Vázquez Diego

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Diego Marcelo Vázquez

Marcador de punta golondrina que se hizo un tiempito para mostrar sus condiciones en la Primera División, cuando vistió la camiseta de Huracán entre 1997 y 1998. Ahí pudo conocer lo que era entrenar con grandes como el Turco García, Rolando Cristante, Pedro Barrios y otros un tanto desconocidos como Víctor More, Lucas Nohra, Mario «no me comí a Capristo» Conti y Miguel Reynoso.

Antes y después, se dedicó a completar su currículum con equipos de toda índole. De nuestro país y del exterior. Importantes y no tanto. Su idea, al parecer, siempre fue jugar al fútbol, sin distinción de colores.

Asomó en el Nacional B en el primer equipo de Arsenal (1996/97), donde disputó 2 partidos. Después, recaló en el Globo de Parque Patricios y jugó 7 encuentros que le dieron la experiencia y la chapa suficiente para volver al ascenso con camiseta de All Boys (1998/99), donde hizo 22 apariciones. Ese fue su período de mayor regularidad, porque después le costó encontrar la titularidad.

En Tigre (1999/2000) apenas entró a la cancha en 7 oportunidades y ahí fue cuando decidió probar en otras ligas, lejos de Capital Federal. Primero se entretuvo en el Torneo Argentino B con Alvarado de Mar del Plata (2000). Cerca del mar disputó 25 partidos y tomó valor para expandirse internacionalmente. Se fue a Estados Unidos y se unió al Miami Sunblast, en 2001. Allí no hizo falta que de esforzara demasiado para alcanzar la suma de 33 partidos. Es más, cuando se aburrió se fue al Pomigliano de Italia, en 2002. En el ascenso tano jugó 18 partidos y luego continuó en el under, pero con el Sion de Suiza, histórico conjunto que le dio la chance de vestir su casaca en 12 ocasiones durante 2003.

Pero como muchas otras historias que pintan como cuentos de hadas y después mueren en el intento, a Diego Vázquez le bajaron las ilusiones de Champions League o Intertoto (?) de un hondazo, cuando regresó a la Argentina y se sumó a Atlanta, en la temporada 2003-2004. Fue titular todo el año en el Bohemio y luego encadenó momentos en Estudiantes de Buenos Aires (2004), Deportivo Marquense de Guatemala (2005), Colegiales (2005/2006) y Deportivo Merlo (2006). Dicen que además actuó en Honduras, cosa que no pudimos comprobar aunque no sería extraño. Lo que sí es bastante raro es que un tipo como él, que siempre se las arregló para seguir jugando, hoy esté desaparecido con apenas 33 años.

Rouillet Marcelo

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Marcelo Alejandro Rouillet

Tan baldosero como el taxi de Allegue o el sexto dedo del Nachi Medina, el apellido Rouillet está emparentado emocionalmente con ese grupo de pibes que apareció en la Primera de River Plate a comienzos de la década pasada de la mano de Daniel Passarella.

Lateral izquierdo y dueño de una frondosa melena de rulos, tuvo su debut y despedida en la octava fecha del Apertura ’90, cuando ingresó por el Pipa Higuaín en la victoria 4 a 0 sobre el San Lorenzo de Saporiti, con goles de Ramiro Castillo, el Polillita da Silva y el Mencho Medina Bello en dos oportunidades.

En algún momento, su nombre sonó en un paquete de futbolistas que iban a pasar a Gimnasia La Plata a cambio de Rolando Mannarino, pero la transferencia quedó en la nada. Después, como Matías Díaz de Borbón, Gabriel Del Valle Medina y Sebastián Ablín, desapareció de los primeros planos.

Volvió a asomar la cabeza en la temporada 1992/93, cuando jugó con el Deportivo Armenio en la Primera B. Un año más tarde, bajó a la Primera C para actuar en Tristán Suárez. Y allí formaría parte, en la temporada 1994/95, de una defensa que ayudaría al arquero Alejandro Otamendi a permanecer 1115 minutos con la valla invicta y romper de esa manera el récord que estaba en poder de Daniel Tremonti, de Barracas Central.

En la final del octogonal de la misma temporada, marcó un gol ante Berazategui que significó un importante empate como visitante que luego, con victoria en la cancha del Lechero, se transformaría en el ascenso a la Primera B. Como premio, en la 1996/97 dio sus últimas señales en esa categoría y, a juzgar por la foto y la información que manejamos, decidió ponerle coto a su carrera.

