
Tony Gomez
Lateral y volante uruguayo de piernas finitas, que supo ser héroe en su país. Identificado hasta la médula con la casaca de Nacional, recorrió el mundo gracias a la fama que contrajo jugando para el «Bolso». No era para menos. En 1988, Tony había convertido el penal que le dio el título a los uruguayos en la definición de la Copa Intercontinental ante el PSV. Con ese gol en la mochila, se dedicó a afanar por el resto de su carrera. El primer equipo que lo contrató fue San Lorenzo de Almagro, donde terminó haciendo sapo en la temporada 1989/90.
Además de sus 4 períodos en Nacional, Gómez también jugó para River, Wanderers y Plaza Colonia de su país. En 1993 pasó a Barcelona de Guayaquil y un año más tarde llegó a Avellaneda para jugar en Independiente. No conformó y pasó a Estudiantes de La Plata (tampoco hizo mucho). Probó en China (en el Matsumichi) pero tampoco rindió. Volvió a su país y se retiró.
Según se supo tiempo después, las razones por las cuales Tony Gómez no brilló en el Rojo fueron puramente físicas. Pero no por lesiones en sus delicadas piernas sino por su terrible miopía, que le impedía disputar partidos en horario nocturno. De no creer.
Juan Pordiosero


