Ortiguera Maximiliano

Maximiliano Fabián Ortiguera (El Facha)

Quizás alguna vez lo confundieron con Ortigoza, porque también jugó en Nueva Chicago y tiene un apellido parecido. Pero no, nuestro homenajeado es distinto al volante de Argentinos Juniors. Por empezar, no tiene joroba y jamás coqueteó con dos selecciones al mismo tiempo.

Además se diferencian por cuestiones puramente futbolísticas. Ortiguera es lateral izquierdo y, comprobaremos en este post, tuvo menos fortuna que Ortigoza.
Subió al plantel profesional del Torito en 2001 y debutó en Primera División en la jornada inicial del Clausura 2002, cuando el equipo dirigido por la dupla Brown-Enrique trataba de mantener el equilibrio en la elite del fútbol argentino. En su estreno, Maxi ingresó por Ezequiel Amaya para aguantar (?) los últimos minutos de la derrota 4 a 2 ante San Lorenzo de Almagro.
Una semana más tarde fue titular en la victoria 1 a 0 frente a Colón de Santa Fe y tres días después volvió a integrar el once inicial que perdió con Gimnasia y Esgrima La Plata.

Con el regreso de Barbona a la titularidad, se le redujeron las chances y comenzó a mirar con buenos ojos la posibilidad de emigrar a Europa. De hecho estuvo a punto de pasar al Racing de Ferrol (luego se dijo que lo buscaba el Athletic de Bilbao) pero la operación se cayó por tema de papeles y tuvo que quedarse a pelearla. En el Apertura de ese año volvió a jugar 2 partidos, que serían los últimos de su corta vida en la A.

A fines de 2002, Pipo Gorosito hizo depuración y anotó a 5 jugadores en una lista de prescindibles: Ariel Jesús, Nahuel Fioretto, Damián Castellanos, César Carranza y, por supuesto, Maxi Ortiguera. Un verdadera injusticia para un pibe del club que unos días antes había sido invitado por Olé a ver la final del Abierto Argentino de Polo de la que participaba La Dolfina, el equipo de Adolfito Cambiaso, también simpatizante de Chicago. El tema es que ese día Ortiguera fue al Campo de Palermo acompañado por Facundo Argüello y…D*n*el T*lg*r. Ahí comenzó su declive.

Esperó un par de semanas para ser transferido pero nadie preguntó por él. Resignado, siguió entrenando en el club pero con tanta mala leche que en marzo de 2003 sufrió una luxación de hombro. Su situación no cambió con el correr de los meses, pero al menos se dio el lujo de decir que iba a votar a López Murphy en las elecciones de ese año. Ah, aparentemente el Bulldog no fue elegido Presidente.

La malaria ya era evidente cuando se decidió a dejar Chicago y se fue a Junín para vestir los colores de Sarmiento (2004/05), con el que llegó a enfrentar a su ex club en el Nacional B.
Pero no volveríamos a tener noticias de su poca dicha hasta la temporada 2007/08, cuando firmó para Ben Hur de Rafaela…¡y no lo pusieron en todo el campeonato!

Ortiguera, el que no llegó a debutar

No debe haber muchos casos de un jugador que llega como refuerzo a comienzos de una temporada, pasan dos cuerpos técnicos y con ninguno tiene la chance de jugar, aunque sea un minuto, en un partido oficial.
Pero se dio en Ben Hur con Maximiliano Ortiguera, que fue al banco de suplentes en casi una decena de oportunidades, pero no llegó a debutar a pesar de que Ricardo Zielinski le dio cabida a casi todos los jugadores en su proceso y justamente en el sector izquierdo de la defensa hubo muchos inconvenientes en el campeonato. De más está decir que este ejemplo es uno de los errores que se citan en cuanto a la conformación del plantel, y que potenciado con cuatro o cinco jugadores más que se incorporaron y no rindieron en la medida esperada, terminaron contribuyendo a la pérdida de la categoría.

Fuente

A mediados de 2008 se incorporó al plantel de Almagro. ¿Y qué esperaban? ¿Que meta 20 partidos seguidos? No. Lo suyo es otra cosa. Fue titular (luego reemplazado) en el debut del Tricolor ante la CAI de Comodoro Rivadavia y después, como siempre, comió banco a morir y sólo alcanzó a disputar 25 minutos en un match ante Platense. En los primeros días de 2009 fue dejado libre. Y ahora, con mucho tiempo para reflexionar, se debe estar preguntando si 16 partidos en 8 años de carrera profesional no representan una recompensa escasa para tanto esfuerzo y dedicación.

