Piergüidi Antonio


Antonio Piergüidi

Los delanteros tienen varias opciones (todas muy disímiles entre sí) para generar terror en sus rivales. A saber:

a) Su potencia goleadora (hay excepciones, claro)
b) Empuñar un chumbo
c) Su fealdad

Antonio Piergüidi, atacante nacido en Henderson, el mismo pueblo que Claudio Paul Caniggia, en agosto de 1985, forma parte de ese selecto tercer grupo. Dueño de una jeta complicada y un comedor al que le faltan unas cuantas sillas, Pedro Troglio lo hizo debutar en la Primera de Gimnasia y Esgrima La Plata en la cuarta fecha del Clausura 2006, nada menos que en el clásico ante Estudiantes (empate 1 a 1), en el Estadio Único.

Aquella tarde, el pibe de 20 años debió reemplazar en el segundo tiempo al Turbo Gonzalo Vargas. Con una delantera bastante concurrida (además de Vargas, estaban Juan Carlos Ferreyra, el cagón, mala leche y cornudo del Chapulín Cardetti, Juan Cuevas y Hugo Gatti), Piergüidi se convirtió en una especie de fetiche de Troglio, que durante ese torneo lo hizo jugar en otros 10 partidos, en los que hizo 3 goles (a Rosario Central y dos a Argentinos Juniors, ambas victorias del Lobo platense).

Lo que parecía ser el capítulo inicial de una novela con final feliz se cortó abruptamente en abril, por la fecha 17 ante Tiro Federal de Rosario, cuando sufrió una rotura de ligamentos que lo tuvo fuera de competencia durante el resto del año. Y nada volvió a ser igual.

Ya con el colombiano Pacho Maturana en lugar de Troglio, Gimnasia arrancó el 2007 disputando al mismo tiempo el torneo local y la Copa Libertadores. En el certamen nacional, Piergüidi sumó 13 presencias a su CV y marcó 3 tantos (a Quilmes, Belgrano y Nueva Chicago). Por la Libertadores, donde el Tripero quedó eliminado en primera ronda por diferencia de gol, jugó 5 veces y le convirtió al Deportivo Pasto (que perdió todos los encuentros).

La llegada de Julio César Falcioni, a mediados de 2007, sumada a las presencias de Luciano Leguizamón, Santiago Silva, Germán Herrera, Juan Neira, Juan Cuevas y el genial Néstor Martinena, lo marginó casi por completo. Apenas rapiñó 183 minutos, diseminados en 9 presentaciones (una sola como titular), y anotó una sola vez, ante Racing. Y justo ahí la mala suerte volvió a tocar su puerta.

«Sentí la molestia justo antes del gol. Falcioni me dijo de hacer el cambio y yo le pedí que me dejara unos minutos más, para probar y ver cómo estaba. Y justo cuando le pego en el gol, ahí siento la molestia más importante, y no pude más», comentó algunos días después. “Me quedé muy caliente. El gol para mí fue muy importante, pero no sirvió de nada porque perdimos un partido que no merecimos perder. Pero lo peor de todo es la lesión, porque seguramente no voy a poder jugar los próximos partidos y yo tenía muchas ganas de jugar desde hace tiempo. Volver a ser titular y jugar 20 minutos nada más, la verdad me parte el alma”, agregó.

Para comienzos de 2008, su permanencia en el Lobo pendía de un hilo. Sin embargo, el Topo Sanguinetti le dio varias chances más. En el Clausura, donde Gimnasia terminó penúltimo, disputó 440 minutos en 9 partidos (2 como titular), aunque no visitó la red.

Con las valijas hechas, a mediados de año, se tomó el tren y bajó en la estación Quilmes. El Cervecero tenía la esperanza de volver a Primera de la mano del Beto Pascutti y la llegada de Piergüidi, en un principio, entusiasmó a los hinchas. Pero la paciencia se terminó rápido. Entre lesiones varias y malas actuaciones, el Tony se convirtió en uno de los jugadores más resistidos de la hinchada. Para colmo, Quilmes terminó lejos de los puestos de ascenso.

El tobogán de su carrera comenzó en la temporada 2010/11, cuando apareció en Huracán de Comodoro Rivadavia, en el Argentino B, y siguió –previo mal pase al fútbol de Israel– en Rivadavia de Lincoln, de la misma categoría. A mediados de 2011, viajó a Italia como parte de una comitiva híper baldosera para sumarse al Nardó, de la quinta categoría. A algunos problemas con su transfer, se le sumaron una serie de complicaciones físicas que le impidieron jugar con continuidad.

En el Viejo Continente, también vistió los colores del siempre candidato (?) Unione Sportiva Feltreseprealpi (2012), de la liga Eccellenza Veneto, donde marcó algunos goles. Pero a mediados del año pasado, le pintó la nostalgia y regresó a la Argentina para incorporarse a Barracas Central, en la Primera B Metropolitana.