(Gracias Manute)

López Fernando

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Fernando Alberto López

La historia de los equipos de fútbol esta hecha por jugadores, que al fin y al cabo son seres humanos como cualquiera de nosotros. Y a los que les pasan cosas, como a nosotros. Unos cuantos trascienden, llegan muy alto en su carrera y son reconocidos por ello. Otros quedan en el olvido. Pero hay algunos a los que la vida les dio un cachetazo y tuvieron la fuerza de voluntad suficiente como para levantarse y demostrar que se puede volver a vivir a pesar de los infortunios.

El caso de Fernando Alberto López merece ser destacado. Su historia en el fútbol fue fugaz y no por cuestiones del deporte precisamente. Había debutado en la Primera de Argentinos Juniors en abril de 1992, con 19 años recién cumplidos, en ocasión del empate sin goles entre el Bicho y Unión de Santa Fe en cancha de Deportivo Español. Un par de fechas más tarde José Yudica, el DT que lo puso en Primera, dejó su cargo y Patricio Hernández lo sucedió.

López al principio no fue tenido muy en cuenta -jugó 5 partidos en ese Clausura- pero al comenzar el Apertura ’92 tuvo más minutos en cancha. Alternaba entre ser titular e ir al banco de suplentes, pero siempre era tenido en cuenta. En noviembre de ese año, Patricio Hernández fue reemplazado por ‘Chiche’ Sosa y López no volvió a jugar. Finalizado el torneo, Argentinos debía mejorar y mucho si quería evitar el descenso.

Pero lamentablemente, la vida le tenía preparado un mal partido a Fernando López. Una noche lluviosa en vísperas de la Navidad de ese 1992, un accidente automovilístico, una lesión en la columna vertebral que trunca su carrera como futbolista.

Con el tiempo, pudo revertir el mal momento en base a empeño, dedicación y apoyo y contención de amigos y familiares. Recordamos su presencia en la re-inauguración del Estadio de Argentinos, allá por diciembre de 2003. Y no importó que no pudiera ser como futbolista. Él se merecía estar ahí, porque fue parte de la inagotable cantera de jugadores que surgieron de Argentinos.

Fueron tan sólo 17 partidos con la camiseta del Bicho, pero podrían haber sido muchos más. El partido más difícil e importante, lo revirtió con mucho esfuerzo, y lo terminó ganando…

(Publicado originalmente en «¿Te Acordás Bicho?«)

Pernía Gastón

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Gastón Alberto Pernía

Los Pernía son como los Gatti, cuando pensás que los conocés a todos siempre aparece uno nuevo que agiganta el mito. En este caso, vamos a repasar la trunca carrera de otro hijo futbolista de aquel recio marcador de punta que tuvo Boca en los 70’s. No nos referimos a Mariano ni a Leonel, sino al menos exitoso de los hermanos deportistas: Gastón.

Nació en Tandil el día de los inocentes de 1973 y por lo tanto, nadie se lo tomó en serio. Su viejo, tal vez para incentivarle la práctica del fútbol como hizo con los demás, lo llevó a Boca Juniors, donde Silvio Marzolini le bajó el pulgar. «Temía que pensaran que estuviera allí por amistad, aunque nosotros nunca fuimos amigos. Ver a Gastón con la camiseta de Boca sigue siendo un sueño«, decía el Tano en 1993.

Por entonces, su hijo actuaba como lateral izquierdo en la Reserva de San Lorenzo de Almagro, donde ya habían planeado desprenderse de él. De hecho, ese mismo año lo cedieron al Deportivo Armenio gracias al famoso convenio que incluyó una camiseta con el escudo de ambas instituciones.

Mientras tanto, su padre insistía: «Técnicamente es un jugador de características parecidas a las mías, no es un exquisito. Es muy disciplinado y le gusta mucho trabajar en la parte física; además, se cuida como debe para poder rendir«. Vicente, se notaba, quería lo mejor para su pibe.

Lo raro es que después de muchos años de pocas certezas sobre su paradero, a comienzos de 2001 reapareció de forma brillante. Estaba en su casa de Tandil, medio aburrido, cuando se enteró que Boca estaba entrenando en la ciudad. Y bueno, no le costaba nada, así que se mandó.

El 22 de enero de ese año jugó para el Xeneize un amistoso ante Gimnasia La Plata. El equipo dirigido por Bianchi ganó 1 a 0 y alineó a Muñoz; Sergio Páez, Joel Barbosa, Gastón Pernía e Imboden; Marchant, Pinto, Javier Villarreal y La Paglia; Adrián Guillermo y Esteban Herrera. Equipazo.