Dykstra Claudio

Claudio Daniel Dykstra

En 1959 el Cientifico Edsger Dijkstra introdujo el algoritmo de caminos mínimos (luego llamado algoritmo de Dijkstra), cuya idea principal es explorar en un grafico el camino más corto desde un vértice de origen al resto de los vértices del mismo, siempre y cuando las aristas no sean de costo negativo para encontrar así la distancia mínima entre dos puntos. Este algoritmo es utilizado largamente en protocolos de redes hoy en día.

Claudio Dykstra fue un futbolista nacido en 1961 que disputó 77 partidos (casi siempre de suplente) en la primera de Boca entre 1982 y 1987, convirtiendo 5 goles en una época donde en jugaba cualquiera en el Xeneize.
Luego dejó el club de la Ribera y pasó por Unión de Santa Fe, Barcelona de Ecuador y terminó su carrera en el fútbol de Israel, jugando para Hapoel Beer Sheba y Hapoel Jerusalem. Baldosa.

Llegamos a 2009 y se impone el «Algoritmo Baldosero de Dykstra«, aquel que dice que el camino más corto para hacer un post sin muchos datos es tener una foto, saber en qué equipos jugó y relacionarlo con algo que no pertenezca al fútbol.

Agostena Martín

Martín Esteban Agostena

Polifuncional categoría ’81 que supo prometer en el mundo del ascenso, a tal punto que tuvo la posibilidad de probar sus condiciones en el fútbol de elite, donde hizo sapo y, en consecuencia, retornó con la cola entre las patas al under para desaparecer de los primeros planos en forma paulatina.

Cuando todavía era un purrete, sorprendió positivamente en el mediocampo de Estudiantes de Caseros que logró el ascenso al Nacional B en la temporada 1999/2000.

Sólo le duró un año la estadía con el Pincha en segunda división, ya que el equipo perdió la categoría y entonces aprovechó para buscar un mejor horizonte. Estuvo entrenando unos días en Independiente pero finalmente pasó al Vélez de Compagnucci, donde vendió un poco de humo a su llegada: «Yo tengo una anécdota de una concentración con Estudiantes. Era un viernes en pleno invierno y en el medio de la noche se apagaron las estufas. Chupamos un frío terrible y dos o tres compañeros se resfriaron. Me quedó grabado porque jugaron enfermos. Eso en Vélez no pasa«.

Esa porción de demagogia no le sirvió para tener mucho rodaje, pues sólo actuó en un partido de la Copa Mercosur (ante Peñarol) en su primer semestre. Y durante todo el 2002 no le fue mucho mejor. En el Clausura jugó 25 minutos en una derrota 3 a 2 ante Estudiantes y el Apertura fue titular en el empate 3 a 3 frente a San Lorenzo, pero fue reemplazado por Bernardo Leyenda ante la expulsión del Gato Sessa.

A fines de ese año los dirigentes fortineros arreglaron la cesión de Agostena a Defensa y Justicia, pero según se informó, todo dependía de las ganas del volante de mudarse a Florencia Varela.

Se ve que no le copó mucho ir al Halcón, porque terminó en Caballito con los colores de Ferro Carril Oeste (2003/04). Sin demasiadas chances, al fin de temporada se despidió de Lagorio, Sekagya, León Bustos y M’Bed, antes de volver al club de sus inicios.

Cual tipo divorciado que vuelve a la casa de sus padres, flaco, barbudo y con unas ojeras de una semana de insomnio, quiso regresar a Estudiantes de Buenos Aires pero se confundió de camiseta blanquinegra y desembarcó en El Porvenir (2004/05), donde no hizo demasiado.

Pareció revivir en All Boys (2005/06) gracias a la continuidad que le dieron en Floresta y gracias a eso lo llamaron nuevamente de Vélez…para decirle que quedaba libre.

Desde 2007 se gana el mango en la Primera C, con la camiseta de Argentino de Merlo. Y allí abajo, en ese lindo ambiente repleto de precariedad y vacío de lujos, seguramente mirará sus videos (1,2,3) y recordará las tardes en las que se escapaba de la concentración del Fortín para comprar pastillas en el kiosco. Cubero, Ladino y Valdemarín elegían menta. Y Agostena Cherry.