Luego de un semestre con muy poca acción y un nivel muy pobre, el técnico Juan Carlos Kopriva lo incluyó en la lista de prescindibles, aunque la lesión de Mauro Boaglio le dio la chance de continuar durante la primera mitad de 2013. ¿Cambió algo? Nada. Apenas entró a la cancha en cuatro ocasiones.

Hace algunas horas se transformó en uno de los refuerzos estelares de Huracán de San Rafael para el próximo Argentino B.

EUB Bonus Track

El Best Of (?) del Tony, musicalizado con No one knows de Queens of the Stone Age. Belleza.

Vranjicán Pablo

Pablo Andrés Vranjicán (Vranjicrack)

Delantero surgido en las inferiores de Newell’s Old Boys de Rosario, debió esperar mucho tiempo para debutar en la Primera División. Pocos días antes de llegar a los 21 años pudo salir de virgo, cuando Nery Pumpido lo mandó a la cancha con el número 13 en la espalda, en la derrota 2-1 contra San Lorenzo por el Apertura 2006. Para colmo de males, el gol de su equipo lo marcó el colorado Cristian Ansaldi. Su destino estaba sellado (?).

Jugó 4 partidos más con derrotas frente a Gimnasia, Lanús y River. Defendiendo los colores leprosos salió victorioso en su última presentación: triunfo por la mínima diferencia frente a San Martín de San Juan, en la última fecha del Clausura 2008, con Ricardo Caruso Lombardi como orientador táctico (?).

Tras estar seis meses parado, se tomó el Gatobus hasta Talca para defender a otro rojinegro, el Rangers chileno. Jugó todo el 2009 en el Trueno, con buenas actuaciones y varios goles, pero se vio involucrado en un peculiar caso de boludez atómica y mala suerte.

Rangers llegaba a la última fecha con posibilidades de salvarse del descenso, debía ganarle a Cobreloa y esperar otros resultados para evitar una liguilla de Promoción. ¿Qué pasó? Con Vrajicán y otros cuatro extranjeros más en la cancha, el técnico Óscar del Solar decidió el ingreso de un sexto foráneo, cosa totalmente prohibida por el reglamento trasandino. Al Rangers le sacaron tres puntos y lo mandaron a la B. Encima ese día habían perdido 1 a 0, con un gol en contra. La suerte de Vranjicán.

A pesar de esto, la Universidad Católica le pidió a Ñuls que le prestara al pibe. Desde Rosario, claro, no dudaron un segundo. En el equipo cruzado jugó 15 partidos, donde logró ganar el torneo 2010 y metió dos pepas. Su pico de rendimiento lo tuvo en la Copa Chile, donde le hizo 5 goles en 2 partidos a la selección de San Pedro de Atacama, en el primer partido de la historia de ese equipo contra un conjunto profesional. La serie terminó 14 a 0.

Según nuestro colegas de La Rompieron, el paso de Charquicán por la Católica fue para la risa y lo subieron con una rubia en el avión directo a Asunción (?). Allí firmó para Guaraní para jugar la Copa Libertadores 2011, con compañeros como Pablo Caballero, Eduardo Filippini o Héctor Carballo. Su equipo perdió los seis partidos que disputó en la Copa y él no jugó. En el torneo local solamente se puso los botines en 1 partido. El desenlace era obvio, rescindió para volver al fútbol donde había brillado: el chileno.

El Apertura 2012 lo encontró en Unión San Felipe, compartiendo el plantel con Kilian Virviescas. Jugó solo 5 partidos de titular y 9 veces entró desde el banco, con solo 1 gol en su cuenta personal.

¿Qué pasó con los Albirrojos? Virviescas y Vranjicán fueron demasiado, el equipo quedó último y casi condenado para el Clausura, donde a pesar de una buena campaña, terminó perdiendo la categoría. Los últimos 6 meses de 2012 Vranjicán los pasó en el ascenso chileno, cobrando el sueldo en Santiago Morning.

A comienzos de 2013 volvió a sus pagos para jugar la Liga Casildense. Aceptó la propuesta de Unidos Atlético Club de Zavalla, que antes se llamaba Club Atlético Buscas Unidos y como diría Pancho Ibáñez, todo tiene que ver con todo.

Aguirre Marcelo

Eduardo Marcelo Aguirre Biscaldi (La Pulga)

La vida -eso que ocurre mientras Olimpo sube y baja de categorías- termina desencantándonos en aquellos lugares donde, tanto por seguridad como por comodidad, siempre nos sentíamos impunes ¿Quién no fue abandonado por una novia que nos juró amor eterno? ¿A cuántos nos rajaron de un laburo del cual, decían, éramos pieza fundamental? ¿A cuantos nos puteó una platea que aparentaba amarnos mientras nos cagaba a piedrazos? ¿Ah no? ¿Eso no? ¿A ninguno? Bueno, a Marcelo La Pulga Aguirre si. Y encima en dos ocasiones.