El sueño se le terminó pronto, claro. Y entonces se dedicó a ganar dólares en Estados Unidos. ¿Con el fútbol? No, con el Indoor Soccer. Y jugando con las camisetas del Chicago Storm, Orlando Sharks o directamente entrenando chicos de una escuelita de Florida ha sabido sobrevivir. Lo que no le vamos a permitir son estas declaraciones sobre la actividad que practica. La verdad, nos parecen un exceso:

 

«En este juego si te desconcentras, si pestañeas un poquito despacio, te hacen un gol…Inclusive las paredes son un jugador extra que hay que saber usarlo, es un juego que lleva adaptación…Yo creo que es el mejor deporte del mundo».

 

Grabinski César

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César Maximiliano Grabinski (l’imperatore)

Grabinski, para la mayoría, es ese gordito (?) que prometía en Newell’s y que después de pasar por varios equipos terminó ascendiendo a Primera con Chacarita. Para el mundo baldosero, en cambio, Grabinski no es el defensor Cristian, sino el atacante César, el menos conocido y el más aventuro de los futbolistas con ese apellido. Bah, son dos nomás.

Se inició en las inferiores leprosas pero tuvo su momento cumbre en la Argentina cuando debutó, con apenas 17 años, en la Primera de Belgrano de Córdoba. El 11 de diciembre de 1998 Ricardo Rezza lo hizo ingresar José Luis Villarreal en un empate 0 a 0 con Rosario Central. Sólo fueron 15 minutos. Los únicos en la máxima categoría.

Después siguió haciendo la vida de cualquier juvenil con posibilidades de subir definitivamente al plantel profesional e incluso recibió un premio a su esfuerzo en 1999, cuando Bielsa lo llevó a Estados Unidos como sparring de la Selección Nacional.

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Pero de un día para el otro su nombre fue desapareciendo o, lo que es peor, confundiéndose con el de Cristian (la verdad, no sabemos si es el hermano, el primo o no tienen nada que ver), relegándolo a un plano menor. ¿Pero qué fue lo que pasó con César?

En el 2001 apareció en Italia y hasta el día de hoy se las ha arreglado para sobrevivir. Su primer equipo fue el Catania en la C1, pero al año siguiente desembarcó en la C2 para vestir la camiseta del Sangiovannese. Sin embargo, lograría verdadero reconocimiento en el Vado, club al que arribó en 2003 y en el que no se destacó por su condición de goleador en sus comienzos, sino mas bien por su faceta de asistidor.

Luego afinaría la puntería y a base de goles se ganaría el mote de «Emperador«. Con la gente en el bolsillo, quiso probar su capacidad en otros clubes con aspiraciones pero no le fue tan bien. En la temporada 2006/07 firmó un contrato con el Chievo Verona pero enseguida le aclararon que lo iban a prestar a un equipo del ascenso. Parecía que iba a defender los colores del Chiasso (Serie B) pero al final terminó en el Savona.

El mes pasado, el Vado lo llamó de nuevo y Grabinski volvió para actuar en la serie D. Eso es amor. O ganas de que te armen una conferencia de prensa con promotoras y sillones con estampados de cebra aurinegra (?).

Mario Núñez

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Mario Antonio Núñez Villarroel (Osito)

Delantero trasandino que nació el 2 de Marzo de 1976 en la ciudad de Rancagua, distante a apenas 90 kilómetros de Santiago de Chile. De chico probó su suerte en el club de la ciudad, el O’Higgins, y todo marchaba bien hasta que el director técnico José Sulantay le bajó el pulgar. Sin ganas de abandonar, cruzó la frontera en 1997 para entrenarse en Central Córdoba y Sarmiento de Junín. No quedó en ninguno de ellos así que, al año siguiente, volvió a su tierra natal para volver a pelearla en el equipo que lo vio nacer. Fue aceptado y puesto a disposición en el club que competía en la segunda división.

Comenzó a ingresar en los partidos, y de a poco fue ganándose la titularidad del team que a fin de año conseguiría el ansiado ascenso. En ese torneo ya marcó 19 goles, compartiendo el primer lugar en los goleadores junto al argentino Rubén Dundo.

De todos modos, sería 1999 el año que marcaría la vida deportiva del Osito. No porque O’Higgins cumpliese una gran campaña, sino porque allí conseguiría la suma módica de 34 goles, convirtiéndose en uno de los máximos goleadores de todo el Mundo. Pero aún así no estaba del todo feliz, porque, además de confirmarse un Mal Pase al Bari italiano, también tuvo tiempo de quejarse de un árbitro que lo amonestó y le impidió alcanzar el récord histórico de goles en Chile. Además, elaboró una especie de guía de cómo chutar un penal y qué hacer en caso de errarlo.