Ríos Cristian

Cristian Alejandro Ríos (El Chino)

Cuando irrumpió con todo en la Primera de Unión de Santa Fe encandiló a unos cuantos, incluso a los propios dirigentes de Boca Juniors que vieron un negoción a futuro y poco dudaron a la hora de comprarle el 75% del pase en un millón de dólares más el 25% de la ficha del defensor Fernando Ortiz. El buen nivel que había mostrado durante el Apertura 2000 (debutó el 31 de julio, ante Chacarita, 0-0) fue fundamental al momento de tomar la decisión.

Claro que hacerse de un lugar en el plantel xeneize no era una tarea fácil y Ríos fue gentilmente cedido a préstamo al Tatengue hasta el final de la temporada, en la que redondeó 23 partidos y anotó 4 goles.

Si de proezas hablamos, algún día ya de grande podrá contarle a sus nietos que fue campeón con Racing después de 35 años y técnicamente estará diciendo la verdad. Es que hizo un cameo en la temporada 2001/2002 jugando un solo partido en el Clausura 2002 ante Estudiantes de La Plata en el Cilindro, en el que salió reemplazado a los 60 minutos por Diego Milito.

Así se sacó el gusto de ser dirigido por Reinaldo Mostaza Merlo, y de compartir entrenamientos con Gustavo Norfords, Néstor Ruiz y Manuel García, entre muchos otros ñoquis.

Después de ser parte del milagro volvió a su querido Unión (2002/2003) para disputar 16 encuentros y descender al Nacional B jugando con el Sapo Marchant y Jorge Manduca.

La llegada de Luis Amaranto Perea a Boca trajo aparejada la cesión de Ríos al Deportivo Independiente Medellín por seis meses. Llegó con cierta chapa. Sin embargo, en tierras colombianas, siguen esperando que el jugador logre la mejor forma física, además no contaba con el visto bueno del técnico Víctor Luna, lo que terminó de atentar contra cualquier posibilidad de jugar.

A principios de 2004 retornó a Boca Juniors, donde tres años después de ser comprado debutó oficialmente. Jugó los últimos 3 partidos del torneo Clausura mientras los titulares se preparaban para enfrentar al Once Caldas por la final de la Copa Libertadores. Ante Olimpo en Bahía Blanca (2-2) salió reemplazado por Diego Cagna. Siete días mas tarde, contra Colón (0-0) le dejó el lugar a Roberto Colautti y en la despedida ante San Lorenzo (0-1) abandonó el campo para que ingresara el Chipi Barijho. Dificilmente podrá olvidar que compartió equipo con Joel Barbosa, Federico Carballo y el belga Mikael Yourassowsky.

Días más tarde estuvo a prueba en el Torpedo Metallurg de Rusia, pero no convenció y pegó la vuelta. Recaló en Almagro (2004/2005) para acompañar a dos ex Boca, Barbosa y César González. A lo largo de los 30 partidos (con 2 goles) que disputó con la casaca del Tricolor vio desfilar en el banco a la dupla Hrabina – Sánchez, Jorge Solari y el Tata Brown. Claro está, el descenso era inevitable.

En 2005 fichó por un año con San Martín de San Juan y en Julio de 2006, luego de una buena temporada, se unió a Talleres de Córdoba. Antes de terminar el año, Ricardo Gareca le comunicó que se buscara un nuevo club ya que no sería tenido en cuenta para el Torneo Clausura.

Fue así que tomó coraje, armó el bolso y cruzó la Cordillera. Mal no le fue, ya que desde 2007 se mantiene jugando en la competitiva (?) liga chilena, defendiendo los colores del Cobreloa primero, y en la actualidad la divisa del Cobresal, donde ya nadie espera que explote.

Gordon Roberto

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Roberto Enrique Gordon (Flash)

Desde ya que es digno merecedor de la baldosa un tipo que irrumpe en la primera de un equipo grande, juega un puñado de partidos, roba cámaras con un par de goles y a partir de ese momento su carrera entra en un misterioso tobogán del que no hay muchas precisiones. Pero si a todo esto le sumamos un buen apodo y un misterioso retiro a los 25 años, la mesa está servida entonces para conocer, hasta donde podamos, a Roberto Enrique Gordon.