Nacido en Victoria, provincia de Entre Ríos, desde purrete renegó de su primer nombre: “Díganme Marcelo” aclaró en todos los planteles que integró. Llegó a Rosario Central con 12 años recién cumplidos y debutó una década después, en aquel histórico triunfo 4 a 0 sobre Lanús por el Apertura 2005. Pese a ser volante de creación, Cuffaro Russo lo improvisó como lateral derecho y Aguirre cumplió una correcta labor junto a los también debutantes Juan Grabowski, Federico Pallaro, Andrés Imp*riale y Gonzalo de Porras ¿La buena? Fue el regalo ideal el día para su cumpleaños número 22 ¿La mala? Nunca más jugó en la Primera División de nuestro país.

Un año después y con el pase en su poder, Aguirre recibió la ayuda del siempre caritativo Ronald Raldes, quien hizo gala de sus poderes místicos y le consiguió un lugar en Oriente Petrolero. Tras un breve periodo de adaptación, La Pulga se convirtió en uno de los baluartes de aquel equipo que realizó buenas campañas dirigido por Vitamina Sánchez, entre otros. Encantados, los delirantes dirigentes lo declararon intransferible, le firmaron un contrato hasta 2013 ¡Y hasta comenzaron a tramitar su nacionalización para jugar en la selección altiplánica! Pero…

A punto de ser convocado y tras marcarle su primer gol al Blooming, Aguirre no tuvo mejor idea que sacarse una foto con una gallina pintada de celeste, lo cual le valió una suspensión de oficio por cuatro fechas y postergó su sueño de usar el manto del Diablo Etcheverry.

Al siguiente clásico convirtió de penal el 3 a 1 parcial ante La Academia y ahí se graduó de cabeza de termo al salir aleteando como el ave de corral antes mencionada. Por supuesto se fue expulsado. Pero la cosa no terminó ahí. Heridos en su orgullo, los jugadores rivales fueron a la Carga Barracas y lograron un heroico 3 a 3 en el último minuto, tras lo cúal 5 miembros del Blooming salieron eyectados hacía el vestuario de Oriente y ajusticiaron a La Pulga a pura piña y patada limpia. ¿Los agresores? El Gato Fernández, Alejandro Schiapparelli, Gualberto Mojica, el kinesiólogo Omar Mendieta y Gustavo Quinteros, a la postre técnico de la Selección de Bolivia. De esta manera, Aguirre le dijo adios a su sueño internacional además de recibir una sanción más dura por ser reincidente.

La última de sus travesuras (?) fue a mediados de 2009 cuando, junto a otros compañeros, molió a golpes y envió al hospital a un hincha del Blooming que había tirado piedras contra el micro de Oriente Petrolero. Aunque su club se hizo cargo de la recuperación del agredido, La Pulga declaró: «Ese tipo tuvo lo que se merecía. Con mis compañeros actuamos de la manera que correspondía«.

A mediados de 2010, el descendido Rosario Central solicitó sus servicios por consejo del embelesado Pablo Vitamina Sánchez y, a regañadientes, la dirigencia boliviana lo cedió a préstamo por un año con opción de compra. Acongojados, los hinchas refineros le manifestaron su cariño de todas las maneras posibles. Al llegar a Fisherton, Aguirre declaró con algo de rencor: «Es una revancha, seguro, no me lo esperaba y menos de Central, porque fue el club que me dejó libre. Pero gracias a eso también pude demostrar mi juego y lo que aprendí durante 10 años, y por suerte en Bolivia me fue muy bien».

En la Primera B Nacional, Aguirre apenas jugó 8 minutos ante la CAI y 15 contra Chacarita. Tras el despido de Mostaza Merlo y harto de ser agredido con insultos, escupidas y botellazos, la dirigencia Canalla le ofreció la rescición del contrato y La Pulga agarró con las dos manos. Volvió a Oriente Petrolero, pero el romance ya se había muerto. En un año y medio jugó poco, se lesionó seguido y exigió una mejora económica. Por su pobre rendimiento, los hinchas perdieron la paciencia y le manifestaron su descontento de todas las maneras posibles, incluídos los piedrazos. Cansados de estar cansados, los directivos le cancelaron el contrato en junio de 2012.

Con el ataúd de su idolatría a cuestas, en julio de 2012 volvió al país para jugar el Nacional B con Douglas Haig de Pergamino donde, por pobres actuaciones, se le rescindió el contrato en enero de 2013. Fue en ese momento crucial de su vida donde reapareció su siempre enamorado Pablo Vitamina Sánchez, ahora convertido en técnico de Deportes Concepción Universidad de Concepción, de la Segunda División de Chile, quién no dudo un segundo en sumarlo a ese equipo.