Cuando todos pensaban que se iba para Europa, pasó a Universidad Católica. Luego de marcar un hattrick contra Puerto Montt emocionó aún más al público chileno. Mientras tanto, de este lado de la cordillera, Independiente venía logrando una gran campaña de la mano de Bruno Marioni, que ya tenía puesto el cartelito de vendido y se hacía inevitable la búsqueda de un sustituto. Y la respuesta estaba allí, afianzándose cuando sumó otro mal pase a Europa, esta vez al Salamanca.

Claro que el Independiente del Apertura 2000 sería una reunión de consorcio del baldoseros (?). Además del hoy homenajeado, compartían plantel Ariel Rocha, José Zelaye, Martín Bohive, Ariel Orellana, Fram Pacheco, Carlos Estigarribia, Gastón Galván, Sebastián Rozental, Leandro Ávila, Leonardo Pekarnik, Walter Bustos, Cristian Zárate, Pablo Trecco, Livio Prieto y unos cuantos más. Como se imaginarán, el experimento fue fallido y Núñez apenas jugó tres partidos, sin convertir ningún gol.

Triste, volvió a la Universidad Católica, donde en la primera mitad del 2001 convertiría cinco tantos. Buscando no ser catalogado como «goleador de cabotaje», otra vez que fue a buscar suerte al exterior, esta vez a la exótica Bulgaria, más precisamente al Litex Lovech. Pero, allí tampoco conseguiría marcar.

Resignado, decidió culminar el resto de su vida deportiva en su país de origen. El primer paso lo dio en 2002, jugando con la camiseta de Palestino, donde convertiría 16 goles y jugaría junto a Leonardo Cauterucchi y Dwight Portaaviones Pezzarossi.

A mitades del 2003 se mudaría a la ciudad de Talca para jugar en el Rangers. En un año y medio metió 7 goles, por lo que a fin de año le dieron flit.

Entonces le surgió la pregunta: ¿qué puedo hacer para revalorar mi carrera? ¡Volver al club donde nací, claro! E hizo bien, porque, si bien el O’Higgins había retornado a la segunda división, allí marcó 18 goles, incluido uno en la Promoción que le daría su segundo ascenso con el club celeste. Lo malo es que, a diferencia de 1999, el Osito no lograría meter ni un gol. Y eso que estaba acompañado de Diego Guidi, Mariano Messera y Nicolás Diez.

Escapando de Rancagua, se tomó el primer micro que encontró y recaló en en el Provincial Osorno. No le molestó para nada volver a bajar de categoría, porque marcó 19 goles, para devolver al equipo a la Primera A. Entre el plantel campeón se encontraba el grosso de DJ Countess.

Parecía que quería volver a las primeras planas chilenas, y más cuando marcó 14 goles al año siguiente, junto a José Burtovoy, Santiago Gentiletti y Fernando Brandán. Pero no, este 2009 lo encuentra al Osito en el Coquimbo Unido, donde hasta ahora metió tres goles y juega con el austríaco-chileno-iraní (?) Ali Manouchehri.

Figueroa Juan

Juan Gabriel Figueroa

De pibe pintaba para crack. Tal es así que en 1999, cuando jugaba en la octava división de Gimnasia y Esgrima La Plata, este enganche fue convocado a la Selección Sub 15 que dirigía Hugo Tocalli. Nacido el 31 de enero de 1984, había arrancado en el fútbol infantil de CRIBA y luego se sumó al Lobo.

En 2002, estuvo dos semanas en Inglaterra entrenando con las juveniles del Fulham. A la vuelta, se sumó a los profesionales de Gimnasia y en 2003 fue a su primera pretemporada. En el Clausura de ese año no tendría minutos en cancha, pero en la fecha 18 Carlos Ramacciotti lo llevó al banco de suplentes contra Huracán. Con la llegada de Mario Gómez, las posibilidades de jugar se esfumaron y el pibe salió a buscar nuevos horizontes.

A comienzos de 2004, apareció en Brasil e incluso fue presentado como refuerzo del Avaí de Florianópolis, que se preparaba para la disputa del campeonato catarinense. Con él también viajó un tal «Sebastián Barkley«, que resultó ser el Gordo Sebastián Barclay. Claro que no contaba con el aval del conjunto platense y tuvo que pegar la vuelta antes del estreno.

Retornó a Gimnasia y en la primera fecha del Apertura 2005, Pedro Troglio le dio la chance de debutar oficialmente. Ingresó a los 90 minutos contra Colón de Santa Fe en reemplazo de Nicolás Cabrera. No tenemos ni idea si el pibe llegó a tocar la pelota o si el loquito de Lunati hizo sonar el silbato apenas Figueroa pisó el verde césped del estadio Juan Carlos Zerrillo.

