de frenar esta irregular carrera, más parecida a un ascensor, llena de progresos y cachetazos, firmó en el 2005 para Barracas Central en Primera C, institución en la que fue dejado libre a principios del 2006.

Aclaración: La foto que ilustra el post fue enviada por él mismo al sitio www.canalla.com, desde Italia, demostrando su fanatismo por Rosario Central.

Pastor (Postero lagunero) – Cucu

Fillol Sebastián

Sebastián Fillol
No hace falta aclarar demasiado que se trata del hijo del Pato, arquero de la selección argentina campeona mundial en 1978 que seguramente habrá querido para su primogénito un futuro en el fútbol. Sin embargo, luego de haberlo intentado, se decidió por otro camino.
Si bien no se trata de alguien que haya llegado a primera, es una historia que merece ser contada. A los 19 años se probó como volante central en Almagro y quedó fichado, pero se cansó y a los seis meses decidió irse. «El fútbol no es lo mío, pero me sirvió para sacarme la espina. Con este apellido tenía que pasar en algún momento por una cancha, aunque ni loco por el arco, ese va a ser siempre el lugar de mi viejo».
Sus características como jugador se desconocen, pero se especula con un volante de poco sacrificio, esquivo a los roces y volcado totalmente hacia un fútbol fino. «Del uno al diez, yo era un siete», aseguró Sebastián.
Consultado sobre la opinión de su padre cuando dejó de patearla, supone que efectivamente se habrá desilusionado pero que jamás le dijo nada para no meterle presión.
Se volcó a la educación física y si bien se desconoce si finalizó la carrera, hoy en día trabaja como personal trainer en el Faena Hotel.
Pero eso no es todo. Un día una importante oferta le tocó la puerta y no pudo desecharla. De la mano del Grupo Col Entertainment, cuyo principal objetivo es suministrar soluciones para los nuevos talentos y caras nuevas del mundo del espectáculo, comenzó a modelar y a principios del 2006 llegó a pasar ropa de Roberto Piazza en un desfile en Pinamar.
«La verdad es que yo lo ví y me pareció un chico muy buen mozo, con buena percha, pero me enteré de quién era cuando el desfile ya había terminado. Es más, cuando un colaborador me dijo que el chico era el hijo de Fillol me sorprendió que no se hubiera acercado en ningún momento para presentarse y decirme quién era», comentó el diseñador.
Padre de un varoncito llamado Valentín y con un aire al actor mexicano Gael García Bernal, sostiene que se debe cuidar de las tentaciones. «En el modelaje estás en contacto con muchas chicas y yo tengo mujer y un nene de 2 años».
Ah, para las chicas y porque no para los chicos que se preguntan por sus características, mide 1,80 metros, pesa 75 kilos, tiene cabello castaño y posee ojos verdes. Y al igual que su papá, también tiene que ver con la «Passarella».
Ahora además estudia teatro y cuenta con propuestas para subirse a las tablas en la temporada de Buenos Aires.
Como dijo una desprestigiosa revista de espectáculos, este es el Patito ¿lindo?

Contacto: grupocol@contratacionesonline.com

Cucu