Ya empezamos mal, porque no sabemos con exactitud dónde ni cuándo nació. Sacando cuentas y haciendo cálculos, suponemos que debe haber venido al mundo allá por el año 1962 cerca de la zona norte del conurbano bonaerense. ¿Por qué semejante afirmación geográfica? Porque sus primeros piques no fueron detrás de una redonda sino con una ovalada en la mano defendiendo la camiseta del Club Atlético San Isidro.

Delantero de área, con potencia y dos frondosas patillas, recaló en las inferiores de River y las atravesó de lado a lado. Arrancó en la prenovena y no paró hasta que le llegó el día del debut contra Vélez en el Monumental. Pero parece que la cosa no salió del todo bien: «…mi primer partido no fue muy bueno. La hinchada me insultó. Llovía mucho y, como yo era grandote, la cancha pesada me mató…».

Sin embargo nuestro héroe sabía muy bien dónde estaba parado: «…a la otra fecha cambié los insultos por aplausos. Pero River es un equipo exigente, y hasta a los grandes ídolos se los ha insultado. Encima, al jugar de delantero hay que meterla obligatoriamente. Las reglas del juego son así. En otro equipo podés correr un poco, tirarte al piso, y con eso alcanza. Acá no…».

Luego de ese comienzo irregular, el destino le iba a obsequiar un regalo impensado: la fama. Tras las convocatorias de Leopoldo Luque y Ramón Díaz a la Selección argentina, Labruna lo tiró a la cancha en un partido clave contra Newell’s por los cuartos de final del Nacional 1980. Y dos goles de nuestro homenajeado transformaron el 2-1 parcial de los rosarinos en un 3-2 para los de Núñez. Al finalizar el encuentro, el técnico no dudó y lo bautizó Flash, cosa que evidentemente fue del agrado de Gordon: «…me fui enterando de que este superhéroe era como un salvador, y me gustó que me llamaran de esa forma. Incluso, varios me decían que también me parecía físicamente al personaje».

En 1981 y ya bajo la batuta de Don Alfredo Di Stéfano, no pudo afianzarse del todo pese a que hubo alguna que otra aparición salvadora con gol incluido para ayudar a que River avance y gane el Nacional de ese año.

Definitivamente sin lugar, se fue a un Quilmes (1982) que buscaba desesperadamente mantener la categoría. Allí, aparte de compartir plantel con Clide Díaz y Omar Labruna no pudo evitar el descenso. Pero ese no fue el único mal trago, ya que cuando enfrentó a su ex club, lo atendieron de lo lindo: «…me extrañó, apenas lo conozco y no habíamos tenido ni siquiera un roce en todo el partido. Yo no quiero entrar en polémicas porque supongo que habrá sido cosa del momento. Pero Nieto me pegó una trompada en las costillas cuando pasé al lado de él, volviendo de una jugada. Lo miré y no me dijo nada, me sorporendió: fue sin la pelota y sin ningún motivo aparente. Qué se yo… estaría enojado con alguien y se la agarró conmigo…».

Pero la vida, caprichosa, lo llevó nuevamente a River (1983) y lo juntó nada menos que con el mismo Nieto. Conoció a Bica y a Messina, erró un gol increíble contra Argentinos en cancha de River por el Nacional y su carrera entró, por lo menos para nosotros, en un espeso banco de niebla,

Se comenta que anduvo por Tigre. Los más osados juran saber acerca de un fugaz paso por el Huelva de España. Lo concreto es que antes de colgar los botines se lo pudo ver en San Miguel (1985) compartiendo vestuario con Darío Gabriel De Andrade y bajo la dirección técnica de Rubén Glaría. Lo último que supimos, sin mucha precisión tampoco, es que labura de visitador médico y dirige técnicamente al equipo de fútbol de su hijo.

Resumiendo, son más las dudas que las certezas. Pero tampoco está del todo mal que así sea. ¿O acaso no es normal que la vida de un superhéroe tenga cierto misterio?

Alfonsín Sergio

Sergio Omar Alfonsín

No es que nos interese homenajear a un ex Presidente de la Nación y tampoco nos atraen los temas de actualidad, pero el fallecimiento de Raúl Alfonsín nos llevó a indagar la vida deportiva de su familia, en la que encontramos a un futbolista que llegó a Primera División y a otro que al menos lo intentó.