En 2006, mientras defendía los colores de San Martín de San Juan en la B Nacional sufrió una rotura de ligamentos cruzados que lo dejó out durante todo el año.

A mediados de 2007, se sumó al Atlético Bucaramanga de Colombia. Seis meses después, tras una pésima campaña, Figueroa fue uno de los 13 jugadores borrados por bajo rendimiento, falta de compromiso con la institución y problemas de tipo personal.

En el primer semestre de 2008, cuando parecía que tenía todo arreglado en Villa San Carlos, recaló en el pintoresco ascenso del fútbol uruguayo. Allí defendió los colores de Plaza Colonia gracias a un intercambio de jugadores entre ese club y el Lobo. No le fue mal en el paisito, pero el segundo semestre lo encontró otra vez pelándose el lomo en el under nacional, primero con la camiseta de Villa San Carlos y luego en El Porvenir.

Flotta Maximiliano

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Maximiliano Rubén Flotta (El Bichito)

Corría agosto de 2003. En realidad no corría, estaba parado viendo como el Racing de Ángel Capa se floreaba en Liniers ante el Vélez de Ischia con un 3 a 0 en el primer tiempo. Pero de repente y sin que nadie lo sospechara, empezó a escribirse una historia, la de este post, ni más ni menos.

A los 16 minutos del segundo tiempo, Rolando Zárate descontó y le puso algo de entusiamos a la última media hora del encuentro. Ocho minutos más tarde, el propio Roly volvió a meterla y preparó la mesa para el plato principal, que iba a llegar bien a punto.

La voz de Marcelo Araujo, tan inconfundible como cansadora en aquel lejano 2003, no supo distinguir al pibe que esa misma tarde hacía su debut y que en el minuto 47 del complemento estamparía el 3 a 3. El periodista apenas si intentó disimular su evidente decadencia con un relato que, en lugar de ser emotivo, sólo se remitió a identificar al autor del gol con un «el treinta y cuatrooooooooo goooooooooool, el treintaycuatro«. Sí, el 34 era el número que llevaba el debutante en la espalda. Maximiliano Flotta, de esa manera, hacía su presentación en la máxima categoría.

Central, lateral derecho y luego también volante, había tenido recorrido en el ascenso antes de llegar al Fortín. Arsenal de Sarandí (1998 a 2000), Tigre (2000 a 2002) y Los Andes (2002/03) contaron con sus servicios antes de que se convirtiera en un hombre de Primera División.

Su experiencia en la máxima categoría fue breve y decepcionante, si tenemos en cuenta su singular estreno y su pronta desaparición. En ese mismo campeonato volvió a actuar de titular en otros 13 encuentros en los que, por supuesto, no convirtió. Y tampoco agregaría conquistas a su currículum en los 4 partidos que disputó en el Clausura 2004. Claramente, su gol a La Academia había sido una casualidad.

Ese mismo año partió al fútbol colombiano, primera parada conocida (también dicen que en 2002 anduvo en el Casarano de Italia) de su trayectoria internacional, no menos rica que la que forjó en nuestro país. Con los colores de Unión Magdalena (2004 y 2007), Deportes Tolima (2005), Atlético Huila (2006), Independiente Santa Fe (desde 2008), donde ha dado sobradas muestras de su temperamento fuerte y de su afición por la noche, la que lo ha llevado a ser protagonista en otros clubes… los nocturnos de Bogotá.

¿Algo más? Sí, obvio. Su triple nacionalidad (argentino-español-colombiano) y su versatilidad le permitieron actuar en distintos lugares, siempre atado a su costado bizarro. En 2004, por ejemplo, firmó con Racing de Avellaneda pero no pudo jugar por cuestiones burocráticas. Un año más tarde, cayó en el Alavés de España y fue sincero de entrada, aclarando que no estaba bien físicamente. En 2006, ya de nuevo en nuestro país, pudimos disfrutar de sus quites en Almagro, en la B Nacional, pero allí no nos daría tanta felicidad como en 2007, cuando el diario Marca informó que Maxi salía con Eliana Guercio.

El post, como verán, se empezó a escribir aquel día que Marcelingui gritó con toda la boca «el treinta y cuatrooooooooo goooooooooool, el treintaycuatro«. Pero la historia de Maxi Flotta, si prestamos atención a las declaraciones de su padre, rescatadas por el Bestiario del Balón, había empezado mucho antes: