Juan Carlos Cisneros
Volante surgido en la época en la que el Deportivo Español agonizaba en la Primera División con un mix de juveniles y refuerzos venidos a menos que ya tenía el destino marcado. Como ejemplo, sobra un botón: su debut se produjo en la primera fecha del Apertura ’97, con derrota 3 a 0 ante el Independiente de Gareca. Ese mismo día, Cisneros vio como Roberto Rogel, el DT que había confiado en él, era despedido por el pésimo arranque.
Después pasaron Eduardo Luján Manera, José Luis Pérez y Luis Blanco, hasta que nuestro homenajeado volvió a tener una oportunidad, en la tercera jornada del Clausura ’98 y algunas semanas más tarde fue testigo de otro cambio de entrenador, ya que tomó el mando de aquel proyecto hundido el inexperto Leandro Pérez. En total, Cisneros disputó 7 partidos en la máxima categoría, en los que su equipo apenas pudo rescatar dos empates.
A diferencia de muchos que volaron instantáneamente, el pibe se quedó a pelear la temporada 1998/99 del Nacional B. Pero tampoco duró tanto. Ya para la 1999/2000, en la misma categoría, vestía la camiseta de Cipolletti de Río Negro, junto a Iachetti y Montefiori. Pero faltaba.
Luego de una fugaz incursión por el Jorge Wilstermann de Bolivia, llegó el turno de su momento de mayor exposición, a mediados de 2000, cuando cayó increiblemente en un grande de Chile como el Colo Colo, dirigido entonces por Fernando Morena. Pese a que era un desconocido, el ex Español se animó a decir que tenía nivel para integrar el equipo titular y en una de sus primeras prácticas tiró una rabona…síntoma inequívoco de su baldoseridad.
Unos meses más tarde, como se preveía, Cisneros no iba ni al banco y la prensa trataba de encontrar la explicación o al menos sacarle algunas palabras:
– Me encantaría seguir en Colo Colo. ¿A quién no le va a gustar?
– Pero usted casi no ha jugado… ¿Dónde encuentra la motivación para continuar en el club, si piensa que ha visto algunos partidos desde la tribuna?
– Y eso es lo que a uno no le gusta. Pero son las decisiones del entrenador y uno no le puede decir nada. El es el que manda. Uno entrena para estar ahí los domingos y nada más.
– ¿Ha estado lejos de su nivel cuando ha actuado?
– No sé decirle si estuve o no en mi nivel, porque he jugado demasiado poco. Pienso que si juego más podré responder a eso. Ojalá pueda hacerlo.
– ¿Siente que usted tiene nivel para ser titular en Colo Colo?
Sí, ¿cómo que no?. Claro que tengo condiciones para ser titular. Si no, no hubiese venido, me hubiese quedado en un club de Argentina. Pero a mí me gustan los desafíos y por eso vine.
Fracasando en el intento de obtener más minutos, decidió volver a nuestro país para ponerse la camiseta verdinegra de San Martín de San Juan (2001), su último equipo en la segunda división.
Con el pase en su poder, pasó luego por Guaraní de Paraguay y en el invierno de 2002 regresó a la Argentina para sumarse a Ferro Carril Oeste, donde compartió breves vivencias con jugadores de la talla de Bangert, Gonzalo González, Sekagya, «no soy Daniela» Cardone y Milozzi.
En octubre de ese mismo año, el empresario Gustavo Mascardi se hizo cargo del fútbol y pese a que él mismo lo habia acercado a Caballito, decidió limpiarlo junto a otros 8 jugadores. Ese fue el final desabrido de una carrera que empezó con Rogel. Y no hay con qué darle, ya sabemos que esa torta no lleva frutilla.