Y allí anda, hoy por hoy, Marcelo La Pulga Aguirre. Añorando aquel nivel que, alguna vez, casi lo lleva a disputar las Eliminatorias para una Copa del Mundo. Aunque no tenés que afligirte, papu (?). La vida es re cambiante (?). Al igual que las novias, las mujeres, los trabajos y hasta las hinchadas. Y aunque Gustavo Quinteros jamás lo hizo, por ahí Xavier Azkagorta te convoca a la Selección y tal vez te encontremos aleteando lambada en Brasil 2014. ¿Quién te dice?

Carrera Marcelo

Marcelo Ariel Carrera

Una imagen harto (?) conocida puede llegar a contener alguna característica que todos ignoramos. En el caso de la foto que ilustra este post, sólo hay ojos para el proyectil y para el blanco. Para el cascote volador arrancado de la Doble Visera y para el gesto desolado de Jorge Vigliano. Entre medio, un mar de sensaciones. El hecho en sí, el desenlace, la incertidumbre, el futuro, el pasado. La paranoia que genera ponerse en la piel de quien arrojó la piedra, el dolor que se siente al ponerse en los zapatos del árbitro. Una imagen, dos protagonistas, todos los ojos mirando. Pero claro, casi siempre obviamos algo. En una fotografía inmortal para nuestras retinas, hasta el día de hoy, a Marcelo Ariel Carrera todos lo pasamos por alto…

Marcelo Carrera nació el 1 de Octubre de 1962 en Mar del Plata, pero pasó gran parte de su infancia en los Estados Unidos, ya que sus padres se mudaron a La Tierra del Tío Sam cuando nuestro protagonista contaba con poco menos de un año. Aquellos felices primeros días –ambientados entre fuentes de sodas, Halloween y Hippies– tuvieron un final abrupto cuando se separaron sus progenitores y Marcelo, junto a su madre, debió volverse a su pago. Así y todo, su desarraigo de Norteamérica no fue total ya que, a partir de allí, sus familiares le organizaron viajes anuales de los cuales regresaba con tesoros inalcanzable para nuestro país por aquellos años. A saber: guantes de baseball, remeras de básquetbol o cascos de fútbol americano. En su mente “el Deporte y el Show Business” ya estaban totalmente instalados…

Con mayor énfasis por evitar la soledad que por gusto propio, Marcelo comenzó a jugar al fútbol tal como lo conocía el resto del globo terráqueo. Para su sorpresa, le sobraban condiciones y así se destacó como volante o media punta en Once Unidos de La Ciudad Feliz. Sus buenas actuaciones lo llevaron a una prueba en el destino favorito de los marplatenses en la década del ochenta: el puterío Independiente de Avellaneda, donde finalmente fue aceptado.

Durante 1984 disputó algunos encuentros, en su mayoría como recambio, mientras los titulares jugaron la Copa Libertadores. Pero claro, una vez ganado el trofeo continental por El Rojo, Carrera quedó lógicamente sepultado por Bochini, La Vieja Reinoso, Sergio Merlini y Pedro Massacessi. Por tales razones, en 1985 bajó hasta la Primera B para defender los colores de El Porvenir, donde fue hostigado por su pasado Diablo cuando enfrentó al entonces descendido Racing Club.

En 1986 regresó a Independiente pero, a los 6 meses, entre la escasez de minutos y las luces de La Gran Manzana que lo seguían llamando, un día le comunicó a Pastoriza que abandonaba el fútbol y que se iba a vivir a los Estados Unidos. Encima -dando un cátedra de tacto- lo hizo en el banco de suplentes entre medio de un partido. “El Pato me quería matar” contó después. No era para menos. Tenía 23 años.

Una vez en Nueva York y antes de ponerse a buscar trabajo, un familiar le consiguió una prueba en el New York Express (1986/87) de la Major Indoor Soccer, la liga profesional de un deporte con reglas cambiantes que era una mezcla entre el fútbol tradicional, el Papi y el extinto Fútbol Rápido, pero que crecía a pasos agigantados en la ciudad del Hombre Araña. Emulando a Bin Laden, Carrera hizo estragos. Por tal razón, los directivos aceptaron darle laburo también a otro relegado joven valor de la cantera Roja: Gustavo Crnko, quien vivió junto a Marcelo y, por supuesto, defendió estos colores a su lado.

Tras un año sin actividad, en la búsqueda de nuevos rumbos, Carrera volvió a ponerse los cortos y comenzó a oscilar entre equipos del poco competitivo fútbol tradicional y otros de la Major Indoor Soccer. Pasó por Canton Invaders (1988/89), Fort Lauderdale Strickers (1989), Dallas Sidekicks (1990/91) y Tampa Bay Rowdies (1991). Cambiante al fin, en enero de 1992 regresó a la Argentina para intentar nuevamente con «el fútbol como Díos manda» y, tras una breve readaptación, Talleres de Córdoba le abrió sus puertas. Durante el Clausura ´92 disputó 17 encuentros en un mediocre nivel y no marcó goles. Al finalizar ese torneo -disconforme con las diferentes realidades del país- se volvió a su hogar por adopción, Yankeelandia, a mezclar otra vez equipos de aquellas ligas casi recreativas: Chicago Power (1992/93) y Fort Lauderdale Strickers (1993/96).

Como siempre que hay una invención se divisa una gran oportunidad, en 1996 la creación de la Major League Soccer y la falta de jugadores de nivel para nutrir la misma, le permitió a un Marcelo Carrera de 33 años ser elegido en décimo lugar del Draft (91° en la general) por el Columbus Crew, donde participó del partido inaugural de la liga y permaneció tres temporadas en un equipo que casi siempre terminó de mitad de conferencia para abajo. Luego se volvió al Indoor Soccer para ponerle punto final a su trayectoria jugando en Cleveland Crunch (1998/99) y Saint Luis Ambush (1999/2000).

Al mirar para atrás, Marcelo Carrera infla el pecho y no se arrepiente de no haber intentado jugar más y mejor en la elite: “futbolísticamente me fue muy bien allá. Salí campeón 4 veces del Indoor, jugué los All – Stars y en Columbus fui compañero de mundialistas como Brian Mc Bride, Brad Friedel y Thomas Dooley”. Tras dejar la actividad y totalmente radicado, entrenó varios equipos de Indoor Soccer y hasta se dio el lujo de dirigir a la Selección Sub 21 de la Academia IMG de fútbol femenino. El verdadero y real Sueño Americano. You Can Do It…

Ormazábal Víctor


Víctor Manuel Ormazábal

En el primer semestre de 2003, Carlos Bianchi, DT de Boca Juniors, apostó –como de costumbre- todos las fichas a la Copa Libertadores, dejando de lado el torneo Clausura. Y mal no le fue. El Xeneize fue campeón del certamen internacional vapuleando al Santos en la definición y peleó hasta el final en el ámbito local, aunque el vencedor fue su eterno rival, River Plate, que le sacó cuatro puntos de ventaja.

Como para la última fecha del campeonato ya estaba todo definido, y principalmente para celebrar en La Bombonera la obtención de una nueva Libertadores, el Virrey decidió darles un descanso a los titulares y suplentes y mandar a Rosario a un combinado de juveniles (y algún que otro experimentado relegado) para enfrentar a Central. Es más, ni siquiera viajó el propio Bianchi y su lugar lo ocupó Oscar Regenhardt.

Esa tarde, mientras los grandes daban la vuelta olímpica en La Boca, el equipo de la Ribera en el Gigante de Arroyito formó con Gustavo Eberto, Raúl Osella, Joel Barbosa, Federico Carballo, Víctor Magnago, Leonardo Verón, Matías Silvestre, Juan Pablo Caffa, Jonathan Fabbro, Mauro Boselli y Héctor Bracamonte. Salvo honrosas excepciones, una fábrica de baldosas. Luego ingresaron Víctor Ormazábal y el brasileño Edilio Cardoso, mientras que desde el banco lo vieron el arquero suplente Adelquis Ruffini, Pablo Álvarez y Mauro Zanotti.

Pero la fiesta, al menos en Rosario, fue toda de Central. El 7 a 2 (5 goles de Figueroa, uno de Messera y otro del Chelito Delgado. Fabbro y Bracamonte para el Xeneize) fue contundente. Para muchos de los pibes que vistieron la camiseta azul y oro fue el estreno y despedida. Otros se la rebuscaron para jugar algunos partidos más, aunque sin demasiada suerte.

Es el caso de nuestro homenajeado del día, Víctor Manuel Ormazábal. Nacido en La Matanza en abril de 1985, este volante por derecha (posteriormente devenido en doble cinco) se las rebuscó para aparecer como rueda de auxilio cuando alguno de los titulares no podía actuar, pero nunca se pudo afianzar en el puesto.

Si bien debutó bajo el mando de Carlos Bianchi, fueron el padre de Cristian Castro Miguel Ángel Brindisi y el Chino Benítez quienes más lo utilizaron. La llegada de Alfio Basile, poco adepto a darles espacio a los juveniles, lo marginó y no le quedó otra que marcharse.