«Nuestro padre, Mario David, es primo lejano del Presidente, pero en 1976 hubo un problema con él y nos alejamos, lo que impidió una relación más estrecha. Si antes de que fuera Presidente no nos veíamos, ¿por qué hacerlo ahora, no? Igual lo votamos«, declaraban en 1983 a la revista El Gráfico, los parientes de flamante P̶r̶i̶m̶e̶r̶ ̶M̶i̶n̶i̶s̶t̶r̶o̶ Presidente.

Sergio Omar (izquierda) tenía 20 años y actuaba como segundo marcador central en la Reserva de Platense. Recién en la temporada 1985/86 le tocó debutar en la máxima categoría y sumó 4 partidos con la casaca del Calamar. Aparentemente también vistió los colores del Angouleme de Francia en la temporada 1987/88.

Su hermano Rubén Darío (derecha), tenía 18 años al momento de la nota y jugaba como número 2 en la Quinta del Marrón. No llegó a la Primera y por ende, no alcanzó el rango de baldosero, aunque el parentesco suma tantos puntos que no podía quedar afuera de este post.

Ambos nacidos en Santo Tomé y fanáticos de Colón de Santa Fe, aparecieron futbolísticamente con la vuelta de la democracia y casualmente, desaparecieron al compás del gobierno de su tío.

(Gracias Juan Imborrable)

Cardozo Marcelo

Marcelo Pablo Cardozo

La historia del Pato Marcelo Pablo Cardozo, sin dudas, tiene que estar en este espacio. El 99 % de la gente de Argentinos Juniors, en el que me incluyo, no sabíamos del andar de este volante derecho categoría ’70 -aunque sus mejores cosas las hizo con la ’69- que vivió todo su crecimiento futbolístico en La Paternal.

Usted se preguntará cómo recordar a un futbolista que sólo tiene 22 minutos en la Primera del Bicho. Y la respuesta, en realidad, está en lo que hizo antes, en inferiores y Reserva, y por qué no decirlo, en lo que luchó después.

Cardozo tuvo la suerte de jugar -y salir campeón- en 4ª División con nenes de la categoría de Fernando Cáceres, Christian Trapasso, Diego Cagna, Silvio Rudman o Carlos Netto.

Hubo otros tantos miembros de ese equipo vencedor de la categoría más alta de inferiores que merecen ser destacados, pero eso será motivo de otra publicación que no tardará mucho en ver la luz. En ese equipo Cardozo, junto a Hernán Castiello, fueron los dos únicos futbolistas que participaron de los 26 encuentros del campeonato. Además, integró el equipo campeón de Reserva 87/88, único que obtuvo tal logro en su categoría en el Profesionalismo.

Pero con tantos pergaminos en inferiores, ¿qué pasó con Cardozo que ni se lo vio casi en Primera? La pregunta quizás no tenga una respuesta plenamente adecuada. La cosa es que, tras una extraña ida a El Porvenir de la Primera «B» Metropolitana, por desaveniencias con la dirigencia, el Pato se quedó con el pase en su poder e intentó suerte en Israel.
El Macabi Yavne fue quien lo contrató por sólo medio año, donde no se adaptó a vivir lejos de los suyos, en un país signado por los conflictos político-religiosos.

El invierno europeo 92-93 le deparó la gran posibilidad de firmar contrato para el desaparecido Mérida, del ascenso español. Sin embargo, el sueño duró 48 horas y gracias al contacto con un familiar al cual no conocía personalmente, Cardozo pudo permanecer en España y fichar, tras una ardua búsqueda, para la filial del Atlético de Madrid.

Tras un año y medio, la mejor oferta surgió de un equipo que se encontraba en la tercera categoría del fútbol español. El Melilla se hizo de los servicios de Cardozo y mostró su fútbol por el sector derecho del mediocampo durante una temporada y media. Este laburante del fútbol siguió intentando progresar y en 1996 se volvió a América para intentar suerte en el Técnico Universitario de Ecuador. Buenas performances en un equipo humilde en un fútbol de escaso vuelo le deparó un esperado final a la campaña en tierras ecuatorianas.

El último intento fue en 1997, en el Lorca, de la Cuarta División del fútbol de España. Tras media temporada, Cardozo le puso fin a una carrera plagada de contratiempos, más por problemas contractuales y económicos que futbolísticos.