Desde su debut, y hasta su despedida a mediados de 2005, redondeó 25 partidos con la camiseta de Boca (19 por torneo local y 6 por certámenes internacionales, casi todos como suplente), no convirtió goles y se fue expulsado una vez (ante Instituto, por el Clausura 2005, en la derrota 1-3). Al menos, se dio el gusto de salir campeón de la Copa Sudamericana 2004 (además convirtió su penal en la definición ante Cerro Porteño de Paraguay por los cuartos de final).

En julio de 2005 pasó a préstamo al Maccabi Haifa de Israel, pero una lesión en la espalda lo obligó a rescindir su contrato y regresar a la Argentina para recuperarse. Después de haber entrenado durante el primer semestre de 2006 con la Reserva, en julio se fue cedido al Pontevedra, de la segunda división B, la tercera categoría del fútbol español.

En el ascenso del país de las corridas de toros y la pelotudísima tomatina, logró jugar con cierta continuidad y en buen nivel. En 2008 pasó al Cádiz, donde estuvo hasta 2010, cuando fue transferido al Ceuta, donde fue dirigido, entre otros, por Andoni Goikoetxea, aquel vasco mala leche que sacudió con violencia al Diegote en 1982.

Tras una temporada inactivo, y varias semanas a prueba en San Telmo, a mediados de 2012 regresó definitivamente a la Argentina para sumarse a Temperley, en la Primera B Metropolitana. Luego de un semestre en el que participó poco y nada (era suplente de Emiliano Gianunzio, con lo que eso significa), y con apenas 27 años, decidió colgar los botines por cuestiones personales.

Un bajón.

Breaking news (?): en julio de 2013 (unos días después de la publicación original de este post) firma contrato con Almirante Brown. Confirmado: En Una Baldosa trae suerte (?)

Villa Adrián


Adrián Daniel Villa

Mentirosos hubo (y habrá) siempre, no lo vamos a negar. Claro que era más fácil sanatear hace, digamos, 20 o 30 años cuando no había internet para chequear un dato. En esa época, para corroborar la veracidad –o no- de un rumor, no quedaba otra que ir a la hemeroteca (?) y mancharse los dedos con tinta revisando revistas y diarios viejos. Corta la bocha.

Hoy, en pleno 2013 y con En Una Baldosa Google como bandera, cualquier falacia se desmorona en tres o cuatro minutos.

La carrera deportiva de Adrián Villa, un arquero nacido en febrero de 1985, está plagada de saltos bruscos, transferencias extrañas y referencias dudosas, incomprobables, que él mismo se encarga de asegurar cual verdades irrefutables.

Oriundo de Laplacette, un pueblito ínfimo (menos de cien habitantes) de Junín, Villa arrancó en la otra punta, como delantero del club Defensa Argentina de esa localidad bonaerense. Claro que no duró mucho en ese puesto. “Yo hacía poco tiempo que estaba en el club y en un partido faltó el arquero, entonces el técnico preguntó quién quería atajar y yo en un segundo pensé ‘capaz que si no atajo, no juego’, entonces fui al arco. Anduve bien y ya no salí más”, reconoció muchos años después.

Ya más grandecito, y tras haber pasado por Independiente de Junín, se incorporó a Sarmiento (2000), donde rápidamente se destacó y Mario Finarolli, el DT de aquel entonces, lo hacía entrenar con la Primera. También para esa época, Hugo Tocalli y José Pekerman lo llevaron a la selección sub 17, en la que competía por un lugar con Juan Pablo Carrizo, Marcelo Barovero y el fallecido Lucas Molina.

Sin haber debutado en su club, un grupo empresario le compró el pase y lo llevó de paseo por Francia. Con apenas 16 años estuvo –asegura- seis meses en las juveniles del Mónaco (2001). La temporada siguiente la pasó en las inferiores del Saint Ettiene (2002). Según comentó, la experiencia fue muy buena, pero tuvo que volver a Argentina porque la ciudadanía italiana aún estaba en trámite y se le vencía el permiso para trabajar en el exterior.

En 2003, con solo 18 pirulos, apareció con su bolsito en Lanús, se probó, gustó y le hicieron contrato. Según su propio relato, “A mí me habilitaron el viernes anterior al partido contra Colón –por la segunda fecha del torneo Apertura- a última hora y fui al banco de la reserva. A los 5 minutos, lo echaron a Fernando Martinuzzi, el titular, y tuve que atajar casi todo el partido. Pero después, en la entrada en calor de la Primera se lesionó el arquero Claudio Flores, entonces volví a atajar y así fue como debuté en la Primera. Me fue bien porque en los dos salimos 0 a 0. Después jugué casi todo el torneo de reserva y fui mucho al banco de Primera, porque Martinuzzi tuvo varias lesiones”.

En realidad, lo que pasó aquella tarde fue lo siguiente. Efectivamente a Martinuzzi lo rajaron en Reserva y Villa tuvo que reemplazarlo tanto en ese partido como en el banco de Primera, aunque el segundo encuentro lo miró completito al lado de Miguel Ángel Brindisi, el DT del Grana. Además, las pocas veces que Martinuzzi no pudo estar entre los convocados, su lugar fue tomado por los juveniles Diego Carranza y Rolando Romano.

Sin más vueltas, a fines de ese año le dieron las gracias por los servicios prestados y quedó libre. A mediados de 2004, en una maniobra más que extraña, lo contrató River Plate, pero lo mandaron a préstamo al K.S.K. Beveren de Bélgica, de donde rescató algunas anécdotas pintorescas.

“El club tenía un centro de formación en Costa de Marfil y casi todos los jugadores eran marfileños. Yo con ellos tuve una muy buena relación, porque como son muy discriminados, cuando alguien los trata de igual a igual, son muy amigables. En el plantel había 5 o 6 belgas y en las concentraciones almorzaban aparte, no se juntaban con los marfileños porque eran negros. Me acuerdo que el primer día, que yo me senté con los marfileños, me llamó un belga y me preguntó por qué me sentaba con los negros. E inclusive, un marfileño también me preguntó ‘por qué te sentás con nosotros’, es decir que ya tienen internalizada la discriminación hacia ellos y hasta les sorprende que alguien no lo haga”.

Finalizado el préstamo, regresó a River (2005), aunque para esa altura ya era el cuarto arquero detrás de Franco Costanzo, Germán Lux y, otra vez, Juan Pablo Carrizo. De jugar, ni hablar.

Del Millonario, tras una gira con los juveniles y cuando tenía todo abrochado para sumarse a San Telmo (llegó a ser presentado y faltaban horas para el inicio del campeonato), pasó al Olympique de Marsella francés (2005/2006), donde dice haber sido relevo del pelado Fabien Barthez, el histórico arquero de la selección. “Era una posibilidad que se venía hablando desde hacía algún tiempo, y un día me llama mi representante a las 12 de la noche y me dice ‘mañana al mediodía salimos para Francia’. Y así fue”.

Y así también volvió. Recaló en Huracán (2006/07) para ser suplente de Leonardo Díaz en la B Nacional y no salió del banco. El invierno de 2007 lo pasó esperando una transferencia al exterior que nunca se dio y para no perder ritmo se marchó a El Linqueño (2007/2008), del Argentino B.

Sí se fue del país a los seis meses. Esta vez paseó por la reserva del Niza francés y cuando regresó a Argentina, sobre el cierre del libro de pases, volvió a buscar minutos bien abajo: Cruz del Sur (2008/09) de Bariloche, también en el Argentino B. “Con tal de jugar, yo me iba a cualquier lado”, dijo alguna vez. Y ya ni hacía falta que lo aclarara.

De ahí pasó a Atenas de San Carlos (2009), un equipo que momentáneamente disputaba la primera división del fútbol uruguayo. “Arranqué como suplente, pero la tercera fecha al arquero titular, la noche anterior al partido, lo encontraron en un boliche entonces atajé yo y quedé como titular para el resto del campeonato”, contó después. Desconocemos si la historia del golero (?) es real, pero ese año Atenas terminó último y con 62 goles en contra en 30 encuentros.

En 2010, por fin, pudo cumplir su sueño: debutar en la Primera de Sarmiento de Junín, club del que es hincha, pero la campaña fue un desastre (el Verde terminó 20° entre 22 equipos) y Villa -que atajó en 30 de los 42 partidos- perdió el puesto con Patricio Abraham. Para la temporada 2011/12, el destino lo volvió a cruzar con su ex compañero en Lanús, Claudio Flores.

El uruguayo agarró la titularidad y no la soltó más. El ex River (?) apenas pudo jugar dos veces y, para colmo, Sarmiento ascendió a la B Nacional.

En Flandria (desde mediados de 2012) pudo conseguir la continuidad que estaba buscando, aunque el Canario, tras un torneo bastante flojo (fue 15°), fue el conjunto que recibió más goles durante la temporada 2012/13 de la B Metropolitana. Eso, milagrosamente, no impidió que «el Uno» fuera el primer jugador que renovó su contrato hasta 2015.

Ya no quedan dudas: tocuén es cuento y Villa es baldosero.

Bonet Roberto

Roberto Bonet Cáceres (Flash / El Galgo)

Perteneciente a la raza de hermano malo que siempre supo alimentar los planteles de Racing en las últimas décadas, el paraguayo Roberto Bonet dejó su huella en una época difícil del cuadro de Avellaneda. Como si fuera poco, después agregó experiencias en el ascenso. Repasemos su caso.