Hoy su vida, según contó, se divide entre su familia, una empresa de animaciones infantiles que posee y la intermediación de jugadores. La vida de un laburante al cual el fútbol le hizo un guiño de purrete, pero que luego le soltó la mano y no le volvió a dar la gran chance… algo que pasa mucho más de lo que todos imaginamos.

(Publicado casi en simultáneo (?) con «Te Acordas Bicho?«)

La Fata Edgardo

Edgardo La Fata

Hay casos fantasmales dentro de la baldosa y del fútbol argentino. Este es uno. Pero además de fantasmal es emblemático y representa en sí mismo el espíritu de este sitio.
Desde ya el protagonista, nacido el 13 de enero de 1967 en lugar desconocido, llegó con destino bien definido. Con ese apellido tan sonoro, musical y explosivo no podía no figurar en estas líneas. Le iba a ayudar a trazar una carrera bien alejada a la intrascendencia de los Pérez, Martínez o Rodríguez. Ahora bien, ese es nuestro dilema, su carrera.

Bien escueto es lo que se puede saber sobre su biografía. Podemos agregar que su debut fue con la camiseta de Boca Juniors, en pleno Torneo 1985/1986, aquel donde el River del Bambino Veira arrasaba con todo. Es decir que, gracias a esto, sabemos que La Fata es contemporáneo de Giachello, Bordet, Fornés, Di Natale, Sisca, Matabós, el eterno 12 Sergio Genaro y demás glorias.

Vio la acción el 13 de octubre de 1985 cuando el Xeneize, tercero en la tabla, visitó en cancha de Ferro a un Argentinos que guardaba titulares para jugar las instancias finales de la Libertadores. No obstante, los suplentes del Bicho ganaron 1 a 0. El destino tenía pronta revancha (¿?) para nuestro héroe. Alfredo Di Stéfano persistió y volvió a tirarle una camiseta titular, dándole la chance de jugar el recordado superclásico donde Ruggeri casi es operado de amigdalitis por Passucci. Y la fecha siguiente jugó otra vez, en un pálido 2 a 2 en la Bombonera entre los auriazules y Chaca.

En la temporada que nos ocupa no volvió a jugar, solo a la siguiente Mario Nicasio Zanabria le dio algunos minutos en varios partidos, y César Luis Menotti lo llevó a la pretemporada de 1987, pero tras jugar bizarros partidos de verano contra el Colonia alemán y el Spartak de Moscú, le puso fin a su ciclo en Boca.

Aquí empieza el primer ciclo incierto de la vida de nuestro prócer. Hay quienes juran que pasó por Belgrano de Córdoba, otros creen tener datos precisos sobre que estuvo en Chaco For Ever. Más allá afirman y dicen tener pruebas sobre su paso por San Miguel. Todo misterio desde nuestra sabia ignorancia.

Recién se cruza con el fútbol rentado allá por agosto de 1989. Racing, dirigido por Pedro Marchetta, iniciaba su enésima ilusión y la gente copaba la cancha en pos del primer triunfo, como locales ante Talleres de Córdoba. El misterio era quien iba a llevar la 10 del nuevo equipo y ahí estuvo él, si señor, nuestro ancho de espadas. Cuentan aquellos que vieron el 0 a 0 ante la T, que no se cansaron de putearlo. La prédica llegó a oídos de Marchetta, ya que rápidamente lo borró de entre los 16 y nunca volvió a saberse nada de él. Igual quién le saca el orgullo de haber compartido picaditos de práctica con Zambrini, Andrada, Vanemerak y el colombiano John Edison Castaño.

Y aquí empieza el segundo y final ciclo incierto de la vida de nuestro prócer Hay quienes juran que pasó por Belgrano de Córdoba, otros creen tener datos precisos sobre que estuvo en Chaco For Ever. Más allá afirman y dicen tener pruebas sobre su paso por San Miguel. Todo misterio desde nuestra sabia ignorancia.

Y no es un afán reiterativo, es que ni siquiera sabemos si todo esto fue en el interín de sus dos pasos por Primera, o después de jugar en Racing. No hay videos, no hay recortes, no hay nada. Debe ser el post menos completo de la historia de la baldosa, pero para eso están ustedes, para llenarlo, o no?

Sebastián