Nacido el 17 de noviembre de 1980 en la localidad de Lambaré, trató de ser lo más fiel posible a sus orígenes. El Ambaré, en guaraní significa «el país de las sombras«. Y Robertito, para no ser menos, futbolísticamente vivió en la penumbra de Carlos, su hermano mayor, destacado lateral derecho de la selección albirroja.

Cuando llegó a Racing, para el Clausura 2008, muchos pensaron que se trataba del Bonet bueno, pero no. Lo poco que había conseguido Blanquiceleste para reforzar el plantel que pelearía el descenso fue a Diego Manicero y al Bonet trucho, que enseguida se uniría al grupito de sus compatriotas, conformado por Marcos Cáceres y Erwin Ávalos, más el correntino Hilario Navarro.

Robertito también había jugado como lateral y volante por derecha en Sol de América, Libertad, Guaraní y Olimpia. Currículum, a decir verdad, no le faltaba. Lo que no tenía era jerarquía para darle el salto de calidad al equipo argentino.

A su llegada a La Academia le tiraron la camiseta número 3, para que más o menos se diera cuenta de que en el club las cosas estaban al revés. Ya en los primeros entrenamientos llamó la atención por su velocidad, muy superior a la que podían mostrar otros jugadores en su puesto. Ni hablar si pensamos en otros compañeros como el Chanchi Estévez o el chileno Navia. Les sacaba varias vueltas.

Su debut se produjo en la primera fecha, entrando en el segundo tiempo del empate 1 a 1 ante Olimpo. Después fue titular durante 8 fechas consecutivas y ahí mostró lo que sabía hacer: tirarla larga, correr hasta el fondo y levantar un centro pasado. Sólo en contadas ocasiones pudo escaparle a esa costumbre, como el día que le puso la pelota en el pecho a Erwin Ávalos, que se encargaría de transformar una jugada de gol en una expulsión. Magia guaraní.

En ese torneo, Bonet logró disputar 15 encuentros e incluso estuvo en los partidos de la Promoción ante Belgrano. De rendimiento aceptable, no pudo escaparle a la mediocridad generalizada y al terminar la temporada regresó a Olimpia.

Su primer retorno a nuestro país se produjo apenas unos meses más tarde, cuando firmó para Quilmes (2009) en la B Nacional. Jugó algunos partidos sin llegar a destacarse, hasta que se fue el técnico Pascutti y no le quedó otra que aceptar el escobazo. De nuevo a armar el bolso.

Otro semestre en el Rangers de Chile (2009), un año en Olimpia (2010) y un par más en Sol de América (2011 a 2012), le dieron el valor suficiente para regresar a la Argentina y seguir marcando surcos en el lateral derecho, esta vez en la tierra colorada.

Desde principios de 2013 el Galgo Bonet se calza la camiseta de River Guaraní Antonio Franco de Misiones en el Torneo Argentino A y desde su cuenta de Twitter (@R7Bonet) tira mensajes de buena onda y esperanza. Seguilo…si podés.

Giúdice Claudio

Claudio Luis Giúdice

A fines de los 70’s y principios de los 80’s, River Plate trataba de pagar su mayor deuda pendiente: la obtención de un título internacional. Gracias a estos intentos, mientras los titulares se cansaban de dar vueltas olímpicas a nivel local y al mismo tiempo sólo cosechaban fracasos al cruzar la frontera, muchos juveniles tuvieron la posibilidad de mostrarse con la camiseta del Millonario. Algunos duraron un suspiro, otros consiguieron una carrera decente y sólo unos pocos tuvieron tuvieron una trayectoria larga y fructífera. A Giúdice podemos incluirlo dentro del primer grupo, pero no tan lejos del segundo.

Es que, si bien no es de los apellidos más recordados de esa época, alcanzó a jugar la nada despreciable cifra de 43 partidos con la Banda. Su debut fue con un pibe por la 6º fecha del Metropolitano 1980, en la visita a Avellaneda que terminó en victoria 1 a 0 frente a Racing. Desde entonces se convirtió en una pieza de recambio en la defensa de los equipos de Labruna y Alfredo Di Stéfano, jugando generalmente como segundo marcador central. La mayoría de sus apariciones fueron en campañas falopa como la del Nacional 1982, o en derrotas humillantes como el 1-5 frente a Boca en el Monumental, pero, bueno, son detalles (?).

En silencio, se marchó en 1984 para jugar en Chacarita un total de 12 partidos, al lado de glorias como Argüeso, el Ruso Zielinsky, Luis Abramovich y Fonseca Gómez. Desde entonces, no hubo noticias sobre su actividad hasta que hace unos años agradeció su propio post de Fútbol Con Bigote. Esperamos su regreso a estas páginas para que nos cuente alguna anécdota de aquellos planteles, de su vida fuera de las canchas o algún otro recuerdo que complete este alicaído relato.